Hay dos ventanas buenas al año para plantar una azalea, y ninguna de las dos coincide con el momento en que la planta está cargada de flor. Es justo entonces cuando se venden y cuando se compran, así que el error de partida está casi garantizado. Plantar una azalea consiste en darle un suelo ácido, una raíz superficial bien asentada y unos meses tranquilos por delante para que enraíce antes de que llegue el calor. El calendario sale de ahí, no del escaparate del vivero.

Azalea en plena floración con flores rosadas

Otoño o final de invierno: las dos fechas que funcionan

En buena parte de la península, el mejor momento para plantar una azalea de jardín es el otoño, entre mediados de octubre y finales de noviembre. El suelo conserva todavía calor acumulado del verano, las lluvias vuelven, la evaporación es baja y la planta puede dedicar dos o tres meses a emitir raíz nueva sin tener que sostener al mismo tiempo brotación y floración. Cuando llegue el primer verano, la azalea ya tendrá un sistema radicular explorando el terreno en lugar de seguir encerrada en el cepellón con el que salió del vivero.

La segunda ventana es el final del invierno, de mediados de febrero a mediados de marzo, y es la que conviene en zonas de interior con heladas fuertes y prolongadas: el páramo castellano, el alto Ebro, las zonas de montaña. Allí una plantación de noviembre expone un cepellón recién manipulado a suelos que se hielan varios centímetros, y las raíces finas de la azalea, que son extremadamente delgadas, no lo llevan bien. Se planta en cuanto el suelo deja de estar helado y antes de que las yemas empiecen a hincharse.

Lo que hay que evitar sin excepciones es plantar de mayo a septiembre. Una azalea recién plantada en junio depende por completo del riego durante los tres meses más duros del año, con una raíz que todavía no ha salido del cepellón y que se seca en cuestión de horas. También conviene descartar diciembre y enero en interior peninsular, y los días con viento seco de poniente en cualquier época: la azalea transpira por unas hojas coriáceas pero pequeñas y el viento la deshidrata más deprisa que el sol.

Qué azalea ha comprado exactamente

Este punto decide el resto del artículo. Bajo el nombre comercial de «azalea» se venden en España dos grupos de plantas muy distintas, ambas del género Rhododendron, y confundirlas es la causa más frecuente de fracaso.

Las azaleas de maceta que aparecen en floristerías y supermercados de noviembre a febrero, con flores dobles rojas, blancas o bicolores muy apretadas, son Rhododendron simsii, la antigua azalea india. Son plantas de interior en casi toda España: aguantan mal por debajo de 0 ºC y se estropean con cualquier helada seria. Forzadas en invernadero para florecer fuera de temporada, se venden como planta de temporada de interior. Si la plantas en el jardín en enero porque «ya está florecida», lo normal es que la primera helada la mate. En la costa mediterránea, en el litoral atlántico andaluz o en Canarias sí puede vivir fuera; en Ávila o en Teruel, no.

Las azaleas de jardín son otra cosa: los grupos japoneses de hoja perenne o semipersistente (Rhododendron obtusum, Rhododendron kiusianum, Rhododendron indicum y sus híbridos, tipo Kurume o Satsuki) y las azaleas caducifolias del grupo Knap Hill, Exbury o Mollis, que pierden la hoja en invierno y suelen dar flores amarillas, anaranjadas o salmón, muchas veces perfumadas. Estas resisten sin problema de -12 a -20 ºC según el grupo, y son las que tiene sentido plantar en el jardín. Se venden en contenedor, en primavera y en otoño, y se reconocen porque el follaje es más rústico y la etiqueta indica «azalea japonesa» o «azalea de jardín».

El suelo manda más que la fecha

La azalea es una planta calcífuga: no tolera la caliza. Necesita un pH entre 4,5 y 5,5, un suelo suelto, rico en materia orgánica y con drenaje libre. Por encima de pH 6,5 no puede absorber el hierro ni el manganeso aunque estén presentes en el suelo, y aparece la clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios todavía verdes, brotación cada vez más corta y muerte lenta a lo largo de dos o tres temporadas.

Esto reparte España en dos mitades muy claras. En la cornisa cantábrica, Galicia y buena parte del noroeste, sobre suelos silíceos y ácidos con lluvia abundante, la azalea se planta directamente en tierra y prospera casi sola. En el resto —Meseta, valle del Ebro, levante, Andalucía, Baleares—, los suelos son en general calizos o margosos y el agua de riego lleva bicarbonatos de sobra para alcalinizar cualquier hoyo enmendado. Ahí conviene asumirlo desde el principio.

Y aquí está la corrección más útil que se puede hacer: enmendar el hoyo de plantación con turba no salva a una azalea en suelo calizo. El hoyo relleno de sustrato ácido funciona como una bañera dentro de un terreno básico; el agua de riego y el agua freática van reponiendo carbonatos y en dos o tres años el pH ha subido otra vez. Además, si el suelo circundante es arcilloso, ese hoyo esponjoso se convierte en un colector de agua y la raíz se asfixia. Las alternativas que sí funcionan son dos:

Maceta o jardinera con sustrato específico para plantas acidófilas, de un volumen mínimo de 20-30 litros para un ejemplar adulto, y riego con agua de lluvia o descalcificada. Bancal elevado de 40-50 cm de altura, delimitado con traviesas o piedra, relleno de mezcla ácida y separado del terreno natural. En ambos casos la mezcla razonable es turba rubia y corteza de pino compostada a partes similares, con un cuarto de arena silícea o perlita para asegurar el drenaje.

