El color de octubre se decide en marzo. Cuando llega el otoño y el jardín se ve apagado, ya no queda margen para arreglarlo: lo único que se puede hacer entonces es comprar crisantemos en maceta y colocarlos, que es decorar, no jardinear. Un jardín que florece de septiembre a noviembre se planifica meses antes, eligiendo plantas que florecen tarde y podando en la fecha correcta a las que ya están.

Conviene entender primero por qué hay flores en otoño, porque no todas llegan ahí por el mismo camino. Hay tres mecanismos distintos y cada uno se maneja de una forma:

  • Plantas de floración larga que empezaron en verano y siguen hasta las primeras heladas si se les retira la flor marchita y no les falta agua. Rudbeckias, salvias arbustivas, gauras, lantanas.
  • Plantas de día corto, que florecen precisamente porque las noches se alargan. Crisantemos y algunos ásteres. Su reloj es la duración de la oscuridad, no la temperatura.
  • Plantas que se paran en el calor de julio y agosto y rebrotan cuando afloja. Rosales, dimorfotecas, osteospermos, dalias. En buena parte de España su segunda floración es mejor que la de primavera.

A partir de ahí, va la selección concreta, con lo que hay que saber de cada una para que funcione.

Rudbeckia: la que más rendimiento da por metro cuadrado

Flores amarillas de Rudbeckia hirta con el centro oscuro

Las rudbeckias son compuestas norteamericanas de flor amarilla o anaranjada con el disco central oscuro. Bajo ese nombre se venden plantas de comportamiento muy diferente, y elegir mal es la causa de que a alguien «se le muera todos los años»:

  • Rudbeckia fulgida var. sullivantii 'Goldsturm' es una vivaz de verdad, rizomatosa, que forma mata, resiste hasta -20 °C y vuelve cada año. Florece de julio a octubre. Es la que hay que buscar si se quiere una plantación estable.
  • Rudbeckia hirta ('Marmalade', 'Cherry Brandy', 'Rustic Dwarf') es en la práctica anual o bienal de vida corta. Da una floración espectacular el primer año y luego desaparece o se resiembra. Perfecta para macetas y para rellenar huecos, no para estructura.
  • Rudbeckia laciniata y Rudbeckia triloba son más altas, de 1,5 a 2,5 m, buenas para fondo de arriate y para prolongar la floración hasta bien entrado octubre.

Quiere sol directo, mínimo seis horas, y suelo fértil con algo de materia orgánica. Es de las pocas plantas de este grupo que no es especialmente resistente a la sequía: en el interior peninsular, con veranos de 38 °C, necesita riego regular y agradece sombra de tarde. En litoral atlántico y norte va sola.

Dos labores que multiplican el resultado: retirar las flores pasadas durante todo el verano, porque cada corte fuerza una nueva tanda, y dividir la mata cada tres o cuatro años a finales de invierno, cuando el centro empieza a apelmazarse y florece menos. A partir de octubre conviene dejar de cortar y permitir que se formen las cabezuelas de semilla: se ponen negras, aguantan de pie todo el invierno y alimentan a jilgueros y verderones.

Su problema típico es el oídio, ese polvillo blanco en las hojas de finales de verano. Aparece con plantas apretadas y riego por aspersión a última hora del día. Se corrige separando las matas para que corra el aire y regando al pie por la mañana, no fumigando.

Dimorfoteca: sol pleno, suelo pobre y nada de agua de más

Empecemos por deshacer una confusión de vivero: lo que se vende como «dimorfoteca» en maceta, mata compacta y flores en toda la gama del blanco al morado, casi siempre es un Osteospermum, un género sudafricano emparentado y muy próximo, separado botánicamente de Dimorphotheca. Las dimorfotecas propiamente dichas, Dimorphotheca sinuata y Dimorphotheca pluvialis, son anuales que se siembran de semilla.

La diferencia importa en el manejo. Las anuales de semilla se siembran a finales de verano, de agosto a septiembre, directamente en su sitio, y en la costa mediterránea y el sur florecen desde el otoño y a lo largo del invierno suave. Los osteospermos son perennes de vida corta que hacen su gran floración de finales de invierno a mayo, se paran en pleno calor y rebrotan en septiembre y octubre con una segunda tanda muy buena, si se les ha podado.

Esa poda es el punto clave: cuando la planta se para en julio, hay que recortarla un tercio, sin dejarla sin hojas, para que emita brotes nuevos. Si no se hace, se ahíla, se queda leñosa por dentro y en otoño da cuatro flores contadas.

