Si le preguntas a cualquier aficionado a la jardinería dónde se planta un aliso, te dirá que junto al río. Y en general acertará: el aliso común (Alnus glutinosa) es un árbol de ribera que necesita el pie en agua y que fuera de esas condiciones vegeta mal. Pero hay una excepción notable dentro del género, y es precisamente la que más interesa en jardinería española.

El aliso napolitano (Alnus cordata) es un aliso que no necesita río. Tolera suelos secos, calizos, pobres, compactados y removidos, resiste el calor estival mucho mejor que sus parientes y encima crece rápido y mejora el suelo donde se planta. Es, con diferencia, la especie más útil del género para el clima peninsular, y sigue siendo bastante desconocida fuera del ámbito profesional.

Hojas acorazonadas y brillantes del aliso napolitano (Alnus cordata)

De dónde viene

Es una betulácea con un área natural sorprendentemente pequeña: los Apeninos del sur de Italia, sobre todo en Campania, Basilicata y Calabria, y algunos enclaves de Córcega. De ahí sus nombres comunes: aliso napolitano, aliso italiano o aliso de Córcega.

Un endemismo tan localizado se ha convertido, gracias a su plasticidad, en un árbol plantado por toda Europa: en Reino Unido y Francia es habitual en repoblación, cortavientos y arbolado viario, y en España se emplea cada vez más en la mitad norte y en la meseta, además de en restauración de terrenos degradados.

Características

Es un árbol de hoja caduca que alcanza entre 15 y 25 metros, de porte marcadamente cónico y estrecho cuando es joven, con un eje central muy dominante y ramas cortas y regulares. Con los años la copa se redondea y se ensancha, pero conserva una silueta ordenada que lo hace muy apropiado para alineaciones. La corteza es gris, lisa en la juventud y agrietada en placas con la edad.

La hoja es su mejor carácter identificativo y da nombre a la especie: es acorazonada, con la base claramente cordada, de 6 a 12 cm, con el margen finamente aserrado, de un verde oscuro intenso y brillante por el haz, casi charolado, y algo más pálida por el envés, donde presenta pequeños mechones de pelos en las axilas de los nervios. Es una hoja bastante más lustrosa y elegante que la del aliso común, que es obovada y con el ápice truncado o escotado.

Aquí hay un rasgo muy útil en la práctica: es caducifolio tardío. Mantiene la hoja verde hasta bien entrado diciembre, sin apenas coloración otoñal, y la pierde de golpe. Eso lo convierte en un cortavientos y una pantalla visual efectiva durante buena parte del invierno, un mérito que muy pocos caducifolios tienen.

Florece a finales del invierno, entre febrero y marzo, antes de la brotación. Los amentos masculinos son largos, colgantes, de 5 a 10 cm, y viran del pardo violáceo al amarillo cuando sueltan el polen; los femeninos son pequeños y erguidos. Tras la fecundación estos últimos se lignifican y forman unas estructuras leñosas parecidas a piñas diminutas, los estróbilos, de 2 a 3 cm, que son los más grandes del género y persisten en el árbol un año o más. Son un elemento decorativo en invierno y también la forma más fácil de reconocer un aliso a distancia.

El crecimiento es rápido: entre 60 cm y un metro al año en condiciones favorables, con ejemplares que en diez o doce años ya superan los diez metros.

Su gran virtud: fija nitrógeno

Los alisos no son leguminosas, pero fijan nitrógeno atmosférico igual que ellas. Lo hacen mediante una simbiosis distinta: en sus raíces forman nódulos coraloides habitados por Frankia, una bacteria filamentosa actinomiceto, no un rizobio. El resultado práctico es el mismo: el árbol se autoabastece de nitrógeno y, además, enriquece el suelo a su alrededor.

Eso explica varias cosas de golpe: por qué prospera en terrenos estériles donde otros árboles no arrancan, por qué se usa como especie nodriza en repoblaciones mixtas, plantándolo intercalado con especies de crecimiento lento para que las alimente y las proteja los primeros años, y por qué es una herramienta habitual en la restauración de escombreras mineras, canteras, taludes de obra y suelos decapitados.

Y explica también algo muy concreto para el jardinero: no hay que abonarlo con nitrógeno. No lo necesita y lo único que se consigue es un crecimiento blando y desequilibrado.

La creencia que conviene corregir

La idea de que todo aliso necesita suelo encharcado es cierta para Alnus glutinosa e incluso para Alnus incana, pero no para Alnus cordata. Esta especie procede de laderas de montaña mediterránea, no de riberas, y su comportamiento lo refleja:

Tolera suelos secos mucho mejor que el resto del género, hasta el punto de sobrevivir en veranos de sequía moderada una vez arraigado. Tolera bien la caliza, cosa que el aliso común lleva regular, lo que abre la puerta a plantarlo en la mayor parte del interior peninsular. Y acepta suelos pobres, pedregosos, compactados y de relleno, incluidos los subsuelos removidos de obra.

Dicho esto, tampoco conviene pasarse en el otro sentido: no es una especie xerófita. En clima mediterráneo seco de verdad, con veranos de tres meses sin una gota y más de 38 °C, sufre. Su terreno natural en España es la mitad norte, la meseta, las zonas de montaña y las áreas con al menos 500 o 600 mm anuales o con riego de apoyo.

