Pocos árboles despiertan opiniones tan encontradas como el eucalipto. Para la industria forestal es un cultivo rentable e imprescindible; para buena parte del movimiento ecologista, un problema; para el jardinero, una planta de crecimiento vertiginoso, follaje azulado y aroma inconfundible que muchas veces se planta sin medir las consecuencias.
La verdad es que hay motivos para las tres posturas, y separar los datos de los tópicos es más útil que tomar partido. Este artículo repasa qué es exactamente un eucalipto, para qué sirve, cuándo tiene sentido plantarlo en un jardín y cuándo es una decisión que se acaba lamentando.
Origen y características del eucalipto
Eucalyptus es un género de la familia Myrtaceae con unas 700 a 800 especies, casi todas endémicas de Australia y Tasmania, con unas pocas en Nueva Guinea, Timor y Filipinas. Es el género dominante de la vegetación australiana: ocupa desde los desiertos del interior hasta las montañas alpinas y los bosques húmedos del sureste.
El nombre viene del griego eu (bien) y kalyptos (cubierto), y describe la característica más singular del género: la flor no tiene pétalos visibles. Sépalos y pétalos están fusionados en una tapadera llamada opérculo, que se desprende de golpe cuando la flor abre y deja al descubierto un penacho de estambres largos y numerosos, blancos, crema, amarillos, rosas o de un rojo intenso según la especie. El fruto es una cápsula leñosa, el llamado "botón" del eucalipto, que se abre por valvas para soltar semillas diminutas.
Otra particularidad clave es la heterofilia: la hoja juvenil y la adulta son tan distintas que parecen de plantas diferentes. La juvenil es opuesta, sésil o casi, redondeada u ovalada, y a menudo cubierta de una cera glauca que le da ese azul plateado tan apreciado en floristería. La adulta es alterna, lanceolada, falcada, de color verde más oscuro y, sobre todo, cuelga en vertical del pecíolo. Esa orientación no es casual: reduce drásticamente la superficie expuesta al sol del mediodía y limita la pérdida de agua, y es también la razón de que un eucaliptal dé tan poca sombra.
Toda la planta está impregnada de aceites esenciales volátiles almacenados en glándulas translúcidas de la hoja, que se ven al trasluz como puntitos. Ese aroma es su defensa química frente a herbívoros y patógenos, y también uno de los factores que explican la alta inflamabilidad de los eucaliptales.
Su otro rasgo característico es la corteza, que varía enormemente entre especies: lisa y exfoliante en tiras que dejan el tronco moteado en blanco, gris, ocre y verde, o persistente, fibrosa y agrietada. En Eucalyptus deglupta, el llamado eucalipto arcoíris, la corteza recién expuesta es verde y va oxidando a azul, morado, naranja y granate, formando un mosaico espectacular.
Y luego está el crecimiento. Los eucaliptos son los árboles de crecimiento más rápido del mundo entre los de porte forestal: en buenas condiciones, un Eucalyptus globulus puede superar los 2 metros anuales durante sus primeros años. Eucalyptus regnans, de Tasmania, es la planta con flor más alta del planeta, con ejemplares medidos por encima de los 100 metros.
Principales especies
Eucalyptus globulus, eucalipto blanco o común. El más plantado en el norte de España. Tronco liso que se exfolia en grandes tiras, hoja juvenil azulada muy decorativa y hoja adulta falcada de hasta 30 cm. Alcanza 40-50 m. Es el eucalipto de la industria papelera y el de mayor contenido de aceite esencial. Aguanta hasta unos -6 u -8 °C y prefiere suelos ácidos y húmedos.
Eucalyptus camaldulensis, eucalipto rojo. El más extendido en la Australia seca y el que se plantó en el suroeste español, sobre todo en Huelva. Mucho más tolerante a la sequía, al calor y a los suelos pobres y algo calizos, con un porte más abierto y ramas retorcidas. En su tierra crece en las riberas de ríos estacionales.
