Plantar un mango en España es perfectamente posible, pero solo en unos pocos sitios y con un margen de error muy estrecho en el momento de la plantación. La mayoría de los fracasos no vienen de la falta de cuidados posteriores, sino de haber plantado en la fecha equivocada o de haber elegido un ejemplar que nunca iba a dar fruto. Vamos por partes.
Antes de nada: ¿tu clima da para mango?
El mango, Mangifera indica, es un árbol de la familia de las anacardiáceas —la misma del pistacho y del anacardo— originario del noreste de la India y Birmania. Es tropical y subtropical, y en España solo prospera al aire libre en una franja muy concreta.
La referencia real es el frío invernal. Un mango adulto y bien establecido tolera puntas de −2 a −3 °C durante pocas horas con daño en las hojas y las ramas finas. Por debajo de −4 °C hay daño estructural, y una helada de −5 °C mata árboles jóvenes. Los ejemplares de menos de tres años sufren ya con 0 °C.
Eso deja como zonas viables la costa de Málaga y Granada (la Axarquía y la costa tropical son, de hecho, la principal zona productora de Europa), el litoral de Almería, partes del sur de Alicante y Murcia protegidas del viento, la costa de Cádiz y Huelva, y Canarias, donde el cultivo es cómodo. En el resto de la Península, incluida la mayor parte de la costa mediterránea al norte de Valencia, el mango es un árbol de invernadero o de maceta grande que se resguarda en invierno.
Hay otros dos condicionantes menos evidentes. El mango no soporta el viento salino ni las rachas fuertes: las hojas se queman y la floración se pierde. Y necesita un periodo seco y algo fresco en invierno —temperaturas nocturnas de 10 a 15 °C durante unas semanas— para inducir la floración. En climas sin ese contraste el árbol crece bien pero florece poco.
Cuándo plantar el mango
La respuesta corta es primavera, entre abril y mayo, cuando el suelo ya se ha calentado y ha pasado por completo el riesgo de heladas tardías.
La razón es fisiológica. La raíz del mango solo crece activamente con el suelo por encima de unos 18-20 °C. Si se planta en otoño o invierno, el árbol pasa meses sin enraizar, con el cepellón mojado y frío, expuesto a asfixia radicular y a la primera helada sin haber anclado nada. Plantar en primavera le da toda la temporada cálida por delante para instalar el sistema radicular antes de su primer invierno, que es el momento crítico de su vida.
En Canarias y en enclaves muy protegidos de la costa tropical puede plantarse también a comienzos de otoño, en septiembre, porque el suelo sigue caliente y el invierno no baja de 10 °C. Fuera de esos casos, la primavera es la única fecha sensata.
Lo que hay que evitar en cualquier zona es plantar en pleno julio o agosto. Con 38 °C y sol vertical, un árbol recién plantado que aún no absorbe agua se deshidrata más rápido de lo que se puede regar. Si el ejemplar se ha comprado en verano, es mejor mantenerlo en su maceta a media sombra y plantarlo en septiembre o esperar a la primavera siguiente.
Qué planta comprar: el asunto del hueso
Aquí está el error más extendido, y conviene ser claro. Sembrar el hueso de un mango de supermercado no da un árbol fructífero en un plazo razonable. Un mango de semilla tarda entre seis y diez años en dar el primer fruto —a veces más—, alcanza un porte enorme y, en las variedades monoembriónicas (la mayoría de las comerciales tipo Kent o Keitt), la descendencia no reproduce las características de la madre: sale un mango cualquiera, con frecuencia fibroso y de peor sabor.
Sembrar el hueso es un experimento entretenido y una buena forma de obtener patrones, pero no es la forma de tener mangos. Compra un ejemplar injertado en vivero. Un mango injertado empieza a producir a los tres o cuatro años, se mantiene en 3-5 metros y da el fruto de la variedad que has elegido.
Sobre variedades, en la costa tropical española funcionan bien 'Osteen' —la más plantada aquí, de maduración tardía y buena adaptación—, 'Keitt', 'Kent' y 'Tommy Atkins', más rústica pero de calidad inferior. Para maceta o jardines pequeños, las de porte reducido tipo 'Nam Doc Mai' o 'Manila' son más manejables. Compra en vivero de la zona, no por internet: el material aclimatado responde mejor.
Cómo plantarlo, paso a paso
1. Elige bien el sitio. Necesita sol pleno —mínimo seis horas—, abrigo del viento (un muro orientado al sur o al sureste es ideal, porque además acumula calor) y espacio: al menos 6 metros a otro árbol o a la fachada, y ojo con las líneas eléctricas y con los cimientos.
