El Pinus pinaster es probablemente el pino que más superficie ocupa en España sin que la mayoría sepa nombrarlo. Se le llama pino marítimo, pino resinero, pino rodeno o pino negral según la comarca, y cada nombre cuenta una parte de su historia: crece sobre las dunas del Atlántico, ha sostenido durante siglos la industria de la resina en Castilla y tiñe de rojo los areniscas del Sistema Ibérico.
Como árbol de jardín es una opción interesante pero exigente en una cosa muy concreta, el tipo de suelo, y problemática en otra, su sanidad. Vamos con ambas.
Cómo reconocerlo entre los pinos ibéricos
España tiene seis pinos autóctonos principales y confundirlos es normal. El pino marítimo es, en realidad, de los más fáciles de identificar porque todo en él es grande y basto.
Acículas. Van en pares, dos por vaina, y son las más largas y gruesas de todos los pinos españoles: de 10 a 20 cm, y a veces hasta 25. Son rígidas, punzantes de verdad, de sección gruesa y verde oscuro. Si coges un puñado y pinchan y pesan, es pinaster.
Piñas. Igualmente enormes, de 8 a 22 cm, cónicas y apuntadas, de color pardo brillante casi barnizado, prácticamente sin pedúnculo, con las escamas rematadas en un abultamiento piramidal (apófisis) muy marcado y con un pincho central. Permanecen años en el árbol.
Corteza. Muy gruesa y profundamente agrietada, formando placas irregulares. Es gris parduzca por fuera y de un rojo anaranjado intenso en el fondo de las grietas, un rasgo muy característico que se aprecia mejor en la base del tronco de los ejemplares viejos.
Porte. De 20 a 30 m, ocasionalmente 40. El tronco suele ser algo sinuoso y la copa irregular, abierta y más bien rala, con ramas gruesas. No tiene la elegancia de un pino albar ni el parasol perfecto de un piñonero.
Para contrastar rápido con los otros: el piñonero (P. pinea) tiene copa en parasol y piña redondeada con piñones comestibles; el carrasco (P. halepensis) tiene acículas finas y cortas, corteza clara y piñas curvadas con pedúnculo, y vive en calizas; el albar (P. sylvestris) tiene la corteza superior anaranjada como salmón y acículas cortas y azuladas; el laricio (P. nigra) tiene corteza gris plateada muy plaqueada y acícula media.
Origen y dónde vive
Es una especie del Mediterráneo occidental y la fachada atlántica: península ibérica, suroeste de Francia, Italia, Córcega, Cerdeña y el norte de Marruecos y Argelia. En España aparece de forma natural y en repoblación en el Sistema Ibérico, el Sistema Central, Sierra Morena, las sierras béticas, Galicia, la cornisa cantábrica y las arenas del interior de Castilla.
Se distinguen dos grandes grupos ecológicos. El de tipo atlántico, del que las landas francesas y el noroeste español son el ejemplo, con crecimientos muy rápidos y porte recto. Y el de tipo mediterráneo, más xerófilo, de crecimiento más lento y porte más retorcido. Entre medias hay una diversidad de procedencias notable, y algunas son casi legendarias entre selvicultores, como la de Sierra Bermeja, en Málaga, donde el pinsapo comparte terreno con pinares de pinaster instalados sobre peridotitas, un suelo tóxico para la mayoría de las plantas.
Altitudinalmente va desde el nivel del mar hasta unos 1.500 m, y algo más en las sierras del sur.
Ubicación y clima
Es un árbol heliófilo estricto y de carácter pionero. Necesita sol directo desde la fase de plántula; en sombra languidece y muere. Esa condición explica su papel ecológico: coloniza terrenos degradados, arenales y áreas quemadas, y bajo su copa acaban instalándose después las frondosas.
Tolera bien el viento fuerte y el ambiente marino, incluida la maresía, motivo por el que se ha usado masivamente en la fijación de dunas litorales, desde las landas de Aquitania hasta las arenas de Doñana y la costa gallega.
