Pocas podas generan tanta confusión como la de la morera. En cualquier pueblo español hay moreras con la copa reducida a un puño de nudos que se recortan cada invierno sin falta, y a la vez ejemplares en jardines particulares que llevan veinte años sin tocarse y están perfectamente. Ambas cosas pueden ser correctas, porque la respuesta depende por completo de para qué tienes el árbol. Lo que no vale es aplicar la poda severa de las moreras de calle a un árbol de jardín solo porque "así se hace siempre".

Qué morera tienes

Bajo el nombre común de morera se venden y se cultivan varias especies del género Morus. La morera blanca (Morus alba) es la que se plantó masivamente para alimentar al gusano de seda y la que domina el arbolado urbano; es rústica, aguanta la sequía y la caliza, y llega a 12-15 metros si se deja. El moral o morera negra (Morus nigra) es más pequeño, de crecimiento lento y copa redondeada, y se cultiva por su fruto, mucho mejor. Existen además la morera llorona (Morus alba 'Pendula'), injertada en pie alto, y las variedades sin fruto para pavimento.

Todas son caducas, de crecimiento rápido cuando son jóvenes, y todas comparten dos rasgos que condicionan la poda: rebrotan con enorme facilidad tras el corte y lloran savia si se cortan con la savia en movimiento.

Cuándo podar la morera

La ventana correcta es el reposo vegetativo, con la hoja ya caída y antes de que las yemas se hinchen. En la práctica, en la península eso significa desde finales de noviembre hasta finales de enero. En el interior con inviernos duros, diciembre y enero; en el litoral mediterráneo puede prolongarse algo más, pero conviene no pasar de mediados de febrero.

La razón de adelantarse es concreta: la morera es una de las especies que sangra savia abundantemente si se poda tarde. Si esperas a marzo con las yemas ya moviéndose, cada corte goteará durante días, el árbol pierde reservas y la savia azucarada atrae insectos y favorece hongos en la herida. El látex lechoso característico del género también aparece con más fuerza en esa fase.

Dos avisos prácticos. No podes con la madera helada: se astilla y el corte queda deshilachado. Y no podes tampoco en días de lluvia o niebla persistente; busca tiempo seco para que la herida empiece a secarse.

Fuera del invierno solo se justifica una intervención: retirar en cualquier momento del año una rama seca, rota o partida por el viento. Eso no es poda, es seguridad, y no espera fecha.

Morera adulta con la copa formada

Poda de formación: los primeros años

Es la única poda realmente importante y la que casi nadie hace bien. Durante los tres o cuatro primeros inviernos, el objetivo es conseguir un tronco recto y limpio hasta la altura que quieras (2 a 2,5 metros si el árbol va a dar sombra sobre una zona de paso) y tres o cuatro ramas principales bien repartidas alrededor, no todas saliendo del mismo punto.

En cada invierno de esa fase: elimina los brotes que salgan del tronco por debajo de la altura elegida, suprime las ramas que crucen o se dirijan al interior de la copa, y elige entre dos ramas competidoras que salgan con ángulo muy cerrado, porque las horquillas en V acaban desgajándose con el peso. Deja siempre alguna ramilla lateral pequeña en el tronco los primeros años: engrosa el tronco y luego se retira.

Poda de mantenimiento en el árbol adulto

Una vez formada, una morera ornamental necesita muy poco. Cada dos o tres inviernos basta con un aclareo suave: retirar madera seca, ramas cruzadas, chupones verticales del interior y los rebrotes que salgan de la base o del tronco, que en Morus alba son abundantes.

La regla de oro es no quitar más del 20-25 % de la copa viva en una temporada. La morera responde al corte fuerte con una explosión de brotes largos, tiernos y mal anclados, que en tres años vuelven a dar el mismo problema y encima son frágiles ante el viento.

En la morera llorona 'Pendula' el manejo es distinto: sus ramas colgantes se enredan y el interior se seca. Cada dos o tres inviernos hay que abrir el interior retirando las ramas muertas y aclarando para que entre luz y aire, además de recortar las puntas que arrastren por el suelo. Aquí sí conviene ser algo más constante, o la copa se convierte en una maraña con un núcleo de madera muerta.

El desmoche: cuándo tiene sentido y cuándo no

La poda en cabeza de gato, que deja el árbol reducido a muñones nudosos, no es un capricho estético. Nació con la sericicultura: al desmochar cada año, la morera emite brotes largos con hojas grandes y tiernas, que es lo que come el gusano de seda (Bombyx mori), y además fáciles de recolectar a mano. Lo mismo vale si aprovechas el ramón como forraje para cabras o conejos.

Si ese es tu caso, el desmoche anual en pleno invierno es coherente y el árbol lo tolera porque se ha formado así desde joven, con una cabeza de corte estable a la que se vuelve cada año.

Fuera de esos usos, desmochar una morera ornamental es un error. Cada muñón se seca por dentro, entra pudrición, y los rebrotes que nacen alrededor no están unidos a la estructura interna del árbol sino solo a la corteza. Con el tiempo tienes un tronco hueco sujetando ramas gruesas mal ancladas: exactamente el árbol peligroso que nadie quiere sobre un coche o una acera. Y quien empieza a desmochar queda condenado a repetirlo cada año, porque el árbol responde cada vez con más vigor.

Cómo dar el corte

Usa tijera de mano hasta 2 cm de diámetro, tijera de dos manos hasta 4 cm y serrucho de poda por encima. Todo afilado y desinfectado con alcohol de 70º entre árboles.

El corte se hace justo por fuera del cuello de la rama, ese abultamiento donde nace del tronco, nunca enrasado ni dejando muñón. En ramas de cierto peso, aplica el corte en tres tiempos: uno por debajo a unos 30 cm, otro por encima algo más alejado para que caiga sin desgarrar, y el definitivo junto al cuello.

No apliques masillas cicatrizantes. En la morera, como en el resto de árboles, retienen humedad y no mejoran el cierre. Un corte limpio en enero y con tiempo seco se defiende solo. Sí conviene llevar guantes: el látex de la morera irrita la piel de algunas personas y mancha la ropa.

En resumen

La morera se poda en pleno reposo invernal, entre finales de noviembre y enero, con tiempo seco y sin heladas, adelantándose para evitar el sangrado de savia que se produce si se espera a marzo. Los primeros años se dedican a formar un tronco limpio y tres o cuatro ramas principales bien repartidas; después basta un aclareo suave cada dos o tres inviernos sin pasar del 20-25 % de la copa. El desmoche anual solo tiene sentido si buscas hoja para gusanos de seda o forraje; en un árbol de sombra provoca pudriciones y ramas frágiles. Corta respetando el cuello de la rama, con herramienta desinfectada y sin masillas.


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