Corta una rama de ficus y del corte brotará un látex blanco y pegajoso en cuestión de segundos. Esa savia lechosa condiciona buena parte de cómo hay que trabajar con este género: cuándo cortar, con qué herramienta, cuánto quitar de una vez y qué hacer después. Quien poda un ficus como podaría un rosal suele acabar con una planta desequilibrada, llena de brotes en el sitio equivocado y con medio salón manchado.

Bajo el nombre de Ficus se cultivan en España cosas muy distintas. El Ficus benjamina de interior, de hoja pequeña y ramas colgantes. El Ficus elastica, la clásica gomera de hoja grande y coriácea. El Ficus lyrata, de moda desde hace años. El Ficus microcarpa (vendido a menudo como Ficus retusa) en maceta y en bonsái. Y los grandes árboles de alineación del litoral mediterráneo y de Canarias, Ficus macrophylla y Ficus elastica plantados en suelo, que ya no son poda de jardinería doméstica sino trabajo de arboricultura. Todos comparten fisiología, pero no se podan igual.

Ejemplar de Ficus benjamina cultivado en maceta

Por qué el ficus responde tan bien a la poda

El ficus acumula yemas latentes a lo largo de todo el tallo, incluso en madera vieja y sin hojas. Eso significa que si cortas por una zona pelada, casi siempre rebrota, cosa que no ocurre con muchas coníferas ni con algunos arbustos de hoja perenne. Es la razón por la que un benjamina desgarbado, con las ramas largas y las hojas solo en las puntas, tiene arreglo: se acorta, rebrota desde abajo y se rehace la copa.

La otra característica que manda es la dominancia apical. La yema terminal de cada rama inhibe químicamente a las que tiene por debajo. Mientras esa punta esté ahí, la rama se alarga y no ramifica. En cuanto la eliminas, se liberan dos, tres o cuatro yemas inferiores y salen otras tantas ramas nuevas. Toda la poda de formación de un ficus se basa en eso: cortar donde quieres que salgan ramas, no donde te sobra.

Cuándo podar

El mejor momento es el final del invierno y el principio de la primavera, entre finales de febrero y abril según la zona: justo antes de que arranque el crecimiento. La planta tiene reservas, cicatriza rápido y el rebrote es inmediato, así que el hueco visual dura poco.

En interior, donde no hay invierno de verdad, el margen es más amplio: se puede podar en cualquier momento entre marzo y septiembre. Aun así conviene evitar dos épocas. Una, el pleno invierno, con la casa fría y poca luz: los cortes quedan abiertos durante semanas y el rebrote es raquítico. Y dos, los meses de calor extremo si la planta está en el exterior o junto a una ventana muy soleada, porque al descubrir el interior de la copa quedan expuestas ramas que llevaban años a la sombra y se queman.

Hay una regla que se salta con frecuencia y que da problemas: no se poda y se trasplanta a la vez si la poda es fuerte. Reducir copa y raíz en el mismo día tiene sentido en bonsái, con técnica y sustrato adecuados, pero en una planta de salón es acumular dos estreses. Deja al menos tres o cuatro semanas entre una cosa y otra. Tampoco se poda un ficus recién comprado o recién cambiado de sitio: dale un mes para que se aclimate.

Los despuntes ligeros, en cambio, se hacen durante toda la temporada de crecimiento. Pellizcar la punta de un brote tierno con los dedos, cuando ha sacado seis u ocho hojas, es la forma más barata de conseguir una planta densa sin recurrir nunca a una poda seria.

Herramientas y preparación

Tijeras de bypass (de dos hojas que se cruzan, como unas tijeras normales), no de yunque. Las de yunque aplastan el tejido contra una superficie plana y en un tallo tierno y lleno de látex eso es machacarlo. Para ramas de más de dos centímetros, serrucho de poda de dientes finos.

