Abietáceas y pináceas son exactamente la misma familia. Abietaceae es el nombre antiguo, formado sobre el género Abies; Pinaceae, formado sobre Pinus, es el que hoy se usa de forma general y el que está conservado en la nomenclatura botánica. Si te topas con "abietáceos" en un libro de jardinería de hace unas décadas o en un plan de repoblación antiguo, estás leyendo sobre pinos, abetos, piceas, cedros, alerces y abetos de Douglas. Nada más y nada menos.
Vale la pena tenerlo claro porque la agrupación no es un tecnicismo vacío: los miembros de esta familia comparten estructura, exigencias y, muy en particular, una limitación fisiológica que condiciona toda su poda. Quien entiende qué es un abietáceo no corta por donde la rama ya nunca va a volver a brotar.
Qué géneros incluye
La familia reúne unos once géneros y entre 220 y 250 especies, todas del hemisferio norte. Las que interesan en jardinería y selvicultura españolas son seis:
Pinus (los pinos), el género más numeroso, con más de un centenar de especies. En España son nativos Pinus halepensis (carrasco), Pinus pinea (piñonero), Pinus nigra (laricio o salgareño), Pinus sylvestris (albar), Pinus pinaster (resinero), Pinus uncinata (negro de montaña) y Pinus canariensis, endémico de Canarias.
Abies (los abetos): Abies alba en el Pirineo, Abies pinsapo en las sierras de Málaga y Cádiz, y en jardinería Abies concolor, Abies nordmanniana o Abies koreana.
Picea (piceas o "falsos abetos"): Picea abies, el clásico árbol de Navidad europeo, y Picea pungens, la picea azul de Colorado, con su cultivar 'Glauca' omnipresente en jardines.
Cedrus (los cedros verdaderos): Cedrus atlantica, Cedrus libani y Cedrus deodara. Muy utilizados en parques españoles.
Larix (los alerces), coníferas de hoja caduca, que amarillean y se desnudan en otoño. Larix decidua está plantado en zonas de montaña del norte.
Pseudotsuga (el abeto de Douglas), con Pseudotsuga menziesii como especie forestal de crecimiento rápido en la cornisa cantábrica y Galicia.
Completan la familia Tsuga, Pseudolarix, Keteleeria, Cathaya y Nothotsuga, poco o nada frecuentes aquí.
Igual de importante es saber qué no son abietáceos, porque la confusión es constante. Cipreses, tuyas, enebros, sabinas, cedros de incienso y secuoyas pertenecen a las cupresáceas; el tejo, a las taxáceas; la araucaria, a las araucariáceas; el ginkgo, ni siquiera es una conífera. Y el llamado "cedro" del jardín puede ser un Cedrus auténtico o un Calocedrus o Cedrela, que no tienen nada que ver. Los cuidados difieren bastante entre familias, así que la identificación importa.
Características comunes
Son árboles resinosos, casi siempre de porte único y guía terminal dominante, con ramas dispuestas en verticilos más o menos regulares alrededor del tronco. Esa arquitectura, que se llama monopódica, es la que les da la silueta cónica de la juventud; con los años muchas especies pierden el eje y se aplanan por arriba, como un pino piñonero o un cedro viejo.
Las hojas son aciculares, estrechas y persistentes durante varios años (dos, tres o hasta ocho, según especie), excepto en Larix y Pseudolarix, que son caducos. Los conductos resiníferos recorren hoja, corteza y madera: por eso huelen a resina y por eso la savia pega.
Todas son monoicas: cada árbol lleva conos masculinos, que producen el polen en primavera, y conos femeninos, que darán las piñas. La polinización es por viento, y en algunas especies el proceso desde la polinización hasta la semilla madura tarda dos años (en los pinos es lo habitual). Las piñas son leñosas, con escamas dispuestas en espiral y dos semillas aladas por escama. Ese detalle —dos semillas con ala membranosa bajo cada escama— es el sello de la familia.
