En los paseos marítimos de Canarias, Málaga o Alicante hay árboles altísimos, estrechos como columnas y curiosamente inclinados hacia un lado. Son Araucaria columnaris, el pino de Cook. Su silueta se reconoce a la primera y, aun así, arrastra un error de etiquetado tenaz: buena parte de lo que se vende como "pino de Norfolk" es en realidad esta especie.
Tiene además una peculiaridad biológica que no comparte prácticamente ningún otro árbol: se inclina siempre en la misma dirección, y esa dirección depende de en qué punto del planeta esté plantado.
Qué es y de dónde viene
Araucaria columnaris pertenece a la familia Araucariaceae, un linaje de coníferas muy antiguo que ya existía en el Jurásico y que hoy sobrevive de forma dispersa en el hemisferio sur. Es importante aclararlo desde el principio: no es un pino. Los pinos verdaderos son Pinus, de la familia Pinaceae. El nombre común es una analogía de aspecto, no un parentesco.
La especie es endémica de Nueva Caledonia, en el Pacífico sur, y muy especialmente de la Isla de los Pinos, donde forma bosquetes que crecen literalmente sobre acantilados calcáreos y coralinos batidos por el mar. Ese hábitat explica dos de sus mejores virtudes en jardinería: tolerancia excepcional a la salinidad y al viento marino.
El nombre común y el científico se deben al capitán James Cook, que avistó estos árboles durante su segundo viaje, en 1774, y los describió por su silueta de columna. De ahí también el epíteto columnaris.
Características
Porte. Es un árbol de copa estrechamente columnar, con un eje central perfectamente recto y ramas laterales cortas, dispuestas en verticilos horizontales muy juntos, que le dan aspecto de escobilla vertical. En su hábitat puede superar los 50-60 m; en cultivo en España es normal verlo entre 15 y 30 m, con un diámetro de copa que rara vez pasa de 4-6 m. La relación altura-anchura es lo que lo hace único: ocupa muy poco suelo para la altura que gana.
Tronco. Recto, cilíndrico, con la base a menudo ensanchada, y una corteza gris que se desprende en tiras finas y papeláceas en sentido horizontal, como bandas de papel enrolladas. Es un rasgo muy característico y ayuda a identificarlo.
Hojas. Presenta dimorfismo foliar. Las de los ejemplares y ramas juveniles son aciculares, más blandas, punzantes y algo separadas. Las adultas son escuamiformes, triangulares, imbricadas y aplicadas contra la ramilla, formando cordones verdes que recuerdan más a una araucaria adulta que a un pino.
Conos. Solo aparecen en ejemplares de bastante edad. Los femeninos son globosos u ovoides, de 10 a 15 cm, y al madurar se desarticulan en escamas que caen por separado, en lugar de soltarse el cono entero como en un pino. Los masculinos son cilíndricos y colgantes, más pequeños. Las semillas son grandes y con ala lateral.
Crecimiento. Rápido para una conífera: en buenas condiciones y en clima adecuado puede ganar entre 40 y 70 cm al año durante su juventud. Es longevo y muy resistente al viento gracias a la flexibilidad de sus ramas.
El árbol que se inclina hacia el ecuador
Es su rasgo más llamativo y el que suele generar alarma en propietarios primerizos: el pino de Cook casi nunca crece vertical. El tronco se inclina de forma constante, y no de manera caprichosa.
Un trabajo publicado en 2017 en la revista Ecology, que midió más de 250 ejemplares en 18 regiones de los cinco continentes, encontró un patrón sistemático: los pinos de Cook se inclinan hacia el ecuador. En el hemisferio norte se inclinan hacia el sur; en el hemisferio sur, hacia el norte. Además, la inclinación es mayor cuanto más lejos del ecuador está el árbol. La media global rondaba los 8 grados, con casos que superaban los 40.
