Florece cuando ya casi no le quedan hojas. Esa es la razón de que el palo borracho llame tanto la atención en octubre: un árbol grande, desnudo, con las ramas cubiertas de flores rosadas del tamaño de una mano. Quien lo ve por primera vez suele pensar que el ejemplar está enfermo porque ha perdido la hoja; en realidad está haciendo exactamente lo que le toca.

El nombre con el que se le conoce en jardinería, Chorisia speciosa, sigue siendo el más usado en viveros, pero la nomenclatura aceptada hoy es Ceiba speciosa. Pertenece a la familia de las malváceas (antes se clasificaba en las bombacáceas, junto a los baobabs) y es originario del sur de Brasil, Paraguay, el noreste de Argentina y Bolivia. En España se cultiva sin problemas en el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, Canarias y Baleares, y se le ve en avenidas y parques de Valencia, Málaga, Sevilla o Alicante.

Flor rosada de Ceiba speciosa

Cómo es el árbol y cuánto ocupa

Es un árbol caducifolio de crecimiento rápido. En su tierra alcanza 15 o 20 metros; en cultivo en España lo normal es que se quede entre 8 y 15, con una copa ancha y algo desordenada que fácilmente pasa de los 6 metros de diámetro. No es un árbol para un patio pequeño ni para plantar a metro y medio de la fachada.

El tronco es su rasgo más reconocible. De joven es verde, porque la corteza contiene clorofila y sigue haciendo fotosíntesis cuando el árbol está sin hojas, y está cubierto de espinas cónicas gruesas, de base ancha, que se desprenden o se aplanan con los años. Con la edad el tronco engorda por la parte baja hasta adoptar forma de botella —de ahí lo de árbol botella— y se vuelve más grisáceo y menos espinoso. Ese ensanchamiento es tejido de reserva de agua, una adaptación a la estación seca de su hábitat.

Las hojas son palmeadas, con cinco o siete folíolos aserrados, y caen a finales de verano o en otoño. La floración va normalmente de septiembre a noviembre, con pétalos rosados que se aclaran hacia el centro en tonos crema con manchas pardas. Después vienen unas cápsulas leñosas ovaladas que al abrirse liberan semillas envueltas en una fibra algodonosa blanca, el kapok, que en su día se usó para rellenar almohadas y chalecos salvavidas.

Conviene no confundirla con Ceiba insignis (la antigua Chorisia insignis), muy parecida de porte pero con flores blancas o amarillentas y tronco todavía más abombado. En vivero se venden a veces mezcladas y hasta la floración no se sale de dudas.

Clima: hasta dónde aguanta

Aquí está el límite real de este árbol en España. Un ejemplar adulto y bien establecido soporta heladas cortas de hasta -4 o -5 ºC sin más daño que la pérdida de algunas ramillas. Uno joven, de dos o tres años, se puede perder entero con -2 ºC si la helada es larga o va acompañada de suelo húmedo.

Traducido a mapa: es un árbol seguro en la costa mediterránea, en el sur de Andalucía, en las islas y en zonas urbanas templadas del interior de Levante. En Madrid, Zaragoza, Burgos o la meseta castellana no tiene sentido plantarlo en el jardín; puede sobrevivir un par de inviernos suaves y desaparecer en el primero duro. Tampoco es apto para zonas de niebla persistente y frío húmedo prolongado.

Necesita sol directo todo el día. A media sombra crece delgado, con entrenudos largos, y florece mal o no florece. Resiste bien el viento gracias a la flexibilidad de la madera, aunque la madera es blanda y las ramas gruesas mal insertadas pueden desgajarse en temporales fuertes.

Suelo y plantación

No es exigente con la fertilidad, pero sí con el drenaje. Los suelos que se encharcan en invierno le provocan podredumbre de raíz, y esa es la causa más habitual de muerte en jardines particulares, por delante del frío. Si el terreno es arcilloso y compacto, hay que plantar sobre un caballón o un montículo de 30 o 40 cm y romper la base del hoyo, no limitarse a rellenar con sustrato bueno un agujero que después funciona como una bañera.

Tolera suelos calizos, que son la norma en buena parte del área donde se cultiva, aunque con pH muy alto y riego con agua dura puede aparecer clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes, sobre todo en la brotación de primavera. Se corrige con quelato de hierro tipo EDDHA, que es el único que se mantiene estable por encima de pH 8.

El mejor momento para plantar es la primavera, de marzo a mayo, cuando el suelo ya se ha templado y el árbol tiene toda la temporada por delante para enraizar antes del primer invierno. Plantarlo en otoño en zonas frías es exponerlo a una helada sin raíces hechas. Deja al menos 5 o 6 metros a construcciones y pavimentos: las raíces son superficiales y agresivas, y levantan aceras con facilidad.

