Con el nombre de acacia púrpura se venden en España dos árboles que no tienen nada que ver entre sí, y llevarse el equivocado a casa suele terminar en decepción. Uno tiene el follaje violeta y flores amarillas; el otro tiene el follaje verde, espinas y flores rojizas muy perfumadas. Conviene aclarar cuál es cuál antes de pagar el vivero, porque sus exigencias de clima y de suelo son distintas.

Las dos plantas que responden a ese nombre

La que domina el comercio de jardinería es Acacia baileyana 'Purpurea', una selección de la mimosa de Bailey. Es un árbol pequeño, de hoja perenne y bipinnada, cuyos brotes nuevos salen de un color violeta intenso que va virando a gris azulado según maduran. Cuando el vendedor habla de "hojas púrpura", habla de esta. Es la que interesa a quien busca un árbol de color para un jardín reducido.

La otra es Acacia farnesiana 'Atropurpurea' —hoy el género correcto para esta especie es Vachellia—, una forma de flor rojiza del aromo o carambuco. Aquí el púrpura está en las flores, no en las hojas, y el árbol es espinoso, más achaparrado y de aspecto mucho más rústico. Si lo que esperabas era follaje de color, esta no es tu planta.

Acacia farnesiana Atropurpurea, la acacia de flor púrpura

Acacia baileyana 'Purpurea': cómo es realmente

La especie tipo procede de un área minúscula de Nueva Gales del Sur, en Australia, aunque hoy se cultiva en medio mundo. Alcanza entre 5 y 8 metros de altura, excepcionalmente algo más, y forma una copa ancha y aparasolada que a menudo es más amplia que alta. Ese dato importa: en un patio pequeño el problema no será la altura, sino la envergadura, así que calcula al menos cuatro metros libres alrededor.

El follaje es su principal argumento. Las hojas son bipinnadas, con pocas divisiones y foliolos finos, de un gris azulado ceroso que ya de por sí resulta llamativo; sobre ese fondo, los brotes nuevos aparecen teñidos de violeta oscuro, sobre todo en la brotación de primavera y en la de final de verano, cuando el contraste entre las puntas moradas y el resto de la copa está en su mejor momento. El color es más intenso a pleno sol y con noches frescas; a media sombra se difumina bastante.

Florece en pleno invierno, entre enero y marzo según la zona, con racimos de cabezuelas globosas de un amarillo dorado y aroma suave. Que la floración y el follaje púrpura coincidan en el mismo árbol es precisamente lo que hace que funcione tan bien: amarillo y violeta son colores complementarios.

Un punto que rara vez se menciona en el vivero: es un árbol de vida corta. Crece muy rápido, medio metro o más al año en su juventud, y a cambio suele durar entre veinte y treinta años. No plantes una acacia púrpura pensando en un árbol para siempre; plántala sabiendo que dentro de dos décadas habrá que sustituirla.

Dónde plantarla y qué suelo necesita

Quiere sol directo, cuanto más mejor, y un lugar razonablemente resguardado del viento fuerte. Su madera es quebradiza y el sistema radicular, superficial y poco profundo, así que un ejemplar joven mal orientado o mal anclado puede volcar en un temporal. El tutor durante los dos o tres primeros años no sobra, aunque conviene retirarlo después: un tronco que nunca se mueve no engrosa como debe.

El suelo es el factor que decide el éxito o el fracaso. Exige drenaje impecable y prefiere sustratos ácidos o neutros. En terrenos calizos —buena parte del interior, el valle del Ebro, Levante— amarillea por clorosis férrica: las hojas nuevas se vuelven pálidas con los nervios marcados en verde y el árbol se estanca. Se puede corregir aplicando quelato de hierro en forma de EDDHA, el único que sigue siendo eficaz a pH alto, en dos aportes al año a la salida del invierno y a comienzos de otoño. Pero es un tratamiento de por vida, y si tu agua de riego también es dura la batalla es cuesta arriba. En ese caso, plantéatelo en maceta grande con sustrato ácido, o elige otra especie.

El encharcamiento la mata. La causa más frecuente de muerte súbita en acacias de jardín no es el frío ni la sequía, sino la podredumbre de raíz por hongos del suelo en terrenos pesados y mal drenados. Si tu tierra es arcillosa, planta sobre un caballón elevado o descarta la idea.

Riego, abonado y frío

Durante el primer y el segundo verano necesita riegos regulares para instalarse: cada cinco o siete días en clima mediterráneo, a fondo, mojando toda la zona de raíces y dejando secar entre uno y otro. Pasado ese periodo se vuelve muy resistente a la sequía y en la costa mediterránea puede sobrevivir prácticamente sin riego, con algún aporte puntual en las olas de calor. Regarla como si fuera un frutal es el camino más rápido a la asfixia radicular.