Eucalyptus nitens. Se ha ido imponiendo en Galicia y Asturias sobre E. globulus por su mayor tolerancia al frío (hasta -8 o -10 °C) y su resistencia al gorgojo defoliador. Permite plantar en zonas de interior donde el globulus se helaba.
Eucalyptus gunnii, eucalipto de la sidra. El más importante para jardinería. Es el más rústico de los de uso corriente, resistiendo hasta -14 o -15 °C. Su follaje juvenil, redondeado y de un azul plateado intenso, es el que se vende en floristería. Existe el cultivar 'Azura', seleccionado por su porte compacto y su resistencia al frío, mucho más manejable en un jardín pequeño.
Eucalyptus cinerea, dólar de plata. Follaje juvenil casi circular, plateado y muy persistente. Se cultiva casi exclusivamente por su hoja para arreglos florales, recepándolo cada año.
Eucalyptus pauciflora subsp. niphophila, eucalipto de las nieves. Especie alpina australiana y la más resistente al frío del género, hasta -18 o -20 °C. Porte pequeño y retorcido, corteza jaspeada muy decorativa. Es la mejor opción para el interior peninsular frío.
Corymbia citriodora (antes Eucalyptus citriodora), eucalipto limón. De tronco blanquísimo y liso y hojas con un intenso aroma a citronela. Solo apto para zonas sin heladas fuertes. Un apunte taxonómico útil: en 1995 se segregó del género Eucalyptus un grupo de unas cien especies, los Corymbia, así que muchas plantas que se siguen vendiendo como eucaliptos pertenecen hoy a ese otro género.
Corymbia ficifolia, eucalipto de flor roja. El más ornamental de todos, con floración masiva de un rojo escarlata o rosa intenso en verano y un porte contenido de 8-10 m. Necesita clima suave y drenaje excelente, y va bien en el litoral mediterráneo y Canarias.
Usos medicinales del eucalipto
El aceite esencial de Eucalyptus globulus tiene como componente principal el 1,8-cineol o eucaliptol, que puede suponer entre el 60 y el 85 % del total. Su uso tradicional en afecciones respiratorias está reconocido por las autoridades europeas del medicamento como uso tradicional bien establecido: se emplea en inhalaciones de vapor, ungüentos pectorales y caramelos para aliviar la tos y la congestión de los catarros comunes.
Ahora bien, conviene ser preciso con las advertencias, porque el aceite esencial de eucalipto es un producto potente y no un remedio inocuo:
No debe aplicarse en la cara ni cerca de las fosas nasales de bebés y niños pequeños, porque el cineol puede provocar espasmo de glotis y depresión respiratoria. La recomendación habitual es no usarlo en menores de 6 años, y en ningún caso en menores de 2.
No se ingiere puro. Cantidades del orden de unos pocos mililitros de aceite esencial son tóxicas y pueden causar convulsiones y coma.
Está contraindicado en personas con asma o hiperreactividad bronquial, en las que la inhalación puede desencadenar broncoespasmo, y no se recomienda durante el embarazo ni la lactancia.
La infusión de hojas y los vahos caseros son mucho más suaves que el aceite esencial concentrado, pero incluso ahí conviene moderación. Y una idea que hay que descartar: el eucalipto no cura ni previene infecciones respiratorias; alivia síntomas.
Otro producto interesante es la miel de eucalipto, oscura, densa y de sabor fuerte, muy común en el norte de España y en Huelva, apreciada por los apicultores porque el eucalipto florece en épocas en que hay poco más disponible.
Industria maderera y papelera
Este es el uso que explica la presencia masiva del eucalipto en España. Eucalyptus globulus tiene una fibra corta de altísimo rendimiento en pasta kraft, ideal para papeles de impresión, higiénicos y tisú, y su crecimiento permite turnos de corta de 12 a 15 años, frente a los 30-40 de un pino o los 80-120 de un roble. Esa combinación de velocidad y calidad de fibra no la iguala ninguna especie templada.
