¿Por qué el árbol de Navidad en maceta que se planta en enero rara vez llega al verano siguiente? Porque ese árbol suele ser un abeto rojo, Picea abies, una conífera de montaña europea que ha pasado tres semanas a 22 °C junto a un radiador y que después va a parar a un jardín con un clima que no se parece en nada al suyo. Entender qué necesita esta especie sirve para dos cosas: para plantarla donde tiene sentido y para dejar de intentarlo donde no lo tiene.
Origen y rasgos de la especie
Picea abies (L.) H. Karst. es una Pinaceae propia del norte y el centro de Europa: Escandinavia, Rusia occidental, los Alpes, los Cárpatos y las montañas balcánicas. No forma parte de la flora natural de la península ibérica; lo que se ve aquí procede de plantaciones ornamentales y de algún ensayo forestal, sobre todo en el Pirineo y la cornisa cantábrica.
Alcanza de 35 a 50 metros, con ejemplares excepcionales por encima de 60, y troncos que superan el metro de diámetro. Crece deprisa —de 30 a 60 cm anuales en buenas condiciones— y desarrolla un porte cónico muy regular con las ramas ligeramente péndulas en los ejemplares adultos. El sistema radical es superficial y extendido, no pivotante, y de ahí su fama de derribarse con los temporales de viento cuando está aislado o en suelos poco profundos.
El nombre de abeto rojo confunde a mucha gente: no se refiere al color del follaje, que es verde oscuro, sino a la corteza pardo rojiza que se desprende en escamas finas. También se le llama picea común o falso abeto, y este último nombre es el más honesto, porque no es un abeto verdadero.
Picea o abeto: cómo distinguirlos sin dudar
La diferencia entre Picea y Abies es constante y se comprueba en diez segundos con una ramilla en la mano.
Las acículas del abeto rojo son de sección cuadrangular, de 1 a 2,5 cm, puntiagudas y pinchan al cerrar la mano. Ruedan entre los dedos. Las de un abeto verdadero son planas, no ruedan y suelen tener la punta roma o escotada. Además, en la picea cada acícula se inserta sobre un pequeño pedúnculo leñoso —el pulvínulo— que permanece en la rama al caer la hoja, de modo que la ramilla vieja queda áspera y rugosa como una lima. En un abeto la rama queda lisa, con cicatrices circulares.
Las piñas rematan la identificación: en Picea abies cuelgan hacia abajo, miden de 10 a 18 cm —las mayores del género— maduran en un solo año y caen enteras al suelo. En los Abies se yerguen sobre la rama y se desarticulan sin caer completas.
Un apunte que da idea de la resistencia de la especie: en el monte Fulufjället, en Suecia, se estudió un abeto rojo cuyo sistema radical clonal se dató en torno a 9.550 años, aunque el tronco visible sea reciente. La parte aérea muere y rebrota; el individuo genético continúa. Es un mecanismo de supervivencia propio de climas extremos, no un truco de jardinería que se pueda replicar aquí.
Variedades y cultivares útiles en jardín
La especie tipo es demasiado grande para casi cualquier jardín particular, pero se han seleccionado más de un centenar de cultivares, muchos de ellos enanos o de porte peculiar. Estos son los que de verdad se encuentran y funcionan:
'Nidiformis'. El más extendido. Arbusto achatado en forma de nido, con una depresión central característica, que en veinte años no pasa de 1 m de alto por 1,5 de ancho. Ideal para rocalla, borduras y jardineras grandes.
'Little Gem'. Mutación de la anterior, todavía más pequeña: una bola compacta de 30-40 cm. Muy lento, para primer plano o macetas.
'Ohlendorffii'. Porte cónico irregular y follaje algo amarillento, de crecimiento lento; llega a 2-3 m con los años. Buena opción cuando se quiere volumen sin un árbol.
'Acrocona'. Su interés está en que produce piñas de color rojo intenso en las puntas de los brotes desde joven, en primavera. Porte irregular, 3-4 m.
'Inversa' y 'Pendula'. Ramas colgantes; si se tutora el eje central se obtiene una columna llorona, y si no se tutora, una masa rastrera. Muy escultóricas.
'Cupressina'. Columnar estrecha, con las ramas ascendentes. Alcanza 10-15 m pero apenas 2-3 de ancho, y aguanta la nieve mejor que otras formas.
'Virgata'. Rareza de ramas largas, serpenteantes y sin ramificar. Una pieza de coleccionista más que una planta de jardín corriente.
Clima y suelo: dónde prospera en España
El abeto rojo resiste fríos extremos, de -35 °C y por debajo, y soporta bien la nieve pesada. Lo que no tolera es el verano cálido y seco con noches templadas. En la práctica esto significa que su sitio en España está en el Pirineo, la cordillera Cantábrica, Galicia interior, el norte de Burgos, y en general zonas de montaña o de clima atlántico con precipitación repartida y humedad ambiental alta.
