Si tu suelo es calizo, el agua del grifo sale dura y en agosto se pasan de 35 ºC varias semanas seguidas, la lista de arces cultivables se queda muy corta. El Acer truncatum está en ella, y ese es exactamente su interés: da follaje palmeado y color otoñal sin exigir el suelo ácido y el ambiente húmedo que reclaman los arces japoneses.
Se le conoce como arce de Shantung y su nombre específico describe la hoja: truncatum significa truncado, y alude a la base de la lámina, cortada casi en línea recta en lugar de acorazonada. Es el detalle más práctico para identificarlo entre arces parecidos.
Origen y descripción
Procede del norte de China, Corea y el este de Mongolia, de zonas con inviernos duros, veranos calurosos y suelos a menudo básicos. Ese origen continental explica su comportamiento en el jardín: aguanta amplitudes térmicas que otros arces no toleran.
Es un árbol caducifolio de porte medio, que en cultivo suele quedarse entre 7 y 10 metros, con ejemplares viejos que llegan a 15. La copa es redondeada, densa y bastante regular, con tendencia a formarse sola sin necesidad de conducción. El tronco, gris y liso de joven, se agrieta longitudinalmente con la edad.
La hoja mide entre 6 y 10 cm, es palmeada, con 5 lóbulos (a veces 7) terminados en punta, de margen entero y sin dientes, con esa base truncada característica. Al brotar en primavera tiene un tono rojizo o bronce que se pierde al madurar hacia un verde oscuro brillante; en otoño pasa por amarillo, naranja y rojo, con una intensidad que depende mucho de que los otoños sean frescos por la noche.
Florece en abril, con corimbos de flores pequeñas, amarillo verdosas, discretas pero abundantes y visitadas por abejas. Después vienen las sámaras, dobles y con las alas casi en línea recta formando un ángulo abierto, muy distintas de las del arce real. Sus semillas contienen ácido nervónico, y por eso la especie se cultiva industrialmente en China, un uso que poco tiene que ver con la jardinería pero que explica la abundancia de plantaciones.
Por qué se confunde con otros arces
Se parece bastante al arce real (Acer platanoides), pero es más pequeño, de hoja menor y con esa base recta. Además, al cortar el peciolo del arce real sale un látex blanco que el truncatum no tiene: es la prueba de campo más rápida.
Conviene saber también que muchos árboles vendidos como Acer truncatum en viveros son en realidad híbridos con Acer platanoides, como 'Norwegian Sunset' o 'Pacific Sunset'. Son excelentes árboles urbanos, de mayor porte y crecimiento más rápido, pero no son la especie pura. Si buscas un árbol de tamaño contenido para un jardín pequeño, mira la etiqueta con atención, porque el híbrido puede pasar de los 12 metros con facilidad.
Clima y ubicación
Aguanta el frío sin problema, por debajo de -25 ºC, y las heladas tardías rara vez le afectan porque brota relativamente tarde. Por el otro extremo tolera veranos calurosos mucho mejor que un Acer palmatum, siempre que tenga humedad razonable en el suelo.
Esto lo hace cultivable en casi toda la Península: la meseta norte y sur, el valle del Ebro, las zonas de interior de Cataluña y Aragón, el norte húmedo, la sierra andaluza. Donde flojea es en el litoral mediterráneo más cálido y en el sureste árido, no tanto por el calor como por la falta de frío invernal, que le deja un color otoñal descolorido y una brotación desigual. Y no soporta bien la salinidad marina directa.
Quiere sol pleno, o media sombra en climas muy tórridos. A pleno sol la copa se cierra, el porte se compacta y el color de otoño sube varios puntos; a la sombra se abre, se estira y el otoño resulta soso.
Suelo
Aquí está su gran ventaja, y merece la pena insistir porque circula la idea contraria: no necesita suelo ácido. Vive perfectamente en terrenos neutros y ligeramente calizos, hasta pH 7,5 o incluso algo más, sin la clorosis férrica que arruina a los arces japoneses en la mitad de España. Tolera además suelos pobres y compactados, lo que unido a un sistema radicular poco agresivo lo convierte en un buen árbol de alcorque, patio o acera estrecha.
Lo que sí exige es drenaje. En arcillas pesadas que se encharcan en invierno acaba con pudrición de raíz. Si tu terreno retiene agua, plántalo sobre un caballón o un montículo de 20 o 30 cm y mejora el hoyo con arena gruesa y compost.
Plantación y riego
Planta en otoño, de octubre a diciembre, o al final del invierno si la zona tiene heladas severas. Abre un hoyo del doble de ancho que el cepellón pero de la misma profundidad, y deja el cuello a nivel del suelo. Un tutor durante el primer año basta, y conviene retirarlo después: los tutores eternos dan troncos débiles que no aprenden a sostenerse.
Durante los dos o tres primeros años necesita riegos regulares en verano, cada semana o cada diez días según el suelo, aplicando bastante agua de una vez en lugar de poca a diario. Es el periodo crítico, y donde se pierden más ejemplares por descuido.
Ya establecido, resiste sequías moderadas, aunque conviene no confiarse: en un verano de meseta con dos meses sin lluvia agradecerá un par de riegos abundantes al mes. Si se le deja pasar sed repetidamente, adelanta la caída de la hoja en agosto y te quedas sin otoño. Un acolchado de 5 a 8 cm bajo la copa reduce mucho la necesidad de riego.
Poda y mantenimiento
Forma su copa por sí solo, así que la poda es de limpieza: ramas secas, cruzadas, chupones y algún tirasavias. Si hay que hacer algo de estructura, mejor en los primeros años y con cortes pequeños.
Sobre el momento hay un error habitual. Podar a final del invierno, en febrero o marzo, provoca un sangrado abundante de savia, porque en ese momento la presión radicular ya está empujando. No suele matar al árbol, pero lo debilita y afea. Lo correcto es podar a finales de otoño, con la hoja recién caída, o en pleno verano cuando la circulación está más parada.
El abonado es casi prescindible en suelo decente: una aportación de compost o estiércol maduro al final del invierno, extendida bajo la copa, es suficiente. En cuanto a plagas, poco que reseñar: pulgón en la brotación tierna, alguna cochinilla y, en suelos encharcados o donde hubo cultivos afectados, riesgo de verticilosis, la única enfermedad que puede llevárselo por delante.
Multiplicación
Se reproduce bien por semilla. Recoge las sámaras maduras en otoño, cuando pasan de verdes a marrones, y siémbralas en cuanto puedas. Necesitan estratificación en frío: unos dos o tres meses a 4-5 ºC en la nevera, dentro de una bolsa con turba o vermiculita apenas húmeda, y siembra después a final de invierno. La alternativa más simple es sembrar en otoño en una maceta a la intemperie y dejar que el invierno haga el trabajo. La germinación es irregular y puede alargarse a la segunda primavera, así que no tires el semillero antes de tiempo.
Los cultivares seleccionados se propagan por injerto sobre patrón de la especie o de Acer platanoides, porque el esqueje leñoso arraiga con dificultad.
En resumen
El Acer truncatum resuelve un problema concreto: quieres un arce, tu suelo es básico y tu verano es duro. Es un árbol de 7 a 10 metros, de copa redondeada, raíces poco problemáticas, muy resistente al frío y tolerante con la cal, que pide sol, drenaje y riego durante sus primeros años. A cambio da hoja palmeada, brotación bronceada y un otoño que puede ser espectacular si las noches refrescan. Sus dos únicos cuidados de verdad son no plantarlo en un charco y no podarlo a final de invierno.