Pasa la mano por el haz de la hoja y sales de dudas: en el almez común (Celtis australis) raspa como papel de lija fino, y en el almez chino (Celtis sinensis) es lisa, algo coriácea y con brillo. Es la comprobación más rápida cuando en un vivero los dos aparecen etiquetados simplemente como «almez», cosa que ocurre más de lo que debería. Se parecen en el porte y en el uso, pero no son intercambiables: el chino es más pequeño, más denso, aguanta peor el frío extremo y siembra con mucha más alegría.

Qué es exactamente el Celtis sinensis

Es un árbol caducifolio originario del este de Asia: China, Corea, Japón y Taiwán. Durante décadas se clasificó dentro de las ulmáceas, junto a los olmos, pero los estudios moleculares lo llevaron a la familia Cannabaceae, que es donde figura hoy. Eso explica el aire de olmo de sus hojas —base asimétrica, nervios marcados— sin que comparta sus problemas, cosa que luego tiene consecuencias prácticas muy concretas.

En cultivo suele quedarse entre 8 y 15 metros, con copa ancha, redondeada y ramificación densa, a menudo más ancha que alta en ejemplares viejos y sueltos. En su área de origen puede pasar de los 20 metros. Frente a él, el almez mediterráneo se va con facilidad a 20-25 metros y forma un tronco columnar mucho más imponente. Si tienes un patio o una calle estrecha, esa diferencia de escala es el argumento principal para elegir el chino.

La corteza es gris, lisa en juventud y con lenticelas visibles; con los años se vuelve algo rugosa y aparecen placas y protuberancias, mientras que la del Celtis australis se mantiene lisa y gris como la piel de un elefante casi toda su vida.

Hojas redondeadas acabadas en punta en las ramas de un almez chino

Cómo reconocer sus hojas y sus frutos

La hoja mide entre 3 y 10 cm, es alterna, ovada y con la base desigual. La clave está en el margen y en la punta: en el almez chino los dientes se concentran en la mitad superior del limbo y la punta es corta; en el almez común el margen está serrado casi de arriba abajo y termina en una punta larga y afilada. Añade el tacto liso y ya no hay forma de confundirlos.

En otoño la hoja vira a amarillo, casi nunca de forma espectacular; en climas suaves del litoral mediterráneo la caída se retrasa y el color es apagado. No lo plantes esperando un otoño de arce.

Florece en primavera a la vez que brota, con flores verdosas, minúsculas y sin interés ornamental, polinizadas por el viento. El fruto es una drupa de 5 a 8 mm, que madura entre finales de verano y otoño y toma un tono anaranjado oscuro o pardo. Es comestible, dulzón y con muy poca pulpa sobre un hueso grande; los pájaros dan buena cuenta de él y ahí empieza el asunto de la siembra espontánea.

Clima y suelo: dónde va bien en España

El Celtis sinensis resiste en torno a -15 °C ya establecido, lo que lo hace viable en casi toda la Península salvo zonas de montaña con inviernos duros y prolongados. Los ejemplares jóvenes, en cambio, son bastante más sensibles: en Castilla o en el interior aragonés conviene protegerles el tronco los dos primeros inviernos y evitar plantarlos en vaguadas donde se acumula el aire frío.

Sobre el suelo es poco exigente. Tolera suelos calizos, pobres, compactados y con pH alto, que es justo el perfil de la mayor parte del suelo urbano español. Lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado: en terreno arcilloso mal drenado, la asfixia radicular y las podredumbres de cuello se lo llevan por delante en pocas temporadas. Antes de plantar, haz la prueba del hoyo: llénalo de agua y, si al día siguiente sigue lleno, o corriges el drenaje o cambias de sitio.

Necesita sol pleno. A media sombra crece desgarbado, con entrenudos largos y copa desequilibrada.

Riego y abonado sin excesos

Los dos o tres primeros años son los que cuentan. Un riego abundante y espaciado —un buen empapado cada 7-10 días en verano, en lugar de rociones diarios— obliga a la raíz a bajar y construye un árbol que después se defiende solo. A partir del cuarto o quinto año, en la mitad sur y en el Levante puede aguantar el verano con riegos de apoyo puntuales, y en el norte húmedo directamente sin riego.

Del abonado no esperes milagros. Un aporte de compost o estiércol maduro extendido bajo la copa a finales de invierno cubre sus necesidades. Los abonos nitrogenados en primavera avanzada producen brotes largos, tiernos y blandos que son un imán para pulgones y que en otoño llegan mal agostados al frío.

Plantación y trasplante: la época manda

Al ser caducifolio, la ventana buena va de noviembre a febrero, con el árbol en reposo y la hoja caída. En esos meses es cuando se mueve a raíz desnuda o en cepellón escayolado, y cuando el sistema radicular tiene tiempo de rehacerse antes de que le llegue la primera demanda de agua de la primavera.

Los ejemplares de contenedor se pueden plantar prácticamente todo el año, pero plantar en junio o julio significa firmar un compromiso de riego constante durante meses. Evítalo si puedes.

Dos errores frecuentes en la plantación: enterrar el cuello de la raíz por debajo del nivel del suelo, que provoca podredumbres a medio plazo, y abrir un hoyo pequeño en terreno compactado, que convierte el hueco en una maceta de barro donde la raíz gira sobre sí misma. El hoyo debe ser ancho —dos o tres veces el diámetro del cepellón— aunque no mucho más profundo que él.

