Hay una confusión de nombres que conviene deshacer antes de seguir: el tamarindo malabar y el tamarindo de toda la vida no son parientes, ni se parecen en nada más allá de que ambos frutos son ácidos. El primero es una Garcinia; el segundo, un Tamarindus. Familias distintas, aspecto distinto, uso distinto. Como buena parte de lo que se lee sobre la garcinia procede de la publicidad de complementos alimenticios y no de la botánica, el enredo se ha extendido bastante. Aquí va lo que sí es la garcinia: un género de árboles tropicales con frutos notables, un cultivo exigente y una fama comercial que le viene grande.
Qué es exactamente una garcinia
Garcinia es un género de la familia Clusiaceae (antes llamada Guttiferae) que reúne alrededor de doscientas cincuenta especies de árboles y arbustos leñosos, todas ellas de clima tropical húmedo. Su distribución natural se concentra en el sudeste asiático (India, Sri Lanka, Tailandia, Malasia, Indonesia), con representantes también en África tropical, Madagascar, Polinesia y América del Sur.
El rasgo que comparten y que delata al género es el látex amarillo o anaranjado que brota al herir la corteza o un fruto verde. Ese látex resinoso es tan característico que una especie, Garcinia hanburyi, se explotó durante siglos para obtener la gutagamba, el pigmento amarillo intenso que usaban los pintores. Si cortas una rama de garcinia y el corte no exuda ese jugo pegajoso amarillo, sospecha que no estás ante una garcinia.
Otro rasgo del género: es dioico en su mayor parte, es decir, hay pies macho y pies hembra por separado. Eso tiene consecuencias prácticas evidentes para quien plante semillas esperando fruta, porque hasta la floración no sabrás qué te ha tocado. Con una excepción curiosa que se explica más abajo.
El lío del tamarindo: dos plantas que no son la misma
Merece la pena detenerse aquí porque es la duda que más se repite cuando alguien busca información sobre esta planta.
El tamarindo propiamente dicho es Tamarindus indica, un árbol de la familia de las leguminosas (Fabaceae), de origen africano y ampliamente cultivado en la India y América tropical. Da vainas alargadas, marrones y quebradizas, con una pulpa pardusca, agridulce y pegajosa que se usa en salsas, refrescos y dulces. Puede superar los 20 metros y tiene hoja compuesta, con foliolos pequeños, típicamente leguminosa.
El tamarindo malabar es Garcinia gummi-gutta, sinónimo del nombre comercial Garcinia cambogia, con el que se etiquetan los suplementos. Su fruto no es una vaina: es una baya redondeada, del tamaño de una mandarina o algo mayor, de color verde que vira a amarillo o naranja al madurar, y con surcos longitudinales muy marcados que le dan aspecto de calabacita. La hoja es simple, entera, coriácea y brillante. No hay manera razonable de confundir los dos árboles teniéndolos delante.
El nombre común nació sencillamente porque en la costa de Malabar, en Kerala, el fruto seco de la garcinia se usaba (y se usa) como acidulante en la cocina, la misma función que cumple la pulpa del tamarindo verdadero. Un apodo de cocinero, no un parentesco botánico.
Cómo es el árbol y cómo es el fruto
Las garcinias son árboles de crecimiento lento, con porte cónico o redondeado y un follaje denso, oscuro y muy brillante. Según especie alcanzan entre 5 y 20 metros en su clima, aunque en cultivo forzado rara vez pasan de la mitad. Las hojas son opuestas, simples, gruesas al tacto, de un verde que casi parece barnizado.
La floración es discreta: flores pequeñas, blanquecinas, rosadas o amarillentas, poco vistosas, solitarias o en pequeños grupos. Nadie planta una garcinia por sus flores.
El fruto es lo que importa. Es una baya carnosa con una cáscara gruesa y correosa, cargada de látex y de compuestos amargos, que envuelve unos gajos blancos, jugosos y translúcidos que rodean a las semillas. En el mangostán esos gajos son lo comestible; en el tamarindo malabar, al contrario, lo que se aprovecha es la corteza del fruto, que se corta, se ahúma y se seca hasta quedar negra y coriácea.
