Hay plantas que se cultivan por bonitas y plantas que se cultivan porque resuelven problemas. El Elaeagnus pertenece al segundo grupo, y por eso lleva décadas apareciendo en cortavientos, setos de separación, taludes y jardines de costa donde casi nada más aguanta. Es de esas plantas que el aficionado descubre tarde y que, una vez conocida, acaba recomendando a todo el mundo que tenga un rincón difícil.
Una precisión de partida sobre el nombre, porque se escribe mal constantemente: el género correcto es Elaeagnus, con la "a" antes de la "e". La forma "Eleagnus" está tan extendida que casi se ha normalizado, pero conviene saber cuál es la buena si vas a buscar información fiable.
Qué es el Elaeagnus
Elaeagnus es un género de la familia Elaeagnaceae con unas 50-70 especies de árboles y arbustos, la mayoría originarios de Asia y algunas de Europa y Norteamérica. Lo que las une es un rasgo muy característico: toda la planta está cubierta de escamas o pelos plateados o dorados, sobre todo en el envés de las hojas y en los brotes jóvenes. Ese revestimiento no es decorativo por casualidad: es un mecanismo de defensa contra la deshidratación y la insolación, y es la razón de que el género aguante tan bien la sequía y el viento salino.
Hay especies caducas y perennes, espinosas e inermes, y de porte que va desde el arbusto compacto hasta el arbolillo de ocho metros. Las flores son pequeñas, tubulares, colgantes, de un blanco crema o amarillento, y aunque pasan desapercibidas a la vista, tienen un perfume intenso y dulce, con notas de azahar y miel, que se percibe a varios metros. Es una de sus mejores bazas y la que menos se menciona en las etiquetas de vivero.
El fruto es una drupa oval, harinosa o jugosa según la especie, y comestible en casi todas ellas.
La virtud oculta: fija nitrógeno
Aquí está la característica que convierte al Elaeagnus en algo más que un arbusto duro. Sus raíces forman nódulos en simbiosis con la bacteria Frankia, un actinomiceto capaz de fijar nitrógeno atmosférico y ponerlo a disposición de la planta.
Es el mismo principio de las leguminosas, pero con otro socio bacteriano. Se llaman plantas actinorrícicas, y el género Elaeagnus es uno de los ejemplos más eficaces. Las consecuencias prácticas son tres, y todas importantes:
Vive en suelos pobrísimos. Terrenos de relleno, taludes de obra, arenales, suelos degradados sin materia orgánica. Donde otras plantas amarillean de hambre, el Elaeagnus se fabrica su propio nitrógeno.
Apenas necesita abono. Fertilizarlo con nitrógeno no solo es innecesario, es contraproducente: inhibe la nodulación y produce crecimiento blando.
Mejora el suelo a su alrededor. Parte del nitrógeno fijado acaba en el suelo vía hojarasca y renovación de raíces. En permacultura y en agroforestería se usa deliberadamente como planta acompañante junto a frutales, y hay experiencias que muestran incrementos apreciables de producción en árboles vecinos.
Las especies que se cultivan en España
Elaeagnus angustifolia, el árbol del paraíso u olivo de Bohemia. Es la más plantada y la única del género que se comporta como árbol de verdad: caduco, de 5 a 8 metros, con ramas espinosas, corteza pardo-rojiza y hojas estrechas, lanceoladas, de un gris plateado que recuerda mucho al olivo, de ahí uno de sus nombres. Florece en mayo y junio con una fragancia extraordinaria, y da frutos ovales amarillentos y harinosos en otoño. Es originaria de Asia central y el Cáucaso. Su gran mérito: resiste sequía extrema, frío intenso, salinidad del suelo y viento. Se ha usado masivamente en repoblaciones de zonas áridas y en cortavientos agrícolas del valle del Ebro y de La Mancha.
Elaeagnus × submacrophylla, conocida en todos los viveros como Elaeagnus × ebbingei. Es un híbrido entre E. macrophylla y E. pungens, perenne, de 3 a 4 metros, sin espinas o casi, de crecimiento rápido y follaje denso: hojas grandes, coriáceas, verde oscuro brillante por el haz y plateadas con puntitos pardos por el envés. Florece en otoño, entre octubre y noviembre, cuando casi nada más lo hace, con ese perfume que sorprende a todo el que pasa cerca sin saber de dónde viene. Es la mejor opción para setos perennes y la más plantada en jardinería moderna.