Como contrapartida, sí aguanta perfectamente el encharcamiento temporal y los suelos pesados que se saturan en invierno, lo que lo hace idóneo para bordes de balsas, zonas bajas de parcela y cunetas de drenaje.

Cuidados

Exposición. A pleno sol. Es una especie pionera y heliófila; en sombra se estira y se debilita.

Riego. Los dos o tres primeros veranos hay que regarlo, con aportes profundos cada semana en época seca, hasta que el sistema radicular esté hecho. A partir de ahí, en el norte y en zonas con lluvia repartida, se apaña solo; en el interior seco agradecerá riegos de apoyo en julio y agosto. Un acolchado en el alcorque ahorra mucha agua.

Abonado. Prácticamente innecesario, por lo ya explicado. En suelos extremadamente pobres, un aporte de compost superficial en invierno.

Poda. Muy poca. Forma su eje solo y una poda excesiva estropea el porte cónico que es su mayor baza ornamental. Se limita a la poda de formación los primeros años, al levantado progresivo de la cruz si se quiere paso por debajo, y a la eliminación de madera seca. El momento adecuado es el invierno, en pleno reposo. Si se usa como cortavientos o seto alto, tolera bien un recorte lateral anual.

Rusticidad. Muy alta. Resiste sin problema los -20 °C, lo que lo hace viable en cualquier punto de la Península salvo por el motivo contrario, el calor extremo del sur.

Plagas y enfermedades

La galeruca del aliso (Agelastica alni) es su plaga más visible: un pequeño escarabajo azul metálico cuyas larvas devoran el parénquima de la hoja y dejan un encaje pardo característico. En ejemplares grandes es un problema estético, no vital, y el árbol rebrota. Solo en plantas jóvenes puede requerir intervención, y suele bastar con recoger a mano o aplicar un insecticida biológico.

La amenaza seria del género es la podredumbre radicular por Phytophthora del aliso, un complejo de híbridos que ha causado mortandades importantes en alisedas de ribera de toda Europa, incluida España. Se manifiesta con hojas pequeñas y amarillentas, defoliación progresiva desde la copa, muerte descendente de ramas y exudados negruzcos o herrumbrosos en la base del tronco. No hay tratamiento eficaz. La prevención pasa por no plantar material de procedencia dudosa, evitar el encharcamiento permanente y desinfectar herramientas y calzado si se trabaja en zonas afectadas. Alnus cordata parece menos vulnerable que Alnus glutinosa, pero no es inmune.

Un apunte de salud pública que rara vez se menciona: como todas las betuláceas, su polen es alergénico y se libera en pleno invierno, entre enero y marzo. Al planificar arbolado urbano en zonas con alta prevalencia de polinosis conviene tenerlo en cuenta y no abusar de él en alineaciones masivas.

Multiplicación

Por semilla, que es lo habitual y lo sencillo. Se recogen los estróbilos maduros en otoño, se secan a temperatura ambiente para que liberen las semillas y estas se siembran. Requieren una estratificación fría de unas seis a ocho semanas a 3-5 °C, o siembra directa en otoño en semillero al exterior. Germinan bien en primavera y las plántulas crecen deprisa desde el primer año.

El esqueje leñoso en invierno funciona con porcentajes discretos; en vivero profesional los clones seleccionados se multiplican por micropropagación. Para el aficionado, la semilla es el camino.

Un detalle que ayuda mucho: si se dispone de un poco de suelo tomado de debajo de un aliso adulto sano, mezclarlo con el sustrato del semillero asegura la inoculación con Frankia. Las plantas noduladas crecen sensiblemente mejor que las que no lo están.

Para qué usarlo

Como cortavientos y pantalla es de lo mejor que hay, gracias a su porte estrecho, su crecimiento rápido y su follaje persistente hasta diciembre. Como árbol de alineación funciona bien en calles y avenidas de suelo mediocre, siempre que haya espacio para su altura. En restauración de terrenos degradados, taludes, escombreras y suelos de obra es una especie de referencia. Y como nodriza en plantaciones forestales mixtas es difícil de superar, plantándolo entre robles, castaños o nogales para retirarlo o aclararlo cuando estos ya se hayan hecho.

Su madera es blanda, ligera y de poca durabilidad al aire, pero, como la de todos los alisos, extraordinariamente duradera bajo el agua de forma permanente, que es lo que dio pie al uso histórico del aliso en pilotes y cimentaciones sumergidas.

En resumen

El aliso napolitano es un árbol de crecimiento rápido, porte ordenado, hoja brillante y mantenimiento mínimo, capaz de instalarse en suelos donde muy pocas especies arrancan y de mejorarlos mientras crece gracias a su simbiosis con Frankia.

La idea clave es la que rompe con la intuición: no es un árbol de ribera. Tolera la sequía moderada, la caliza y los suelos pobres, y esa es exactamente la razón por la que interesa aquí. Solo pide sol, riego durante los primeros veranos y no abonarlo con nitrógeno. Con eso da un árbol de veinte metros en poco más de una década.


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