En cuanto al frío, resiste heladas de hasta -15 o -18 °C, aunque es más termófilo que el pino albar o el laricio. Su punto débil invernal no es la temperatura sino la nieve pesada: sus ramas gruesas y su copa irregular hacen que se desgaje con facilidad bajo nevadas húmedas.
Suelo: la condición que decide todo
Aquí está la clave, y equivocarse cuesta un árbol que se apaga durante años sin que nada lo salve. El pino marítimo es calcífugo: prospera en suelos silíceos, ácidos, arenosos, sueltos y pobres, con un pH cómodo entre 4,5 y 6,5, y no tolera bien la caliza activa.
Plantado en un suelo calizo, que es lo que hay en buena parte de la mitad este peninsular, el pinaster desarrolla clorosis férrica: las acículas nuevas salen amarillas o casi blanquecinas, el crecimiento se detiene y el árbol se va apagando durante años sin que la causa sea evidente. No hay enmienda razonable a escala de árbol grande. Si tu terreno es calizo, la especie correcta no es esta: usa Pinus halepensis, Pinus nigra o Pinus pinea, que sí se adaptan.
En cambio, en suelo ácido y arenoso, incluso muy pobre y con poca capacidad de retención, el pinaster crece donde casi nada más lo hace. Es tolerante también a suelos esqueléticos y pedregosos y a la sequía estival una vez establecido.
Lo que no tolera es el encharcamiento prolongado ni los suelos arcillosos compactados.
Riego
Un pino marítimo plantado en su clima y suelo adecuados no necesita riego permanente. El planteamiento es:
Primeros dos o tres años: riegos de asentamiento, cada 10-15 días durante el verano, con dosis abundantes que mojen en profundidad y obliguen a la raíz a bajar. Los riegos superficiales y frecuentes son contraproducentes: generan un sistema radicular somero que luego sufre.
A partir del cuarto año: prácticamente autosuficiente en clima atlántico y de montaña media. En el interior seco y en veranos especialmente duros, uno o dos riegos profundos en julio y agosto mejoran mucho el crecimiento y reducen el estrés que atrae a los perforadores.
El exceso de agua es más peligroso que el defecto. Un pinaster regado como si fuera un césped acaba con podredumbres radiculares.
Abonado
Es una especie adaptada a la escasez y no necesita fertilización en tierra. Si acaso, en plantaciones jóvenes sobre suelos extremadamente degradados, un abono de liberación lenta bajo en nitrógeno en la primera primavera puede ayudar al arraigue.
Mucho más importante que el abono es la micorrización. Los pinos dependen de hongos micorrícicos para absorber nutrientes en suelos pobres, y una planta de vivero bien micorrizada arraiga y crece incomparablemente mejor que una que no lo esté. Al comprar, prefiere planta forestal en contenedor y evita transplantar añadiendo tierra "rica" al hoyo, que no ayuda.
Un acolchado con las propias acículas caídas es lo más natural y adecuado, y contribuye a mantener el suelo ácido.
Poda
Los pinos, y este en particular, se podan lo mínimo imprescindible. No rebrotan de madera vieja: si cortas una rama, ahí no volverá a salir nada, y si desmochas la guía, el árbol queda deformado de por vida con varias guías competidoras.
Las intervenciones legítimas son:
- Poda de formación en los primeros años, eliminando ramas mal insertadas o dobles guías, dejando un solo eje dominante.
- Poda de realce, retirando progresivamente los verticilos bajos para levantar la copa, sin quitar nunca más de un tercio de la altura viva de la copa en una sola intervención.
- Retirada de ramas secas, rotas o peligrosas.
La época correcta es el otoño tardío y el invierno, cuando el árbol está en reposo y los insectos perforadores están inactivos. Podar en primavera y principios de verano deja heridas resinosas frescas que actúan como reclamo para escolítidos como Tomicus. Corta siempre respetando el rodete de la rama y no dejes tocones.
Multiplicación
Se reproduce por semilla, y es sencillo. Las piñas se recogen maduras, de invierno a primavera, y se dejan secar al sol o en un lugar cálido hasta que abren las escamas y liberan los piñones alados. Frota las semillas para quitar el ala.