Cómo se planta, paso a paso

Empapa el cepellón antes de nada. Las azaleas de vivero vienen en cepellones de turba muy compactados y, si llegan secos, se vuelven hidrófobos: el agua de riego resbala por fuera y la planta se muere de sed rodeada de tierra húmeda. Sumerge la maceta entera en un cubo hasta que dejen de salir burbujas, diez o quince minutos, y escúrrela antes de plantar.

Haz el hoyo ancho y poco profundo. Tres veces el diámetro del cepellón y apenas su misma altura. La azalea tiene un sistema radicular fibroso, denso y muy superficial, que ocupa los primeros 20-30 cm de suelo; no necesita profundidad, necesita superficie.

No entierres el cuello. La parte alta del cepellón debe quedar al nivel del suelo o dos centímetros por encima. Plantar hondo es el error clásico y produce una asfixia lenta que se confunde con falta de riego.

Afloja el exterior del cepellón arañándolo con los dedos si las raíces han empezado a girar en espiral. En azalea se hace con suavidad: no vale el corte a navaja que se aplica a arbustos más robustos.

Riega abundantemente y acolcha. Cinco a diez centímetros de corteza de pino, acículas o restos de poda triturados, sin arrimar el acolchado al cuello. El acolchado mantiene la raíz fresca, frena la evaporación, aporta acidez al descomponerse y evita que haya que escardar con azada, algo que en azalea destroza raíces.

Dónde ponerla y con qué compañía

La ubicación ideal en clima peninsular es sombra ligera o sol de mañana: bajo la copa alta de pinos, robles, alcornoques o abedules, o en orientación este protegida del sol de tarde. Sol pleno de mediodía en Extremadura o en el valle del Guadalquivir quema el follaje y acorta la floración a menos de una semana. La sombra densa, en cambio, hace que florezca poco: si tu azalea está sana pero apenas da flor, casi siempre le falta luz.

También agradece protección frente al viento seco y frente a las heladas tardías de abril, que son las que estropean los botones ya formados. Un rincón resguardado por un muro orientado al este soluciona las dos cosas. Y funciona muy bien acompañada de otras acidófilas que piden lo mismo —camelias, hortensias, Pieris, arándanos, helechos—, porque así todo el macizo puede regarse y abonarse con el mismo criterio.

Azalea de flor roja plantada en el jardín

Riego, abonado y el problema del agua

El agua del grifo de gran parte de España es dura y con pH alrededor de 7,5-8. Regar la azalea con ella durante años acaba subiendo el pH del sustrato aunque el sustrato de partida fuera perfecto. Lo mejor es agua de lluvia; un bidón conectado a un bajante da para bastante. Si no hay opción, sirve el agua acidificada: unas gotas de ácido cítrico o unos mililitros de vinagre por cada 10 litros hasta bajar a pH 6 aproximadamente, comprobándolo con tiras reactivas. No lo hagas a ojo, porque un exceso quema raíz fina.

El riego debe mantener el sustrato fresco pero nunca encharcado. La raíz superficial se seca antes que la de cualquier arbusto vecino, así que en julio y agosto una azalea en maceta puede necesitar agua a diario. La señal de sed es el decaimiento de las hojas nuevas a media tarde; si se recuperan solas al anochecer, vas justo pero a tiempo.

Para el abonado, fertilizante específico de plantas acidófilas, de marzo a septiembre, siguiendo la dosis del envase y sin excederse: la azalea es poco exigente y las sales la dañan. Si aparece clorosis, corrige con quelato de hierro EDDHA, que es el único que sigue siendo estable a pH alto, mientras arreglas la causa de fondo. El sulfato de hierro sirve de poco en suelo calizo, porque se bloquea en pocos días.

Errores frecuentes al plantar

Plantar la azalea de regalo de invierno en el jardín. Ya está dicho, pero es el fallo número uno: esa planta es Rhododendron simsii y su sitio es una habitación luminosa a 15-18 ºC.

Trasplantarla en plena flor. Si te la regalan florecida, espera. Mantenla en su maceta, riégala, y plántala cuando termine la floración o, mejor todavía, guárdala hasta el otoño siguiente.

Regar con manguera sobre un cepellón seco. Si el cepellón se ha llegado a secar del todo, el riego normal ya no lo rehidrata. Hay que volver a sumergirlo.

Plantar demasiado profundo o cavar alrededor. Cualquier laboreo con azada a menos de un palmo del tronco corta raíces esenciales. Se acolcha, no se cava.

Confiar en «un puñado de turba» en suelo calizo. O bancal elevado, o maceta. Es más barato aceptarlo ahora que reponer la planta dos veces.

Y después de plantar: la poda

La azalea forma los botones de la primavera siguiente durante el verano anterior. Por eso, si hay que despuntar o dar forma, se hace justo después de la floración, en mayo o junio según la zona, retirando también las flores marchitas para que la planta no gaste en semilla. Podar en otoño o en invierno equivale a cortar la floración entera. Y no hace falta más: una azalea bien plantada se conforma con eso y con el acolchado renovado cada año.

En resumen

Se planta en otoño, de octubre a noviembre, en casi toda España, y a finales de invierno, entre febrero y marzo, en zonas de heladas fuertes; nunca en verano ni en plena floración. Antes de la fecha, importa la planta: las azaleas florecidas que se venden en invierno son Rhododendron simsii y son de interior, mientras que las azaleas japonesas y las caducifolias sí son de jardín. E importa el suelo: pH de 4,5 a 5,5, hoyo ancho y superficial, cuello sin enterrar, acolchado de corteza de pino y agua de lluvia. En terreno calizo, olvida el hoyo enmendado y opta por bancal elevado o maceta. Sombra ligera, riego constante sin encharcar, abono para acidófilas de marzo a septiembre y poda solo después de florecer.


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