En la costa de Málaga hay lavandas abiertas a mediados de mayo; esa misma mata, plantada en un pueblo de Soria a 1.100 metros, no enseña un solo espigón hasta julio. El calendario de floración de la lavanda no es un dato fijo que se pueda copiar de una etiqueta: depende de la especie que tengas plantada, de la altitud y del calor acumulado desde el final del invierno. Por eso conviene empezar por identificar qué lavanda es la tuya, porque entre las cuatro que se cultivan habitualmente en España hay casi cinco meses de diferencia en la fecha de apertura.
Cada lavanda tiene su fecha
Bajo el nombre de lavanda se venden en los viveros españoles varias especies distintas del género Lavandula, y sus floraciones no coinciden.
Cantueso o tomillo borriquero (Lavandula stoechas). Es la más temprana con diferencia. En el sur y el levante empieza a abrir en marzo, y en el interior peninsular entre abril y mayo. Se reconoce sin dudas por las brácteas moradas que coronan la espiga como dos orejas de conejo. Su floración principal se agota en junio, pero si se le retiran las espigas secas suele dar una segunda tanda menos abundante en septiembre y octubre.
Lavanda rizada (Lavandula dentata). Hoja dentada y grisácea, muy frecuente en jardinería de la costa mediterránea. Es la más desconcertante para quien busca una fecha: en climas suaves y sin heladas florece de manera casi continua entre otoño y primavera, con el grueso entre febrero y mayo. En el interior, donde el frío la para, se comporta como una lavanda de primavera y florece de abril a junio.
Lavanda común o de Inglaterra (Lavandula angustifolia). La de aroma fino, sin alcanfor, y la que se emplea en perfumería de calidad. Florece de junio a julio, con una ventana relativamente corta de tres o cuatro semanas en plenitud. Cuanto más frío el invierno y más alta la parcela, más tarde abre.
Espliego (Lavandula latifolia). Es la lavanda silvestre de media montaña caliza en buena parte de la Península, de hoja más ancha y espiga más laxa. Florece claramente después que la común: de julio a septiembre, y en años frescos aguanta abierta hasta bien entrado el otoño.
Lavandín (Lavandula x intermedia). Es el híbrido natural entre la común y el espliego, que aparece de forma espontánea donde las áreas de las dos especies se solapan, hacia los 600 a 900 metros de altitud. Florece entre finales de junio y agosto, produce espigas mucho más largas y mata mucho más grande, y es estéril: no da semilla viable, por lo que solo se multiplica por esqueje.
Las fotos de los campos morados no son lavanda
Merece la pena aclararlo porque condiciona muchas expectativas. Los campos de La Alcarria, en Brihuega y su entorno, que se fotografían cada mes de julio y que la gente busca luego en el vivero, son mayoritariamente lavandín, no lavanda común. Lo mismo ocurre con los grandes paisajes de la Provenza que circulan por internet. El lavandín se cultiva porque rinde tres o cuatro veces más aceite esencial por hectárea y porque forma matas enormes y uniformes.
La consecuencia práctica: si compras una Lavandula angustifolia esperando esa mata redonda de un metro y esas espigas larguísimas, te vas a quedar corto. Para ese efecto necesitas un lavandín, y los cultivares habituales en España son 'Grosso', 'Abrial' y 'Super'. Si lo que quieres es aroma fino para saquitos y aceite suave, entonces sí, lavanda común: 'Hidcote', de flor muy oscura y porte compacto, o 'Munstead', algo más temprana.
La fecha de la floración de Brihuega, por cierto, se mueve cada año entre la primera y la tercera semana de julio según cómo haya venido la primavera. No hay una fecha fija de calendario.
Por qué tu lavanda no florece
Una lavanda sana en el sitio adecuado florece sin que haya que hacer casi nada. Cuando no lo hace, la causa suele estar en esta lista.
Sombra. Necesita sol directo, y mucho. Con menos de seis horas al día crece alargada, se abre por el centro y produce pocas espigas o ninguna. Es el motivo número uno.
Exceso de abono nitrogenado. Este es el error que más cuesta reconocer, porque la planta se ve espléndida: verde, grande, frondosa. Y no florece, o florece poco y con espigas pobres. El nitrógeno la empuja a hacer hoja. La lavanda es una planta de suelos pobres, pedregosos y calizos; abonarla como si fuera un rosal la estropea. Si tienes que aportar algo, un puñado de compost bien hecho en otoño cada dos años es de sobra.
Riego de más. Ligado a lo anterior. Una lavanda establecida en jardín, en clima peninsular, sobrevive con la lluvia y algún riego de socorro en pleno agosto. En maceta sí necesita agua regular, pero dejando secar el sustrato entre riegos. El encharcamiento no la deja sin flores: la mata, por asfixia radicular y por hongos de cuello.
