Hay un hueco difícil de cubrir en muchos jardines españoles: el del árbol pequeño de hoja caduca que florece en verano, resiste heladas y no ocupa más de cinco o seis metros. La lista de candidatos no es tan larga como parece, y el Alangium chinense es uno de los nombres que casi nunca aparece en ella pese a cumplir los tres requisitos.

Es una planta poco conocida fuera de los círculos de coleccionistas, y eso tiene su explicación: no se encuentra fácilmente en vivero, no tiene una floración escandalosa que venda sola en el punto de venta, y su gracia está en detalles que hay que mirar de cerca. Pero para quien busque algo distinto en un jardín de tamaño contenido, merece la pena conocerla.

Floración del Alangium chinense con sus flores blancas de pétalos recurvados

Origen y encaje botánico

El género Alangium se ha traído de cabeza a los botánicos durante mucho tiempo. Estuvo en una familia propia, las alangiáceas, y hoy la clasificación molecular lo sitúa dentro de las cornáceas (Cornaceae), la familia de los cornejos. Cuando uno mira de cerca sus flores y sus frutos, el parentesco tiene bastante sentido.

Alangium chinense tiene una distribución natural amplísima: desde China y Japón por todo el sudeste asiático, y llega incluso al África tropical. Esa amplitud implica que existen procedencias muy diferentes entre sí, y ese es un dato práctico de primer orden: las plantas de origen chino de montaña, del interior, son bastante más resistentes al frío que las de procedencia tropical. Si compras una, pregunta el origen; marca varios grados de diferencia en rusticidad.

Características

Es un arbolito o arbusto grande de hoja caduca que en cultivo europeo suele quedarse entre 3 y 6 metros, aunque en su área natural puede superar los 10. Tiende a formar varios troncos desde la base, con ramas abiertas y algo arqueadas, y una copa irregular y ligera que deja pasar bastante luz: no es un árbol de sombra densa.

La hoja es lo primero que sorprende. Es grande, de 10 a 20 cm, alterna, con la base marcadamente asimétrica, nerviación palmada y a menudo con lóbulos poco definidos. A mucha gente le recuerda a la de una morera o a la de una higuera, y quien no conozca la planta jamás diría que ese árbol es pariente de un cornejo. Brota tarde, hacia finales de abril, y en otoño amarillea sin más pretensiones antes de caer.

La floración llega en junio y julio, que es justo cuando escasea la flor en los árboles. Son flores blancas o crema, agrupadas en cimas colgantes en las axilas de las hojas, y tienen una estructura muy particular: los pétalos, estrechos y alargados, se enrollan hacia atrás sobre sí mismos al abrirse y dejan al descubierto un manojo de estambres amarillos. El resultado es una flor pequeña pero de forma casi exótica, y además perfumada, con un aroma dulce que se aprecia especialmente al atardecer. Atrae abejas y otros polinizadores en cantidad.

Los frutos son drupas ovoides de menos de un centímetro, que maduran a finales de verano y en otoño pasando del verde a un azul oscuro casi negro, con la base del cáliz persistente. Se los comen los pájaros, que son sus dispersores.

El crecimiento es moderado, de unos 25 a 40 cm al año, lo que en un jardín pequeño es exactamente lo que se busca: un árbol que llega a su tamaño en unos años y luego se queda ahí sin necesidad de estar recortándolo.

Ubicación

Acepta sol pleno o media sombra, con un matiz climático importante. En el norte peninsular y en zonas de verano suave, a pleno sol crece y florece mejor. En el interior y en el sur, donde el verano es duro, agradece muchísimo la sombra de las horas centrales: sus hojas grandes y finas se deshidratan deprisa y con calor seco y sol directo aparecen quemaduras marginales.

Lo que sí conviene garantizar es protección frente al viento fuerte. Esas hojas amplias hacen de vela y se desgarran o se secan por los bordes en emplazamientos expuestos. Un rincón resguardado, junto a un muro orientado al este o bajo la protección de árboles mayores, es su sitio ideal.

Suelo y riego

Quiere un suelo fértil, fresco, profundo y bien drenado, rico en materia orgánica, con pH de ácido a neutro. En suelos muy calizos puede mostrar clorosis, así que si tu terreno tiene caliza activa alta conviene enmendar bien el hoyo de plantación con compost y turba o mantillo de hoja, y acolchar todos los años.

