Hay coníferas que perdonan un verano seco. La cryptomeria no. Es el dato que ordena todo lo demás: si vives en Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, el norte de Navarra o la sierra húmeda del norte de Cáceres, tienes por delante un árbol magnífico y fácil. Si vives en La Mancha, el valle del Ebro o el interior de Andalucía, vas a pelear contra el clima durante toda la vida del ejemplar, y el árbol lo va a notar.

Cryptomeria japonica es el sugi, árbol nacional de Japón, y la única especie del género. Se clasifica hoy dentro de las cupresáceas, después de que la antigua familia de las taxodiáceas se disolviera en ella a raíz de los estudios moleculares. En castellano se le llama a veces cedro japonés, nombre engañoso: no es un cedro ni tiene parentesco cercano con los Cedrus.

Ejemplar adulto de Cryptomeria japonica con porte cónico

Cómo es el árbol

En los bosques húmedos de Japón supera los 50 metros y sobrepasa los 2 metros de diámetro de tronco; los ejemplares monumentales de la isla de Yakushima son de los organismos más longevos del país, con edades estimadas en milenios. Plantada en un jardín español del norte, cuenta con 15 a 25 metros a los cincuenta años, y bastante menos donde el verano aprieta.

El porte es cónico y regular, con una guía central marcada y ramas horizontales que en los ejemplares viejos se vuelven ligeramente colgantes en la punta. La corteza es de un pardo rojizo cálido, fibrosa, y se desprende en tiras verticales: es uno de los rasgos que más la identifican a distancia, junto con el follaje.

Las hojas no son escamas planas como en los cipreses ni agujas en haces como en los pinos: son acículas cortas, de 0,5 a 1,5 cm, curvadas hacia dentro y dispuestas en espiral alrededor del ramillo, lo que da a la ramita un aspecto de cordón mullido y verde intenso. Al estrujarlas desprenden un olor resinoso y fresco muy característico.

Es monoica: los conos masculinos, pequeños y amarillentos, se agrupan en las puntas de las ramas al final del invierno; las piñas femeninas son globosas, de 1,5 a 2 cm, con escamas terminadas en un pequeño apéndice espinoso, y maduran de verde a pardo en un año. En Japón, la enorme superficie repoblada con sugi tras la posguerra convirtió su polen en la principal causa de alergia respiratoria del país; en España, con plantaciones testimoniales, no supone un problema.

Junto a la especie japonesa se cultiva la variedad continental, Cryptomeria japonica var. sinensis, del centro y sur de China, de follaje algo más laxo y ramillas más péndulas.

Crece rápido, aunque se diga lo contrario

Circula la idea de que la cryptomeria es de crecimiento lento. En terreno fresco y profundo, con lluvia repartida, un ejemplar joven de la especie tipo puede hacer de 40 a 70 cm al año durante sus primeras décadas, un ritmo comparable al de muchas coníferas de repoblación. En Japón se explota precisamente por eso: madera abundante en poco tiempo.

La confusión viene de los cultivares enanos, que son los que se ven en garden centers y sí son lentos. Si compras una cryptomeria en maceta de tres litros pensando en un arbolito de jardín pequeño, mira la etiqueta y averigua qué cultivar es. La diferencia entre 'Globosa Nana' y la especie tipo son veinte metros de altura final.

Cultivares que se encuentran aquí

'Elegans' conserva de por vida el follaje juvenil, más largo, blando y plumoso, y adopta un porte irregular y esponjoso; en invierno vira a bronce rojizo. Es el cultivar más plantado en jardín pequeño junto a su versión compacta, 'Elegans Compacta'.

'Globosa Nana' forma una bola densa de 1,5 a 2 m, ideal para rocalla o macizo. 'Vilmoriniana' y 'Compressa' son cojines muy lentos que en veinte años no pasan de un metro. 'Bandai-sugi' tiene un crecimiento irregular y nudoso muy apreciado. 'Cristata' produce ramillas fasciadas, aplanadas como crestas de gallo. 'Sekkan-sugi' saca los brotes nuevos de un amarillo crema luminoso que contrasta con el verde del año anterior. 'Yoshino' es un porte cónico clásico que mantiene mejor el verde en invierno que otros.

