El baobab es un árbol improbable: tronco descomunal en forma de botella, ramas escuetas que parecen raíces al aire y una longevidad que se mide en siglos. Reproducirlo en España es perfectamente posible, más de lo que la gente supone, siempre que se acepte una condición: aquí es una planta de maceta e invernadero, no de jardín, salvo en muy pocos enclaves.
Qué baobab vas a reproducir
El género Adansonia reúne varias especies. La más común en el comercio de semillas es el baobab africano, Adansonia digitata, que es la que se describe aquí. También circulan semillas de Adansonia grandidieri y otras especies malgaches, más delicadas y de germinación caprichosa. Las técnicas son parecidas, pero la africana es la más agradecida para empezar.
Conviene saber de antemano que un baobab de semilla tarda décadas en florecer —en su hábitat, entre 15 y 20 años como mínimo— y que lo que se cultiva aquí en maceta es un ejemplar juvenil, con hojas simples o trifoliadas, muy distinto del árbol adulto de hojas palmeadas y tronco monumental. Si esperas ver el tronco de la fotografía en cinco años, mejor ajustar expectativas.
La vía principal: semillas
Es el método natural y el que mejor funciona. La semilla de Adansonia digitata es grande, con forma de riñón y de cubierta durísima e impermeable. En la naturaleza esa cubierta se degrada al pasar por el aparato digestivo de un elefante o un babuino, o tras años de intemperie. En casa hay que forzarla, y ahí está la clave del éxito.
El procedimiento habitual combina dos técnicas. Primero escarificación mecánica: lima con una lija de grano medio o una lima de uñas uno de los lados de la semilla, en la zona más abombada y lejos del hilo, hasta que asome un tono claro bajo la capa oscura. No hay que atravesarla ni dañar el interior; basta con adelgazar la cubierta. Otra opción es hacer una muesca con un alicate de corte, siempre con cuidado.
Después, remojo en agua caliente. Calienta agua a unos 80 grados —no hirviendo—, retira del fuego, echa las semillas y déjalas enfriar dentro durante 24 a 48 horas. Las semillas viables se hinchan visiblemente y duplican su tamaño. Las que sigan pequeñas y duras tras dos días, líjalas otra vez y repite: es normal que un lote germine de forma escalonada.
Siembra y germinación
Siembra las semillas hinchadas de inmediato, sin dejar que se sequen.
Usa macetas individuales altas —el baobab desarrolla enseguida una raíz pivotante gruesa— de al menos 15 centímetros de profundidad, con buenos agujeros de drenaje. El sustrato debe ser muy drenante y pobre: una mezcla de turba o fibra de coco con arena gruesa de río y perlita a partes similares funciona bien. Un sustrato universal solo, retentivo y rico, es la receta de la podredumbre.
Entierra cada semilla a un centímetro o centímetro y medio de profundidad, tumbada. Riega, deja escurrir y mantén el sustrato apenas húmedo, nunca empapado.
La temperatura es el segundo factor decisivo. El baobab necesita entre 25 y 30 grados constantes para germinar; por debajo de 20 la germinación se detiene o se vuelve errática. En España eso significa sembrar entre mayo y julio en un lugar muy cálido y luminoso, o usar un propagador con manta térmica en cualquier época. Con calor adecuado, las primeras plántulas asoman entre los 5 y los 20 días, aunque algunas semillas tardan meses.
Al germinar aparecen dos cotiledones grandes y carnosos, muy característicos. En cuanto emerja la plántula, dale máxima luz: es el momento de mayor riesgo de ahilamiento. Y reduce el riego. La causa número uno de muerte de baobabs jóvenes es el exceso de agua, que provoca el colapso del cuello, no la falta.
Reproducción por esquejes
Es posible, aunque con matices que casi nunca se cuentan. Los esquejes de baobab arraigan con dificultad y, sobre todo, rara vez desarrollan el tronco engrosado característico, porque ese engrosamiento nace de la raíz pivotante que solo se forma a partir de semilla. Un baobab de esqueje suele quedarse con porte arbustivo y base delgada. Como contrapartida, florece antes: en cultivos comerciales de fruto se usa justamente por eso, a menudo mediante injerto sobre patrón de semilla.
Si quieres intentarlo, toma en primavera o principios de verano esquejes semileñosos de 15 a 20 centímetros, de brotes del año ya algo endurecidos. Elimina las hojas inferiores, deja dos o tres arriba reducidas a la mitad y deja cicatrizar el corte al aire durante uno o dos días: es una planta suculenta en el fondo, y el corte fresco se pudre con facilidad.
Impregna la base con hormonas de enraizamiento y clava el esqueje en una mezcla de arena y perlita, en maceta con drenaje. Mantén el sustrato apenas húmedo, con temperatura de 25 a 30 grados y humedad ambiental alta, sin encerrar la planta en una bolsa cerrada que la haga sudar. El arraigo puede tardar entre uno y tres meses, y una tasa de éxito del 30 % ya es buena.
Los primeros años en España
El baobab es un árbol de clima tropical seco, caducifolio por sequía: pierde la hoja en la estación seca y entra en reposo. En nuestro clima repite ese ciclo en otoño, y ver caer las hojas en octubre no significa que la planta esté muriendo.
Durante el reposo, de noviembre a marzo, reduce el riego casi a cero —un poco de agua al mes, o incluso nada— y mantenlo por encima de 10 o 12 grados. No tolera las heladas: por debajo de 5 grados sufre daños graves. Salvo en la costa más templada de Canarias o en enclaves muy resguardados del sur, hay que invernarlo en interior junto a una ventana muy luminosa.
En primavera, cuando rebrote, reanuda el riego gradualmente y sácalo al exterior a pleno sol. En verano riega cuando el sustrato esté seco en profundidad y abona cada tres o cuatro semanas con un fertilizante bajo en nitrógeno. Trasplanta cada dos años, en primavera y con cuidado extremo con la raíz principal, a una maceta más profunda que ancha. Se cultiva muy bien como bonsái, que es la forma más habitual de tenerlo aquí.
En resumen
Reproducir baobab pasa, casi siempre, por semilla: lija la cubierta, remoja en agua caliente 24 o 48 horas, siembra las hinchadas en sustrato arenoso a un centímetro de profundidad y mantén 25-30 grados con riego escaso. Los esquejes son alternativa válida si no te importa renunciar al tronco típico. Después, el único secreto es contener el riego en invierno y no dejar que pase frío. Lo demás lo pone la paciencia.