Un durillo bien colocado pasa de los treinta años en el mismo sitio; uno plantado sin criterio hay que reponerlo a los cinco. Entre una cosa y otra está todo lo que no cuenta la etiqueta del vivero, donde el Viburnum tinus se vende como planta de setos "que no da trabajo". Se coloca entonces en jardines de todo tipo y luego el jardinero se sorprende cuando aparece la mosca blanca o cuando la mata pierde las hojas de la parte baja. Nada de eso es casual: el durillo tiene un carácter muy concreto y conviene conocerlo antes de comprarlo.
Empecemos por deshacer un error que circula mucho: el durillo no es de hoja caduca. Es un arbusto perennifolio de verdad, que mantiene su follaje los doce meses del año. Lo que sí hace es renovar hojas viejas en primavera, y ese amarilleo puntual de algunas hojas antiguas es lo que hace pensar a algunos que "se está quedando pelado". Es un recambio normal.
Qué es exactamente el durillo
Viburnum tinus es un arbusto de la familia Adoxaceae (antes se incluía en las Caprifoliaceae) originario de la cuenca mediterránea. En España es planta autóctona: forma parte del sotobosque de encinares y alcornocales húmedos, de bosques mixtos y de barrancos umbríos, desde Cataluña hasta Andalucía y también en Baleares. Ese dato no es una curiosidad de herbario, es la clave de todos sus cuidados: en la naturaleza vive bajo la sombra de árboles más grandes, con suelo fresco, cubierto de hojarasca y protegido del sol directo de mediodía.
Alcanza entre 2 y 4 metros de altura, con un porte naturalmente redondeado y muy denso desde la base si crece bien. Con el tiempo puede formarse como arbolito de un solo tronco, aunque su tendencia natural es a ramificar desde abajo. Las hojas son opuestas, ovales, de 4 a 10 cm, coriáceas, de un verde oscuro brillante por el haz y más mate por el envés, con el nervio central marcado. Las ramas jóvenes son algo pelosas y rojizas.
Lo que lo hace realmente valioso en jardinería es cuándo florece. Las inflorescencias son corimbos planos de 5 a 10 cm, con capullos de un rosa intenso que abren en flores blancas de cinco pétalos. Y abren de noviembre a marzo o abril, es decir, en pleno invierno, cuando casi nada más está en flor. En zonas costeras suaves puede empezar en octubre. Ese es su gran argumento: es de los pocos arbustos que dan flor abundante en enero sin ningún cuidado especial.
Tras la floración vienen los frutos: drupas ovoides de unos 6 mm que pasan de verde a un azul metálico oscuro casi negro, con un brillo iridiscente muy característico. Ese color no se debe a pigmentos azules, sino a la estructura de la pared celular de la piel del fruto, que refleja la luz azul; es uno de los pocos casos de color estructural conocidos en frutos. Maduran entre finales de verano y otoño, y son alimento de mirlos, currucas y otros pájaros que dispersan las semillas. No son comestibles para las personas: contienen viburnina y otros compuestos que en cantidad provocan trastornos digestivos.
Dónde plantarlo: hojas quemadas en agosto, sin flor en enero
El durillo tolera el sol pleno, pero tolerar no es preferir. En el interior peninsular, con veranos de 38-40 °C y aire seco, un durillo a pleno sol de tarde acaba con las hojas mates, algo amarillentas, quemadas por los bordes y con floración pobre. En el mismo jardín, uno plantado en semisombra o con sombra de tarde estará verde oscuro, denso y lleno de corimbos en enero.
La regla práctica: en la costa mediterránea y el norte, sol directo sin problema; en Madrid, Zaragoza, Sevilla, Córdoba o Badajoz, semisombra o sombra de mediodía. Es un excelente candidato para esas zonas del jardín orientadas al norte o al este donde poco más funciona, o para plantar bajo la copa alta de pinos o encinas, que es exactamente su hábitat natural.
Aguanta bien el ambiente marino, incluida cierta salinidad, y tolera la contaminación urbana, lo que explica su presencia masiva en medianas y jardines de ciudad.
Suelo y plantación
Es poco exigente en cuanto a tipo de suelo y vive sin problema en terrenos calizos, algo que no puede decirse de muchos arbustos de flor. Lo que sí necesita es drenaje: en suelos arcillosos compactados que se encharcan en invierno, la raíz se asfixia y aparece la podredumbre. Si tu tierra es pesada, planta sobre un caballón ligeramente elevado y mezcla la tierra de relleno con arena gruesa y compost, en vez de cavar un hoyo profundo que actuará como una bañera.