En España se concentra sobre todo en Galicia, Asturias y Cantabria (principalmente E. globulus y E. nitens) y en el suroeste, en Huelva (E. camaldulensis), sumando varios cientos de miles de hectáreas. Galicia es, con diferencia, la comunidad con mayor superficie.
Como madera de sierra tiene limitaciones: las tensiones de crecimiento son altas y la madera se raja y se deforma al secar, lo que exige aserrado y secado cuidadosos. Aun así, se usa para tableros, palés, postes, tarima y, en Australia, para carpintería estructural de calidad.
El eucalipto tiene además una ventaja silvícola notable: rebrota vigorosamente de cepa tras la corta, gracias a los lignotubérculos y a las yemas epicórmicas protegidas bajo la corteza. Esto permite dos o tres turnos sucesivos sin replantar, y es también lo que hace tan difícil eliminarlo una vez instalado.
¿Sirve para reforestar?
Esta es la pregunta donde más confusión hay, y la respuesta honesta es no, o al menos no en el sentido en que la gente entiende la palabra.
Plantar eucaliptos es establecer un cultivo forestal: una masa monoespecífica, coetánea, de turno corto y destinada a la corta. Restaurar un ecosistema forestal es otra cosa. Un eucaliptal alberga una fracción muy pequeña de la biodiversidad de un robledal o un castañar, tiene un sotobosque empobrecido y no cumple las funciones ecológicas de un bosque nativo. Ambos usos son legítimos; confundirlos no.
Sobre los reproches habituales, conviene matizar cada uno:
"Seca los acuíferos". Exagerado en la forma, cierto en el fondo. El eucalipto no consume más agua por kilo de biomasa que otras especies (de hecho su eficiencia en el uso del agua es buena), pero al producir muchísima más biomasa por hectárea y año, el consumo total por superficie sí es muy alto. Diversos estudios de cuencas han medido reducciones apreciables del caudal base tras la sustitución de vegetación autóctona por eucaliptal. Es un efecto de escala, no de fisiología perversa.
"Provoca incendios". El eucalipto no genera fuego, pero sí aumenta la intensidad y la propagación del que ya existe: los aceites esenciales volátiles, la acumulación de hojarasca poco degradable y, sobre todo, las tiras de corteza colgante que se desprenden ardiendo y son transportadas por el viento generan focos secundarios a gran distancia. En un incendio de intensidad media a alta, un eucaliptal se comporta mucho peor que un robledal o un castañar. Y su capacidad de rebrote tras el fuego le da ventaja frente a las especies autóctonas en la recuperación posterior.
"Empobrece el suelo" y "no crece nada bajo él". Hay evidencia de efectos alelopáticos de sus compuestos foliares sobre la germinación de otras plantas, sumados a la sombra, la competencia por el agua y una hojarasca de descomposición lenta y ácida. El resultado práctico es un sotobosque escaso.
El contexto normativo. Estas preocupaciones han tenido consecuencias: la Xunta de Galicia aprobó en 2021 una moratoria a las nuevas plantaciones de eucalipto, posteriormente prorrogada, y varias comunidades han restringido su expansión. Antes de plantar en suelo rústico, conviene informarse de la normativa autonómica y municipal vigente.
El eucalipto como planta ornamental
Fuera del contexto forestal, algunos eucaliptos son plantas de jardín valiosas, sobre todo por su follaje azul plateado, su aroma, su corteza y su velocidad de establecimiento. Pero hay que elegir la especie con criterio y tener en cuenta un par de advertencias serias.
La primera es el tamaño. Un E. globulus plantado junto a una casa es un error garantizado: en veinte años tendrá 25 metros y raíces por debajo del cimiento. Para jardín particular, las especies razonables son E. gunnii (mejor el cultivar 'Azura'), E. cinerea, E. pauciflora subsp. niphophila y Corymbia ficifolia.