Desinfecta el filo antes de empezar y entre planta y planta con alcohol de 96º o con lejía diluida al 10 %, y sécalo después para que no se pique. El ficus es sensible a bacteriosis y a hongos de herida, y la tijera es el vehículo habitual del contagio. Afila o cambia la hoja si está mellada: un corte limpio cierra; un corte deshilachado se pudre.

Ponte guantes. El látex del ficus contiene enzimas y compuestos irritantes, provoca dermatitis por contacto en personas sensibles y es un alérgeno con reactividad cruzada con el látex del caucho y con algunas frutas. Si eres alérgico al látex, delega la poda. Protege también el suelo: la savia mancha y es difícil de quitar de la tarima y de los textiles.

Tijeras de poda limpias listas para trabajar

Cómo podar paso a paso

1. Mira la planta antes de cortar. Da una vuelta alrededor, decide cuál es la cara principal y qué forma quieres: bola, copa alta sobre tronco desnudo, seto en el caso de setos de benjamina. Cortar sin haber decidido la silueta es la causa número uno de ficus con forma de nada.

2. Empieza por la poda de limpieza. Fuera ramas secas, ramas que se cruzan y se rozan, brotes que van hacia el interior de la copa y chupones verticales que salen de la base o del tronco. Muchas veces, con esto solo, la planta ya está resuelta y no hace falta seguir.

3. Aclara el interior. Un ficus tupido por fuera y hueco por dentro es un ficus mal ventilado, y ahí se instalan la cochinilla algodonosa y la araña roja. Quitar una de cada tres ramas del interior deja pasar luz y aire, y de paso mejora el rebrote bajo.

4. Acorta para dar forma. Corta siempre a unos 5 mm por encima de un nudo (el punto de donde sale una hoja o una cicatriz de hoja), con el corte ligeramente inclinado en sentido contrario a la yema. La rama nueva saldrá en la dirección en la que apunte esa yema: si quieres que la copa se abra, corta sobre una yema orientada hacia fuera. Dejar un tocón largo por encima del nudo no sirve de nada, se seca y se convierte en puerta de entrada de hongos.

5. Ramas gruesas, al ras del cuello. Si eliminas una rama entera, corta pegado al tronco pero sin llegar a herirlo, respetando el pequeño abultamiento de la base (el cuello de la rama). Ese tejido es el que genera el callo de cierre. Si lo cortas, la herida no cierra bien; si dejas un muñón, tampoco. En ramas de cierto peso, haz el corte en tres tiempos —uno por debajo, otro por arriba unos centímetros más afuera y el tercero de acabado— para que la rama no se desgaje y arranque corteza al caer.

6. No pases del 25-30 % de la masa foliar en una sola sesión, salvo que estés haciendo una poda de rejuvenecimiento deliberada. Es preferible repartir la reducción en dos primaveras: la planta lo agradece y el resultado estético es mejor.

Qué hacer con el látex

Sangrará. Es normal y no es una hemorragia que haya que frenar a toda costa. El látex coagula solo en unos minutos y forma un tapón natural sobre la herida. Si te molesta que gotee sobre las hojas de abajo o sobre el suelo, pulveriza un poco de agua sobre el corte o aplica una pizca de ceniza fría, y listo.

Aquí conviene desmontar una idea muy extendida: no hace falta sellar los cortes con pasta cicatrizante. La arboricultura lleva décadas desaconsejando las masillas selladoras en general, porque retienen humedad bajo la capa, no impiden la entrada de patógenos e interfieren con la compartimentación natural de la madera. En una planta de interior son directamente innecesarias. Lo que sí funciona es cortar bien, cortar en el sitio correcto y cortar en la época adecuada.

Después de podar

Riega menos, no más. Una planta con la mitad de hojas transpira mucho menos, así que el sustrato tarda bastante más en secarse. El error clásico después de una poda es mantener el riego de antes y pudrir la raíz. Espera a que los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos.

No abones inmediatamente. Deja pasar dos o tres semanas, hasta ver las primeras yemas hinchadas. A partir de ahí, abono equilibrado para plantas verdes cada quince días durante la primavera y el verano ayuda a que el rebrote sea vigoroso.