Riego

Los dos o tres primeros años necesita riegos regulares en verano, uno o dos por semana según suelo y calor, con volúmenes generosos y espaciados en lugar de agua poca y a diario. A partir de ahí se vuelve bastante resistente a la sequía: con 8 o 10 riegos abundantes repartidos entre junio y septiembre va sobrado, y en la costa mediterránea con suelo profundo hay ejemplares adultos que no se riegan nunca.

En invierno no se riega. El árbol está sin hojas, no transpira y el agua parada en la zona de raíces es justo lo que hay que evitar.

Hay una creencia extendida que conviene desmontar: que regando mucho a finales de verano se consigue más floración. Ocurre lo contrario. El paso a la floración se dispara con la caída de hoja y un cierto estrés hídrico de final de temporada; un riego abundante en agosto y septiembre alarga la etapa vegetativa, mantiene la hoja más tiempo y retrasa o reduce la floración. Si tu ejemplar crece mucho y florece poco, lo primero que hay que mirar es si se está regando de más.

Abonado

Con poco tiene bastante. Una aportación de compost o estiércol bien hecho en superficie a final de invierno, un cubo por árbol joven extendido bajo la proyección de la copa, cubre las necesidades del año. En ejemplares en maceta o en suelos muy pobres se puede añadir un abono granulado de liberación lenta en marzo, equilibrado o algo más rico en potasio.

Lo que hay que evitar es el exceso de nitrógeno. Un árbol sobrealimentado crece a lo loco, hace madera blanda y esponjosa, es más sensible al frío del invierno siguiente y retrasa la entrada en floración.

Poda

Cuanto menos, mejor. Su porte natural es la gracia del árbol, y las podas severas dejan cicatrices grandes que en una madera tan blanda tardan en cerrar y son puerta de entrada de hongos de pudrición.

Lo razonable es una poda de formación en los primeros años: elegir un eje central, retirar ramas competidoras y equilibrar la copa, siempre en cortes pequeños. En adultos, limitarse a quitar madera seca, ramas cruzadas o mal insertadas. El momento es el final del invierno, entre febrero y marzo, con el árbol sin hoja y antes de la brotación. Podar en pleno otoño elimina las ramas que van a florecer y deja heridas abiertas justo antes del frío.

Un detalle práctico: las espinas del tronco y de las ramas jóvenes son duras y punzantes de verdad. Guantes gruesos.

Multiplicación y cuándo empieza a florecer

Se multiplica por semilla, que germina con facilidad. Se recogen de las cápsulas maduras en invierno, se separan de la fibra, se ponen a remojo 24 horas en agua templada y se siembran en primavera en sustrato ligero a 20-25 ºC. Nacen en una o dos semanas y crecen deprisa.

Ahora la parte que suele decepcionar: un árbol de semilla tarda en florecer entre 7 y 12 años, y el color de la flor varía de un ejemplar a otro, desde rosa intenso hasta casi blanco. Si quieres una floración concreta y pronto, hay que comprar planta injertada o de clon seleccionado, que puede florecer a los tres o cuatro años. Si tu ejemplar tiene cinco años y no ha florecido, casi siempre es cuestión de edad y no de un fallo de cultivo.

Tronco espinoso y ensanchado de Ceiba speciosa

Problemas más habituales

Es un árbol sano y con pocos enemigos serios, pero conviene vigilar:

Cochinilla algodonosa y caparretas en ramillas jóvenes y en el envés de las hojas, sobre todo en ejemplares urbanos y en primaveras secas. Se tratan con jabón potásico o aceite de verano fuera de las horas de sol, insistiendo dos o tres veces cada diez días.

Araña roja en veranos muy secos y calurosos, con el punteado amarillento característico. Suele resolverse mejorando el riego y mojando la copa a última hora del día.

Pudrición de raíz y cuello por encharcamiento. Da hojas pequeñas, brotación pobre y un decaimiento general que se confunde con falta de agua, con lo que muchas veces se riega más y se acelera el final. Ante un árbol que va a menos, comprueba el drenaje antes que nada.

Daños de frío: ramillas secas y corteza agrietada tras una helada. No hay que cortar de inmediato; conviene esperar a la brotación de primavera para ver hasta dónde llega el tejido vivo y podar solo entonces.

En resumen

La Ceiba speciosa, o Chorisia speciosa, es un árbol de sombra de crecimiento rápido para climas suaves, con tronco verde y espinoso y una floración rosada espectacular entre septiembre y noviembre, cuando ya ha perdido la hoja. Quiere sol pleno, suelo bien drenado y espacio de sobra; aguanta hasta unos -4 ºC de adulto pero es delicado los primeros inviernos. Riego generoso hasta que se establece y luego poco, nada en invierno y sin excesos a final de verano si se quiere flor. Abonado moderado, poda mínima a final de invierno y paciencia con los ejemplares de semilla, que pueden tardar una década en dar la primera flor.


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