La latencia es débil: una estratificación fría de dos a cuatro semanas a unos 4 °C en arena o vermiculita húmeda mejora y homogeneiza la germinación, aunque en muchas procedencias germina sin ella. Siembra a finales de invierno o principios de primavera en envases forestales profundos con alveolos autorrepicantes, no en macetas anchas y bajas: la raíz pivotante de los pinos se deforma con facilidad y una raíz enrollada compromete el árbol para siempre.
Sustrato ácido y drenante (turba con perlita o corteza), riego moderado y sol. Germina en dos o tres semanas a 20 °C. Trasplanta a su sitio definitivo con uno o dos años de edad, cuanto más joven mejor: los pinos grandes soportan mal el trasplante, y un plantón pequeño alcanza y supera en pocos años a un ejemplar caro de gran porte.
El esqueje no es una vía práctica en esta especie.
Plagas y enfermedades: lo que hay que vigilar
Esta es la parte más seria del cultivo del pino marítimo, porque figura entre las especies más susceptibles a varios problemas graves.
Procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). El pinaster es uno de sus huéspedes preferidos. Las orugas construyen bolsones de seda blanquecinos muy visibles en el extremo de las ramas durante el otoño y el invierno, defolian el árbol y en enero-marzo bajan en fila india para enterrarse. Sus pelos urticantes provocan reacciones cutáneas y oculares serias en personas y son especialmente peligrosos para perros, que al olfatearlas pueden sufrir necrosis de la lengua.
El control se plantea por fases: trampas de feromona para machos entre junio y septiembre; tratamiento biológico con Bacillus thuringiensis var. kurstaki en septiembre-octubre, cuando las orugas están en los primeros estadios, que es el momento realmente eficaz; retirada y destrucción de los bolsones en invierno, con equipo de protección y siempre en árboles accesibles; y trampas de collar en el tronco para interceptar la procesión de descenso a finales de invierno. La endoterapia (inyección al tronco) se reserva para arbolado urbano donde no se puede pulverizar.
Nematodo de la madera del pino (Bursaphelenchus xylophilus). Es la amenaza más grave y Pinus pinaster es la especie europea más sensible. Provoca el marchitamiento y la muerte del árbol en pocos meses: las acículas viran a un pardo rojizo sin caer, cesa la exudación de resina y el árbol muere en pie. Se transmite por escarabajos del género Monochamus. Está presente en Portugal y ha originado focos en España, y es un organismo de cuarentena de declaración obligatoria: si sospechas de un pino que muere con estos síntomas, avisa al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma y no muevas la madera.
Chancro resinoso del pino (Fusarium circinatum). Otra enfermedad de cuarentena, muy activa en la cornisa cantábrica y Galicia, que afecta gravemente a P. radiata y también a P. pinaster. Produce muerte de brotes, chancros con abundante exudación de resina en el tronco y las ramas, y decaimiento general. También requiere notificación.
Perforadores (Tomicus, Ips, Orthotomicus, Pissodes). Atacan a árboles debilitados por sequía, incendio, poda inadecuada o daños mecánicos. La prevención es mantener el arbolado vigoroso y no dejar madera fresca de poda o restos apilados junto a los pinos durante la primavera.
Cochinilla del pino marítimo (Matsucoccus feytaudi). Es específica de esta especie. En su área natural, incluida la península ibérica, las poblaciones de pinaster muestran cierta resistencia, pero allí donde ha llegado a poblaciones no adaptadas, como Provenza o Córcega, ha causado mortandades masivas. Conviene conocerla, aunque no sea el problema cotidiano del jardinero.
Otras: Diplodia sapinea (secado de brotes tras episodios de estrés hídrico o granizo), Armillaria y Heterobasidion annosum en raíz, y la evetria (Rhyacionia buoliana), que barrena los brotes terminales de árboles jóvenes y provoca deformaciones en bayoneta.