La segunda es la caída súbita de ramas. Los eucaliptos adultos son conocidos por desprender ramas grandes y aparentemente sanas sin viento, típicamente en días muy calurosos de verano. Es un fenómeno documentado y peligroso. No plantes un eucalipto de gran porte sobre una zona de estancia, un aparcamiento o un camino.
La tercera son las raíces, extensas y agresivas, que buscan agua y dañan conducciones, alcantarillado, soleras y muros. Distancia mínima recomendable a edificaciones para especies grandes: 15-20 metros.
Ubicación
Sol pleno, siempre. Ningún eucalipto tolera la sombra: se estira, se debilita y pierde el color azulado del follaje. Además necesita aire y espacio; no funciona plantado entre otros árboles.
Conviene resguardarlo de vientos dominantes fuertes, sobre todo en sus primeros años, porque su gran velocidad de crecimiento produce una parte aérea desproporcionada respecto a la raíz y los ejemplares jóvenes vuelcan con facilidad.
Tierra
Prefieren suelos ácidos o neutros (pH 5,0-6,5), profundos y bien drenados. E. globulus y la mayoría son sensibles a la caliza activa y desarrollan clorosis férrica en suelos calcáreos. Las excepciones relativas son E. camaldulensis, que tolera suelos algo básicos, y E. gunnii, que aguanta mejor que otros.
No exigen fertilidad: crecen bien en suelos pobres y pedregosos. Lo que no soportan es el encharcamiento prolongado, que provoca podredumbre de raíz.
Un consejo de plantación que marca la diferencia: planta ejemplares pequeños, de maceta de 1 a 3 litros y no más de 50-80 cm de altura. Los eucaliptos enrollan rápidamente las raíces en el contenedor y un ejemplar grande de vivero suele tener el cepellón espiralizado, lo que se traduce en un árbol mal anclado que acaba volcando con el primer temporal. Un plantón pequeño alcanza y adelanta a uno grande en tres o cuatro años. Y no lo entutores durante años: un tutorado prolongado impide que el tronco engorde y desarrolle madera de reacción.
Riego
Durante el primer y el segundo año, riegos regulares y profundos, semanales en verano. A partir del tercero, la mayoría de las especies son notablemente resistentes a la sequía y no requieren riego en el norte peninsular. En zonas secas y calurosas, un riego profundo mensual en verano mantiene el árbol en buen estado.
En maceta la historia es distinta: consumen mucha agua, se secan rápido y necesitan un contenedor grande y riego frecuente. El cultivo en maceta de un eucalipto solo es viable como planta de follaje recepada cada año.
Abonado
Muy poco. Vienen de suelos australianos extremadamente pobres y no necesitan fertilización para crecer deprisa. Una aportación de compost a finales de invierno los primeros años es suficiente. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos y frágiles, más sensibles al frío y a la rotura por viento, además de aumentar el riesgo de desprendimiento de ramas.
Poda
Para uso ornamental la técnica clave es el recepado o el trasmochado, que además resuelve dos problemas a la vez: controla el tamaño y mantiene el follaje juvenil azulado, que es el que interesa. Un eucalipto sin podar pasa a hoja adulta lanceolada verde y pierde su gracia ornamental.
La forma de hacerlo: a finales del invierno, entre febrero y marzo, corta los tallos a 30-60 cm del suelo (recepado) o a la altura de cabeza deseada (trasmocho). La planta rebrota con fuerza desde las yemas latentes y emite varas nuevas con hoja juvenil. Se repite cada uno o dos años. Con E. gunnii y E. cinerea este manejo funciona indefinidamente.
Si lo que quieres es un árbol, la poda de formación se limita a elevar la cruz y eliminar ramas mal insertadas, siempre cuando las ramas todavía son finas. Los eucaliptos cicatrizan mal los cortes gruesos y los muñones grandes son puerta de entrada a pudriciones.
