Basta mirar una hoja para entender el nombre popular: dos lóbulos simétricos unidos por la base, calcados de la huella de una pezuña. De ahí lo de pata de vaca. El nombre científico, Bauhinia, viene de los hermanos Bauhin, dos botánicos suizos del siglo XVI, y alude a esa misma hoja partida en dos mitades iguales. Y como las flores recuerdan vagamente a una orquídea, en muchos viveros se venden como árbol orquídea.

El problema de meter todas las especies en el mismo saco es que se cuidan distinto y, sobre todo, aguantan un frío muy distinto. Ahí es donde la mayoría de los disgustos empiezan.

Qué es realmente una Bauhinia

Son leguminosas, de la familia de las Fabaceae, emparentadas con el algarrobo y con el árbol del amor. Eso se nota en dos cosas: en el fruto, una legumbre aplanada y correosa que se abre en dos valvas al secarse, y en cierta capacidad para vivir en suelos pobres.

El género agrupa más de doscientas especies repartidas por las zonas tropicales y subtropicales de América, África y Asia. Las que se cultivan en España son árboles pequeños o arbustos grandes, de 4 a 10 metros según la especie, con copa abierta e irregular, tronco a menudo tortuoso y crecimiento rápido cuando el clima acompaña. Ninguna es un árbol de sombra densa: la hoja es de tamaño medio y la copa deja pasar bastante luz, lo que las hace cómodas en jardines pequeños.

Otra ventaja poco comentada: el sistema radicular no es agresivo. No suele levantar soleras ni reventar tuberías, algo que sí ocurre con muchos árboles de crecimiento igual de rápido. Por eso se ven en alcorques de acera en zonas costeras.

Flores de Bauhinia variegata en primavera

Las especies que vas a encontrar y en qué se diferencian

Antes de comprar conviene saber cuál te llevas, porque las diferencias de rusticidad entre unas y otras son de varios grados.

Bauhinia forficata. Originaria del sur de Brasil, Argentina y Paraguay. Es la más resistente al frío de todas y la única que tiene sentido plantar en el interior peninsular. Flores blancas de pétalos estrechos y algo retorcidos, que abren de noche y duran poco, pero se van sucediendo desde finales de primavera hasta el otoño. Es caducifolia, con espinas curvas en los nudos, y rebrota de cepa si una helada fuerte le quema la parte aérea.

Bauhinia variegata. La más vistosa y la más plantada en la costa mediterránea. Procede de la India y del sur de China. Florece a finales del invierno y en primavera, entre febrero y abril, con el árbol desnudo: las ramas se cubren de flores rosadas o malva con un pétalo más oscuro y estriado, y el efecto es espectacular precisamente porque no hay hojas que compitan. Existe la variedad candida, de flor blanca con nervios verdosos.

Bauhinia purpurea. Se parece mucho a la anterior y se confunde constantemente con ella en los viveros. La diferencia práctica: florece en otoño, de septiembre a noviembre, con el árbol aún con hojas, y sus pétalos son más estrechos y separados entre sí. Si te venden una variegata y florece en octubre, te han vendido una purpurea.

Bauhinia × blakeana. Es un híbrido estéril entre las dos anteriores, encontrado en Hong Kong a finales del siglo XIX y hoy emblema de la ciudad. Flores grandes, de color magenta intenso, muy perfumadas, y floración larguísima que puede ir de noviembre a marzo en clima suave. Como es estéril, no produce semilla ni vainas, lo que la convierte en la más limpia para acera y patio. La contrapartida: solo se multiplica por esqueje o injerto, es la más cara y la más friolera.

Bauhinia galpinii. Sudafricana, más arbusto que árbol, con ramas largas y arqueadas que se pueden guiar sobre un muro. Flores de un naranja rojizo poco frecuente, en verano. Es la opción para quien no quiere un árbol, sino una masa arbustiva de 2 o 3 metros.

Rusticidad: el dato que decide si puedes plantarla

Se repite mucho que la pata de vaca aguanta las heladas. Es verdad a medias, y esa media verdad cuesta bastantes árboles cada invierno.

B. forficata, bien establecida y en suelo drenante, tolera en torno a -8 °C o -10 °C. Puede perder los brotes del año y volver a brotar en primavera desde madera vieja o desde la base. Con eso se cultiva sin problemas en buena parte del interior, incluida la zona centro, siempre que no esté en una hondonada donde se acumule el aire frío.