Se trata, hasta donde se sabe, de un comportamiento único entre los árboles, y su causa exacta no está cerrada: se apunta a una respuesta gravitrópica alterada combinada con fototropismo, es decir, una regulación distinta de la que hace que la mayoría de los árboles corrijan su verticalidad.
Lo relevante para quien lo cultiva es sencillo: si tu araucaria se inclina, no está enferma, ni mal plantada, ni desequilibrada por el viento. Está haciendo lo que hace su especie. No intentes enderezarla con tutores ni con tensores; no funcionará y solo dañarás el tronco. Lo que sí conviene es tenerlo en cuenta al elegir el emplazamiento, dejando espacio libre en la dirección sur, que es hacia donde se irá desplazando la copa con los años.
No lo confundas con el pino de Norfolk
La confusión entre Araucaria columnaris y Araucaria heterophylla, el pino de Norfolk, es probablemente el error de etiquetado más extendido en toda la jardinería ornamental. Muchísimos ejemplares vendidos como "Norfolk", tanto en maceta como en jardinería exterior, son en realidad pinos de Cook.
Cómo distinguirlos:
Silueta. A. heterophylla forma una pirámide amplia y regular, con verticilos de ramas bien separados y horizontales, muy geométrica. A. columnaris forma una columna estrecha, con las ramas más cortas, ascendentes en su parte final y muy juntas.
Ramillas. En el Norfolk, las ramillas laterales salen en un solo plano, dando ramas planas como plumas. En el de Cook, las ramillas se disponen radialmente alrededor de la rama, con aspecto más cilíndrico y de cordón.
Hoja adulta. La del pino de Cook es más pequeña, más apretada y claramente incurvada hacia la ramilla.
Corteza. La descamación en tiras horizontales papeláceas es mucho más marcada en A. columnaris.
Inclinación. El Norfolk crece vertical. Si el árbol se inclina de forma constante, casi seguro que es de Cook.
Culturalmente, la distinción tiene poca consecuencia práctica porque los cuidados son muy parecidos, pero conviene saber qué tienes plantado.
Clima: la limitación real en España
El pino de Cook es una especie subtropical oceánica y ese es el factor que decide dónde puede cultivarse. Tolera heladas muy leves y puntuales, del orden de -2 °C, y ejemplares adultos y bien situados pueden soportar algo más por poco tiempo. Por debajo de eso, se producen quemaduras en el follaje y muerte de las ramillas terminales; con -4 o -5 °C mantenidos, se pierde.
En términos prácticos, en España se cultiva bien al aire libre en:
- Canarias, donde es un árbol ornamental habitual y prospera sin cuidados especiales.
- La costa mediterránea, especialmente el litoral de Málaga, Granada, Almería, Murcia y Alicante, y en menor medida Valencia y Baleares.
- Enclaves muy suaves de la costa atlántica andaluza.
En el interior peninsular, la meseta o el norte húmedo y frío, no es viable en tierra. Ahí solo cabe cultivarlo en maceta, sacándolo al exterior en verano y protegiéndolo en invierno.
Ubicación
Necesita pleno sol desde que es joven. Tolera la semisombra en los primeros años, pero plantada de forma definitiva en sombra produce ramas largas y ralas y pierde la densidad que la hace atractiva.
El emplazamiento debe considerar el tamaño final. Es un error muy repetido plantar una araucaria de un metro junto a la fachada de una casa o bajo un tendido eléctrico. Deja al menos 5-6 m libres alrededor y ningún obstáculo aéreo. Ten presente además que, por su altura y su aislamiento habitual, es un árbol con riesgo de impacto de rayo en zonas de tormenta.
Su gran ventaja es la tolerancia al ambiente marino. Aguanta viento salino y suelos arenosos costeros mejor que casi cualquier otra conífera ornamental, lo que explica su uso masivo en paseos marítimos.
Suelo
Prefiere suelos sueltos, arenosos o franco-arenosos, profundos y con excelente drenaje, con pH de ligeramente ácido a neutro. Se adapta a terrenos pobres, y de hecho no necesita fertilidad alta.