Elaeagnus pungens, perenne, de hojas onduladas y ramas espinosas, muy usada en su forma variegada 'Maculata', con una mancha amarilla central en la hoja que ilumina mucho un rincón sombrío. Ojo con esta: tiende a revertir, es decir, a emitir ramas totalmente verdes que crecen más vigorosas y acaban comiéndose la variegación. Hay que cortar esas ramas verdes en cuanto aparecen, desde la base.
Elaeagnus umbellata, caduca, de 3-5 metros, cultivada sobre todo por su fruto: pequeñas bayas rojas moteadas de plata, muy abundantes, agridulces y con un contenido de licopeno notablemente alto, superior al del tomate. Se ha seleccionado para producción de fruta en algunos países. Con esta especie hay que tener criterio: es invasora agresiva en Norteamérica, y aunque en España no tiene el mismo comportamiento, conviene no plantarla cerca de espacios naturales.
Elaeagnus multiflora o goumi, arbusto caduco de 2-3 metros que da frutos rojos alargados, jugosos y bastante buenos, que maduran en junio. Es la especie del género con mejor fruto para consumo fresco.
Ubicación y clima
Los cuidados del Elaeagnus se resumen en muy poco, pero conviene acertar con el sitio. Prefiere pleno sol, donde crece más compacto y florece mejor, aunque E. × submacrophylla y E. pungens toleran bien la semisombra. Solo las formas variegadas necesitan luz abundante para conservar el contraste de color.
Es excelente para jardines de costa. Tolera el viento salino y la salpicadura de mar mejor que la mayoría de arbustos ornamentales, lo que lo convierte en un cortavientos de primera línea en el litoral mediterráneo y atlántico. También aguanta la contaminación urbana sin inmutarse.
En cuanto al frío, E. angustifolia resiste por debajo de -25 °C, lo que la hace apta para cualquier punto de España, incluida la meseta y la montaña. E. × submacrophylla aguanta en torno a -12 a -15 °C, suficiente para casi toda la península salvo zonas muy frías, donde puede sufrir daños en hoja.
Suelo
Es indiferente. Crece en suelos calizos, ácidos, arenosos, pedregosos, pobres y salinos. Su única exigencia real es el drenaje: no tolera el encharcamiento prolongado, y en suelos arcillosos que retienen agua en invierno puede pudrirse el cuello de la raíz.
Conviene insistir en algo que la gente hace mal por buena voluntad: no le prepares un hoyo lleno de estiércol y turba. Un Elaeagnus plantado en tierra rica crece demasiado rápido, se ahíla y pierde la compacidad plateada que lo hace bonito. Con la tierra del sitio, mezclada con algo de arena si es pesada, va sobrado.
Riego
Riego regular el primer año, cada 4-5 días en verano, para que enraíce. A partir del segundo, E. angustifolia puede vivir sin riego alguno en la mayor parte de España; las especies perennes agradecen un riego cada 10-15 días en los meses más duros, sobre todo si están en seto y compiten entre ellas.
El exceso de agua le sienta mucho peor que la falta. Si una de estas plantas amarillea y se marchita con la tierra húmeda, lo primero que hay que sospechar es asfixia radicular, no sed.
Abonado
Como ya se ha dicho, no hace falta. Si acaso, en setos que se recortan varias veces al año y que por tanto pierden biomasa constantemente, una aportación de compost en superficie a finales de invierno. Nada de nitrogenados de acción rápida.
Poda
Tolera la poda muy bien, incluso severa, y rebrota de madera vieja sin problema, lo que permite rejuvenecer ejemplares descuidados cortando a un tercio de su altura en febrero.
Para setos de E. × submacrophylla, dos recortes al año bastan: uno a finales de primavera, en mayo o junio, y otro en verano. Si quieres disfrutar del perfume otoñal, no recortes en septiembre, porque te llevarás por delante los botones florales. Este es el fallo más común con esta planta: se la trata como un seto cualquiera, se recorta al final del verano y luego el propietario no entiende por qué la suya nunca huele.
