Hay arbustos que se disfrutan mirándolos y otros que se disfrutan sin verlos. El jazmín de noche pertenece al segundo grupo: de día pasa por un arbusto anodino, de hoja verde clara y flores tubulares insignificantes, y al caer el sol suelta un perfume que cruza el patio entero. En una terraza mediterránea de julio, un solo ejemplar perfuma treinta metros a la redonda.
Quién es y quién no es
Empecemos por deshacer una confusión que arrastra medio vivero: el jazmín de noche no es un jazmín. Su nombre científico es Cestrum nocturnum y pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y la berenjena. Los jazmines verdaderos son del género Jasminum, oleáceas, y no tienen nada que ver con este arbusto salvo el aroma nocturno.
Esa filiación botánica importa por una razón muy concreta: como buena solanácea silvestre, Cestrum nocturnum contiene alcaloides tóxicos en toda la planta, y especialmente en los frutos, unas bayas blancas nacaradas muy vistosas. No es una planta para plantar donde juegan niños pequeños sin más vigilancia, ni conviene tenerla al alcance de perros roedores de todo lo que pillan.
Es originario de las Antillas y de la América tropical, de México al Caribe. En España se ha naturalizado en algunos puntos del litoral mediterráneo y en Canarias, donde se comporta como planta de cultivo asilvestrado. También se le conoce como galán de noche, dama de noche o huele de noche, según la zona.
Características
Es un arbusto perennifolio en clima cálido y semicaducifolio donde el invierno aprieta. Alcanza entre 2 y 4 metros de altura, con ramas largas, flexibles y algo colgantes que le dan un porte desgarbado si no se poda. Las hojas son alternas, simples, lanceoladas, de 6 a 12 cm, de un verde brillante bastante claro.
Las flores se agrupan en cimas en las axilas de las hojas. Son tubos estrechos de 2 a 2,5 cm, de un blanco verdoso apagado, que durante el día permanecen cerrados y prácticamente inodoros. Se abren al anochecer y liberan entonces un perfume dulce y penetrante que se mantiene hasta el amanecer.
La razón de esa costumbre no es poética: es polinización. Sus polinizadores naturales son polillas nocturnas de trompa larga, insectos que localizan la flor por el olor y no por el color, motivo por el cual la flor no ha invertido nada en pétalos llamativos y sí muchísimo en compuestos volátiles. La misma estrategia siguen otras plantas de floración nocturna como el don Diego de noche o la dama de noche verdadera.
En clima peninsular florece desde finales de primavera hasta bien entrado el otoño, y no en una sola tanda: hace varias floraciones sucesivas, con pausas de tres o cuatro semanas entre ellas. Después vienen las bayas blancas, que los pájaros consumen sin problema y que son el principal vector de dispersión de la planta.
Dónde plantarlo
Sol pleno o media sombra. En el sur y en el interior tolera perfectamente el sol directo siempre que tenga agua; en zonas de veranos muy duros agradece unas horas de sombra por la tarde, aunque a plena sombra florece mucho menos.
La decisión importante es dónde exactamente. Al ser una planta que se disfruta por el olfato, lo lógico es situarla cerca de donde se hace vida por la noche: junto a la terraza, al lado de la puerta del jardín o bajo una ventana de dormitorio. Ahora bien, hay que hacer una advertencia honesta: el perfume es muy intenso. A menos de dos o tres metros de una ventana abierta, con la planta en plena floración, hay personas que lo encuentran empalagoso e incluso les provoca dolor de cabeza. Recomiendo plantarlo a media distancia —unos cinco metros del lugar de estancia— y dejar que el aire lo traiga diluido.
Va perfectamente en maceta grande, de 30 litros en adelante, lo que además permite moverla a un lugar resguardado en invierno.
Suelo y riego
No es exigente con el suelo. Vive en tierras francas, arenosas y hasta en calizas moderadas, siempre que drenen bien. Sí agradece un buen aporte de materia orgánica en la plantación: un par de paladas de compost o estiércol maduro mezcladas con la tierra del hoyo.
En maceta, sustrato universal de calidad con un 20 o 30 % de perlita o arena gruesa. Trasplanta cada dos o tres años, en primavera.
