Una sola planta de ambrosía común libera del orden de mil millones de granos de polen en una temporada, y a un alérgico sensibilizado le bastan entre cinco y diez granos por metro cúbico de aire para empezar con los síntomas. Esa desproporción entre lo poco que abulta la planta y lo mucho que contamina el aire es lo que ha convertido al género Ambrosia en el mayor problema de polinosis de Norteamérica y en una amenaza que Europa lleva treinta años intentando frenar.

En España todavía no es un problema masivo, y conviene decirlo sin alarmismo. Pero está aquí, se está extendiendo, y la ventana para actuar barato —arrancar rodales pequeños antes de que florezcan— se cierra rápido. Este artículo explica cómo reconocerla, con qué se confunde, por qué su polen es tan agresivo y qué hacer si la encuentra.

Qué es exactamente la ambrosía

Ambrosia es un género de la familia de las compuestas (Asteraceae) con unas cuarenta especies, la inmensa mayoría originarias de América. Las más relevantes son:

  • Ambrosia artemisiifolia, la ambrosía común o falsa artemisa. Herbácea anual de 20 a 150 cm. Es la especie problemática por excelencia y la que figura en las listas de invasoras.
  • Ambrosia trifida, la ambrosía gigante. También anual, pero puede superar los 3 o 4 metros en suelos ricos, con hojas grandes de tres a cinco lóbulos.
  • Ambrosia psilostachya, perenne y rizomatosa, naturalizada en arenales y dunas del litoral mediterráneo y atlántico español. Al ser perenne rebrota de rizoma y es mucho más difícil de erradicar.
  • Ambrosia tenuifolia y Ambrosia maritima, presentes de forma puntual en la Península.

Aquí conviene aclarar un malentendido que arrastran muchos textos: la ambrosía no es un árbol ni un arbusto. Son hierbas, anuales o perennes, aunque las especies grandes alcancen la altura de un arbusto y la sudamericana Ambrosia arborescens sí forme mata leñosa. Cuando lea que "algunas especies llegan a cuatro metros", se refiere a tallos herbáceos de una sola temporada, no a madera.

Ambrosía común, Ambrosia artemisiifolia, en floración

Cómo identificarla y con qué se confunde

La ambrosía común se confunde constantemente con la artemisa (Artemisia vulgaris) y con el ajenjo, porque las hojas se parecen mucho a primera vista. La clave definitiva está en el envés:

  • Ambrosía: hoja verde por las dos caras, bipinnatisecta, con aspecto de helecho fino. Tallo con pelos rígidos, a menudo rojizo. Sin olor aromático marcado al estrujarla.
  • Artemisa: hoja verde oscura por el haz y blanquecina, casi plateada, por el envés, cubierta de un fieltro de pelos. Olor fuerte y característico al frotarla.

Otro rasgo útil: en la ambrosía las hojas inferiores son opuestas y las superiores alternas. Y la inflorescencia es inconfundible una vez que se sabe mirar: los capítulos masculinos se agrupan en espigas terminales alargadas, verdes o amarillentas, colgando como pequeños platillos invertidos; las flores femeninas, mucho menos visibles, quedan escondidas en las axilas de las hojas por debajo. No hay pétalos vistosos, ni colores, ni néctar. Es una planta que no busca insectos porque confía todo al viento.

El fruto es un aquenio de 3-5 mm con una corona de cuatro a siete espinitas y un pico central. Es un dato importante para el control: esas semillas conservan la viabilidad en el suelo durante décadas —se citan cuarenta años en condiciones favorables—, de modo que un rodal que se deja semillar una sola vez compromete el terreno durante una generación entera.

Por qué su polen es tan agresivo

La combinación de factores es exactamente la peor posible:

Cantidad. La polinización anemófila obliga a producir polen en exceso para compensar el desperdicio. Una planta mediana emite del orden de un millón de granos al día durante semanas.

Tamaño y transporte. El grano mide unas 20 micras, lo bastante ligero para mantenerse en suspensión y viajar cientos de kilómetros. Se han detectado picos de polen de ambrosía en zonas donde no crece ni una sola planta, procedentes de focos lejanos. Que en su comarca no haya ambrosía no garantiza que no respire su polen.

Potencia alergénica. El alérgeno principal, Amb a 1, es una proteína con actividad de pectato liasa que sensibiliza a concentraciones muy bajas. Los umbrales que se manejan en aerobiología —cifras del orden de 5 a 20 granos por metro cúbico para desencadenar síntomas— son de los más bajos de cualquier polen.

Calendario. Y este es el punto más cruel para el alérgico. La ambrosía florece de finales de julio a octubre, con el máximo en agosto y septiembre. Justo cuando terminan las gramíneas y el olivo, cuando el paciente esperaba respirar tranquilo, empieza otra temporada. En países muy afectados la polinosis pasa de ser un problema de primavera a durar de marzo a noviembre.

Se suma la reactividad cruzada con la artemisa: quien está sensibilizado a Artemisia tiene bastantes probabilidades de reaccionar también a Ambrosia, lo que amplía el número de personas potencialmente afectadas en cuanto la planta se establece en una zona.

Aparte del polen, el contacto directo con la savia puede provocar dermatitis por lactonas sesquiterpénicas. Por eso se arranca siempre con guantes, y quien sea alérgico no debería ser quien la arranque.