Especies que conviene distinguir
Garcinia mangostana, el mangostán. La especie más valorada del género y una de las frutas tropicales mejor consideradas del mundo. Cáscara morada, gruesa, con un cáliz persistente en forma de estrella, y en el interior de cinco a siete gajos blancos de sabor dulce y ligeramente ácido. Es un árbol difícil: crece muy despacio y tarda entre 8 y 15 años en dar la primera cosecha desde semilla.
Garcinia gummi-gutta (G. cambogia), el tamarindo malabar. El de los surcos y la corteza acidulante. En Kerala se conoce como kodampuli y es el ingrediente que da el punto ácido a los guisos de pescado.
Garcinia indica, el kokum. Originaria de los Ghats occidentales de la India. Fruto morado del que se obtiene un acidulante rojizo muy usado en la cocina de Maharashtra y Goa, y una manteca sólida de la semilla que se emplea en cosmética.
Garcinia livingstonei, el mangostán africano. Más rústico y adaptable que sus parientes asiáticos, de porte irregular y hoja rígida. Es la especie que mejor tolera condiciones secas dentro del género, lo que no significa que sea una planta de secano.
¿Se puede cultivar garcinia en España?
Respuesta corta: al aire libre, en la Península, no. Y conviene decirlo sin rodeos porque circulan por internet semillas y plantones vendidos como si fueran un frutal más.
El problema no es solo el frío, aunque el frío basta. La garcinia sufre daños por debajo de los 7 u 8 °C y una helada, por ligera que sea, la mata. Ni siquiera en las zonas más benignas del litoral mediterráneo o en la costa de Málaga, donde prosperan el aguacate o el mango, aguanta bien: le falta lo otro que necesita, que es humedad ambiental alta y constante, por encima del 70-80 %, y ausencia de estación seca. El aire seco del verano peninsular, y sobre todo el viento cálido, le queman las hojas aunque el riego sea abundante.
Donde sí hay opciones reales es en las zonas costeras más cálidas y húmedas de Canarias, en enclaves protegidos y sin viento, y siempre entendiendo que se trata de un cultivo de coleccionista, no comercial.
En el resto del país, la vía practicable es la maceta grande en invernadero templado, galería acristalada o invernadero de jardín con calefacción invernal. Se puede sacar al exterior a la sombra de mayo a septiembre y entrar antes de que las noches bajen de 12-14 °C. Es una planta ornamental de follaje bonito y de cultivo lento; esperar frutos en esas condiciones es poco realista.
Cuidados: sustrato, riego, abonado y trasplante
Sustrato. Ácido, entre pH 5 y 6,5, rico en materia orgánica y con buen drenaje. Una mezcla de sustrato para plantas acidófilas con un 20-30 % de perlita o fibra de coco funciona bien. La cal es su enemiga declarada: en suelo o agua calizos aparece de inmediato la clorosis férrica, con las hojas amarillas y los nervios verdes.
Riego. Frecuente y sin encharcar, manteniendo el sustrato siempre ligeramente húmedo. No tolera la sequía ni un solo episodio serio; tampoco el agua estancada en el plato. Riega con agua de lluvia, osmotizada o al menos de baja dureza. Si tu agua del grifo es dura, es el factor que antes acabará con la planta, mucho antes que cualquier plaga.
Luz. Los ejemplares jóvenes son plantas de sotobosque y necesitan sombra: durante los dos o tres primeros años, un 50 % de sombreo. A pleno sol directo del verano español, las hojas nuevas se queman. Con los años tolera más luz, pero nunca la insolación seca del mediodía en julio.
Abonado. De marzo a septiembre, con un fertilizante para plantas acidófilas o un complejo con micronutrientes quelatados, a dosis moderadas cada 15-20 días si es líquido. En invierno, suspender.
Trasplante. Aquí hay un detalle que decide muchas muertes. El sistema radicular de la garcinia, y muy en particular el del mangostán, es pobre, frágil y prácticamente carente de pelos absorbentes. La planta se recupera fatal de cualquier destrozo en las raíces. Traspón siempre con el cepellón entero, sin desmenuzarlo, sin podar raíces y a un tiesto solo un par de tallas mayor. Después, sombra y humedad alta durante unas semanas.
Poda. Mínima. Retira ramas secas, rotas o mal orientadas al final del invierno y poco más. No es una especie que responda bien a podas severas.
