El fresno es uno de esos árboles que todo el mundo ha visto sin saber que lo estaba viendo. Está en las riberas de medio país, en las dehesas de la sierra con esa silueta de tronco grueso y copa rapada, y en el mango de la azada que hay en el cobertizo. Pertenece al género Fraxinus, dentro de las oleáceas, la misma familia que el olivo, la lila y el jazmín: un parentesco que, como se verá, tiene consecuencias muy concretas para bastante gente.

En la Península conviven tres especies principales. Fraxinus angustifolia, el fresno de hoja estrecha, es el más extendido: aguanta el verano mediterráneo siempre que tenga el freático cerca, y es el protagonista de las fresnedas de la Sierra de Guadarrama, Gredos, Extremadura y buena parte de la mitad sur. Fraxinus excelsior, el fresno común o de hoja ancha, ocupa el norte húmedo, desde Galicia al Pirineo, y necesita más frescor. Y Fraxinus ornus, el fresno de flor, es mediterráneo oriental, aquí sobre todo plantado en calles y jardines por su floración blanca y perfumada.

Lo que sigue son cuatro cosas del fresno que no suelen contarse y que explican bastante mejor el árbol que una ficha de vivero.

Ejemplar adulto de Fraxinus excelsior, el fresno común europeo

1. Del fresno se saca azúcar: el maná

El maná que se vende en herboristerías no es un producto bíblico ni una resina de conífera: es la savia solidificada de Fraxinus ornus, y se sigue recolectando comercialmente en Sicilia, sobre todo en la zona de las Madonie (Castelbuono, Pollina). En pleno verano se hacen incisiones transversales en la corteza del tronco, la savia elaborada rezuma, escurre y cristaliza al aire en estalactitas blanquecinas que se recogen a mano semanas después.

La gracia está en su composición: el componente mayoritario es el manitol, un polialcohol que endulza aproximadamente la mitad que el azúcar común, aporta menos calorías y, sobre todo, se absorbe mal en el intestino. De ahí su uso tradicional como laxante suave, incluso pediátrico, y de ahí también que hoy el manitol sea un ingrediente industrial habitual como edulcorante y excipiente farmacéutico, aunque ya se obtenga por otras vías.

Floración blanca y perfumada del fresno de flor, Fraxinus ornus

Es curioso que la especie que da el maná sea precisamente la rara del género en otro sentido. Casi todos los fresnos tienen flores sin pétalos, discretas, verdosas y polinizadas por el viento. Fraxinus ornus es la excepción: produce panículas densas de flores blancas con cuatro pétalos estrechos y perfume evidente, porque su polinizador son los insectos. Por eso se planta en alineaciones urbanas y por eso mucha gente no lo identifica como fresno cuando está en flor.

2. Una madera que se dobla antes de romperse

Si se busca una madera que absorba golpes sin astillarse, el fresno gana casi siempre. Su combinación de fibra larga, densidad media-alta y elasticidad le da una resistencia al impacto excepcional: se deforma, devuelve la energía y solo después falla, y cuando falla lo hace de forma fibrosa y no en esquirlas limpias como el haya.

Por eso el fresno es la madera clásica de los mangos de herramienta —hachas, mazas, azadas, palas—, de los remos, de los bastones de hockey, de los bates de béisbol, de las barras y espalderas de gimnasio y de las escaleras de mano de madera. Antes de los materiales compuestos, los aros de las ruedas de carro, los arcos y las varas de carruaje también eran de fresno, y las carrocerías de los Morgan británicos todavía llevan bastidor de fresno hoy.

Hay un uso más que sorprende: la guitarra eléctrica. Buena parte de los cuerpos de Fender clásicos son de fresno americano (Fraxinus americana y, sobre todo, el llamado swamp ash, madera ligera de Fraxinus pennsylvanica crecido en terrenos inundables). Su porosidad abierta y su ligereza dan un timbre brillante muy identificable. Es el mismo género que el mango de la azada.

Un detalle práctico para quien tenga fresnos y pode: la leña de fresno es de las pocas que arde razonablemente bien recién cortada, porque su madera verde tiene menos humedad que la de casi cualquier otra frondosa. Eso no significa que haya que quemarla verde —siempre rinde más y ensucia menos el tiro después de un año secándose—, pero explica el dicho de que el fresno "no necesita secarse".

3. Un árbol que puede cambiar de sexo de un año a otro

Esta es la rareza botánica de verdad. Los fresnos son poligamodioicos: en la misma población hay pies estrictamente masculinos, pies estrictamente femeninos y pies hermafroditas, con todas las combinaciones intermedias, incluyendo ramas macho y ramas hembra en el mismo individuo.