B. variegata y B. purpurea se mueven en torno a -4 °C o -5 °C puntuales. Aguantan la costa mediterránea, el valle del Guadalquivir y zonas resguardadas, pero una helada de -6 °C prolongada las deja muy tocadas. Y hay un matiz importante con variegata: como florece a finales de invierno, una helada tardía de marzo puede quemarle toda la floración aunque el árbol sobreviva perfectamente.

B. × blakeana es la más delicada: por debajo de -2 °C ya sufre daños serios. Reservada al litoral cálido, a Canarias y a jardines muy protegidos.

B. galpinii se sitúa alrededor de -5 °C, con pérdida de la parte aérea y rebrote posterior.

Los primeros dos o tres inviernos, cualquiera de ellas es bastante más sensible de lo que indican esas cifras. Un acolchado grueso sobre el alcorque y un velo de invernada las noches críticas marcan la diferencia mientras el árbol es joven.

Bauhinia blakeana en flor

Ubicación y exposición

Pleno sol, sin discusión. A media sombra crece, pero se estira buscando la luz, la copa queda desgarbada y la floración se reduce a una fracción. Si solo dispones de un rincón con sombra parcial, este no es tu árbol.

Sí conviene protegerla del viento fuerte. La madera de las Bauhinia es blanda y las ramas largas se desgajan con facilidad, sobre todo en variegata. Un muro orientado al sur o al sureste es la ubicación ideal: da sol, corta el viento y acumula calor que suaviza las noches de invierno.

Guarda al menos 3 metros respecto a la fachada. La copa se abre más de lo que uno calcula viendo el ejemplar del vivero.

Suelo y sustrato

Lo único innegociable es el drenaje. Estas plantas mueren mucho más a menudo por asfixia radicular que por sequía o por frío. En suelo arcilloso y compacto, con charcos después de cada lluvia, no hay cuidado que valga.

Se adaptan a suelos pobres —son leguminosas, y algunas fijan nitrógeno gracias a bacterias simbióticas— y toleran cierta caliza. Pero en suelos muy calizos, regados además con agua dura, B. variegata y B. blakeana tienden a la clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios marcados en verde. Se corrige con quelato de hierro EDDHA, que es el único que sigue siendo eficaz por encima de pH 7,5, aplicado en riego a la salida del invierno. B. forficata es notablemente más tolerante en este aspecto.

Si la plantas en maceta mientras es joven, un sustrato universal de calidad mezclado con un 30 % de perlita o arena gruesa funciona bien. Tiesto de al menos 40 litros a partir del tercer año, y trasplante a suelo en cuanto puedas: en contenedor florecen mucho menos.

Cuándo y cómo plantarla

La época es la primavera, de marzo a mayo, una vez pasado el riesgo de heladas. Así el árbol dispone de toda la temporada cálida para enraizar antes de enfrentarse a su primer invierno. Esta es la regla en el interior y en cualquier zona con inviernos marcados.

En el litoral mediterráneo y en el sur, donde las heladas son anecdóticas, también funciona plantar a principios de otoño, en septiembre u octubre: el suelo todavía está caliente, las raíces trabajan y en primavera arranca con ventaja.

Lo que no conviene es plantar en pleno julio ni en diciembre.

Prepara un hoyo de unos 60 × 60 × 60 cm, mucho más ancho que el cepellón, y descompacta las paredes si el terreno es duro. Mezcla la tierra extraída con compost bien hecho o estiércol maduro, nunca fresco en contacto con las raíces. Planta a la misma profundidad a la que venía en el contenedor: enterrar el cuello es un error clásico que acaba en podredumbre. Riega generosamente para asentar la tierra y entutora los dos primeros años si el sitio es ventoso.

Riego

Durante el primer año el riego es lo que decide si el árbol prospera. En verano, dos o tres riegos semanales abundantes; mejor mucha agua de una vez que poca todos los días, porque los riegos cortos mantienen las raíces en superficie y hacen al árbol dependiente.

A partir del tercer o cuarto año, con el sistema radicular hecho, la pata de vaca aguanta bastante bien la sequía estival mediterránea. Un riego profundo cada diez o quince días en los meses de calor es suficiente, y en zonas costeras con suelo profundo hay ejemplares que viven sin riego alguno.

En invierno, con las especies caducifolias sin hoja, el riego se suspende prácticamente por completo. Regar una Bauhinia dormida en un suelo frío y húmedo es una manera eficaz de pudrirle las raíces.