Luz sí, sol directo no en el caso de los ficus de interior. Y sobre todo, no cambies la planta de sitio. El Ficus benjamina tiene fama de caprichoso porque suelta las hojas en cuanto le cambian las condiciones de luz, temperatura o corrientes de aire. Si además acaba de ser podado, la caída será espectacular y todo el mundo culpará a la poda cuando el culpable es el traslado. Ese desfoliado, por cierto, casi siempre es reversible: la planta rebrota en tres o cuatro semanas si el riego es correcto.

Casos particulares

Ficus benjamina. Es el que más agradece la poda y el que más se deja moldear. Tolera incluso el recorte tipo seto con tijera de setos en ejemplares de exterior en zonas de invierno suave (litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias). En interior, mejor rama a rama.

Ficus elastica. Suele crecer como un único tallo hasta chocar con el techo. La solución es despuntarlo: corta el ápice por encima de un nudo y saldrán dos o tres brotes laterales. Es la única forma de convertir un palo con hojas en una planta ramificada. Sangra abundantemente, así que prepara el terreno.

Ficus lyrata. Más lento y menos tolerante a los cortes drásticos. Despuntes y poco más, y siempre en primavera.

Ficus microcarpa y bonsái. Aquí sí se hace defoliación y poda de raíz, pero con criterio: defoliar solo ejemplares sanos y vigorosos, en mayo o junio, y nunca dos años seguidos. Las raíces aéreas no se cortan salvo por razones de diseño; son las que dan carácter al árbol.

Ficus de gran porte plantados en suelo. Los Ficus macrophylla y Ficus microcarpa de calles y plazas del Levante y del sur no son objeto de poda doméstica. Son árboles de decenas de metros, con raíces potentes y madera que compartimenta mal las heridas grandes. Las podas de terciado que se les hacen a veces generan rebrotes mal anclados que acaban desgajándose. Si tienes uno en la finca, lo razonable es limitarse a eliminar madera seca y ramas peligrosas, y encargar cualquier intervención mayor a un podador cualificado.

Errores frecuentes

Podar solo las puntas cada año. Recortar siempre la periferia produce una capa exterior densísima que ahoga el interior. Hay que entrar y aclarar de vez en cuando.

Cortar por el medio del entrenudo. El trozo que queda por encima del nudo se seca sí o sí. Corta pegado al nudo.

Podar para "reducir el riego" o para curar una planta enferma. Si el ficus pierde hojas por exceso de agua, por falta de luz o por cochinilla, la poda no arregla nada: quita hojas a una planta que ya está débil. Primero se corrige la causa; la poda viene después, cuando la planta se ha recuperado.

Usar la misma tijera en varias plantas sin desinfectar. Es la vía rápida para repartir hongos por toda la colección.

Tirar los restos sin más. Los trozos de rama de un ficus enraízan con facilidad en primavera y verano: mete esquejes de 10-15 cm, con dos o tres hojas, en un vaso con agua o en perlita húmeda a 20-25 ºC, después de haber dejado que el látex del corte coagule y lavado el extremo. De una poda pueden salir tres plantas nuevas.

En resumen

El ficus se poda a la salida del invierno, con tijera de bypass afilada y desinfectada, cortando cinco milímetros por encima de un nudo y sobre una yema orientada hacia donde quieras que crezca la rama nueva. Se limpia lo seco y lo cruzado, se aclara el interior y se acorta para dar forma, sin pasar de un cuarto de la masa foliar en una sola sesión. El látex mancha e irrita, así que guantes; pero no hay que sellar las heridas con nada. Después, menos riego del habitual, nada de abono durante dos o tres semanas y ningún cambio de ubicación. La planta rebrota desde yemas latentes en casi cualquier punto del tallo, y eso convierte al ficus en uno de los géneros más indulgentes con los errores del jardinero, siempre que se respeten la época y la medida.


Contenidos relacionados