Lo que no tolera es el encharcamiento ni los suelos arcillosos compactados: la asfixia radicular provoca amarilleo del follaje, muerte de ramas desde abajo y, finalmente, podredumbres. En terrenos pesados hay que plantar sobre caballón elevado y mejorar el drenaje con material grueso.
En suelos muy calizos puede presentar clorosis férrica, con amarilleo del follaje nuevo. Es menos frecuente que en otras especies, pero ocurre, sobre todo con agua de riego muy dura.
Un apunte sobre las raíces: son relativamente superficiales y extendidas. No son especialmente agresivas con tuberías, pero pueden levantar pavimentos si el árbol se planta en un alcorque estrecho. Dale volumen de suelo.
Riego
Durante los dos o tres primeros años, riego regular y abundante: cada cinco o siete días en verano en clima mediterráneo, espaciando en invierno. El objetivo es que la raíz baje.
Una vez establecido es bastante resistente a la sequía, aunque no es una especie de secano estricto. En verano seco agradece uno o dos riegos profundos al mes, que se traducen en un crecimiento y un color notablemente mejores. En Canarias y en el litoral con humedad ambiental alta necesita menos.
En maceta el planteamiento cambia: riega cuando los primeros centímetros del sustrato estén secos, sin dejar que el cepellón se seque por completo, y vacía siempre el plato. El exceso de agua estancada en el plato es la causa más común de muerte de araucarias cultivadas en contenedor.
Abonado
Es poco exigente. En tierra, un abono granulado de liberación lenta para coníferas o un complejo equilibrado a principios de primavera, y como mucho un segundo aporte a comienzos de verano, cubre sus necesidades. Un acolchado de corteza o de restos vegetales aporta materia orgánica y conserva la humedad.
Evita los excesos de nitrógeno, que producen crecimientos largos y débiles, más vulnerables al viento y al frío. En maceta, abono líquido diluido cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre y suspensión total en invierno.
Poda: la regla que no se puede romper
Este es el punto más importante del artículo si tienes una araucaria.
Nunca cortes la guía terminal de una araucaria. A diferencia de la mayoría de los árboles, las Araucariaceae no regeneran un eje central nuevo cuando pierden el ápice. Si desmochas el árbol, o si el brote terminal se rompe por viento o helada, lo que ocurre es que una o varias ramas laterales intentan asumir el papel de guía, y el resultado es un árbol con dos o tres ejes torcidos, permanentemente deformado y estructuralmente débil. No se corrige con el tiempo.
La poda de un pino de Cook se limita, por tanto, a retirar las ramas bajas secas o muertas, cortándolas a ras del tronco pero sin dañar el cuello de la rama, y a eliminar ramas rotas. Nada más. Tampoco intentes "levantar la copa" quitando muchos verticilos bajos de golpe en un ejemplar joven: pierde equilibrio y aspecto.
El momento más adecuado para estas intervenciones es el final del invierno o el principio de la primavera, antes de la brotación.
Multiplicación
La vía normal es la semilla, con una advertencia crítica: las semillas de araucaria son recalcitrantes, es decir, pierden viabilidad muy deprisa al secarse. Hay que sembrarlas frescas, en cuestión de semanas tras la recolección. Almacenadas meses en un sobre, no germinarán. Se siembran en sustrato arenoso y drenante, apenas cubiertas, a 20-25 °C y con humedad constante. Germinan de forma irregular en varias semanas.
El esqueje es posible pero tiene una trampa que arruina muchos intentos. En las araucarias, los brotes verticales del eje (ortotrópicos) y las ramas laterales (plagiotrópicos) están determinados de forma estable. Un esqueje tomado de una rama lateral enraizará, pero producirá una planta que crece de lado para siempre, sin formar nunca un tronco vertical. Para obtener un ejemplar normal hay que tomar el esqueje del brote terminal vertical, lo que implica sacrificar la guía de la planta madre. Por eso la propagación vegetativa comercial es limitada.
