El calendario de poda no lo marca el mes, lo marca la planta: dónde forma sus yemas de flor, cuándo mueve la savia y con qué rapidez cierra una herida. Dos arbustos plantados uno al lado del otro pueden necesitar la tijera con seis meses de diferencia, y equivocarse de fecha no suele matar a la planta, pero sí le cuesta una floración entera o le abre la puerta a un chancro.
Conviene aclarar de entrada una idea muy repetida: que el mejor momento para podar es cuando el follaje está en pleno apogeo, porque así se ve bien la forma. Se ve bien la forma, sí, pero cada hoja que se corta en junio es azúcar que la planta ya no va a fabricar ni almacenar. La poda en verde tiene su sitio y es imprescindible en algunos géneros, aunque como norma general para todo lo leñoso es un mal consejo.
Cuándo florece: la regla que resuelve casi todo
Para los arbustos ornamentales, casi todo se resuelve preguntando sobre qué madera florece la planta.
Florecen sobre madera del año anterior. Formaron las yemas de flor el verano pasado y las llevan puestas todo el invierno. Si se podan en febrero se cortan esas yemas y no habrá flor. Se podan justo después de florecer, dentro de las tres o cuatro semanas siguientes, para que les quede toda la temporada por delante para preparar la floración siguiente. Entran aquí la forsitia (Forsythia x intermedia), el jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum), la celinda (Philadelphus coronarius), Weigela, Deutzia, Kerria japonica, el lilo (Syringa vulgaris), Spiraea cantoniensis, buena parte de las camelias y los rosales trepadores de una sola floración.
Florecen sobre la madera del año en curso. Brotan en primavera y florecen sobre ese brote nuevo, así que cuanto más se recortan más flor dan. Se podan al final del invierno, entre mediados de febrero y mediados de marzo en el interior peninsular, y desde finales de enero en la costa mediterránea y el sur. Es el caso de la budleya (Buddleja davidii), el hibisco de jardín (Hibiscus syriacus), Caryopteris, Perovskia, Spiraea japonica, Ceratostigma, el árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica) y los rosales modernos de floración recurrente.
Un truco práctico cuando no se sabe de qué planta se trata: si florece antes de junio, casi siempre lo hace sobre madera vieja y se poda después de la flor. Si florece de junio en adelante, suele hacerlo sobre madera nueva y se poda a finales de invierno.
Los géneros que no se podan en invierno bajo ningún concepto
Todo el género Prunus —cerezo, guindo, ciruelo, almendro, albaricoquero, melocotonero, y también los ornamentales como el Prunus cerasifera 'Pissardii' o el laurel real Prunus laurocerasus— tiene un problema serio con los cortes hechos en frío y humedad. Las heridas invernales son la vía de entrada del chancro bacteriano (Pseudomonas syringae) y del hongo de la plata (Chondrostereum purpureum), y además provocan gomosis: esa resina ambarina que rezuma del tronco no es una curación, es un síntoma.
Estos árboles se podan con la savia en movimiento y en tiempo seco: desde después de la recolección hasta finales de agosto, o bien en plena primavera avanzada. Con calor y sin lluvia, el árbol compartimenta la herida en pocos días y las esporas no encuentran hueco.
Lo mismo aplica, por otro motivo, a los árboles que sangran. El arce (Acer), el abedul (Betula pendula), el nogal (Juglans regia), la parra (Vitis vinifera) y las higueras pierden savia a chorro si se cortan cuando esta empieza a subir, entre finales de enero y abril. Al arce, al abedul y al nogal se les poda a finales de verano o en otoño temprano. A la vid, en pleno reposo profundo, en diciembre o principios de enero, o en verde durante la primavera.
Frutales: pepita, hueso y cítricos van por separado
Los frutales de pepita (manzano, peral, membrillero) sí admiten la poda clásica de invierno, en parada vegetativa, de diciembre a febrero, siempre que no se corte con la helada puesta ni en los días inmediatamente posteriores a una helada fuerte. En zonas donde haya antecedentes de fuego bacteriano (Erwinia amylovora) hay que evitar además los cortes en primavera húmeda y desinfectar la herramienta entre árbol y árbol.