Detalle de las espigas florales de la ambrosía

Cómo llega y dónde se instala

La ambrosía es originaria de Norteamérica y llegó a Europa con el comercio agrícola. Sus vías de entrada están bien documentadas:

  • Semillas de alpiste y mezclas para pájaros contaminadas. Es el vector doméstico clásico en Europa central: la planta aparece bajo el comedero de los pájaros, en el jardín, sin que nadie sepa de dónde ha salido.
  • Lotes de siembra de girasol, maíz y soja con semilla acompañante, y maquinaria agrícola que se desplaza entre parcelas sin limpiar.
  • Movimiento de tierras en obra pública: taludes de carretera, desmontes y acopios de tierra vegetal.

Una vez aquí, coloniza suelo removido y sin competencia: cunetas, bordes de campos, solares, riberas alteradas, escombreras, zonas de obra. Es mala competidora en una pradera densa o en un suelo cubierto, y en cambio explota cualquier hueco desnudo. En la Península los núcleos más consolidados de Ambrosia artemisiifolia se localizan en el noreste y en el valle del Ebro, mientras que Ambrosia psilostachya está bien instalada en arenales costeros.

Conviene saber además que Ambrosia artemisiifolia figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea del Reglamento 1143/2014. Eso implica prohibición de comercio, transporte, cultivo y liberación en el medio, y obligación de los Estados de detectar y erradicar focos nuevos. En términos prácticos: si la identifica, lo procedente es comunicarlo a la administración ambiental de su comunidad autónoma, no limitarse a arrancarla en silencio.

Control: el momento de la siega lo es todo

El error más repetido en el control de la ambrosía es segar pronto y confiarse. Una siega temprana no la mata: la ramifica. La planta rebrota desde las yemas basales, forma una mata baja, más ancha y con más ramas, y florece igualmente en septiembre, a veces por debajo de la altura de corte de la desbrozadora. Segar en junio y no volver es la manera más eficaz de multiplicar el problema.

Lo que sí funciona:

  • Arranque manual en rodales pequeños, con guantes, tirando de raíz. Es un anual sin rizoma —salvo A. psilostachya—, así que arrancado de raíz, muere. Hágalo antes de que abran las espigas masculinas, idealmente en junio o julio.
  • Siega repetida y baja en superficies grandes: dos o tres pasadas, la primera cuando la planta empieza a formar botones florales y las siguientes cada tres o cuatro semanas hasta el final del verano. Corte a ras, no a 15 cm.
  • No dejar suelo desnudo. Sembrar una cubierta competitiva —una mezcla de gramíneas rústicas, por ejemplo— en cunetas y taludes recién movidos es la medida preventiva más rentable a largo plazo.
  • Eliminar el material correctamente. Las plantas ya florecidas o con fruto no van al compost casero: la semilla sobrevive. Bolsa cerrada y gestión como residuo vegetal.

En el terreno agrícola existen herbicidas eficaces, pero conviene tener presente que en Norteamérica hay poblaciones de Ambrosia resistentes a glifosato y a inhibidores de la ALS, precisamente por depender demasiado del control químico. La rotación de cultivos, el laboreo y la competencia del propio cultivo siguen siendo la base.

Un dato esperanzador: el escarabajo Ophraella communa, defoliador natural de la ambrosía, apareció de forma accidental en el norte de Italia y el sur de Suiza en 2013 y ha reducido de manera notable la producción de polen en las zonas donde se ha establecido. No es una solución que se pueda comprar ni liberar a voluntad, pero muestra que la planta tiene enemigos naturales que en Europa había dejado atrás.

Qué hacer si es usted el alérgico

Las medidas sensatas durante los picos de agosto y septiembre: ventilar a primera hora de la mañana o a última de la noche en lugar de al mediodía, mantener las ventanillas del coche cerradas y usar filtro de habitáculo, ducharse y cambiarse de ropa al volver de una salida al campo, y no tender fuera. Un diagnóstico alergológico con pruebas cutáneas o IgE específica permite saber si la sensibilización es a Ambrosia, a Artemisia o a ambas, algo que importa porque condiciona qué inmunoterapia tiene sentido.

Y una precisión para no generar alarma innecesaria: en la mayor parte de España, el polen dominante en otoño sigue siendo el de Salsola, quenopodiáceas y Parietaria, no el de ambrosía. Si tiene síntomas en septiembre no dé por hecho que la culpable es esta planta; confírmelo.

No confundir con otras plantas llamadas ambrosía

El nombre común lleva a equívocos. La ambrosía de jardín o té de España que se vende ocasionalmente como planta aromática es Dysphania botrys o Dysphania ambrosioides (el epazote mexicano), quenopodiáceas sin relación con el género Ambrosia. Y en varios países americanos se aplica el nombre "altamisa" indistintamente a especies de Ambrosia y de Artemisia. Ante la duda, vaya siempre al nombre científico y al envés de la hoja.

En resumen

La ambrosía es una hierba anual americana, poco vistosa y fácil de pasar por alto, cuyo polen figura entre los más alergénicos que existen por la combinación de producción masiva, transporte a larga distancia, umbral de reacción bajísimo y floración de agosto a octubre, cuando el resto de la temporada polínica ya ha terminado.

Se reconoce por la hoja verde por las dos caras —la artemisa la tiene blanca por el envés—, por las espigas verdosas sin pétalos y por instalarse en suelo removido. Ambrosia artemisiifolia está catalogada como invasora de interés para la Unión Europea, así que localizar un rodal es motivo para avisar a la administración ambiental además de arrancarlo. Y si hay una regla que recordar por encima de las demás, es esta: arránquela de raíz antes de que florezca, con guantes, y nunca la deje llegar a semilla, porque esas semillas seguirán ahí cuarenta años después.


Contenidos relacionados