Y no es una condición fija. Se ha documentado que un mismo ejemplar puede comportarse como macho un año y producir frutos al siguiente, o al revés. La expresión sexual del fresno responde al vigor, a la edad y a las condiciones del año, no a un cromosoma que lo decida de por vida. Es una excepción notable frente a la mayoría de árboles dioicos —chopos, sauces, acebos, tejos—, en los que el sexo se establece de una vez.

Esto tiene una consecuencia doméstica: si alguien planta un fresno confiando en que "es macho y no ensucia", puede llevarse una sorpresa al cabo de unos años en forma de miles de sámaras —esos frutos secos con una sola ala alargada, que caen girando como hélices de un solo aspa y germinan con entusiasmo en cualquier arriate—. En jardines pequeños es un motivo real para pensárselo.

Aquí entra el parentesco con el olivo. El polen de fresno es un alérgeno estacional relevante en España, con máximos entre febrero y abril, antes de que salgan las hojas. Sus proteínas alergénicas pertenecen a la misma familia que las del olivo y las del aligustre, de modo que hay reactividad cruzada: quien reacciona al olivo en mayo puede estar reaccionando al fresno en febrero sin saberlo, y atribuirlo a un catarro tardío. Si los síntomas aparecen puntualmente a finales de invierno en zona de fresnedas, merece la pena comentarlo con el alergólogo.

4. Los fresnos trasmochos: un paisaje que fabricamos nosotros

En la Sierra de Guadarrama, en el valle del Lozoya, en Ávila, en Navarra o en el País Vasco hay fresnos con un aspecto inconfundible: tronco corto y desmesuradamente grueso, coronado por una cabeza nudosa de la que salen ramas rectas y jóvenes, todas de la misma edad. No es una deformidad. Es el resultado de siglos de trasmocho o desmoche.

La práctica consistía en cortar todas las ramas a unos 2-3 metros de altura, por encima del alcance del ganado, cada 8-12 años. Se aprovechaban tres cosas: leña de calibre regular, varas rectas para aperos y, sobre todo, el ramón, la hoja del fresno segada en verano y almacenada para alimentar a ovejas y cabras cuando el pasto se agostaba. La hoja de fresno tiene un valor forrajero alto —comparable a un heno de calidad media— y es una de las pocas frondosas que lo permite sin problemas digestivos.

El trasmocho prolonga la vida del árbol muchísimo: al rejuvenecer la copa periódicamente se reduce el estrés hídrico y mecánico, y hay fresnos trasmochos de varios siglos con troncos huecos que son, además, un hábitat de primer orden para murciélagos, aves de nidificación en cavidad e invertebrados saproxílicos.

El problema es el abandono. Un trasmocho que lleva 50 años sin podar acumula ramas gruesas y pesadas sobre una cabeza podrida, y termina desgajándose. Recuperarlos no se improvisa: hay que hacerlo por fases, a lo largo de varios años, retirando un tercio de la masa cada vez y en invierno, nunca de golpe, porque un árbol viejo desmochado brutalmente rebrota mal o no rebrota. Si tiene uno en su finca, lo peor que puede hacer es "arreglarlo" en una sola intervención.

Lo que sí y lo que no hace la hoja de fresno

Al fresno se le atribuye desde antiguo un uso medicinal, y conviene poner la información en su sitio. La droga vegetal reconocida es la hoja (Fraxini folium), de Fraxinus excelsior y F. angustifolia, recolectada en verano y secada a la sombra. Contiene cumarinas (fraxina, fraxósido), flavonoides como la rutina, taninos, ácidos fenólicos y algo de manitol.

Su uso está catalogado en Europa como medicamento tradicional a base de plantas, con dos indicaciones menores: aumentar el volumen de orina como coadyuvante en molestias urinarias leves, y alivio de dolores articulares leves. "Tradicional" significa exactamente eso: la indicación se apoya en el uso prolongado y en la plausibilidad, no en ensayos clínicos que demuestren eficacia. Es honrado decirlo.

Hay dos matices que casi nunca se mencionan. El primero: la corteza no es la hoja. La corteza de fresno, tradicionalmente usada como febrífugo, es mucho más astringente y no comparte ese perfil de seguridad. El segundo: cualquier planta con efecto diurético está contraindicada si la retención de líquidos procede de un problema cardíaco o renal, situación en la que forzar la diuresis por cuenta propia es contraproducente. Tampoco es un producto para embarazo, lactancia ni niños, y puede interferir con diuréticos y anticoagulantes de prescripción. Si toma medicación, consúltelo antes.