Abonado

Poca cosa y en el momento adecuado. Una aportación de compost o estiércol maduro extendido sobre el alcorque a finales del invierno cubre las necesidades de un ejemplar en suelo. Si quieres empujar la floración, un abono con más potasio que nitrógeno, aplicado en primavera, ayuda.

El exceso de nitrógeno produce el efecto contrario al buscado: mucha rama tierna, hojas grandes, poca flor y madera blanda que se hiela al primer frío. Es un fallo frecuente en quien abona su Bauhinia como abonaría el césped.

Detén cualquier abonado a partir de agosto, para que los brotes tengan tiempo de lignificar antes del otoño.

Poda

Aquí hay un error muy repetido. B. variegata forma sus yemas de flor durante el verano y el otoño anteriores, y florece sobre esa madera al final del invierno. Si la podas en enero, como se hace con tantos árboles caducifolios, estás cortando exactamente las yemas que iban a florecer. El árbol no muere, pero te quedas sin floración esa temporada y no entiendes por qué.

La regla es sencilla: poda justo después de la floración. En variegata, en abril o mayo. En purpurea y blakeana, al final de su ciclo de flor. En forficata, que florece sobre brotes del año, hay más margen y se puede intervenir al final del invierno.

La poda debe ser ligera: retirar ramas secas, cruzadas o mal orientadas, aclarar el interior de la copa y poco más. Estas especies no responden bien a las podas severas; el rebrote es desordenado y la madera de los cortes gruesos se pudre con facilidad.

Para formar un árbol de tronco único hay que empezar pronto, eliminando las ramas bajas de forma gradual durante los primeros años. Si lo dejas a su aire, tenderá a hacer varios troncos desde la base, que también es una forma perfectamente válida y a menudo más bonita.

Multiplicación

Por semilla es lo más fácil en forficata, variegata, purpurea y galpinii. Las vainas maduran a finales del verano y el otoño; recógelas cuando estén secas y pardas, antes de que se abran solas y disparen la semilla. La cubierta es dura, así que conviene un remojo de 24 horas en agua templada, o una escarificación suave con lija. Siembra en primavera, a 1 cm de profundidad, en sustrato ligero y a 20-25 °C; germinan en dos o tres semanas. Ten en cuenta que las plantas de semilla tardan entre tres y cinco años en florecer y pueden variar respecto a la madre.

Por esqueje, en verano, con brotes semileñosos de 15-20 cm, hormonas de enraizamiento y ambiente húmedo. El porcentaje de éxito es modesto, pero es la única vía para B. × blakeana, que al ser estéril no da semilla viable. En vivero se propaga sobre todo injertándola sobre B. variegata.

El acodo aéreo en primavera es una alternativa lenta pero muy fiable si quieres reproducir un ejemplar concreto y ya adulto.

Plagas, enfermedades y otros problemas

Es un árbol sano. Lo que puede aparecer:

Pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo si has abonado con demasiado nitrógeno. Un chorro de agua a presión o jabón potásico resuelven.

Cochinilla, algodonosa o de escudo, en ejemplares mal ventilados o cultivados en maceta. Se trata con aceite de parafina fuera de las horas de sol.

Araña roja en veranos secos y calurosos, especialmente en plantas de terraza. Se combate subiendo la humedad ambiental.

Y el problema real, más que ninguna plaga: la asfixia radicular. Hojas amarillas que caen sin secarse, brotes que se paran, y un suelo permanentemente húmedo. Cuando aparece, corregir el drenaje es lo único que funciona.

Un apunte sobre la "insulina vegetal"

A Bauhinia forficata se la conoce en Sudamérica como pata de vaca y también como insulina vegetal, y sus hojas se usan tradicionalmente en infusión con fines hipoglucemiantes. Existen estudios preliminares al respecto, pero no hay evidencia clínica que respalde su uso como tratamiento ni, mucho menos, como sustituto de la medicación pautada. Se planta por su valor ornamental; lo demás pertenece al terreno de la etnobotánica.

En resumen

Elige la especie según tu clima antes que según la foto: B. forficata si hay heladas de verdad, B. variegata o purpurea en zonas templadas, B. × blakeana solo en litoral cálido. Plántala en primavera, a pleno sol, en suelo drenante y resguardada del viento. Riega generosamente los dos primeros años y ve espaciando después. Abona poco, con más potasio que nitrógeno, y para en agosto. Poda ligero y siempre después de la floración, no en invierno, o te quedarás sin flor. Vigila la clorosis en suelo calizo y, sobre todo, no la ahogues: el encharcamiento mata muchas más patas de vaca que el frío.


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