Abonar, poco. Es una leguminosa: fija nitrógeno atmosférico mediante bacterias asociadas a sus raíces y no necesita aportes nitrogenados. Un exceso de abono produce brotes largos, blandos, con menos color púrpura y más propensos a romperse. Basta con un acolchado de materia orgánica en superficie cada primavera.

En cuanto al frío, aguanta heladas ligeras del orden de -6 a -8 ºC en ejemplares establecidos, con daño en las puntas. Por debajo de eso pierde ramas, y una helada fuerte y prolongada puede llevarse el árbol entero. Esto la sitúa cómodamente en el litoral mediterráneo, el sur peninsular, Canarias y las zonas templadas del oeste, y la hace arriesgada en el interior de Castilla, Aragón o zonas de montaña. Un ejemplar recién plantado es bastante más frágil que uno de cinco años.

Poda e injerto: dos errores que se pagan caros

La poda debe ser ligera y siempre después de la floración, hacia marzo o abril. Se trata de despuntar ramas jóvenes para equilibrar la copa y poco más. No cortes sobre madera vieja y gruesa: las acacias cicatrizan mal esas heridas, segregan goma y quedan expuestas a hongos de pudrición. Un rebaje severo de un ejemplar adulto rara vez se recupera y muchas veces lo mata en dos o tres años. Si el árbol se te ha hecho grande, el problema fue elegir mal el sitio, no la falta de poda.

El segundo asunto es el injerto. Los ejemplares de 'Purpurea' que garantizan el color suelen venir injertados sobre pie de Acacia baileyana normal, de hoja verde azulada sin violeta. Con el tiempo, el portainjerto emite brotes por debajo del punto de unión, y si los dejas crecer acabarán dominando la copa: el árbol "pierde" el púrpura sin que nadie entienda por qué. Localiza el engrosamiento del injerto en la base del tronco y elimina cualquier brote que salga por debajo, en cuanto lo veas, arrancándolo mejor que cortándolo.

La otra acacia púrpura: el aromo de flor roja

Si lo que has comprado es Acacia farnesiana 'Atropurpurea', las reglas cambian. Es un arbolito o arbusto de 3 a 5 metros, con ramas espinosas y hoja bipinnada de un verde vivo, caduca o semicaduca según el clima. Sus flores son las mismas cabezuelas globosas del aromo, pero en tonos anaranjados a rojo púrpura, y conservan el perfume intenso por el que esta especie se cultiva desde hace siglos para perfumería.

A cambio es mucho más tolerante que la baileyana: soporta suelos calizos sin protestar, calor extremo y sequía severa, y solo pide sol y drenaje. Su límite es el frío, aún más estrecho, alrededor de -4 ºC. Las espinas, largas y en pares en la base de las hojas, desaconsejan plantarla junto a un paso estrecho, una zona de juego infantil o una piscina. Y conviene saber que en zonas cálidas se naturaliza con facilidad, así que si vives cerca de espacios naturales lo prudente es retirar las legumbres antes de que suelten semilla.

Un aviso sobre las acacias y el entorno

Varias acacias australianas introducidas en España se han convertido en invasoras serias y están prohibidas por el Real Decreto 630/2013, entre ellas la mimosa común (Acacia dealbata) y la acacia negra (Acacia melanoxylon). Acacia baileyana no está en ese grupo y puede cultivarse sin problema, pero pertenece a la misma familia de plantas de semilla dura y longeva y en algunos países se ha escapado del jardín. La medida sensata es simple: recoge las legumbres maduras antes de que se abran, sobre todo si tu parcela linda con monte o con un cauce.

En resumen

Cuando alguien dice "acacia púrpura" casi siempre se refiere a Acacia baileyana 'Purpurea': un árbol de 5 a 8 metros, copa ancha, brotes violeta sobre follaje gris azulado y floración amarilla en pleno invierno. Funciona muy bien en jardines pequeños de clima suave, a pleno sol, en suelo ácido o neutro y bien drenado, con riego escaso una vez arraigado y poda mínima después de florecer. Sus dos puntos débiles son la clorosis en terreno calizo y las heladas por debajo de -8 ºC, y su vida útil ronda las tres décadas. Si el vivero te ofrece en cambio Acacia farnesiana 'Atropurpurea', sabe que llevas otra planta: espinosa, de hoja verde, con flores rojizas muy perfumadas, más resistente al calor y a la cal pero mucho más sensible al frío.


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