«Natural» no significa inofensivo, y conviene decirlo de entrada. La nicotina y la rotenona son naturales y están prohibidas por buenas razones. Lo que hace útil a un producto en un jardín doméstico no es su origen, sino que sea selectivo —que no arrase con los insectos que te están ayudando— y que no deje residuo en lo que vas a comer.

Con ese criterio, hay cuatro o cinco que resuelven la práctica totalidad de lo que aparece en una terraza o un huerto pequeño.

Pulverizador con tratamiento natural sobre plantas

Jabón potásico: el imprescindible

Si solo vas a tener un producto, que sea este. Actúa por contacto: disuelve la capa cerosa que protege a los insectos de cuerpo blando y los deshidrata.

Sirve para: pulgón, mosca blanca, araña roja, trips, cochinilla algodonosa.

Cómo usarlo: según envase, normalmente entre un 1 y un 2%. Pulveriza empapando el envés de las hojas, que es donde vive casi todo. Al atardecer, nunca a pleno sol, porque con calor puede quemar la hoja.

La clave que casi nadie respeta: mata por contacto y no mata los huevos. Una sola aplicación no vale para nada. Hay que repetir cada cinco o siete días, al menos tres veces, para ir cazando cada generación al eclosionar.

Ventaja: no deja residuo, se puede cosechar prácticamente al día siguiente y, una vez seco, no afecta a las abejas.

Ojo: no es lo mismo que jabón lavavajillas. Los detergentes domésticos llevan aditivos que dañan la planta.

Aceite de neem

Extraído del árbol Azadirachta indica. Su principio activo, la azadiractina, actúa como regulador del crecimiento: los insectos dejan de comer, de mudar y de reproducirse.

Sirve para: lo mismo que el jabón, y además tiene efecto sobre larvas y cierto poder fungicida preventivo contra el oídio.

Cómo usarlo: mezclado con un poco de jabón potásico, que hace de emulsionante —el aceite y el agua no se mezclan solos—. Al atardecer. Cada 7-10 días.

Ojo: es tóxico para abejas mientras está fresco. No lo apliques sobre flores abiertas ni en horas de vuelo.

Aceite de parafina o de verano

Mineral, no vegetal, pero es el tratamiento de referencia contra lo que el jabón no puede: actúa por asfixia, formando una película que tapa los estigmas respiratorios.

Sirve para: cochinilla de escudo, esos bultitos duros pegados a los tallos que resisten casi todo lo demás. También para huevos invernantes en frutales.

Cómo usarlo: empapando bien, porque su efecto es puramente mecánico. Repite a las dos semanas.

Ojo: no lo apliques con más de 30 grados ni en pleno sol, y no lo mezcles con azufre ni lo apliques a menos de tres semanas de un tratamiento con azufre.

Azufre mojable

Fungicida y acaricida clásico, barato y muy eficaz.

Sirve para: oídio —ese polvo blanco en las hojas— y araña roja.

Ojo: quema por encima de 30 grados, y hay plantas sensibles, como las cucurbitáceas y algunas variedades de manzano. Aplica con temperaturas suaves.

Bacillus thuringiensis

Una bacteria que produce una toxina que solo afecta a las larvas de lepidópteros. Es el ejemplo perfecto de producto selectivo: no toca a abejas, mariquitas, sírfidos ni a nada más.

Sirve para: orugas. La del tomate, la de la col, la procesionaria del pino.

Cómo usarlo: al atardecer, porque la luz ultravioleta lo degrada. Actúa por ingestión, así que hay que mojar bien la hoja que la oruga va a comer. Los resultados tardan dos o tres días: la larva deja de comer casi al momento aunque tarde en morir.

Los que se recomiendan mucho y funcionan poco

Purín de ortiga. Es un buen abono foliar y un tónico razonable, pero como insecticida su efecto es marginal. Úsalo por lo que es.

Ajo, chile, canela. Efecto repelente leve y muy fugaz. No resuelven una plaga instalada.

Cerveza para babosas. Funciona, pero atrae también a las del vecindario. Mejor barreras físicas o fosfato férrico.

Bicarbonato para el oídio. Algo de efecto preventivo. El azufre es muy superior.

Lo que más importa no es el producto

Identifica antes de tratar. Cada plaga tiene su producto, y aplicar el equivocado es tiempo perdido y daño gratuito.

Mira si ya hay depredadores. Si ves mariquitas, sus larvas —alargadas, grises con manchas naranjas— o pulgones abombados y de color bronce, que ya están parasitados, lo mejor que puedes hacer es no aplicar nada.

Baja el nitrógeno. El abonado excesivo produce tejido tierno y jugoso, que es lo que buscan casi todas las plagas. Es la medida preventiva que más pesa.

Repite. Casi todos estos productos actúan por contacto y no matan huevos. Una aplicación aislada no sirve.

Trata al atardecer, siempre: evitas quemaduras y no hay polinizadores trabajando.

En resumen

Jabón potásico para casi todo lo de cuerpo blando, aceite de parafina para la cochinilla de escudo, azufre para oídio y araña roja, y Bacillus thuringiensis para orugas. Identifica primero, comprueba si los depredadores ya están trabajando, aplica al atardecer y repite a la semana. Y recuerda que natural no es sinónimo de inocuo.


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