Los frutales de hueso siguen la norma del apartado anterior: poda de verano, tras la cosecha. En melocotonero y nectarina la poda en verde de julio es, de hecho, la principal herramienta para controlar el vigor y meter luz dentro de la copa.
Los cítricos se podan cuando ha pasado el riesgo de heladas y antes de la brotación fuerte: de marzo a abril en la mayor parte de la Península, y siempre después de recoger la fruta. Nunca en pleno invierno, porque cualquier rama que se abra deja madera tierna expuesta al frío. El olivo va en la misma horquilla, de febrero a abril según comarca.
Setos, aromáticas leñosas y coníferas
Los setos de hoja caduca o perenne de crecimiento rápido —aligustre (Ligustrum), Lonicera nitida, Photinia— piden dos o tres recortes al año: uno a finales de mayo o junio, otro a finales de agosto o septiembre. El último recorte no debe hacerse tan tarde que el rebrote llegue tierno a la primera helada.
Con las coníferas hay una regla que no admite excepciones prácticas: ciprés (Cupressus sempervirens), leylandi (x Cuprocyparis leylandii), tuya y enebros no rebrotan de madera vieja sin hoja verde. Si se recorta más allá de la zona verde queda un hueco marrón permanente. La única conífera de seto que sí rebrota de leño viejo es el tejo (Taxus baccata). Por eso los setos de ciprés hay que recortarlos poco y a menudo, desde jóvenes, sin dejarlos engordar.
Las aromáticas leñosas mediterráneas —lavanda (Lavandula angustifolia), romero (Salvia rosmarinus), santolina, tomillo, salvia— envejecen por la base y se ahuecan. Se recortan ligeramente justo después de la floración, siempre por encima de la zona con hojas, dejando un par de centímetros de brote verde. Cortar una lavanda hasta la madera gris desnuda es la forma más rápida de perderla: no rebrota.
Un apunte que no es menor: entre marzo y julio los setos y arbustos densos están ocupados por nidos. Antes de meter el cortasetos conviene revisarlo, y si hay puesta activa, esperar.
Qué es realmente la poda de verano
La poda de invierno estimula. Al quitar madera con la planta parada, se concentra en menos yemas toda la reserva acumulada en raíces y tronco, y el resultado es una brotación vigorosa en primavera. La poda de verano hace lo contrario: resta hoja, resta fotosíntesis y por tanto frena. Esto la convierte en la herramienta correcta cuando lo que se quiere es domar un árbol demasiado vigoroso, eliminar chupones, aclarar la copa para que entre luz y color a la fruta, o cortar en un Prunus sin arriesgar un chancro.
Lo que no se debe hacer en verano en clima peninsular es una poda severa de aclareo en pleno julio o agosto. Al abrir la copa de golpe, la corteza que llevaba años a la sombra queda expuesta a 38 °C y sol directo, y se produce golpe de sol: la corteza se agrieta y se desprende. Ocurre con frecuencia en olivos, cítricos, manzanos y arces recién aclarados. Si hay que hacerlo, se hace en dos años o se protege el tronco con pintura de cal.
Tipos de poda y en qué momento va cada una
Poda de formación. Los tres o cuatro primeros años. Define el eje, la altura de cruz y las ramas principales. Se hace en invierno en pepita y en verde en hueso. Es la poda más rentable de todas: un corte de tijera a los dos años evita una motosierra a los quince.
Poda de limpieza o de saneamiento. Retirada de madera muerta, rota, enferma o cruzada. Es la única que puede hacerse en cualquier época del año, porque no se está quitando nada vivo.
Poda de mantenimiento o de fructificación. Equilibra madera vieja y madera nueva y regula la carga. Sigue el calendario de floración de cada especie.
Poda de rejuvenecimiento. Para arbustos ahuecados y leñosos por dentro. En lugar de recortar por arriba, que solo empeora el problema, se cortan a ras de suelo un tercio de las ramas más viejas cada año durante tres años. Se hace a finales de invierno y funciona muy bien en aligustre, forsitia, celinda, cornejo y avellano.