Plagas y enfermedades
Es un árbol sano, especialmente al aire libre y en clima adecuado. Los problemas más habituales:
Cochinillas (algodonosa y de escudo). La plaga principal, sobre todo en ejemplares en maceta, en interior o en ambientes poco ventilados. Producen melaza y negrilla. Se tratan con aceite de parafina o jabón potásico en la fase de larva móvil, en primavera. En árboles grandes rara vez requieren intervención.
Arañuela roja en ambientes secos y calurosos, especialmente en interiores con calefacción. Provoca punteado y pérdida de color. Aumentar la humedad ambiental es la mejor prevención.
Pulgón ocasional en brotes tiernos de primavera. Poco relevante.
Podredumbre radicular por Phytophthora y hongos de suelo en terrenos encharcados. Es la causa de muerte más frecuente y no tiene solución una vez avanzada.
Damping-off en semilleros: se previene con sustrato drenante, no regar en exceso y buena ventilación.
Un problema muy consultado que no es una plaga: la pérdida de las ramas inferiores. En un árbol adulto es un proceso natural de autopoda, las ramas bajas se sombrean y mueren. En ejemplares de interior, en cambio, suele deberse a aire seco de calefacción, falta de luz o desecación del cepellón, y hay que saber que esas ramas no se recuperan: la araucaria no rebrota de madera vieja, así que el hueco queda para siempre.
Cultivo en maceta e interior
Muchos ejemplares llegan a los hogares españoles como planta de interior, a menudo como árbol de Navidad vivo. Es viable durante unos años, con condiciones:
Luz abundante, junto a una ventana muy clara, sin sol directo abrasador a través del cristal. Temperatura fresca, entre 10 y 20 °C, y en particular lejos de radiadores. Humedad ambiental alta, con pulverizaciones o bandeja de guijarros con agua. Riego moderado y constante, sin encharcar. Giro periódico de la maceta, un cuarto de vuelta cada dos semanas, para que no se deforme hacia la luz.
Trasplanta cada dos o tres años a maceta algo mayor, con sustrato drenante, en primavera. Y ten claro que es un árbol de 30 metros: tarde o temprano superará cualquier interior. Si vives en zona de clima compatible, lo mejor que puedes hacer es plantarlo en tierra cuando alcance el metro y medio.
Usos
Su silueta estrecha y su altura lo convierten en un árbol de porte escultórico y de hito visual. Se emplea sobre todo como:
Ejemplar aislado en parques y jardines amplios, donde se aprecia su columna completa.
Alineación en paseos marítimos y avenidas costeras, aprovechando su tolerancia a la sal y el poco espacio horizontal que ocupa. Es un uso clásico en Canarias y en la costa mediterránea.
Cortavientos en fincas litorales, plantado en hilera.
Planta de contenedor para terrazas y patios en climas suaves, y como árbol de Navidad reutilizable.
En su área de origen se ha aprovechado también su madera, ligera y de grano fino, aunque hoy la especie tiene sobre todo interés ornamental y de conservación.
En resumen
El pino de Cook (Araucaria columnaris) no es un pino sino una conífera de la familia Araucariaceae, endémica de Nueva Caledonia, de copa estrechamente columnar y crecimiento rápido. En España solo prospera al aire libre en Canarias y en el litoral mediterráneo y sur, porque no tolera heladas por debajo de -2 o -3 °C. Quiere sol pleno, suelo arenoso y muy bien drenado, riego regular los primeros años y poco abono, y destaca por su resistencia excepcional al viento y a la salinidad marina.
Dos cosas que hay que grabar: su inclinación hacia el ecuador es normal y no debe corregirse, y jamás se le debe cortar la guía terminal, porque no la regenera y el árbol queda deformado de por vida. Comprueba también qué has comprado: mucho de lo que se vende como pino de Norfolk (A. heterophylla) es en realidad esta especie, reconocible por su copa estrecha, sus ramillas cilíndricas y su corteza que se desprende en tiras horizontales.