El trasplante de ejemplares ya grandes, a partir de unos 15-20 cm de perímetro de tronco, exige repicado previo el invierno anterior: se corta la raíz en una circunferencia alrededor del tronco para que emita raíces nuevas dentro del futuro cepellón. Sin ese paso, la tasa de fracaso es alta.

Poda y estructura

Pide poca poda y la agradece poco. Lo razonable es una poda de formación en los primeros años: elegir una guía, ir levantando la cruz hasta la altura que te convenga —2,5 m en jardín, más de 3 m sobre acera— y eliminar ramas competidoras y horquillas con corteza incluida, que son el punto por donde luego se descuelgan.

En árbol adulto, limitarse a retirar ramas secas, rotas o cruzadas, en invierno. El terciado o desmochado es una mala idea: responde con un bosque de rebrotes mal anclados y abre heridas grandes que compartimenta con lentitud.

Plagas y enfermedades

Es un árbol sano y agradecido en este capítulo. Lo que se ve con más frecuencia:

Psílidos. Pequeños insectos chupadores que provocan abultamientos o agallas redondeadas en las hojas. Son antiestéticos, pero no comprometen la vida del árbol y no justifican tratamiento insecticida en un jardín particular.

Pulgón. En brotes tiernos de primavera, sobre todo si se ha abonado con nitrógeno. Deja melaza, y sobre la melaza se instala la negrilla, ese hollín negro que ensucia hojas y coches aparcados debajo. Se controla solo cuando llega la fauna auxiliar, y se agrava si se abusa de los insecticidas de contacto.

Cochinillas. En litoral cálido y ejemplares con poca ventilación. El aceite de parafina aplicado en invierno sobre madera es lo más efectivo y lo menos agresivo.

Oídio y manchas foliares. Aparecen en primaveras húmedas y son cosméticos; la caída de hoja adelantada por manchas foliares no mata al árbol.

Podredumbres radiculares. Aquí sí está el riesgo real. Suelo encharcado, riego por goteo pegado al tronco durante años o alcorques que retienen agua acaban en decaimiento, hojas pequeñas y muerte descendente de ramas. Cuando se manifiesta, ya casi nunca hay marcha atrás: se previene con drenaje, no se cura con fungicidas.

Un punto a su favor: al no ser un olmo verdadero, no le afecta la grafiosis. Por eso los Celtis se han usado para reponer alineaciones de olmos arrasadas por la enfermedad.

Multiplicación

Lo habitual es la semilla. Se recogen los frutos maduros en otoño, se les quita la pulpa —fermentándolos un par de días en agua y frotándolos después— y las semillas necesitan estratificación en frío: entre 2 y 3 meses a unos 4 °C, en arena o vermiculita húmeda dentro de la nevera. También funciona sembrar en semillero al aire libre en noviembre y dejar que el invierno haga ese trabajo. Germinan en primavera de forma bastante regular.

El esqueje leñoso da resultados irregulares y no compensa cuando la semilla germina tan bien. Los cultivares seleccionados se multiplican por injerto sobre pie de la propia especie.

Ornamental, urbano y bonsái

Su papel natural es el de árbol de sombra: copa densa, hoja mediana, tronco limpio y buena tolerancia a la contaminación, a la reverberación del asfalto y a los suelos malos. Funciona en plazas, aparcamientos, patios amplios y calles con acera suficiente. Su raíz tiende a profundizar más que la de moreras o chopos, lo que reduce el riesgo de levantar pavimentos, pero no lo elimina: no lo plantes a metro y medio de un bordillo y esperes que no pase nada.

Es, además, una de las especies clásicas del bonsái. Su facilidad para engrosar el tronco, la ramificación fina que produce tras el pinzado y la reducción de hoja que admite lo han convertido en un material muy usado, en estilos de tronco recto y de raíces sobre roca.

Ahora la advertencia que casi nunca aparece en las fichas de vivero: siembra solo con enorme facilidad. Los pájaros dispersan el hueso y aparecen plántulas en setos, taludes, medianeras y márgenes de río. En Australia, donde se plantó como árbol de sombra, el Celtis sinensis está declarado maleza y coloniza riberas desplazando a la vegetación autóctona. En España no tiene ese estatus, pero el comportamiento es el mismo: si tu jardín linda con una rambla, un río o un espacio natural, planta el almez mediterráneo, que aquí es especie propia, y deja el chino para el interior urbano.

Ramas altas de un árbol de la especie Celtis sinensis

En resumen

El Celtis sinensis es un caducifolio asiático de 8 a 15 metros, de hoja lisa y dentada solo en su mitad superior, que da sombra densa, aguanta la caliza, la sequía estival y el aire de ciudad, y resiste hasta unos -15 °C cuando ya está hecho. Se planta y se trasplanta en reposo invernal, se riega en profundidad los primeros años y luego se olvida, se abona poco y se poda menos. Sus plagas son molestas pero no graves; lo único verdaderamente peligroso para él es el suelo encharcado. Elígelo cuando necesites un árbol urbano fiable y de tamaño contenido, distínguelo bien del almez mediterráneo antes de comprarlo y ten presente su facilidad para sembrarse por su cuenta si vas a plantarlo cerca de un espacio natural.


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