La mejor época de plantación en España es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce durante el invierno y afronte el primer verano con el sistema radicular ya establecido. La segunda opción es finales de invierno, en febrero o marzo. Evita plantar en mayo o junio salvo que puedas regar con constancia.
Para setos, la distancia habitual es de 60 a 80 cm entre plantas. Poner más juntas no acelera el cierre del seto de forma útil: solo aumenta la competencia y hace que las matas se desnuden por abajo antes.
Riego: ni desierto ni charco
Aquí está la segunda creencia que conviene matizar. Se dice que el durillo es "resistente a la sequía" porque es mediterráneo. Lo es una vez establecido y en su sitio adecuado, pero un ejemplar joven o uno plantado a pleno sol en clima continental necesita agua regular. En su hábitat natural crece en las zonas más frescas y húmedas del monte mediterráneo, no en el secarral.
Orientación práctica para un ejemplar en tierra:
Primer y segundo año: riego cada 3-4 días en verano, semanal en primavera y otoño, y prácticamente nada en invierno si llueve.
A partir del tercer año: en la costa y el norte puede pasar el verano casi sin riego; en el interior, un riego abundante cada 8-12 días en julio y agosto lo mantendrá presentable.
En maceta cambia todo: el cepellón se seca rápido y necesita riego cada 2-3 días en verano. Comprueba siempre la humedad a 3-4 cm de profundidad antes de regar en lugar de seguir un calendario rígido. Los síntomas de exceso y de falta de agua se parecen (hojas mustias y amarillentas), así que el dedo en la tierra es más fiable que el ojo.
Abonado
No es una planta glotona. En jardín, basta con una aportación de compost o estiércol bien fermentado en superficie a finales de invierno, sobre el alcorque, unos 3-4 cm de espesor. Eso mejora la estructura del suelo, alimenta lentamente y conserva humedad.
Si buscas floración más abundante, un abono de liberación lenta para plantas de flor aplicado en febrero-marzo y de nuevo en septiembre funciona bien. Evita los fertilizantes muy nitrogenados: producen brotes largos, blandos y verdes que son un imán para el pulgón, y a cambio dan menos flor.
En maceta sí conviene abonar, con abono líquido cada 15 días de marzo a octubre, siguiendo la dosis del envase o algo por debajo.
Poda: menos de lo que crees, y en el momento justo
El durillo tiene un porte naturalmente compacto y equilibrado, así que como ejemplar aislado apenas necesita poda. Basta con retirar ramas secas, cruzadas o dañadas.
El punto crítico es el calendario. El durillo forma los botones florales durante el verano y el otoño para abrir en invierno. Si lo recortas en septiembre u octubre, como se hace rutinariamente con muchos setos, estás cortando la floración entera. Es el motivo por el que tantos setos de durillo urbanos no florecen nunca y la gente concluye que "esa variedad no da flor".
El momento correcto es justo después de la floración, entre abril y mayo. Ahí puedes recortar con confianza: rebrota bien y le queda todo el verano para formar los botones del invierno siguiente. Si el seto necesita un segundo repaso ligero, hazlo en junio como muy tarde.
Tolera bien la poda severa. Un ejemplar viejo y desnudo por abajo se puede rejuvenecer cortando los tallos principales a 40-50 cm del suelo en marzo; rebrotará desde la base, aunque tardará dos temporadas en volver a estar presentable.
Plagas: la mosca blanca del durillo
Su plaga característica es la mosca blanca del durillo (Aleurotuba jelinekii), muy específica de esta planta. Se reconoce por unas costras blancas cerosas y circulares en el envés de las hojas, que muchos confunden con hongos o con cochinilla. Al sacudir la rama se levanta una nube de moscas blancas diminutas. Provoca amarilleo, debilitamiento y melaza pegajosa sobre la que crece la negrilla (fumagina), ese polvillo negro que ennegrece las hojas.
El control razonable es escalonado: primero lavados a presión moderada con la manguera en el envés, que arrastran buena parte de las larvas; después jabón potásico (unos 10-20 ml por litro) o aceite de neem, aplicados al atardecer y repetidos cada 7-10 días durante tres semanas, siempre mojando bien el envés, que es donde vive el bicho. Los tratamientos por el haz no sirven de nada. Las trampas cromáticas amarillas ayudan a controlar la población de adultos y a saber cuándo actúa.
También pueden aparecer pulgones en la brotación de primavera (mismo tratamiento con jabón potásico), cochinilla algodonosa en plantas muy densas y poco aireadas, y araña roja en veranos secos, sobre todo en ejemplares estresados por falta de riego. La araña roja es señal de que la planta está sufriendo: corregir el riego y el emplazamiento suele resolver más que cualquier acaricida.
Enfermedades
Casi todos los problemas fúngicos del durillo tienen la misma raíz: exceso de agua o mala ventilación.