Multiplicación: semillas que no admiten espera
La semilla de garcinia es recalcitrante: no soporta la desecación ni el frío, y pierde la viabilidad en cuestión de días o pocas semanas desde que se extrae del fruto. Por eso los sobres de semillas comprados por internet germinan tan mal: no es mala suerte, es que llegaron muertas. Si consigues un fruto fresco, limpia la semilla de pulpa y siémbrala inmediatamente en sustrato ácido, a 25-30 °C y con humedad muy alta. La germinación es lenta, de varias semanas a un par de meses.
Un dato que sorprende: el mangostán es apomíctico. Sus semillas no proceden de una fecundación normal, sino de tejido de la propia madre, de modo que las plantas hijas son clones genéticamente idénticos a ella. Por eso apenas hay variedades de mangostán en el mundo, y por eso en esta especie concreta no hay que preocuparse por machos y hembras.
En las especies dioicas, cuando se busca fruta se recurre al injerto de aproximación sobre patrones de la misma especie o afines, que además acorta bastante la espera hasta la primera cosecha. Los esquejes enraízan mal y no son una vía práctica.
Usos: cocina, industria y lo que se dice de sus propiedades
En su tierra, la garcinia es sobre todo un ingrediente de cocina. La corteza seca de G. gummi-gutta y el kokum de G. indica se añaden a curris, guisos de pescado y legumbres para aportar acidez y un fondo ligeramente ahumado, un papel parecido al del limón o el tamarindo pero con menos dulzor. El mangostán se come fresco, sin más. De las semillas de G. indica se extrae la manteca de kokum, sólida a temperatura ambiente, empleada en cosmética.
Y luego está la fama moderna. La corteza del tamarindo malabar contiene ácido hidroxicítrico (AHC), y a partir de ahí se construyó una industria de complementos adelgazantes. Conviene ser sobrio con esto: los ensayos clínicos realizados muestran efectos pequeños o nulos sobre el peso, con resultados inconsistentes entre estudios, y existen casos documentados de daño hepático asociados al consumo de suplementos concentrados que la contienen, hasta el punto de que varias agencias sanitarias han emitido avisos. El uso culinario tradicional del fruto, en cantidades de condimento, es otra cosa muy distinta de tomar cápsulas de extracto concentrado. Cualquier decisión sobre suplementos corresponde a un profesional sanitario, no a una web de jardinería.
Errores frecuentes
Comprarla como frutal de exterior. Es la equivocación más cara. Ningún clima peninsular la mantiene viva un invierno a la intemperie.
Regarla con agua dura. La clorosis por cal es progresiva y, cuando las hojas están completamente amarillas, la recuperación es lenta e incierta. Se corrige con quelato de hierro tipo EDDHA, pero lo eficaz es prevenirla cambiando el agua de riego.
Ponerla a pleno sol nada más comprarla. Un ejemplar joven criado en umbráculo de vivero se quema en cuestión de días si se saca directamente al sol de junio. La aclimatación tiene que ser gradual, con sombreo.
Deshacer el cepellón al trasplantar. Con la mayoría de las plantas es buena práctica soltar un poco las raíces; con esta, es lo que la mata.
Esperar cosecha pronto. Ocho a quince años desde semilla en su clima natural. Bajo cristal en España, esa cifra deja de tener sentido.
En resumen
Garcinia es un género de árboles tropicales de la familia Clusiaceae, reconocibles por su látex amarillo, su hoja gruesa y brillante y sus frutos de cáscara correosa. Sus especies más conocidas son el mangostán (G. mangostana), de gajos blancos comestibles, y el tamarindo malabar (G. gummi-gutta), cuya corteza seca sirve de acidulante en la cocina del sur de la India. Este último nada tiene que ver con el tamarindo verdadero, Tamarindus indica, que es una leguminosa.
Como planta de jardín en España es un cultivo de invernadero o de galería: exige temperaturas por encima de 12-15 °C todo el año, humedad ambiental alta, sustrato y agua sin cal, sombra en sus primeros años y un trasplante extremadamente cuidadoso. La semilla solo germina si está fresca. Y respecto a las propiedades adelgazantes que le atribuye el mercado de suplementos, la evidencia disponible es floja y hay avisos sanitarios sobre el extracto concentrado: para el jardinero, la garcinia es un árbol interesante de follaje precioso, no un remedio.