Falta de poda. Una lavanda que no se poda se lignifica desde la base, se abre en corona y cada año da menos flor, hasta que a los cinco o seis años es un esqueleto leñoso con cuatro brotes en las puntas.
Suelo pesado y ácido. En arcillas compactas del norte y en suelos ácidos vegeta mal. Se resuelve plantándola en caballón o montículo elevado, mezclando grava o arena gruesa en el hoyo, y en zonas de lluvia abundante eligiendo Lavandula angustifolia, que es la que mejor tolera el frío húmedo.
La poda que decide la floración del año siguiente
Hay una regla que no admite excepciones: la lavanda no rebrota de la madera vieja. Si cortas por debajo de la zona con hojas, esa rama se queda muerta. No hay abono ni paciencia que la recupere. La creencia de que "podando fuerte rejuvenece" viene de otros arbustos y con la lavanda no funciona.
El calendario razonable es este. Nada más terminar la floración, en cuanto las espigas empiecen a pardear, se cortan las varas florales y se recorta la mata unos dos o tres centímetros por debajo de donde arrancaban, siempre dejando hoja verde por debajo del corte. En especies tempranas como el cantueso esto cae en junio; en el espliego, en septiembre. Después, a finales del invierno, hacia febrero o principios de marzo, se da un repaso ligero de forma para redondear la mata, sin entrar en leño.
Este recorte anual es lo que mantiene la planta compacta y productiva durante diez o quince años. Una mata que lleva años sin podar rara vez se recupera: lo práctico es reponerla y empezar a podar la nueva desde el primer verano.
Cuándo cortar las espigas si las quieres aprovechar
El momento de corte no es el mismo según el destino.
Para flor seca, en saquitos o ramos, se corta cuando en la espiga se han abierto alrededor de un tercio de las florecillas, con el resto todavía en botón. Cortada así, conserva el color morado y no se desgrana al manipularla. Si esperas a la floración plena, al secarse los pétalos caen y te quedas con el tallo pelado.
Para aceite esencial, al contrario: se destila en plena floración, cuando la mayor parte de las flores están abiertas, porque es cuando el contenido en esencia es máximo. Los aceites, además, no son intercambiables. El de Lavandula angustifolia es rico en acetato de linalilo y prácticamente sin alcanfor, el que se usa en cosmética y aromaterapia. El de espliego lleva alcanfor y 1,8-cineol en cantidad, huele más penetrante y se destina a productos de limpieza y a usos técnicos. El de lavandín queda en medio.
Se corta a media mañana, cuando ya se ha ido el rocío pero antes del golpe de calor, y se seca en manojos pequeños colgados boca abajo en un sitio oscuro y ventilado. La luz directa le come el color en cuestión de días.
Cómo estirar la temporada de flor en el jardín
Combinando especies se pasa de tener tres semanas de morado a tener flor casi ininterrumpida entre marzo y octubre. Un esquema que funciona bien en clima peninsular medio: cantueso para marzo y abril, lavanda común para junio y julio, lavandín para julio y agosto, y espliego para agosto y septiembre. Con la lavanda rizada añadida en zonas de costa sin heladas, se cubre incluso el invierno.
Retirar las espigas marchitas en cuanto se pasan (lo que se llama despuntado o eliminación de flor muerta) prolonga la floración de forma apreciable en el cantueso y en algunos cultivares de lavanda común, que responden con una segunda tanda a comienzos de otoño. En el lavandín no merece la pena: florece una vez y se acabó.
Rusticidad: cuál aguanta el frío de verdad
Es información que rara vez viene en la etiqueta y que explica muchas pérdidas de invierno. Lavandula angustifolia es la más resistente: aguanta bien por debajo de los -15 °C, y es la que se puede plantar en la meseta norte o en zonas de montaña. El lavandín y el espliego se defienden hasta unos -10 o -12 °C. El cantueso y sobre todo la lavanda rizada son claramente más delicados: la dentata sufre a partir de -4 o -5 °C y en muchos inviernos del interior no pasa de un año.
Es un error frecuente comprar en un vivero de costa una lavanda rizada preciosa y llevársela a un jardín de Castilla. Sobrevive el verano, encanta en otoño y desaparece en enero.
En resumen
La pregunta de cuándo florece la lavanda solo tiene respuesta después de saber cuál se tiene. El cantueso abre en marzo o abril; la lavanda común, en junio y julio; el lavandín, entre finales de junio y agosto; y el espliego, de julio a septiembre. La lavanda rizada, en climas suaves, florece casi todo el año. A eso hay que sumarle el retraso que impone la altitud, que puede acercarse al mes entre la costa y la montaña.
Si la tuya no florece, revisa por este orden el sol que recibe, el abono que le has dado y el agua que le echas, y no la podes nunca por debajo de la parte con hojas. Corta las espigas justo después de florecer y volverás a tener mata compacta y flor abundante el verano siguiente.