Las magnolias que se pierden en los jardines españoles rara vez mueren de frío ni de sed: mueren de cal. Lenta y discretamente, riego a riego, con hojas cada vez más amarillas entre nervios que siguen verdes, brotes cortos y flores que van a menos hasta que un verano el árbol ya no rebrota. Entender esto antes de comprar la planta ahorra disgustos, porque el problema casi nunca se arregla después: se evita antes, eligiendo bien la especie, el sitio y el agua.

Dicho esto, la magnolia es un árbol agradecido cuando encuentra lo que necesita. No pide poda, no tiene plagas serias, vive décadas y florece con una espectacularidad que pocos árboles de jardín igualan. Solo hay que aceptar sus condiciones, que son pocas pero innegociables.

Magnolia en flor en un jardín

Qué magnolia estás plantando en realidad

Bajo el nombre común de magnolia se venden árboles muy distintos entre sí, y confundirlos es el primer error. El género Magnolia se divide, a efectos prácticos de jardín, en dos grupos que se comportan de forma casi opuesta.

La magnolia de hoja perenne, Magnolia grandiflora, es el magnolio de toda la vida: originario del sureste de Estados Unidos, hoja coriácea, brillante por el haz y con un fieltro ferruginoso por el envés en las formas tipo. Alcanza sin dificultad 15 o 20 metros, y en jardines antiguos del norte se ven ejemplares de 25. Florece en verano, de mayo o junio hasta septiembre, con flores blancas de hasta 25 cm y un aroma a limón que se percibe a distancia. Crece despacio, entre 20 y 40 cm al año. Es la más tolerante del género con los suelos algo calizos y con la sequía estival, y por eso es la única que se puede recomendar con cierta alegría en buena parte de la Península. Entre sus cultivares, 'Gallissoniensis' es más compacto, resistente al frío y empieza a florecer joven; 'Little Gem' se queda en 4-6 metros y sirve para jardines pequeños y grandes macetones; 'Goliath' tiene la flor mayor y la hoja más ancha.

Las magnolias de hoja caduca florecen antes de echar la hoja, en invierno tardío o principios de primavera, y ese es todo su espectáculo. Magnolia × soulangeana, híbrida de M. denudata y M. liliiflora obtenida cerca de París hacia 1820, es la más plantada: 5 a 8 metros, porte de arbusto grande o arbolito de varios troncos, flores en copa rosadas por fuera y blancas por dentro, en marzo. Magnolia stellata, japonesa, no pasa de 3 o 4 metros y abre en febrero flores estrelladas con doce o más tépalos estrechos; es la mejor opción para un jardín pequeño o para un patio. Magnolia liliiflora 'Nigra' da flores púrpura oscuro y florece más tarde, ya en abril.

Ese detalle del calendario importa más de lo que parece. En zonas donde las heladas tardías son habituales —el interior peninsular, casi cualquier valle cerrado—, una soulangeana puede perder la floración entera en una sola noche de marzo a −3 ºC: las flores abiertas se vuelven marrones y translúcidas en cuestión de horas. Las híbridas del grupo conocido como Little Girl ('Susan', 'Betty', 'Ann'), cruces de M. liliiflora con M. stellata, florecen dos o tres semanas más tarde y esquivan buena parte del riesgo. Si vives donde hiela en marzo, esa es la elección sensata.

En cuanto a resistencia al frío, la madera de las caducas aguanta −20 ºC sin problema; la de M. grandiflora empieza a sufrir hacia −12 o −15 ºC. Lo que se hiela con facilidad no es el árbol, son las flores.

La cal: el suelo y, sobre todo, el agua

Las magnolias son plantas de suelo ácido a neutro. El intervalo cómodo está entre pH 5,5 y 6,5. A partir de 7,2 o 7,3 empiezan los problemas de absorción de hierro y manganeso, y con caliza activa en el perfil el árbol entra en clorosis crónica: hojas amarillas con la nervadura verde, crecimientos cada vez más cortos, ramas que se secan por la punta. M. grandiflora aguanta hasta 7,5 razonablemente bien; las caducas, mucho menos, salvo M. kobus y sus híbridos (M. × loebneri 'Merrill', 'Leonard Messel'), algo más indulgentes.

Aquí conviene corregir una creencia muy extendida: no basta con hacer un hoyo grande y rellenarlo de turba ácida. Eso crea una bañera de sustrato distinto dentro del suelo natural. El agua se acumula en el fondo, las raíces se quedan dando vueltas dentro del agujero sin salir al terreno, la turba se mineraliza en dos o tres años y el pH vuelve a subir. Además, si el terreno es calizo, el agua que circula por él acaba entrando en la bañera. El resultado típico es una magnolia que va bien tres temporadas y luego se estanca.