El riego es su punto exigente: no es una planta xerófita ni de lejos. Necesita que el suelo se mantenga fresco durante la estación de crecimiento, sin llegar a encharcarse. En clima mediterráneo eso significa riego regular de mayo a septiembre, cada 3 o 5 días en verano según suelo y exposición, siempre en profundidad. Un acolchado de 5 a 8 cm de corteza, astilla u hojarasca alrededor del pie es casi obligatorio: reduce el riego a la mitad y mantiene la raíz fresca, que es lo que la planta pide.

El abonado puede reducirse a un aporte generoso de compost o estiércol maduro al final del invierno, extendido sobre la superficie sin enterrar. Si el crecimiento es pobre, un abono equilibrado de liberación lenta en marzo termina de resolverlo.

Rusticidad y protección invernal

Un ejemplar adulto y bien establecido, de procedencia continental china, resiste heladas del orden de -12 a -15 °C. Con temperaturas inferiores, o con heladas prolongadas, es habitual que pierda la parte aérea y rebrote desde la base en primavera, comportándose como una planta leñosa que se renueva. Eso no es la muerte del ejemplar, pero sí implica renunciar al porte arbóreo y a la floración de ese año.

Los ejemplares jóvenes son bastante más delicados que los adultos durante los dos o tres primeros inviernos. Merece la pena acolchar el pie con una capa gruesa de paja u hojas secas para proteger el cuello y las raíces, y en zonas frías cubrir la parte aérea con manta térmica si se anuncia una entrada de frío severa.

Otro riesgo, menos evidente, son las heladas tardías de abril: brota relativamente tarde, lo que suele protegerlo, pero en primaveras adelantadas una helada de -2 o -3 °C sobre la brotación tierna la quema. Se recupera, pero pierde parte del vigor y de la floración.

Poda

Necesita muy poca. Lo sensato es una poda de formación los primeros años, decidiendo si se quiere un ejemplar de tronco único o multicaule y seleccionando en consecuencia, y después limpiezas anuales de ramas secas, cruzadas o desequilibradas.

El momento es el final del invierno, en febrero o principios de marzo, antes de que empiece a moverse. Como florece sobre los brotes del año, una poda de invierno no compromete la floración; al contrario, estimula brotación nueva y por tanto más flor.

Si un ejemplar ha sufrido daños por helada, hay que tener paciencia: no cortar hasta que se vea claramente qué madera está viva. Muchas ramas que en marzo parecen muertas brotan en mayo. Rascando ligeramente la corteza con la uña se ve si debajo hay verde.

Multiplicación

Por semilla, extraída de los frutos maduros y limpia de pulpa. Necesita estratificación fría: dos o tres meses en arena o vermiculita húmeda a unos 4 °C, o sembrada en otoño en semillero al exterior para que reciba el frío del invierno de forma natural. La germinación es lenta e irregular y no es raro que parte de las semillas espere a la segunda primavera.

Por esqueje semileñoso tomado en verano, con hormona de enraizamiento y bajo nebulización o campana, con resultados aceptables aunque no espectaculares.

Y la vía más cómoda de todas: los rebrotes de raíz. La planta tiende a emitir hijuelos alrededor del pie, que se pueden separar en invierno con un trozo de raíz y plantar directamente. Es el método más rápido y fiable para conseguir un clon del ejemplar madre.

Una advertencia sobre su toxicidad

El Alangium chinense se utiliza en la medicina tradicional china, donde se conocen sus raíces y su corteza con el nombre de bajiaofeng. Contiene alcaloides farmacológicamente activos con efecto sobre la transmisión neuromuscular.

Precisamente por eso conviene ser claro: es una planta tóxica y su margen entre efecto y intoxicación es estrecho. No es material para automedicación ni para infusiones caseras bajo ningún concepto, y en un jardín con niños pequeños hay que tenerlo en cuenta, aunque los frutos, pequeños y poco atractivos, rara vez tientan a nadie. Como ornamental es perfectamente segura de manejar; simplemente, no se come ni se prepara nada con ella.

En resumen

El Alangium chinense es un arbolito caducifolio de tamaño contenido, hoja grande y llamativa y floración blanca perfumada en pleno verano, que resiste heladas moderadas y encaja bien en jardines pequeños de la mitad norte y de zonas templadas.

Pide tres cosas concretas: suelo fresco y rico, riego constante en verano con un buen acolchado, y abrigo del viento y del sol más duro en climas cálidos. A cambio no da apenas trabajo, no necesita poda y no se le conocen plagas serias. Su mayor obstáculo, en realidad, no es agronómico sino comercial: encontrarlo. Merece la pena buscarlo en viveros especializados en plantas poco comunes.


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