Necesita sol pleno y, sobre todo, drenaje. Es planta de suelo pobre, arenoso o pedregoso: en tierra rica y con riego frecuente crece mucha hoja, poca flor y acaba pudriéndose por el cuello. En maceta, sustrato con al menos un 30 % de material drenante y regar cuando la tierra esté seca en los primeros centímetros. Es de las plantas donde el exceso de cuidados mata más que el abandono.

Un detalle que desconcierta al comprarla: las flores se cierran de noche y los días nublados, y solo abren con luz fuerte. No está enferma. La Dimorphotheca pluvialis se llama así justamente por eso, porque cierra antes de que llueva. En rusticidad, los osteospermos aguantan heladas ligeras de -3 a -5 °C; las especies anuales mueren con la primera helada.

Buddleia: la que ya no se debería plantar, y por qué

La buddleia o arbusto de las mariposas, Buddleja davidii, ha sido durante décadas la recomendación estándar para floración de agosto a octubre. Hay que decir con claridad lo que ha cambiado: en España está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que implica la prohibición de su venta, comercio, plantación y posesión con fines de reproducción. Antes de plantarla, conviene además revisar la normativa de la comunidad autónoma, que en algunos casos añade requisitos propios.

El motivo no es arbitrario. Cada panícula produce decenas de miles de semillas diminutas que el viento transporta lejos, germinan en cualquier grieta, escombrera, vía de tren o cauce, y desplazan a la vegetación de ribera. Es originaria de China y en toda Europa occidental se ha naturalizado con facilidad. Quien tenga un ejemplar antiguo en el jardín puede al menos cortar todas las panículas en cuanto se marchitan, antes de que la semilla madure, que es la forma más eficaz de contener el problema.

Sus alternativas cubren el mismo hueco —arbusto de floración tardía, atractivo para mariposas y abejas— sin el inconveniente:

  • Vitex agnus-castus, el sauzgatillo: arbusto mediterráneo autóctono, espigas azul violáceo de julio a septiembre, resistente a sequía y a suelo calizo. La mejor sustituta directa.
  • Caryopteris × clandonensis: mata de 1 m con floración azul intensa de agosto a octubre, imán de abejorros. Se poda corta en febrero.
  • Salvia leucantha y Salvia 'Amistad': florecen justo cuando el resto se apaga, de septiembre a noviembre, y aguantan hasta la primera helada fuerte.
  • Ceratostigma willmottianum: flor azul cobalto de agosto a noviembre y, de regalo, la hoja se pone roja en el mismo momento.
  • Perovskia (hoy Salvia yangii): espigas azules sobre tallos plateados de julio a octubre, en secano puro.

Hibiscus: dos plantas distintas con el mismo nombre

Flor de hibisco abierta

Bajo el nombre de hibisco se compran plantas que no tienen nada que ver en resistencia al frío, y ese es el origen de casi todos los disgustos de noviembre.

Hibiscus rosa-sinensis es el hibisco tropical, de hoja perenne y brillante y flores grandes rojas, naranjas o amarillas. Florece de forma continua mientras haga calor, y en el litoral mediterráneo y en Canarias llega perfectamente a noviembre y diciembre. Pero no soporta las heladas: por debajo de 3-5 °C sufre, y con -2 °C se pierde. Tierra adentro hay que cultivarlo en maceta y entrarlo a un lugar luminoso y fresco, entre 10 y 15 °C, reduciendo el riego en invierno. Cada flor dura un día, así que la sensación de floración continua depende de que haya botones nuevos: para eso necesita sol, riego constante y abono rico en potasio cada 15 días en la temporada de crecimiento.

Hibiscus syriacus, el altea o rosa de Siria, es el que interesa de verdad para el otoño en clima continental. Arbusto caducifolio de 2 a 3 m, resiste hasta -20 °C y florece de julio a octubre. Tiene dos particularidades que conviene conocer antes de tenerlo:

  • Brota tardísimo. En abril sigue con las ramas desnudas y parece muerto. No lo está: espera a mayo antes de darlo por perdido, y comprueba rascando un poco de corteza para ver si hay verde debajo.
  • Florece en madera del año, así que se poda a finales de invierno, en febrero, acortando los brotes del año anterior a dos o tres yemas. Podarlo en otoño elimina la floración siguiente.

Se resiembra con mucha facilidad y puede convertirse en una molestia en jardines pequeños; los cultivares triploides estériles como 'Diana' o 'Aphrodite' evitan ese problema. Sus plagas habituales son el pulgón en los brotes tiernos de primavera y la araña roja en verano seco, que se controla mojando el envés de las hojas.