Distinguir los géneros no es difícil si sabes dónde mirar:
Pinos. Las acículas van agrupadas en fascículos de 2, 3 o 5, envueltos en la base por una vainita. Ningún otro género de la familia hace esto. Las piñas son colgantes o laterales y caen enteras.
Abetos. Acículas aplanadas, insertadas de una en una, que al desprenderse dejan una cicatriz circular y lisa en la ramilla, como una ventosa. Piñas erectas que se desmontan en el árbol y dejan el eje central en pie: no encontrarás piñas de abeto enteras en el suelo.
Piceas. Acículas de sección más o menos cuadrangular, insertadas sobre una pequeña peana leñosa que queda en la ramilla cuando la hoja cae; por eso las ramillas de picea son ásperas al tacto y las de abeto lisas. Piñas colgantes, que caen enteras.
Cedros y alerces. Acículas en rosetas o penachos sobre braquiblastos, ramillas cortas que apenas se alargan cada año, además de unas pocas hojas sueltas en los brotes largos. El alerce se distingue del cedro sin dudas en invierno: el alerce está desnudo.
Abeto de Douglas. Acículas planas y blandas, aroma cítrico al frotarlas, yemas terminales puntiagudas y fusiformes, y una piña inconfundible: colgante, con brácteas trífidas asomando entre las escamas, como pequeños tridentes.
Ubicación y clima
La familia es tan amplia que generalizar el clima sería engañoso, y de ahí salen la mayor parte de los fracasos. Conviene separarlas en dos grupos:
Las mediterráneas y de clima seco: Pinus halepensis, Pinus pinea, Pinus pinaster, Cedrus atlantica, Cedrus deodara. Aguantan verano largo, calor y sequía una vez establecidas, y son las que tienen sentido en Levante, el sur, el valle del Ebro o Madrid.
Las de clima fresco y húmedo: Picea abies, Abies alba, Abies nordmanniana, Pseudotsuga menziesii, Larix decidua, Tsuga. Necesitan veranos suaves y humedad ambiental. Van bien en Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo, la montaña del Sistema Central o Ibérico, y fracasan en el Mediterráneo litoral por mucho que se rieguen.
El caso de Picea abies merece detenerse. Es el abeto de Navidad que se vende en maceta por millones. Sacado de la maceta y plantado en un jardín de Valencia, Sevilla o Alicante, muere en dos o tres veranos: no es un problema de riego, es que su follaje no soporta la combinación de calor y aire seco. Si te han regalado uno y vives en zona mediterránea cálida, el destino razonable es mantenerlo en maceta grande, en semisombra fresca, asumiendo que su vida será limitada, o regalárselo a alguien del norte.
Casi todos los abietáceos quieren sol directo. Son especies de dosel: plantadas a la sombra se ahílan, pierden las ramas bajas y quedan desgarbadas. Las excepciones son relativas (Tsuga y algunos abetos toleran sombra parcial en juventud), pero la regla es sol.
Y calcula el tamaño adulto antes de plantar. Un cedro del Himalaya pasa de 30 metros con una copa de 10 o 12 de diámetro. Un pino piñonero levanta aceras y bordillos con las raíces superficiales. Estos árboles se plantan para cincuenta o cien años, no para cinco.
Suelo
La condición innegociable, común a toda la familia, es el drenaje. Son plantas de raíces micorrizadas que no toleran el suelo encharcado; en terrenos arcillosos que se saturan en invierno acaban con podredumbre radicular por Phytophthora o Armillaria. En suelos pesados, planta sobre montículo elevado y mejora una superficie amplia, no un hoyo estrecho.
Sobre el pH sí hay diferencias reales, y conviene no repetir el tópico de que "las coníferas quieren tierra ácida":
Prefieren suelo ácido o neutro y sufren clorosis férrica en caliza: Picea abies, Pinus radiata, Pinus pinaster, Pseudotsuga menziesii, Abies alba. Si tu agua de riego es dura y tu suelo calizo, sus acículas nuevas saldrán amarillas con los nervios verdes, y estarás corrigiendo con quelato de hierro cada primavera de forma indefinida.