Multiplicación del eucalipto
Por semilla es lo habitual y lo más sencillo. Las cápsulas se recogen maduras, se secan al sol unos días en una bolsa de papel y liberan la semilla, mezclada con abundante material estéril de aspecto similar. Se siembra en primavera, en superficie o apenas cubierta (es muy fina y necesita luz), en sustrato ligero y estéril, a 18-22 °C. Germina en una o tres semanas. Las especies de montaña, como E. gunnii o E. pauciflora, mejoran su germinación con una estratificación fría de cuatro a seis semanas en nevera dentro de sustrato húmedo.
Los plantones se trasplantan pronto a maceta individual y profunda, porque desarrollan una raíz pivotante rápida que se deforma en contenedores anchos y bajos.
Por esqueje el eucalipto es notoriamente difícil de enraizar, y por eso la propagación clonal comercial se hace mediante micropropagación in vitro o técnicas de esquejado a partir de material rejuvenecido en condiciones industriales. En casa, olvídate del esqueje y siembra.
Rusticidad
Varía muchísimo según la especie, y es lo primero que hay que comprobar antes de comprar:
E. pauciflora subsp. niphophila: hasta -18/-20 °C. E. gunnii: hasta -14/-15 °C. E. nitens: -8/-10 °C. E. globulus: -6/-8 °C. E. camaldulensis: en torno a -6/-7 °C. Corymbia citriodora y C. ficifolia: apenas -2/-3 °C.
Estas cifras corresponden a ejemplares adultos y establecidos. Los plantones jóvenes son bastante más sensibles y conviene protegerlos con acolchado en la base y velo de invernaje los dos o tres primeros inviernos. Si un eucalipto se hiela por completo, no lo arranques hasta mayo: rebrota con frecuencia desde el lignotubérculo, la estructura leñosa subterránea que le sirve de reserva.
Plagas y enfermedades en España
Durante décadas el eucalipto se cultivó aquí prácticamente sin enemigos, precisamente por estar fuera de su área natural. Eso ha cambiado con la llegada de plagas australianas:
Gonipterus (Gonipterus platensis y afines), el gorgojo defoliador del eucalipto, presente desde hace décadas y responsable de defoliaciones severas, especialmente en E. globulus. Se controla biológicamente con el parasitoide Anaphes nitens.
Avispa del eucalipto (Leptocybe invasa), que forma agallas en nervios y peciolos de los brotes jóvenes, deformándolos.
Psílidos como Ctenarytaina eucalypti, que atacan los brotes tiernos y las hojas juveniles, muy visibles en las plantas ornamentales de follaje azulado.
Chancros por hongos del complejo Botryosphaeria y otros, que aparecen sobre árboles estresados por sequía o por heridas de poda.
Como norma general, un eucalipto bien ubicado, con espacio y sin estrés hídrico crónico resiste bien estos problemas. Los ejemplares plantados fuera de sitio son los que acaban enfermando.
En resumen
El eucalipto es un género australiano de crecimiento excepcional, con flores sin pétalos protegidas por un opérculo, hojas juveniles azuladas y adultas colgantes, y aceites esenciales que le dan aroma, valor medicinal y una notable inflamabilidad. Su papel en España es sobre todo industrial, ligado a la pasta de papel en Galicia, la cornisa cantábrica y Huelva, y su expansión está hoy restringida por normativas autonómicas debido a su impacto sobre el agua, la biodiversidad y el régimen de incendios. Plantar eucalipto no es reforestar: es establecer un cultivo.
Como planta de jardín tiene sentido si eliges la especie adecuada, y las razonables son E. gunnii 'Azura', E. cinerea, E. pauciflora subsp. niphophila y Corymbia ficifolia. Pide sol pleno, suelo ácido y drenante, poco abono y riego solo los primeros años, y se maneja mejor recepándolo cada uno o dos años a finales de invierno, lo que además conserva el follaje azulado.
Tres advertencias que conviene no ignorar: planta ejemplares pequeños, porque los grandes de vivero acaban volcando; respeta 15-20 metros de distancia a edificios y conducciones con las especies de porte forestal; y no coloques un eucalipto grande sobre una zona de estancia, por el riesgo real de desprendimiento súbito de ramas en verano.