Y lo más importante: el agua de riego pesa tanto como el suelo. En gran parte de España el agua de red es dura, con 25, 35 o más grados franceses de dureza y bicarbonatos abundantes. Regar todos los veranos con esa agua sube el pH del suelo bajo el árbol aunque el terreno de partida fuera aceptable. Si tienes forma de recoger agua de lluvia, la magnolia es exactamente la planta en la que merece la pena gastarla. Como parche, se puede acidificar ligeramente el agua de riego, pero eso es mantenimiento perpetuo; la solución de fondo es plantar donde el suelo y el agua acompañan, o no plantar magnolia caduca.

Traducido al mapa: en Galicia, la cornisa cantábrica, el norte de Portugal, buena parte de Extremadura, Gredos, el Sistema Central o el litoral gallego, las magnolias caducas van solas. En La Mancha, el valle del Ebro, Levante o Andalucía interior, con suelos calizos y agua dura, plantar una soulangeana en pleno terreno es apostar contra la casa. Ahí, o M. grandiflora, o una stellata en maceta grande con sustrato ácido y agua de lluvia.

Dónde colocarla

Sol pleno en el norte y en zonas frescas; sombra ligera de las horas centrales en el sur y en el interior cálido, sobre todo para las caducas, cuya hoja se quema con facilidad. M. grandiflora admite pleno sol en casi toda España si tiene agua.

El viento seco es enemigo declarado. Reseca el envés de las hojas perennes y deshace en un día las flores de las caducas. Un rincón resguardado por un muro o por otra masa vegetal alarga muchísimo la floración.

Hay un detalle poco conocido y muy útil en zonas frías: evita la orientación este para las magnolias de floración temprana. Si las flores se hielan de madrugada y el sol de primera hora las descongela de golpe, el daño en los tejidos es mucho mayor que si se deshielan despacio a la sombra. Una exposición oeste o norte protegida salva floraciones enteras.

Y calcula el espacio de verdad. Un magnolio de hoja perenne necesita 6 u 8 metros libres alrededor; plantarlo a dos metros de la fachada garantiza que dentro de quince años habrá que mutilarlo, y la magnolia soporta muy mal que la mutilen. Para soulangeana, cuenta 4 o 5 metros; para stellata, 2,5 o 3.

Cómo se planta

Las raíces de las magnolias son carnosas, gruesas, poco ramificadas y frágiles: se rompen con facilidad y regeneran despacio. De ahí que se vendan siempre en contenedor o con cepellón, y que trasplantar un ejemplar adulto sea una operación de resultado incierto. Trátalas con cuidado en el momento de plantar.

Época. Con planta de contenedor, el otoño (octubre-noviembre) es ideal en zonas de invierno suave: el suelo aún está caliente y el árbol emite raíz antes del frío. En comarcas de invierno duro, o si el terreno es pesado y se encharca, es preferible esperar al final del invierno, de febrero a marzo, y plantar cuando el suelo empieza a templarse. Lo que hay que evitar en cualquier caso es plantar de mayo a agosto.

El hoyo. Ancho, de dos a tres veces el diámetro del cepellón, y de profundidad justa: la del cepellón, ni un dedo más. Descompacta las paredes con la horca si el terreno es arcilloso, para que no quede una pared lisa que las raíces no atraviesen.

El relleno. Tierra del propio hoyo mezclada con materia orgánica bien hecha —compost maduro, mantillo de hojas, corteza de pino compostada—, en una proporción que no pase de un tercio. Nada de estiércol fresco en contacto con las raíces. Si quieres acidificar, mejor hacerlo en superficie y de forma continuada, con acolchado de corteza de pino y aportes anuales, que de golpe en el hoyo.

La profundidad. El cuello del árbol —el punto donde el tronco ensancha y arrancan las raíces— debe quedar al nivel del suelo o dos o tres centímetros por encima, contando con que la tierra se asentará. Plantar hondo es una de las formas más habituales de matar un árbol despacio. Antes de meter la planta, comprueba dónde está el cuello real: en contenedores mal cultivados a veces está enterrado bajo cuatro dedos de sustrato y hay que retirarlo.

El cepellón. Con las magnolias no se desmenuza ni se afloja a conciencia. Basta con cortar las raíces que giren en espiral alrededor de la pared del contenedor, que si se dejan acabarán estrangulando al árbol, y colocarlo entero.

El primer riego. Abundante, de 40 a 60 litros para un árbol de porte medio, hecho despacio para que la tierra se asiente y no queden bolsas de aire. Forma un alcorque para que el agua no escape.