Cómo reconocer un fresno sin dudar

Tres caracteres bastan casi siempre:

Hojas opuestas y compuestas imparipinnadas. Es decir, dos hojas enfrentadas en cada nudo, cada una dividida en 7-13 foliolos con uno terminal. Muy pocos árboles nuestros combinan esas dos cosas: básicamente el fresno, el saúco y los arces (estos con hoja simple palmeada). Si las hojas son alternas, no es un fresno.

Yemas. En Fraxinus excelsior son de un negro aterciopelado inconfundible en invierno, algo único entre los árboles europeos. En F. angustifolia son pardo oscuras o casi negras, algo más pequeñas.

Fenología tardía. El fresno es de los últimos en brotar —a menudo ya bien entrado abril, cuando el chopo lleva un mes verde— y de los primeros en amarillear en otoño. Un árbol de ribera todavía desnudo a mediados de abril tiene muchas papeletas de ser un fresno.

Lo que le está pasando ahora al fresno europeo

Conviene decirlo, porque afecta a cualquiera que plante fresnos. Desde los años noventa avanza por Europa la chalarosis o seca del fresno, causada por el hongo Hymenoscyphus fraxineus, de origen asiático. Provoca necrosis en hojas y brotes, chancros en ramas y una defoliación progresiva que en muchos países ha matado a una fracción muy alta de las masas de Fraxinus excelsior.

En España se detectó a partir de mediados de la década pasada en el tercio norte, y por ahora el impacto es mucho menor que en el centro y norte de Europa. Dos factores ayudan: nuestro verano seco es hostil para las esporas del hongo, que necesitan humedad y frescor estival para infectar, y Fraxinus angustifolia, la especie dominante aquí, parece bastante menos susceptible que F. excelsior.

Aun así, hay dos medidas sensatas. La primera, no mover planta de fresno entre regiones ni comprar material de origen desconocido: la vía de entrada principal de este hongo en Europa ha sido el comercio de planta de vivero. La segunda, si se va a plantar en el norte húmedo, priorizar Fraxinus angustifolia de procedencia local frente a F. excelsior.

Si va a plantar uno

El fresno es un árbol de suelos profundos y frescos. Tolera encharcamientos temporales de invierno —de ahí que domine las riberas— y tolera bastante mal la sequía prolongada en suelo somero: en la meseta, un fresno sin freático a mano vive amarilleando y perdiendo hoja en agosto.

Plántelo a raíz desnuda entre noviembre y febrero, que es como mejor se establece y como más barato sale. Dele espacio: F. angustifolia pasa sin dificultad de 20 metros y su sistema radical es extenso y superficial, así que no lo ponga a menos de 8-10 metros de una construcción, un pavimento o una conducción. Y no lo plante en un patio pequeño esperando sombra ligera: la da, pero a costa de un volumen que casi nunca cabe.

La poda de formación se hace en invierno, con el árbol parado, y consiste sobre todo en asegurar una guía única y eliminar ramas codominantes con horquillas cerradas, que son el punto de rotura habitual del género. Evite cortes de más de 8-10 cm de diámetro en árbol adulto: el fresno compartimenta razonablemente, pero no obra milagros.

Sobre la sombra, que es el argumento con el que más se vende: la del fresno es una sombra ligera y tamizada, no una sombra densa. La hoja compuesta deja pasar luz entre los foliolos, de modo que por debajo de un fresno sí crece césped y sí crecen herbáceas, cosa que no ocurre bajo un plátano o un tilo. Sumado a que brota tarde y desnuda pronto, es un árbol especialmente adecuado para dar sombra en verano sin robar sol en invierno: en la cara sur de una casa, ese comportamiento vale más que la densidad de la copa. Lo que no debe esperarse es una sombra profunda de mediodía en pleno agosto castellano; para eso hay mejores candidatos.

En resumen

El fresno da azúcar —el maná del Fraxinus ornus, básicamente manitol—, tiene la madera más resistente al impacto de nuestro entorno, es capaz de cambiar de sexo entre temporadas y ha modelado paisajes enteros a través del trasmocho para producir ramón. Añádase que su polen comparte alérgenos con el del olivo y adelanta la temporada al invierno, y que la chalarosis está redibujando su futuro en Europa aunque de momento nos toque menos por el verano seco y por el predominio de Fraxinus angustifolia. Para plantarlo: suelo profundo y fresco, plantación a raíz desnuda en invierno, mucho espacio y planta de origen conocido.


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