Pinzado y poda en verde. Despuntar brotes tiernos con los dedos en primavera y verano. No es una poda menor: quitar a tiempo un brote de 10 cm ahorra tener que cortar una rama de tres centímetros de diámetro dos años después.
El corte importa tanto como la fecha
Una rama no se corta a ras del tronco. En la base de cada rama hay un ensanchamiento, el cuello o rodete, que contiene el tejido con el que el árbol sella la herida. El corte se hace justo por fuera de ese rodete, sin dañarlo y sin dejar tocón. Un corte a ras destruye la barrera y la pudrición entra hacia el tronco; un tocón largo se seca, se pudre y hace lo mismo.
Para ramas gruesas, tres cortes: uno por debajo a unos 30 cm del tronco hasta un tercio del grosor, otro por encima algo más lejos para que la rama caiga limpia, y el tercero de acabado junto al rodete. Sin ese primer corte inferior, el peso de la rama arranca una tira de corteza tronco abajo.
Sobre los mástics y pastas cicatrizantes: en general no hacen falta y pueden retener humedad bajo la capa. Un corte bien hecho en la época correcta se cierra solo. Si acaso, se reservan para heridas grandes en Prunus.
Y la regla del tercio: no conviene retirar más del 25 o 30 % de la masa foliar de un árbol en una misma temporada. Por encima de esa cifra la respuesta es una nube de chupones verticales, madera débil y mal insertada, y un árbol que a los tres años está peor que antes.
Errores frecuentes
El desmoche o terciado. Cortar todas las ramas a la misma altura, dejando muñones. No reduce el tamaño del árbol de forma duradera, lo desfigura, lo debilita y crea rebrotes peligrosos. Es la peor intervención posible y sigue siendo la más común en jardines particulares.
Podar con helada o con la madera mojada. Por debajo de 0 °C los tejidos del corte se congelan y mueren más allá de la herida. Con lluvia, las esporas viajan mejor.
No desinfectar. Alcohol de 70° entre planta y planta, sobre todo si hay sospecha de enfermedad. Cuesta diez segundos.
Podar un árbol recién plantado. Un árbol acabado de plantar necesita hoja para reconstruir raíz. Más allá del despunte de formación, se le deja tranquilo el primer año.
Confundir poda con recorte. Pasar el cortasetos a un arbusto de flor lo convierte en una bola con una corteza verde por fuera y madera muerta por dentro. Los arbustos de flor se podan rama a rama.
Calendario orientativo para clima peninsular
Diciembre a febrero: frutales de pepita, vid en reposo, rosales de flor recurrente a partir de mediados de febrero (antes en el litoral mediterráneo), arbustos que florecen sobre madera del año, rejuvenecimiento de arbustos caducos.
Marzo y abril: cítricos, olivo, arbustos de hoja perenne sensibles al frío, últimas podas de finales de invierno en zonas frías de montaña.
Mayo y junio: arbustos de floración temprana en cuanto se apagan las flores, primer recorte de setos, pinzados.
Julio y agosto: poda en verde de frutales de hueso, aclareos ligeros, supresión de chupones, recorte de aromáticas tras la floración.
Septiembre y octubre: segundo recorte de setos, poda de arces, abedules y nogales, limpieza de madera muerta.
En resumen
La fecha correcta depende de tres cosas: sobre qué madera florece la planta, si pertenece a un género sensible a los cortes de invierno y si sangra al subir la savia. Los arbustos de flor temprana se podan nada más florecer; los de flor de verano, a finales de invierno; todo el género Prunus, en seco y con calor; los frutales de pepita, en reposo; los cítricos y el olivo, pasadas las heladas; arces, abedules, nogales y vid, fuera del periodo de lloro. La poda de invierno estimula y la de verano frena, así que la elección de la fecha es también una decisión sobre el vigor que se quiere. Y por encima del calendario, tres normas: cortar por fuera del rodete, no pasar del tercio de copa en una temporada y no desmochar nunca.