Merece una mención Hibiscus moscheutos, el hibisco de pantano, de flores enormes de hasta 25 cm. Es vivaz herbácea, muy rústica al frío porque desaparece bajo tierra en invierno, pero exige suelo permanentemente húmedo y brota aún más tarde que el altea, ya en mayo o junio. Florece de julio a septiembre.

Otras plantas que sostienen el otoño

Con las cuatro anteriores hay base, pero un otoño largo se construye escalonando floraciones. Estas son las que más rinden en clima español:

  • Crisantemo (Chrysanthemum × morifolium): florece porque las noches superan las once o doce horas de oscuridad. De ahí un consejo poco intuitivo: no lo plantes bajo una farola ni junto a una luz de porche encendida, porque la luz nocturna retrasa o impide la floración. En jardín, plantado en suelo, es vivaz y vuelve cada año; los de maceta de todos los santos suelen ser variedades forzadas que se pueden pasar a tierra tras la floración.
  • Aster (hoy Symphyotrichum novi-belgii y S. novae-angliae): la nube malva y azul de septiembre y octubre. Pide sol, suelo que no se seque del todo y división cada tres años. Un pinzado a mediados de junio, cortando un tercio de la altura, evita que se desmorone luego.
  • Hylotelephium 'Herbstfreude' (el antiguo Sedum 'Autumn Joy'): crasa rústica, floración rosa de septiembre a octubre que va virando a cobrizo, y estructura seca que aguanta el invierno. Secano total.
  • Anémona de otoño (Eriocapitella hupehensis, antes Anemone): florece de agosto a octubre y es de las pocas buenas de otoño que funciona a media sombra. Tarda dos años en establecerse y luego se extiende.
  • Camellia sasanqua: en el norte y noroeste, con suelo ácido, florece de octubre a diciembre, justo cuando la camelia japónica todavía no ha empezado.
  • Bulbos de otoño: Sternbergia lutea, autóctona y de flor amarilla en septiembre; Colchicum autumnale; Cyclamen hederifolium, ideal bajo árboles caducifolios; y Crocus sativus, el azafrán, que florece en octubre y noviembre. Se plantan en julio y agosto, y ese es el motivo de que casi nadie los tenga: cuando uno se acuerda del otoño ya es tarde para comprarlos.
  • Arbustos mediterráneos: Arbutus unedo, el madroño, que florece en octubre y noviembre a la vez que maduran los frutos del año anterior, y Erica multiflora, brezo autóctono que florece de septiembre a diciembre en suelo calizo del levante.

Tres decisiones que marcan la diferencia

Podar en la fecha correcta. Los arbustos que florecen sobre madera del año —altea, caryopteris, perovskia— se podan cortos en febrero. Los que florecen sobre madera del año anterior se podan justo después de florecer. Confundir ambos grupos es la causa más común de que un arbusto sano no dé flor.

Retirar la flor marchita. En rudbeckias, osteospermos, salvias, dalias y rosales, cada semilla que se forma es una señal para dejar de florecer. Cortando por encima de la primera hoja bien formada se alarga la floración cuatro o seis semanas. La excepción es octubre en adelante, cuando conviene dejar las cabezuelas para las aves y para la estructura invernal.

Regar en septiembre. El error habitual del final del verano es cortar el riego con las primeras nubes. En buena parte de la Península, septiembre sigue teniendo semanas de 30 °C con lluvias escasas, y una planta a punto de abrir su segunda floración que pasa sed en ese momento aborta los botones. Se mantiene el riego hasta que llueva de verdad, y entonces se reduce.

En resumen

Para tener flores en otoño hacen falta tres cosas: elegir especies que florezcan tarde de forma natural, podar y despuntar en verano para forzar una segunda tanda, y comprar los bulbos otoñales en pleno agosto. Rudbeckia fulgida para la estructura estable, osteospermos podados en julio para el color bajo, Hibiscus syriacus como arbusto rústico de julio a octubre y salvias tardías o Caryopteris para cerrar noviembre forman una combinación sólida en casi toda España.

La buddleia queda fuera de la lista, y no por moda: está catalogada como especie exótica invasora en España y su venta y plantación están prohibidas. El sauzgatillo, el caryopteris y las salvias arbustivas cubren su función sin propagar semilla por los ríos. Y el crisantemo, que es la flor asociada al otoño por excelencia, rinde mucho más plantado en tierra en primavera que comprado en maceta la primera semana de noviembre.


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