En Madrid, La Mancha, el valle del Ebro o el litoral mediterráneo, un abeto rojo plantado en el suelo dura unos años y entra en una decadencia irreversible: pérdida de acícula desde el interior de la copa, ramas secas en la parte baja y muerte por sequía fisiológica combinada con ataques secundarios de araña roja. No es un problema de riego; es de temperatura y de aire seco. Insistir con más agua solo añade problemas de raíz.
Respecto al suelo, quiere terreno ácido, entre pH 4,5 y 6, fresco, profundo y con drenaje. Sobre suelos calizos amarillea por clorosis férrica y no hay corrección duradera posible. Prefiere sol pleno o media sombra ligera; en climas de montaña, cuanto más sol, mejor porte.
Riego, abonado y poda
Por su enraizamiento superficial, el abeto rojo nota antes la sequía que otras coníferas. Los primeros años necesita riego regular en verano, y también en invierno seco si el suelo se queda polvoriento durante semanas: una conífera perennifolia sigue transpirando en enero. El acolchado con corteza de pino o acícula, en capa de 8-10 cm sin arrimarlo al tronco, es probablemente la mejor inversión que se puede hacer con esta especie: protege las raíces del calor superficial, conserva humedad y acidifica al descomponerse.
El abono se aplica una vez en primavera, con un fertilizante para plantas acidófilas o de liberación lenta para coníferas. Nada de dosis altas de nitrógeno: alarga los brotes, los ablanda y atrae pulgones.
En cuanto a la poda, la picea admite algo más que un abeto verdadero, pero solo dentro de la madera joven. Se pueden despuntar los brotes tiernos —las "velas" de mayo— para densificar un seto o mantener compacto un cultivar, siempre dejando parte del brote nuevo. Cortar por madera vieja y desnuda deja un hueco permanente, porque no hay yemas latentes que rebroten. Las ramas secas se retiran cuando aparezcan, sin más norma.
Plagas y enfermedades
Las agallas en forma de pequeña piña en las puntas de los brotes son obra de pulgones lanígeros del grupo Adelges abietis y Sacchiphantes viridis. Son antiestéticas y frenan el crecimiento del brote afectado, pero rara vez comprometen al árbol. Se cortan y se destruyen antes de que la agalla se abra a final de verano.
El pulgón verde de la picea (Elatobium abietinum) actúa en invierno y primavera y provoca un moteado amarillo en la acícula vieja seguido de una defoliación llamativa del interior de la copa. Es frecuente tras inviernos suaves.
La araña roja (Oligonychus ununguis) aparece en ambientes cálidos y secos, es decir, allí donde el árbol ya está mal ubicado. Y en masas forestales estresadas por sequía y calor, el escolítido Ips typographus es el agente que está causando mortandades masivas de Picea abies en Centroeuropa; en jardín es raro, pero conviene no dejar madera muerta acumulada.
Entre los hongos, los graves son de raíz y de base de tronco: Heterobasidion annosum y Armillaria mellea. Ambos entran por heridas y por suelos con restos de tocones, y no tienen tratamiento curativo. También se ve Rhizosphaera, que produce caída de acícula con pequeños puntos negros alineados en las bandas estomáticas, favorecido por follaje mojado y poca ventilación.
El árbol de Navidad, con realismo
Esta es la especie clásica de árbol de Navidad en Europa y la que más se vende en maceta. Si se quiere conservar viva, hay cuatro reglas que funcionan. Primera: máximo diez o doce días dentro de casa, y en la habitación más fresca, lejos de radiadores y de chimeneas. Segunda: mantener el cepellón húmedo, nunca encharcado, con agua a temperatura ambiente. Tercera: hacer la salida en dos etapas, unos días en un porche, galería o terraza protegida antes de devolverlo al exterior, para evitar el choque térmico. Cuarta y más importante: plantarlo definitivamente solo si el clima del lugar es el adecuado; si no lo es, es mejor mantenerlo en maceta grande, en sombra ligera durante el verano, y aceptar que su vida será limitada.
Conviene añadir algo que no siempre se dice: buena parte de los árboles navideños en maceta se han cultivado en campo y se han arrancado y embutido en el contenedor poco antes de venderse, con el sistema radical mutilado. Un cepellón que se mueve dentro de la maceta y una maceta demasiado pequeña para el porte son las señales. En ese caso, por muy bien que se cuide, las probabilidades de supervivencia son bajas.
En resumen
El abeto rojo es una conífera de montaña europea, rústica frente al frío y a la nieve, de acículas cuadrangulares y pinchudas sobre ramillas rugosas y piñas colgantes que caen enteras. Su límite no es el invierno, sino el verano: necesita frescor, humedad ambiental y suelo ácido, condiciones que en España se cumplen en el tercio norte y en la montaña, y no en el interior seco ni en el Mediterráneo. Para jardines de tamaño normal, lo razonable es olvidarse de la especie tipo y elegir un cultivar enano como 'Nidiformis', 'Little Gem' u 'Ohlendorffii'. Y con el árbol de Navidad, poco tiempo dentro de casa, salida gradual y expectativas ajustadas al clima que se tenga.