Hay pocas floraciones tan reconocibles en la costa atlántica andaluza como la de la retama blanca. A finales de invierno, cuando el resto del jardín todavía no ha arrancado, la Retama monosperma se cubre de flores blancas de olor intenso sobre unas ramas glaucas y colgantes que parecen de mimbre. Es una planta autóctona, resistente a la sequía y a la sal, y muy poco utilizada en jardinería doméstica pese a estar hecha a medida para el clima que tenemos.
Características
La Retama monosperma (L.) Boiss. es un arbusto de la familia de las leguminosas (Fabaceae), dentro de la tribu de las genisteas, el mismo grupo que las retamas, los piornos y las genistas. Se la conoce como retama blanca, retama de olor o retama de flor blanca. En bibliografía reciente aparece también como Genista monosperma, resultado de las revisiones filogenéticas del género; el nombre Retama monosperma sigue siendo el de uso corriente.
Alcanza entre 2 y 3,5 metros de altura, con porte redondeado, muy ramificado desde la base y de aspecto llorón: las ramas jóvenes son largas, flexibles, cilíndricas, finamente estriadas y de un verde grisáceo o glauco muy característico, y arquean hacia abajo en las puntas. Ese color pálido se debe a una capa de ceras y pelos finos que reducen la pérdida de agua.
La hoja es prácticamente inexistente y es la clave para entender la planta. Produce hojas simples, muy pequeñas, de 5 a 15 mm, lineares y sedosas, que caen muy pronto. La fotosíntesis la hacen los tallos verdes. Esta estrategia —afilia, la llaman los botánicos— es una adaptación al calor y a la sequía: sin superficie foliar, la transpiración se reduce drásticamente. Cuando alguien dice que su retama «se ha quedado sin hojas», normalmente no le pasa nada: es su forma normal de vivir.
La floración es su gran atractivo. Va de enero-febrero a abril, según la zona, con racimos laterales densos de flores blancas amariposadas de 8 a 12 mm, con la quilla a veces teñida de rosado, y un perfume dulce y penetrante que se nota a varios metros. Es una planta melífera de primer orden y una de las primeras fuentes de néctar del año para las abejas.
El fruto es una legumbre ovoide o subglobosa de 1 a 1,5 cm, indehiscente, que suele contener una sola semilla —de ahí el epíteto monosperma—, ocasionalmente dos. La semilla es dura, brillante, de color pardo o rojizo.
Como leguminosa, fija nitrógeno atmosférico gracias a bacterias simbióticas del género Bradyrhizobium alojadas en nódulos radiculares. Eso le permite colonizar arenas prácticamente estériles y, de paso, mejorar el suelo para las plantas que vienen detrás.
Origen y hábitat
Es una especie del suroeste de la península ibérica y del noroeste de África. En España su núcleo natural está en el litoral atlántico de Huelva y Cádiz, con poblaciones destacadas en el entorno de Doñana, el Coto de Doñana y las arenas costeras onubenses; también aparece en el suroeste de Portugal, y en Marruecos y Argelia.
Su hábitat típico son las dunas y arenales costeros, sobre suelos arenosos, profundos, muy drenantes y pobres en materia orgánica, con influencia de la brisa marina. Ahí desempeña un papel ecológico importante como fijadora de dunas: su sistema radicular profundo y extenso sujeta la arena, frena el avance del sustrato móvil y crea las condiciones para que se instalen otras especies. En el sotobosque de los pinares de piñonero litorales forma matorrales densos.
Ese origen dunar explica todos sus requerimientos: sol pleno, suelo suelto, tolerancia a la salinidad y una resistencia a la sequía estival casi absoluta.
Conviene distinguirla de sus parientes. La Retama sphaerocarpa, la retama de bolas, es la común del interior peninsular, con flores amarillas y frutos esféricos; es la que se ve en los secarrales de la Mancha y de Extremadura. La Retama raetam, también de flor blanca, es de distribución norteafricana y del sureste. Y las Genista y Spartium junceum (gayomba), amarillas, se confunden a menudo con las retamas en el lenguaje popular. Si tienes una retama de flor blanca y perfumada en el suroeste, casi con seguridad es monosperma.
Cuidados
Ubicación. A pleno sol, sin discusión. En sombra o media sombra crece desgarbada, se ahíla, ramifica poco y florece mal o nada. Tolera el viento y la exposición marina directa, lo que la convierte en una candidata excelente para jardines de primera línea de playa donde casi nada aguanta.
Suelo. Aquí no hay margen: necesita drenaje excelente. Prospera en arenas puras, en suelos pedregosos y en sustratos pobres. Los suelos arcillosos, compactados o que retienen agua tras la lluvia son su sentencia: la raíz se pudre. Si tu terreno es pesado, la única forma de cultivarla es en montículo elevado, con aporte generoso de arena gruesa y grava, o directamente en maceta. Tolera pH de neutro a básico y también suelos algo salinos.
No le enmiendes el suelo con compost ni estiércol. Como leguminosa fijadora, el exceso de fertilidad —en particular de nitrógeno— le hace crecer blanda, alargada y con menos flor, y aumenta el riesgo de problemas radiculares.
Riego. Es una planta de secano una vez establecida. El primer año conviene regar de forma moderada y espaciada, cada 10-15 días en verano, solo para que la raíz profundice. A partir del segundo año, en el litoral sur, puede vivir únicamente del agua de lluvia. Un par de riegos de socorro en un verano especialmente seco son suficientes.
El exceso de riego mata más retamas que cualquier plaga. Si la ves con las ramas amarillentas y decaída en pleno verano y estás regando cada dos días, la causa es esa.