El acolchado. Cinco a ocho centímetros de corteza de pino sobre toda la proyección de la copa, dejando diez centímetros libres alrededor del tronco. Con las magnolias no es un adorno: sus raíces son superficiales, sufren con el calor y la sequedad del suelo, y el acolchado hace por ellas más que cualquier abono.

Riego, abonado y mantenimiento

Los dos o tres primeros veranos son críticos. Riego profundo y espaciado —mejor 60 litros una vez por semana que 10 litros diarios—, siempre a la proyección de la copa y no al tronco. Una magnolia establecida en el norte puede vivir sin riego; en el centro y el sur necesita apoyo estival de por vida, sobre todo M. grandiflora, que florece de junio a septiembre y deja de hacerlo si pasa sed.

El abonado es modesto: un abono para plantas de suelo ácido en marzo, y como mucho una segunda aplicación en junio. Con el nitrógeno hay que ser prudente, porque un exceso da brotes largos y blandos y menos flor. Lo que sí conviene tener a mano en zonas calizas es quelato de hierro (EDDHA, que es el que funciona a pH alto); aplicado en primavera al suelo, corrige la clorosis mientras se resuelve la causa, que casi siempre está en el agua.

Y una recomendación que sorprende a quien la oye por primera vez: no pongas césped hasta el tronco. El césped compite por el agua justo en los diez o veinte primeros centímetros de suelo, que es donde la magnolia tiene sus raíces, obliga a segar cerca del tronco y termina con heridas de cortacésped en la base. Deja un alcorque acolchado, del tamaño de la copa si puede ser.

Poda: cuanto menos, mejor

Las magnolias no necesitan poda y cicatrizan mal. Un corte de más de cinco centímetros de diámetro rara vez llega a cerrarse, y esa herida es la puerta de entrada de las pudriciones que acaban vaciando el tronco veinte años después. La regla es simple: retira madera seca, rota o cruzada, y poco más. Cuando el árbol es joven se puede elegir una guía y suprimir las que compitan; a partir de ahí, quieto.

Si hay que cortar, el mejor momento es a mitad del verano, con el árbol en pleno crecimiento y ya florecido: es cuando mejor compartimenta las heridas. Podar en pleno invierno es lo peor, y en las caducas además supone eliminar las yemas de flor, que ya están formadas desde el verano anterior. Nunca se desmocha un magnolio: si el árbol se ha quedado grande para el sitio, el sitio estaba mal elegido y el desmoche solo alarga la agonía.

Problemas frecuentes

Clorosis férrica. Hojas amarillas con nervios verdes, empezando por los brotes nuevos. Es el síntoma de la cal. Quelato de hierro EDDHA para ganar tiempo, acolchado ácido, agua de lluvia y, a medio plazo, replanteamiento del sitio.

Cochinillas. Sobre todo en M. grandiflora: cochinilla algodonosa y serpetas en el envés y en las ramillas, seguidas de melaza y negrilla. Se controlan con aceite de verano aplicado a finales de invierno y en el momento de mayor presencia de ninfas, insistiendo en mojar bien el envés.

Asfixia radicular. En suelos arcillosos mal drenados o con riego excesivo. Se manifiesta como un decaimiento general, hojas mates y caída de hoja fuera de temporada. No tiene tratamiento; se previene con drenaje, plantando incluso sobre un ligero caballón si el terreno es pesado.

Caída de hoja en M. grandiflora. No es un problema. El magnolio es perenne, pero renueva la hoja continuamente y hace una descarga fuerte en primavera, justo cuando brota. Quien espera un árbol que no ensucie nunca se lleva una sorpresa: la hoja es dura, tarda en descomponerse y hay que recogerla.

Falta de floración en ejemplares jóvenes. Un magnolio de semilla puede tardar diez o quince años en florecer; los cultivares injertados o de esqueje florecen mucho antes. Si compras una planta pequeña sin nombre de cultivar, cuenta con esperar.

En resumen

Elige la especie según tu suelo y tu agua antes que según la foto del catálogo: M. grandiflora si el terreno tira a calizo y el agua es dura, las caducas si estás en suelo ácido, y las de floración tardía si hielan en marzo. Planta en otoño o a finales de invierno, en hoyo ancho y poco profundo, con el cuello a nivel del suelo y sin convertir el agujero en una bañera de turba. Acolcha con corteza de pino, riega profundo los primeros veranos, olvídate de la poda y vigila el amarilleo de las hojas nuevas, que es el aviso temprano de que la cal está ganando la partida.


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