Para bonsái, las selecciones enanas japonesas del tipo 'Tansu' y 'Yatsubusa' son las habituales: entrenudos cortos, ramificación densa y buena respuesta al pinzado.

Dónde plantarla en España

Clima. Necesita veranos suaves y aire húmedo. Resiste el frío sin problema, hasta unos -18 o -20 °C en ejemplares establecidos, así que las heladas de la meseta no la matan; lo que la mata es la combinación de calor, sequedad atmosférica y viento seco de julio y agosto. En zonas de veranos duros, el follaje se tuesta por la cara sur, la guía se seca y el árbol queda desgarbado para siempre.

Suelo. Profundo, fresco, con materia orgánica y bien drenado a la vez. El pH ideal va de ligeramente ácido a neutro, entre 5 y 6,5. En suelos calizos, muy comunes en media España, sufre clorosis férrica: hojas apagadas, amarilleo y crecimiento detenido. Antes de plantar, si tu suelo es calizo o el agua de riego muy dura, plantéate otra especie en lugar de condenar al árbol a inyecciones de quelato cada primavera.

Exposición. Sol pleno en el norte, semisombra con protección de las horas centrales en climas más cálidos. Tolera bien la brisa marina y crece cerca de la costa, pero no soporta el viento continental seco.

Distancias. Para la especie tipo, deja al menos 8-10 m de una casa, un muro o una red de saneamiento. El sistema radical es extenso y superficial, y el árbol es grande. Los cultivares enanos no piden esa reserva.

Plantación y primeros años

La mejor época es el otoño, de octubre a diciembre, para que las raíces trabajen todo el invierno antes del primer verano. En el norte lluvioso también funciona el final del invierno. Evita plantar en primavera avanzada.

Abre un hoyo del doble de ancho que el cepellón y de la misma profundidad, descompacta el fondo y las paredes, y mezcla la tierra extraída con compost o mantillo, sin llenar el hoyo de sustrato puro. El cuello debe quedar al nivel del terreno; enterrarlo unos centímetros es una de esas cosas que no se nota el primer año y provoca la asfixia del árbol al cuarto. Forma un alcorque, riega abundantemente para asentar la tierra y acolcha con 8-10 cm de corteza de pino o restos de poda, sin que el acolchado toque el tronco.

Los tres primeros veranos son críticos. Riego profundo y espaciado —una vez por semana en verano, con volumen suficiente para mojar todo el cepellón y su entorno— y no riegos cortos y diarios, que solo mantienen húmeda la superficie y no invitan a la raíz a bajar. A partir del cuarto o quinto año, un ejemplar bien instalado en el norte se mantiene solo; en el centro peninsular seguirá pidiendo riego de apoyo en verano indefinidamente.

Riego, abonado y mantenimiento

El acolchado permanente hace por la cryptomeria más que cualquier abono: mantiene el suelo fresco, amortigua la oscilación térmica y aporta materia orgánica al descomponerse. Renuévalo cada primavera.

Abonar no suele hacer falta en suelo bueno. Si el crecimiento es pobre o el color apagado, aplica en marzo un abono de liberación lenta para coníferas, con nitrógeno y magnesio, en la proyección de la copa. Nada de abonos ricos en nitrógeno a partir de agosto: fuerzan brotes tiernos que llegan sin madurar a las primeras heladas.

Elimina malas hierbas y césped del alcorque los primeros años. La competencia de la hierba por el agua en superficie frena más al árbol joven de lo que parece.

Poda: una conífera que sí rebrota

Aquí hay una particularidad que la separa de las demás coníferas habituales de jardín. Cipreses, tuyas y enebros no rebrotan de la madera vieja y desnuda: cortas por debajo del verde y te quedas con un hueco marrón permanente. La cryptomeria sí emite brotes adventicios del tronco y de las ramas viejas, e incluso de la cepa. En Japón esta capacidad se explota desde hace siglos con el daisugi, una técnica de la región de Kitayama en la que se corta el árbol dejando la base y se conducen los rebrotes verticales para obtener varas rectas de forma repetida durante generaciones.