El pinaster como bonsái
Es una de las especies favoritas del bonsái español, y con motivo: madera resistente, corteza que agrieta pronto y aporta aspecto de vejez, y buena respuesta a la formación. Su inconveniente es la acícula, que es larga y cuesta reducir; requiere trabajo constante para conseguir proporción.
Ubicación: exterior, a pleno sol todo el año. Los pinos no son plantas de interior bajo ninguna circunstancia, y este menos aún.
Sustrato: muy drenante y ácido. Mezclas de akadama con kiryu, pumita o grava volcánica funcionan bien; en clima seco conviene aumentar la proporción de componente que retenga algo de agua.
Riego: abundante cuando la superficie del sustrato empieza a secarse, dejando drenar por completo. El pino tolera mucho mejor secarse un poco que estar permanentemente húmedo.
Abonado: orgánico sólido o líquido en primavera y otoño, moderado en nitrógeno. El exceso alarga las acículas, justo lo contrario de lo que se busca.
Trasplante: cada tres a cinco años, a principios de primavera, cuando las yemas empiezan a hincharse. Poda de raíces prudente, nunca agresiva, y conserva parte del sustrato viejo para no perder la micorriza.
Trabajo de brote: despunte o eliminación de velas en primavera para equilibrar el vigor y reducir el tamaño de la acícula; deshojado selectivo en otoño para dejar entrar luz al interior. El alambrado se hace preferentemente en otoño e invierno, con la savia parada, vigilando que la corteza no se marque.
Usos, y dónde no plantarlo
El pinaster tiene una relevancia económica notable. Su uso histórico más singular es la resinación: la extracción de miera mediante incisiones en el tronco, una actividad que fue enorme en Segovia, Soria, Ávila y Cuenca, prácticamente desapareció a finales del siglo XX y se ha reactivado en los últimos años. Además se aprovecha su madera para construcción, palés, tableros y pasta de papel, y ha sido la especie clave en la fijación de dunas y la restauración de suelos degradados.
En jardinería su uso es más limitado y hay que ser honesto sobre por qué:
Es un árbol grande y de crecimiento rápido, solo apto para parcelas amplias. Sus raíces son extensas y superficiales. Las piñas son pesadas y caen desde altura, lo que las convierte en un riesgo real sobre coches, mesas o zonas de estancia. La hojarasca de acículas es abundante y acidifica el suelo debajo, lo que impide cultivar muchas otras plantas.
Y hay una consideración que en España debería ser prioritaria: es una especie muy inflamable, resinosa, con abundante material fino y corteza que arde. Su ecología está adaptada al fuego —tiene corteza gruesa protectora y, en algunas poblaciones, piñas serótinas que solo se abren con el calor de un incendio—, pero eso no lo hace un buen vecino. No lo plantes pegado a la casa ni en la zona de interfaz urbano-forestal, y si ya lo tienes, mantén despejados los primeros metros del entorno de la vivienda, retira acículas de canalones y elimina las ramas bajas.
Dicho esto, en una finca grande de suelo ácido, en clima atlántico o de montaña media, es un árbol magnífico: rápido, resistente, autosuficiente, de silueta rotunda y con una corteza que a los cuarenta años ya es una obra de arte.
En resumen
El Pinus pinaster es el pino marítimo o resinero, especie autóctona del Mediterráneo occidental y una de las más extendidas en España. Se identifica por sus acículas larguísimas y gruesas en pares, sus piñas grandes y brillantes y su corteza muy agrietada con el fondo rojizo. Necesita sol pleno y suelo silíceo, ácido y arenoso: en terreno calizo se clorosa y no prospera, y esa es la primera pregunta que debes responder antes de plantarlo.
Es rústico, resiste sequía, viento y salinidad marina, y una vez establecido no requiere riego ni abono. Se poda muy poco y siempre en invierno, y nunca se le corta la guía. Su punto crítico es sanitario: procesionaria, que exige tratamiento con Bacillus thuringiensis en otoño, y dos organismos de cuarentena de declaración obligatoria, el nematodo de la madera del pino y el chancro resinoso. Como árbol de jardín solo tiene sentido en parcelas amplias y, por su alta inflamabilidad, lejos de las viviendas.