Para E. angustifolia formada como árbol, poda de formación en los primeros años para levantar la copa y después solo limpieza. Hay que hacerlo con guantes gruesos: sus espinas son largas y duras.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso en verano, de julio a agosto, con trozos de 10-15 cm, hormonas de enraizamiento y sustrato de turba y perlita en ambiente húmedo. Los Elaeagnus perennes enraízan con facilidad moderada; los caducos son algo más reacios.
Por semilla, en el caso de E. angustifolia: se limpian los frutos maduros de otoño y se estratifican en frío durante unos tres meses a 4 °C antes de sembrar en primavera. También germinan bien sembrando directamente en otoño al aire libre.
El acodo de ramas bajas funciona muy bien en los arbustivos y es el método más sencillo para el aficionado.
Plagas y enfermedades
Es una planta notablemente sana. Puede aparecer cochinilla en ejemplares muy densos o en ambientes cerrados, controlable con aceite de parafina en invierno o jabón potásico en temporada, y ocasionalmente pulgón en la brotación tierna.
El problema más serio, aunque poco frecuente, es la verticilosis, que provoca la muerte súbita de ramas enteras y no tiene tratamiento; se evita no plantando en suelos donde haya habido cultivos susceptibles y evitando el estrés hídrico y las heridas en raíz.
En setos muy compactos y mal ventilados pueden aparecer manchas foliares fúngicas; se corrigen aclarando y mejorando la circulación de aire.
Los frutos: comestibles y aprovechables
Los frutos de todas las especies citadas son comestibles. Los de E. angustifolia son secos y harinosos, dulces pero de textura poco agradable en fresco; en Asia central se consumen secos, molidos en harina o en compotas. Los de E. multiflora y E. umbellata son jugosos y bastante mejores, con un punto ácido y astringente que desaparece cuando están del todo maduros.
Un consejo práctico: si los pruebas antes de tiempo te parecerán detestables por la astringencia. Hay que esperar a que estén completamente blandos y de color pleno; el cambio de sabor en los últimos días de maduración es enorme.
Dónde usarlo en el jardín
Setos y pantallas. Es su uso estrella. E. × submacrophylla plantado a 80 cm-1 m entre plantas da un seto perenne, denso, opaco y sano en tres o cuatro años, con la ventaja del perfume otoñal.
Cortavientos. En parcelas expuestas, en el campo o en primera línea de costa, es de las mejores especies disponibles.
Taludes y suelos imposibles. Sujeta terreno, no pide nada y mejora el suelo mientras crece.
Contraste de color. El follaje gris plateado de E. angustifolia combina muy bien con verdes oscuros y con flores de tonos cálidos, y es un recurso clásico en jardines de tipo mediterráneo seco.
Jardín comestible. Como fijadora de nitrógeno productora de fruta, encaja perfectamente en diseños de bosque comestible junto a frutales.
Una advertencia final de responsabilidad: Elaeagnus angustifolia tiene capacidad de naturalizarse y se ha asilvestrado en riberas y zonas alteradas de varias regiones españolas, donde puede desplazar vegetación autóctona. Si tu parcela linda con un río, una rambla o un espacio natural, es más prudente elegir E. × submacrophylla, cuya condición híbrida limita mucho su reproducción por semilla, o directamente optar por una especie autóctona equivalente.
En resumen
Elaeagnus es un género de arbustos y arbolillos plateados que resisten sequía, viento salino, frío y suelos pobres, y que además fijan nitrógeno gracias a la bacteria Frankia, con lo que se alimentan solos y mejoran el terreno. Para seto perenne y perfumado, la opción es E. × submacrophylla (el "ebbingei" de vivero); para árbol resistente a la aridez extrema, E. angustifolia; para fruta, E. multiflora. Los cuidados se resumen en sol, drenaje, riego el primer año y nada de abono nitrogenado. El único error que hay que evitar de forma consciente es recortar el seto a final de verano, porque se pierde la floración otoñal, que es lo mejor que tiene la planta.