2. Comprueba el drenaje. Este es el punto donde se pierden más mangos. Cava un hoyo de unos 40 cm, llénalo de agua y déjalo drenar. Si al día siguiente sigue habiendo agua, ese suelo mata al mango por asfixia radicular y por Phytophthora. En terrenos arcillosos o compactados, planta en un caballón o montículo elevado de 40-50 cm, no en hoyo.
3. El pH importa. El mango prefiere pH entre 5,5 y 7,5. En suelos calizos con pH por encima de 8 aparece clorosis férrica crónica; se puede manejar con quelato de hierro EDDHA, pero es una lucha constante. Merece la pena analizar el suelo antes de plantar.
4. Abre el hoyo generoso. Del orden del doble de ancho que el cepellón y de profundidad similar. La anchura sirve para descompactar el terreno lateral por donde saldrán las raíces; la profundidad no debe excederse, porque tierra suelta bajo el cepellón hace que el árbol se hunda al asentarse.
5. Mezcla la tierra de relleno con compost o estiércol bien maduro, un 20-30 % del volumen, y si el suelo es pesado añade arena gruesa o grava fina. No pongas abono mineral en contacto con la raíz.
6. Saca el cepellón con cuidado. El mango tiene una raíz pivotante muy sensible y odia que se le manipule la raíz. No deshagas el cepellón ni "sueltes" las raíces como se hace con otros árboles: límite a cortar las que estén enrolladas en espiral alrededor del fondo, si las hay.
7. Cuida la altura del cuello. El punto de unión entre raíz y tronco debe quedar ligeramente por encima del nivel del suelo, uno o dos centímetros. Enterrar el cuello provoca podredumbre. Y el punto de injerto, ese engrosamiento visible en la base del tronco, tiene que quedar bien por encima de la tierra: si se entierra, la variedad emite raíces propias y se pierde el efecto del patrón.
8. Rellena y asienta con agua, no pisando. Ve echando tierra y riega para que se acomode y desaparezcan las bolsas de aire. Pisar fuerte compacta y perjudica al drenaje.
9. Forma un alcorque con un cordón de tierra alrededor para que el riego se concentre sobre el cepellón, y riega abundantemente: 20-30 litros en la primera vez.
10. Acolcha. Una capa de 5-8 cm de paja, corteza o restos de poda triturados conserva humedad y modera la temperatura del suelo. Deja 10 cm libres alrededor del tronco: el acolchado pegado al cuello lo pudre.
11. Entutora si hace falta. Un tutor bajo, con atadura flexible en forma de ocho y holgada, durante el primer año. Retíralo después: un árbol que nunca se mueve no engrosa el tronco.
Los primeros meses
Durante el primer verano el riego es lo único que realmente importa: dos o tres veces por semana según el calor y el suelo, mojando bien el cepellón. Una vez establecido, el mango es bastante resistente a la sequía, pero el primer año no lo es en absoluto.
No abones en el momento de plantar. Espera seis u ocho semanas, hasta ver brotación nueva, y entonces aplica un abono equilibrado en dosis pequeñas. El exceso de nitrógeno en un árbol joven produce brotes tiernos y acuosos que se hielan al primer frío.
Si aparecen flores el primer o segundo año, córtalas. El árbol no tiene aún estructura para sostener fruto y cuajarlo le roba el crecimiento vegetativo que necesita. Cuesta hacerlo, pero adelanta la producción real en lugar de retrasarla.
Y prepara la protección del primer invierno con antelación: un manto térmico o velo de invernada sobre una estructura sencilla, más un buen acolchado en la base, salva a un mango joven de una helada puntual de −2 °C. No uses plástico en contacto con la hoja.
En resumen
Planta el mango en primavera, de abril a mayo, para que enraíce durante todo el verano antes de su primer invierno, y solo si vives en la costa tropical andaluza, el sureste litoral, el sur atlántico o Canarias. Compra un ejemplar injertado —el hueso de supermercado tarda casi una década y no repite la variedad—, elige un sitio soleado, abrigado del viento y sobre todo bien drenado, plantando en montículo si el suelo es arcilloso. Deja el punto de injerto por encima de la tierra, no manipules la raíz, acolcha sin tocar el tronco y riega con constancia el primer verano. Quita las primeras flores y protege el árbol joven del frío. Con eso, el primer mango llega en tres o cuatro años.