El riego debe ser regular en verano: es una planta de origen tropical y con sequía severa detiene la floración y amarillea. En jardín y en clima mediterráneo, dos o tres riegos por semana en pleno verano; en maceta, prácticamente a diario en julio y agosto. En invierno reduce drásticamente, a un riego cada diez o quince días, y menos aún si está fuera y llueve.
Un abonado mensual con abono líquido para plantas de flor de abril a septiembre alarga y densifica la floración. Sin abono florece igual, pero menos.
Poda: lo que casi nadie hace y debería
Aquí está la diferencia entre un galán de noche bonito y uno que parece un matojo. La planta tiende a emitir ramas largas y desnudas que se abren y caen por su propio peso. Si no se interviene, en tres años tienes un arbusto abierto por el centro y con flores solo en las puntas.
Poda a finales de invierno, en febrero o marzo, antes de la brotación. Acorta las ramas del año anterior a un tercio o la mitad de su longitud y elimina las que crezcan hacia dentro. Florece sobre brotes del año, así que la poda no sacrifica flor: al contrario, cada corte genera dos o tres brotes nuevos y por tanto más puntos de floración.
Además, un despunte ligero después de cada tanda de flor, en plena temporada, acelera la siguiente y mantiene la mata compacta. Es un arbusto que responde bien y rápido a la tijera, así que no hay que tenerle miedo.
Frío: su límite real
Este es el punto que decide si puedes tenerlo o no. Cestrum nocturnum resiste heladas ligeras y puntuales de hasta unos -3 °C ya adulto: pierde la hoja, se le secan las ramas jóvenes y rebrota desde la base o desde la madera vieja en primavera. Por debajo de -5 o -6 °C, o con heladas prolongadas, muere.
Eso lo sitúa como planta de exterior sin protección en el litoral mediterráneo, el sur peninsular y Canarias. En el interior de la Península —Madrid, ambas Castillas, Aragón, el valle del Ebro— es viable en maceta que se guarda en un porche o galería fresca durante el invierno, o plantado al pie de un muro orientado al sur, protegido con un buen acolchado sobre la base y un velo de invernadero en las noches frías. En la cornisa cantábrica, con inviernos suaves pero húmedos, suele salir adelante bien.
Si se hiela y las ramas quedan secas, no lo des por muerto en marzo. Espera a mayo: es habitual que rebrote desde el cuello cuando el suelo se calienta. Corta lo seco cuando veas dónde está la madera viva.
Multiplicación
Es de las plantas más agradecidas de reproducir. Por esqueje semileñoso en primavera o principios de verano: trozos de 15 cm de ramas del año, quitando las hojas inferiores y enterrando dos nudos en una mezcla de turba y perlita. Enraízan en tres o cuatro semanas con calor y humedad, incluso sin hormonas. También arraigan esquejes puestos directamente en un vaso de agua.
Por semilla, extrayendo las bayas maduras, limpiándolas de pulpa y sembrando en primavera a 20-22 °C. Germinan bien, pero tarda mucho más en alcanzar tamaño de floración.
Problemas habituales
Es una planta sana. Las incidencias más comunes son la mosca blanca —lógica en una solanácea, se instala en el envés de las hojas y se combate con jabón potásico y trampas cromáticas amarillas— y el pulgón en los brotes tiernos de primavera. La araña roja aparece solo en ambientes muy secos y calurosos.
Si las hojas amarillean de forma generalizada en verano, sospecha primero de falta de riego; si amarillean con los nervios verdes, de clorosis por suelo demasiado calizo, corregible con quelato de hierro. Y si no florece pese a estar sana, casi siempre es por falta de sol o por exceso de abono nitrogenado, que produce mucha hoja y poca flor.
En resumen
Cestrum nocturnum es una solanácea, no un jazmín, y sus bayas blancas son tóxicas: tenlo presente antes de plantarlo. A cambio, ofrece un perfume nocturno excepcional durante media temporada, con varias floraciones sucesivas de finales de primavera a otoño. Quiere sol, riego regular en verano, drenaje y una poda anual de acortamiento a finales de invierno que es lo que marca la diferencia entre un arbusto denso y un matojo desmadejado. Su límite es el frío: sin protección, solo por encima de unos -3 °C. Y plántalo a cierta distancia de las ventanas, porque de cerca el aroma abruma.