Toleran bien la caliza: Pinus halepensis, Pinus nigra, Pinus pinea, Cedrus atlantica, Cedrus libani y Abies pinsapo, que crece de forma natural sobre dolomías. Elegir la especie según el suelo que tienes es infinitamente más barato que enmendar el suelo indefinidamente.
Plantación y riego
La época preferente es el otoño (octubre a diciembre) en la mayor parte de España, para aprovechar las lluvias y el invierno de enraizamiento; el final del invierno en zonas de heladas fuertes. Planta con el cuello a nivel del suelo, nunca enterrado, riega copiosamente para asentar y cubre con acolchado de corteza de pino o astillas, 7-10 cm, sin tocar el tronco.
El riego se concentra en los dos o tres primeros años. Después, las especies mediterráneas suelen bastarse con la lluvia, y las de clima fresco solo necesitan apoyo en las olas de calor. La pauta correcta es riego profundo y espaciado: mojar todo el volumen radicular cada varios días en verano en lugar de dar poca agua a diario, que solo alimenta raíces superficiales.
Las coníferas de esta familia son especialmente engañosas cuando se pasan de agua, porque tardan meses en manifestar el daño. Un ejemplar cuyas raíces se pudrieron en enero puede parecer sano hasta que en julio se torna pardo de golpe, y para entonces ya no hay nada que hacer. Si un abetáceo empieza a amarillear de dentro hacia fuera y de abajo hacia arriba, revisa primero el drenaje, no el abono.
Abonado
Son poco exigentes. Un granulado de liberación lenta para coníferas, aplicado a principios de primavera en la proyección de la copa y regado a continuación, cubre las necesidades. Un segundo aporte a comienzos de verano solo tiene sentido en ejemplares jóvenes que se quieran empujar.
El nitrógeno en exceso provoca brotes largos y blandos que se llenan de pulgón y se hielan con facilidad. En árboles adultos y bien situados, lo más práctico es no abonar y limitarse a renovar el acolchado y añadir compost cada otoño. La caída natural de las acículas forma con el tiempo un mantillo ácido que a las especies acidófilas les conviene, así que no hay por qué retirarla del pie del árbol.
Un amarilleo generalizado en suelo calizo suele ser clorosis férrica, no falta de abono: se corrige con quelato de hierro (tipo EDDHA, el único que aguanta pH alto) aplicado en riego en primavera.
Poda: la regla que más se incumple
Aquí está el punto crítico. Las pináceas no rebrotan de la madera vieja. No tienen yemas latentes en las zonas del tronco y las ramas que ya han perdido las acículas, de modo que todo corte hecho por detrás de la parte verde deja un muñón que jamás volverá a brotar: se seca, se queda como un tocón gris y se convierte en vía de entrada para hongos de pudrición.
Consecuencias prácticas:
No se desmocha. Rebajar la altura de un pino, un cedro o una picea porque "se ha hecho grande" lo deforma para siempre y lo debilita. Si el árbol es demasiado grande para el sitio, el problema fue la elección de especie, y la solución honesta es sustituirlo, no mutilarlo.
No se recortan como un seto. Un ciprés o una tuya (cupresáceas) toleran el recorte anual porque rebrotan; una picea o un cedro, no.
La poda se limita a ramas secas, rotas, enfermas o mal dirigidas, cortando al ras del collar de la rama, sin dejar tocón y sin cortar el propio collar. Época: finales de invierno o comienzos de otoño, evitando la brotación primaveral y el calor extremo. En los pinos, si se quiere compactar el porte, se puede despuntar a mano el brote nuevo (la "vela") en primavera cuando aún está tierno, reduciéndolo a la mitad; eso sí funciona, porque el tejido todavía es capaz de generar yemas.
La única excepción notable a la regla en nuestro territorio es Pinus canariensis, que sí rebrota de tronco tras el fuego gracias a yemas epicórmicas bajo la corteza. Es una rareza dentro de la familia y no debe tomarse como norma para el resto.
