Cuando alguien busca un árbol de sombra para una parcela y pregunta en el vivero, casi siempre acaba con una morera, un plátano de sombra o una catalpa. El fresno se menciona poco, y es una lástima, porque para muchas situaciones españolas es una elección mejor que las tres. Es autóctono, rústico, de crecimiento rápido, aguanta suelos difíciles y da una sombra ligera que no ahoga lo que crece debajo. Tiene inconvenientes, y conviene conocerlos antes de plantarlo, pero pocas especies rinden tanto con tan poco.
Qué fresno plantar y por qué importa
Bajo el nombre de fresno hay especies bastante distintas, y equivocarse condena al árbol a pasarse veinte años peleando con un clima que no es el suyo.
El fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) es el mediterráneo, el de las riberas del centro y sur peninsular. Es el más resistente a la sequía estival y el más adecuado para el clima de la mayor parte de España. Alcanza 15-20 metros.
El fresno común o europeo (Fraxinus excelsior) es el del norte húmedo, cornisa cantábrica y Pirineos. Es más grande, hasta 30 metros, y necesita más humedad; en Murcia o Almería sufrirá. Tiene una variedad dorada, 'Aurea', de menor porte y muy decorativa.
El fresno de flor u orno (Fraxinus ornus) es la opción para jardín pequeño: se queda en 8-10 metros, tolera muy bien la caliza y la sequía, y es el único del género con floración realmente vistosa.
Si el sitio es reducido o hay pavimento cerca, planta ornus. Si es una parcela amplia en clima seco, angustifolia. Si estás en el norte lluvioso, excelsior.
Sombra en verano, sol en invierno
Esta es su mayor virtud práctica y aplica a todas las especies. El fresno es caducifolio, así que en verano tapa el sol y en invierno lo deja pasar. Sobre una terraza orientada al sur o junto a la fachada de una casa, funciona como un sistema de climatización pasivo que ninguna pérgola fija consigue.
Pero además, su hoja es compuesta imparipinnada, formada por 7 a 13 foliolos sobre un raquis. Eso significa que la copa filtra la luz en lugar de bloquearla del todo, como hace un plátano o un magnolio. La consecuencia es muy útil: debajo de un fresno crecen cosas. Se puede mantener césped, plantar arbustos de media sombra o instalar un macizo, algo casi imposible bajo una copa densa.
Otra ventaja del calendario: el fresno es de los últimos en brotar en primavera y de los primeros en perder la hoja en otoño. Alarga el periodo en que entra sol en la casa por los dos extremos, lo que en España es exactamente lo que se busca.
La floración del fresno de flor
Aquí conviene ser preciso, porque hay bastante confusión. La mayoría de los fresnos tienen flores apétalas, discretas, en pequeños ramilletes oscuros que salen antes que la hoja y que pasan desapercibidas. Son plantas polinizadas por el viento, y su polen es una causa reconocida de alergia primaveral en zonas donde abundan.
La excepción es Fraxinus ornus, el fresno de flor, que sí produce panículas blancas y perfumadas en abril y mayo, muy densas, que cubren el árbol entero. Es el que se planta en calles y jardines del Mediterráneo precisamente por eso. Si lo que quieres del fresno es floración, esta es la especie; en las otras no la esperes.
El fruto es común a todo el género: sámaras, esas semillas aladas en racimos que en angustifolia y excelsior se quedan colgando bien entrado el invierno y dan un aspecto característico al árbol desnudo. Germinan con facilidad, así que si el fresno está sobre un césped o un macizo, aparecerán plántulas cada primavera. No es grave, pero hay que contar con ello.
Se adapta a suelos difíciles
El fresno tolera un abanico de suelos muy amplio: arcillosos, pesados, calizos y con pH básico, que es lo que hay en buena parte de España y donde tantas especies ornamentales entran en clorosis. Fraxinus ornus es especialmente indiferente a la caliza.
Además aguanta bien la humedad edáfica. Los fresnos son árboles de ribera y no les molesta un suelo que se encharca temporalmente en invierno, cosa que mata a un almendro o a un cerezo. Si tienes una zona baja del jardín donde el agua se para, el fresno es una de las pocas opciones sensatas.
Lo que no tolera es la salinidad alta, así que en primera línea de costa hay mejores candidatos, ni un suelo permanentemente anegado.
Otoño y resistencia al frío
La hoja del fresno vira a amarillo dorado en otoño, en algunos ejemplares con tonos rojizos, y como es compuesta se descompone con rapidez una vez caída, lo que facilita la limpieza y el compostaje.
En cuanto al frío, es un árbol muy rústico: Fraxinus excelsior resiste sin daño temperaturas de -20 °C o inferiores, y angustifolia aguanta con soltura los -12 a -15 °C de las mesetas. No hay zona continental española donde el frío sea un problema para un fresno bien elegido. Tampoco lo son los golpes de calor de julio, siempre que la especie encaje con la disponibilidad de agua del lugar.
Lo que hay que saber antes de plantarlo
Tres advertencias honestas.
Espacio. Un fresno común adulto no cabe en un jardín de 100 metros cuadrados. Su sistema radicular es extenso y superficial, y planta a menos de 8-10 metros de una construcción puede levantar soleras y buscar arquetas. Respeta la distancia o elige ornus.
Alergia. Si en casa hay personas alérgicas al polen de oleáceas (la familia del olivo, a la que pertenece el fresno), plantarlo junto a la ventana del dormitorio no es buena idea. Los fresnos de flor son entomófilos y en principio menos problemáticos que los de flor apétala, pero conviene tenerlo presente.
Sanidad. Existe una enfermedad fúngica grave, la chalarosis del fresno, causada por Hymenoscyphus fraxineus, que ha devastado poblaciones de Fraxinus excelsior en el norte y centro de Europa y está presente en el norte peninsular. No debe disuadir de plantar fresno, pero sí de comprar planta de procedencia dudosa: adquiere ejemplares en vivero con pasaporte fitosanitario.
El cultivo, por lo demás, es sencillo. Plántalo en otoño, de octubre a diciembre, en hoyo amplio y a pleno sol. Riega los dos o tres primeros veranos hasta que arraigue; después, en clima mediterráneo con angustifolia u ornus, puede vivir prácticamente sin riego. Poda solo lo imprescindible, a finales de invierno, para formar un tronco limpio y retirar madera seca. Crece deprisa, entre 40 y 60 cm al año en buenas condiciones, así que da sombra utilizable en cinco o seis años.
En resumen
El fresno es un árbol autóctono, rústico y de crecimiento rápido que da sombra en verano y deja pasar el sol en invierno, con una copa que filtra la luz y permite cultivar debajo. Tolera suelos calizos, arcillosos y encharcamientos temporales, y resiste fríos intensos. Elige Fraxinus angustifolia para clima seco, excelsior para el norte húmedo y ornus si el espacio es limitado o quieres floración blanca y perfumada. Cuenta con su tamaño adulto, con las sámaras que germinan por todas partes y con el polen si hay alérgicos en casa. Plántalo en otoño, riégalo los primeros veranos y luego apenas te dará trabajo.