Eso no significa que puedas machacarla a tijeretazos. En un jardín normal la poda debe ser mínima: retirar ramas secas, rotas o cruzadas, y poco más. Nunca cortes la guía terminal de un ejemplar joven si esperas un porte cónico, porque el árbol tarda años en reconstruir un eje limpio y suele quedarse con dos o tres competidoras. La época adecuada es el final del invierno o el comienzo de la primavera, antes de la brotación, evitando siempre las heladas fuertes y el pleno verano.

Los cultivares en bola aceptan un repaso ligero anual para mantener la silueta. Y la caída de acículas viejas del interior de la copa en otoño, con esas ramitas pardas que se acumulan dentro, es normal: sácalas a mano si molestan, pero no es enfermedad.

El bronceado invernal no es una enfermedad

Muchos cultivares, y 'Elegans' de forma llamativa, viran en invierno a un tono bronce, rojizo o violáceo cuando la temperatura cae. Es una respuesta pigmentaria estacional, reversible, y el verde vuelve en primavera con el nuevo crecimiento. Cada invierno hay quien arranca o trata a fondo con fungicida un ejemplar perfectamente sano por esta razón. Antes de intervenir, comprueba lo evidente: si el follaje sigue flexible y las yemas están vivas, no pasa nada.

Un pardeado distinto, seco y quebradizo, que aparece por sectores concretos de la copa y avanza, sí es problema.

Problemas reales

Sequía estival. Lo que se lleva por delante a los ejemplares plantados fuera de su clima. Puntas secas, follaje mate, pérdida de guía. No se recupera regando de golpe en agosto: se previene con acolchado, riego profundo y una ubicación correcta desde el principio.

Clorosis en suelo calizo. Amarilleo general y crecimiento parado. Se alivia con quelato de hierro y acidificación del riego, pero es un tratamiento crónico. Mejor elegir el sitio bien.

Podredumbre radical por Phytophthora. Suelos pesados, encharcados o zonas de riego por goteo permanente. El árbol decae por sectores y ya no hay vuelta atrás. Prevención: drenaje y no plantar en hondonada.

Tizón de ramillas. Hongos como Pestalotiopsis y Cercospora pardean ramillas del interior de la copa en primaveras muy húmedas y sobre ejemplares debilitados. Poda y quema el material afectado, aclara para que circule el aire y refuerza el árbol. El cobre en salida de invierno ayuda en casos recurrentes.

Araña roja y cochinillas. Aparecen en veranos secos y calurosos, sobre todo en ejemplares en maceta o de bonsái. Mojar el follaje al atardecer en verano las mantiene a raya; si hace falta, jabón potásico o aceite de invierno según el caso.

Para qué sirve

Como árbol ornamental aislado en jardines grandes del norte peninsular, es una de las coníferas exóticas mejor adaptadas: color, corteza bonita y porte noble. En alineación funciona bien en parques con suelo fresco. Los cultivares compactos dan estructura permanente a macizos y rocallas sin acabar comiéndose el jardín.

Su madera, el sugi japonés, es ligera, aromática, de color rosado a pardo rojizo y con buena durabilidad natural; se emplea en carpintería, revestimientos, cajas y barriles de sake. En Europa su interés forestal es marginal, salvo ensayos puntuales en la cornisa cantábrica y en las Azores, donde sí se ha plantado a escala.

Y en bonsái es una especie clásica, apreciada por la corteza y por la ramificación fina, aunque exigente en agua: un cepellón de bonsái se seca en horas en un verano peninsular.

Tronco y follaje de cryptomeria vistos desde abajo

En resumen

Cryptomeria japonica es una conífera japonesa de gran porte, corteza rojiza fibrosa y acículas cortas dispuestas en espiral. Aguanta el frío sin dificultad pero no la sequía estival ni el suelo calizo, de modo que su territorio natural en España es la mitad norte húmeda y las zonas de montaña con suelo fresco y ácido.

Plántala en otoño, en hoyo ancho, con el cuello a ras, acolchada y con riego profundo los tres primeros veranos. Poda lo mínimo y a finales de invierno, sin tocar la guía. Comprueba qué cultivar compras, porque entre la especie tipo y una forma enana hay veinte metros de diferencia. Y si en enero se te pone de color bronce, no la trates: está haciendo lo que le toca.


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