El oídio aparece como un polvo blanco harinoso sobre las hojas jóvenes en primaveras húmedas y templadas; se controla aclarando ramas para dar aire y, si hace falta, con azufre mojable (nunca por encima de 28-30 °C, porque quema).
Las manchas foliares por hongos como Phoma u Ovularia producen rodales pardos con borde oscuro. Retira y destruye las hojas afectadas, no las eches al compost.
La podredumbre de raíz por Phytophthora es la única realmente grave: la planta se marchita de golpe pese a tener la tierra húmeda, y las raíces aparecen oscuras y blandas. No tiene cura práctica en jardín. Se previene con drenaje y no regando en exceso.
Multiplicación
El método fácil y fiable es el esqueje semileñoso de verano. En julio o agosto, corta trozos de 10-15 cm de brotes del año que ya empiecen a endurecerse, elimina las hojas de la mitad inferior y recorta a la mitad las dos hojas superiores para reducir la transpiración. Aplica hormonas de enraizamiento en la base, planta en una mezcla a partes iguales de turba y perlita, y mantén en semisombra con humedad ambiental alta, bajo un plástico o campana con aireaciones diarias. Enraízan en 6-8 semanas con un porcentaje de éxito alto.
Por semilla es mucho más lento. Las semillas de Viburnum tienen latencia doble: necesitan primero un periodo cálido para que se desarrolle la raíz y después uno frío para que emerja el tallo, de modo que pueden tardar más de un año en germinar del todo. Si aun así quieres probar, siembra los frutos maduros y limpios de pulpa en otoño, en una maceta a la intemperie, y ten paciencia.
El acodo bajo también funciona muy bien: dobla una rama baja hasta el suelo en primavera, entierra un tramo tras haber raspado ligeramente la corteza, sujétalo con una piedra y sepáralo al otoño siguiente cuando haya enraizado.
Resistencia al frío y al calor
Viburnum tinus resiste hasta unos -10 °C en ejemplares adultos y bien establecidos, aunque por debajo de -6 o -7 °C puede sufrir daños en el follaje y en las flores abiertas. Eso lo hace apto para casi toda la España peninsular salvo zonas de montaña y páramos muy fríos, donde una helada fuerte con viento puede quemar toda la planta.
En el otro extremo, aguanta el calor si tiene sombra y algo de agua, pero la combinación de sol directo intenso, aire seco y sequía es lo que peor lleva. En el sur peninsular, plantarlo a media sombra no es un capricho estético: es lo que decide si prospera.
Variedades que merecen la pena
'Eve Price' es la más recomendable para jardines pequeños: más compacta que la especie, con hojas menores y capullos de un rosa muy intenso que contrasta con la flor blanca. Rara vez pasa de 2 metros.
'Gwenllian' es densa, florífera y buena fructificadora, con muchos frutos azules.
'Lucidum' tiene hojas mayores y más brillantes y crece más, hasta 4-5 metros; es la mejor para setos altos y pantallas visuales, pero es algo menos resistente al frío que la especie tipo.
'Variegatum', con hojas marginadas de crema, es vistosa pero claramente más delicada: crece menos, sufre más con el frío y necesita sombra en verano.
Para qué usarlo en el jardín
Es un seto informal excelente, sobre todo si prefieres uno que florezca a uno rígidamente recortado. También funciona muy bien como pantalla visual perenne, como planta de relleno en macizos mixtos, como ejemplar aislado en jardines pequeños y como planta de sotobosque bajo árboles caducos.
En maceta grande, de al menos 40-50 litros, se comporta bien en terrazas y patios interiores con luz indirecta, con la salvedad de que necesitará riego y abonado más constantes, y trasplante cada 3-4 años.
Un uso poco explotado: por su floración invernal, es una fuente de néctar valiosa para abejas y otros polinizadores en los días templados de enero y febrero, cuando el jardín no ofrece casi nada. Los frutos, además, alimentan a la fauna en otoño. Al valor ornamental se le suma así un trabajo ecológico real.
En resumen
El durillo es un arbusto perenne mediterráneo, autóctono de España, que florece en pleno invierno y da frutos de un azul metálico llamativo. Es tolerante y longevo, pero no indestructible: agradece semisombra en el interior peninsular, exige drenaje, necesita riego real durante sus dos primeros años y solo debe podarse después de la floración, en abril o mayo, porque si lo recortas en otoño le cortas la flor. Su plaga propia es la mosca blanca del durillo, que se combate mojando el envés de las hojas con jabón potásico o neem de forma repetida. Puesto en su sitio y con esos cuatro detalles resueltos, es de los arbustos que menos trabajo dan y más devuelven en la peor época del año.