Multiplicación
Por semilla, que es el método natural y el único práctico para especies puras. Recoge las piñas maduras del árbol en otoño, sécalas para que se abran y extrae las semillas. Muchas especies necesitan estratificación en frío —de tres a ocho semanas en frigorífico, entre 3 y 5 °C, en arena o vermiculita húmeda— antes de sembrar a finales de invierno. Sustrato suelto y drenante, contenedores profundos porque casi todas hacen raíz pivotante, y cuidado con el damping-off, que es la principal causa de mortandad en semillero.
Los esquejes funcionan mal: enraízan con dificultad y, cuando lo hacen, muchas veces mantienen crecimiento plagiotrópico, es decir, siguen creciendo como una rama y no forman un tronco recto. Por eso los cultivares ornamentales (piceas azules, cedros llorones, formas enanas) se multiplican por injerto sobre patrón de la misma especie o género, a finales de invierno y bajo invernadero. Es trabajo de vivero especializado, y explica por qué esas plantas cuestan lo que cuestan.
Plagas y enfermedades
Procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). La más importante en España, sobre pinos y también sobre cedros. Bolsones blancos y sedosos en los extremos de las ramas en invierno y defoliación. El tratamiento eficaz es preventivo: Bacillus thuringiensis var. kurstaki pulverizado en otoño, entre septiembre y noviembre, cuando las orugas son pequeñas. En invierno se pueden cortar y destruir los bolsones (con protección: los pelos urticantes son un problema serio para personas y sobre todo para perros). En febrero y marzo, cuando las orugas bajan en procesión a enterrarse, funcionan bien los collares trampa alrededor del tronco.
Pulgones lanígeros (Adelges, Dreyfusia). Motas algodonosas blancas en ramillas y tronco de abetos y piceas; en Picea provocan además agallas en forma de piña pequeña en la punta de los brotes. Aceite de parafina o jabón potásico en invierno y tras la brotación; las agallas se cortan y se destruyen antes de que abran.
Araña roja. Ataca sobre todo a piceas y abetos en veranos secos: follaje bronceado, aspecto polvoriento, telillas finas. Lavados de copa a presión al atardecer y humedad ambiental; acaricida solo si se descontrola.
Escolítidos y perforadores (Tomicus, Ips, Orthotomicus). Solo colonizan árboles ya debilitados por sequía, heridas o trasplante. Se detectan por los grumos de resina en el tronco y el serrín. No hay curación: prevención por vigor y retirada rápida de la madera muerta, que es donde crían.
Hongos. Diplodia (Sphaeropsis sapinea) seca los brotes nuevos de los pinos tras primaveras húmedas o granizadas. Phytophthora y Armillaria mellea pudren raíces en suelos encharcados. Heterobasidion annosum entra por tocones y heridas y pudre el corazón del tronco. Todos comparten prevención: drenaje, evitar heridas, no dejar tocones frescos sin tratar y no regar de más.
Un principio general que ahorra muchos tratamientos: en esta familia, la práctica totalidad de las plagas graves son secundarias. Atacan a árboles ya estresados. Un abietáceo bien elegido para su clima, bien plantado y con el suelo drenado rara vez necesita insecticidas.
En resumen
"Abietáceos" es el nombre antiguo de las pináceas: pinos, abetos, piceas, cedros, alerces y abeto de Douglas, todos del hemisferio norte, resinosos, de hoja acicular, monoicos y con piñas de escamas espirales que llevan dos semillas aladas cada una. Comparten tres exigencias: sol, drenaje impecable y elección de especie acorde al clima y al pH del suelo —las mediterráneas al sur y al este, las de montaña al norte y en altura—. Y comparten una limitación decisiva: no rebrotan de la madera vieja, así que la poda se reduce a quitar lo seco o roto y nunca se desmochan ni se recortan como un seto. Riego profundo y espaciado los primeros años, acolchado, abonado moderado en primavera, y vigilancia de procesionaria en otoño y de pulgón lanígero y araña roja en primavera y verano.