En maceta, sustrato muy drenante —dos partes de sustrato universal, una de arena gruesa y una de picón o grava fina—, maceta con orificios amplios, sin plato, y riego solo cuando el sustrato esté seco en profundidad.
Abonado. Prácticamente innecesario. Si acaso, un aporte ligero de abono con bajo nitrógeno y algo de potasio al final del invierno en ejemplares en maceta. En suelo, nada.
Rusticidad. Es una planta de clima templado litoral. Aguanta bien el calor extremo y la insolación, y tolera heladas ligeras, del orden de -4 a -6 ºC, pero sufre con heladas prolongadas y con inviernos continentales duros. En Madrid, Castilla y León o Aragón es una apuesta arriesgada; en el litoral mediterráneo y atlántico, en Canarias y en el valle del Guadalquivir va perfectamente.
Poda. Poca y con cuidado. La retama, como casi todas las genisteas, rebrota mal desde madera vieja y sin verde. Si la cortas a fondo sobre ramas leñosas y desnudas, hay bastantes probabilidades de que esa rama no vuelva a brotar y la planta quede desfigurada. Limítate a un despunte ligero justo después de la floración, en abril o mayo, cortando sobre tallo verde para mantener la forma y evitar que se desgarbe. Retira ramas secas o rotas cuando aparezcan. Es preferible mantener la forma desde joven que intentar corregirla después.
Multiplicación. Por semilla es lo habitual, y hay que resolver la dureza de la cubierta. Las semillas de leguminosa tienen tegumento impermeable y necesitan escarificación: lijar suavemente la semilla con papel de lija, o sumergirla en agua muy caliente (unos 80 ºC) dejándola enfriar 24 horas. Después se siembran en primavera u otoño en sustrato arenoso, apenas cubiertas, y germinan en dos o tres semanas.
Un punto importante: las retamas trasplantan mal porque desarrollan raíz pivotante profunda. Siembra directamente en macetas altas tipo forestal y plántala en su sitio definitivo joven, con el cepellón entero y sin manipular las raíces. Un ejemplar grande de vivero arraiga peor que uno pequeño.
Por esqueje semileñoso en verano, con hormonas de enraizamiento, se puede intentar, pero los porcentajes son bajos.
Plagas y enfermedades
Es una planta notablemente sana. Los problemas que puede presentar son casi siempre consecuencia de un cultivo inadecuado:
Podredumbre radicular por hongos del suelo (Phytophthora, Fusarium) en terrenos encharcados o con riego excesivo. Es su causa de muerte más frecuente y no tiene tratamiento práctico; se previene con drenaje.
Pulgón en los brotes tiernos durante la primavera, especialmente si se ha abonado con nitrógeno. Se controla con jabón potásico o simplemente dejando actuar a los depredadores naturales.
Cochinilla algodonosa ocasional en ejemplares en maceta o en ambientes poco ventilados.
Orugas defoliadoras de lepidópteros asociados a genisteas, que ramonean tallos jóvenes sin llegar a comprometer la planta.
No requiere tratamientos preventivos de ningún tipo en condiciones normales.
Usos
Ornamental. Funciona muy bien como ejemplar aislado, donde su porte llorón y su floración invernal destacan, y también en grupos y setos informales para pantallas ligeras. Es una pieza natural en jardines de bajo consumo hídrico, en xerojardinería mediterránea y en jardines de dunas o de estilo naturalista. Combina bien con Juniperus rastreros, Pistacia lentiscus, Rosmarinus officinalis, Cistus, Lavandula y gramíneas como Ampelodesmos o Stipa. En maceta grande sobre terraza soleada aguanta bien, aunque su tamaño adulto pide contenedor amplio.
Restauración y control de erosión. Es su papel más valioso. Se emplea en fijación de dunas costeras, revegetación de arenales degradados, taludes y suelos pobres. Al fijar nitrógeno, mejora las condiciones edáficas y facilita la sucesión de otras especies.
Apícola. Su floración temprana y abundante la convierte en un recurso muy importante para las abejas en un momento del año en el que hay poco más disponible.
Etnobotánica y precauciones. Se ha usado tradicionalmente como leña, para escobas y como forraje de emergencia para ganado. Conviene una advertencia clara: las retamas y genistas contienen alcaloides quinolizidínicos —citisina y esparteína entre otros— que son tóxicos en cantidad, especialmente en semillas. No es planta para consumo humano ni para uso medicinal casero, y su ramoneo continuado por ganado puede causar intoxicaciones. Si tienes niños pequeños en el jardín, ten en cuenta que las legumbres son atractivas visualmente.
Un apunte legal: es una especie silvestre autóctona y en algunas zonas su recolección en el medio natural está regulada. Compra planta o semilla en viveros que trabajen con material de origen controlado; además de ser lo correcto, la planta de vivero viene ya micorrizada y nodulada.
En resumen
La Retama monosperma es un arbusto autóctono del litoral atlántico del suroeste peninsular, de 2 a 3,5 metros, con ramas glaucas y colgantes casi sin hojas y una floración blanca muy perfumada entre enero y abril. Pide sol pleno, suelo arenoso con drenaje impecable y casi nada de agua una vez establecida; el exceso de riego y los suelos pesados son lo único que la mata. Tolera la sal y el viento marino, resiste heladas ligeras de hasta unos -5 ºC y no necesita abonado porque fija su propio nitrógeno. Pódala solo con despuntes ligeros tras la floración, sobre tallo verde, porque no rebrota de madera vieja, y plántala joven porque su raíz pivotante trasplanta mal. Es una elección excelente para xerojardinería costera y para fijar arenas, y una mala idea en un jardín de riego frecuente.