Si tuviera que recomendar un solo arbusto de flor para un jardín mediterráneo con poco riego, sería este. La Salvia microphylla florece desde abril hasta las primeras heladas, aguanta la sequía, no le importa el suelo calizo, se multiplica sola por esquejes y atrae abejas y mariposas de forma constante. Su único defecto real es que si no se poda cada año acaba convertida en una mata leñosa, abierta y desangelada.

Características principales

Es una labiada, de la misma familia que el romero, la lavanda y la salvia de cocina. Procede de las zonas montañosas de México y el sureste de Arizona, donde crece entre 1.500 y 3.000 metros de altitud en pinares y encinares abiertos. Ese origen de montaña subtropical es la clave de su comportamiento: le gusta el sol y el calor, pero está acostumbrada a noches frescas y a inviernos con heladas, lo que la hace mucho más rústica que la mayoría de salvias ornamentales.

Forma un subarbusto de 60 cm a 1,2 metros de altura y otro tanto de anchura, con la base leñosa y las ramas superiores herbáceas y cuadrangulares, como corresponde a la familia. Las hojas son opuestas, ovadas, de 1 a 3 cm —de ahí el epíteto microphylla, «hoja pequeña»—, con el margen ligeramente dentado y textura algo rugosa.

El detalle que la delata: al frotar una hoja entre los dedos desprende un aroma característico a grosella negra, afrutado y resinoso, muy distinto del olor herbáceo de otras salvias. Es la forma más rápida de identificarla en un vivero.

Las flores se disponen en espigas laxas en el extremo de los tallos. Tienen la forma bilabiada típica, con el labio inferior amplio a modo de pista de aterrizaje para los polinizadores, y miden unos 2-3 cm. El color original es un rojo carmín intenso, pero los cultivares cubren toda la gama del rojo, magenta, rosa, salmón, coral, blanco y bicolor.

Detalle de las flores bilabiadas de Salvia microphylla

Lo más valioso es la duración de la floración: en clima mediterráneo litoral empieza en abril y no para hasta noviembre o diciembre, con un ligero descanso en el pico de calor de agosto. En el interior, de mayo a las primeras heladas de otoño. Son siete u ocho meses de flor, algo que muy pocos arbustos ofrecen.

Cultivares y confusiones

Merece la pena aclarar el enredo comercial. Salvia microphylla se hibrida con facilidad con Salvia greggii, y el conjunto de esos híbridos se denomina Salvia × jamensis. Muchas de las plantas etiquetadas como «microphylla» en los viveros son en realidad híbridos, y a efectos de cultivo la diferencia es irrelevante: los cuidados son idénticos.

Entre los cultivares más extendidos en España:

'Hot Lips', el más popular, con flores bicolores blancas y rojas. Tiene una peculiaridad que desconcierta a mucha gente: el color cambia con la temperatura. Con calor fuerte tiende a salir toda roja; con temperaturas frescas, toda blanca; y en los rangos intermedios, bicolor. No está enferma ni ha degenerado, es su respuesta térmica normal.

'Cerro Potosí', de flor magenta intenso y porte vigoroso, uno de los más resistentes al frío.

'Royal Bumble', rojo escarlata profundo con cálices oscuros.

'Nachtvlinder' y otros de tonos púrpura oscuro, y una larga lista de híbridos jamensis en tonos albaricoque, crema y rosa pálido.

Propiedades y usos

En México se conoce como mirto o mirto de montaña y sus hojas se emplean tradicionalmente en infusión digestiva y como aromatizante. Contiene aceites esenciales y compuestos fenólicos comunes al género Salvia. Dicho esto, en España se cultiva como ornamental y no como planta medicinal; conviene no extrapolar propiedades ni recomendar consumos sin conocimiento específico.

Su uso realmente interesante aquí es ecológico y paisajístico. Es una de las mejores plantas de jardín para polinizadores: abejas, abejorros y mariposas la visitan sin descanso durante toda la temporada, y precisamente en verano y otoño, cuando el resto del jardín mediterráneo ya no ofrece néctar. En su tierra la polinizan colibríes, lo que explica la forma tubular y el color rojo de la flor.

En diseño funciona en macizos de bajo riego junto a lavandas, teucrios, perovskias, gauras y gramíneas ornamentales; en bordes de camino; en maceta grande de terraza; y como mata de relleno entre arbustos de mayor porte. Combina especialmente bien con follajes grises, que hacen resaltar el rojo.

Cuidados

Exposición. Pleno sol. En media sombra florece bastante menos y se ahíla, con tallos largos y flácidos que se tumban. En el sur peninsular tolera algo de sombra a mediodía sin perjuicio, pero como norma, cuanto más sol, mejor porte y más flor.

Suelo. Su exigencia real es el drenaje. Vive perfectamente en suelos pobres, pedregosos, arenosos y calizos, y no le hace falta abonado apenas. Lo que la mata es el suelo pesado que se mantiene húmedo en invierno: la combinación de frío y encharcamiento pudre la base leñosa. En terreno arcilloso, plántala en caballón elevado o mezcla arena gruesa y grava en el hoyo.

En maceta, sustrato universal con un 30 % de arena o perlita, y contenedor con buenos agujeros de drenaje.

Riego. Moderado. El primer año, riego semanal en verano para que arraigue. Después, en clima mediterráneo, con un riego cada diez o quince días en pleno verano se mantiene en flor; sin riego alguno sobrevive, pero reduce mucho la floración. En maceta, más frecuente, cada dos o tres días en julio y agosto, dejando secar la superficie entre riegos.

En invierno, riego mínimo o nulo. El exceso de agua invernal es la causa de muerte más común de esta planta en España.

Abonado. Poco y en primavera. Un puñado de compost o un abono granulado de liberación lenta bajo la mata en marzo. Abonar mucho da vegetación exuberante, tallos débiles y menos flor.

Poda: lo que decide el resultado. Es el cuidado más importante y el que casi nadie hace bien. La Salvia microphylla lignifica desde abajo, y si se deja a su aire, en dos o tres años tienes un esqueleto leñoso pelado con unas ramitas verdes en las puntas.

La pauta correcta: a finales de invierno o principios de primavera —febrero o marzo, según zona, cuando ya no haya riesgo de heladas fuertes— rebaja toda la mata a un tercio de su altura, dejando entre 15 y 25 cm. Corta siempre por encima de un par de yemas visibles: si cortas en madera vieja y desnuda, esa rama puede no rebrotar. Rebrota con vigor y en dos meses está de nuevo en flor.

Nunca la podes en otoño. Los tallos secos protegen la base del frío invernal, y una poda tardía provoca brotación tierna que la primera helada arrasa.

Durante la temporada, un despunte ligero a mitad de verano —quitando las espigas gastadas y unos centímetros de tallo— rejuvenece la mata y provoca una segunda oleada de flor más abundante en septiembre y octubre.

Rusticidad. Resiste heladas de hasta unos -10 °C con la parte aérea dañada pero rebrotando desde la base en primavera; algunos cultivares aguantan algo menos. Es apta para casi toda la España peninsular. En zonas frías, un buen acolchado de 10 cm sobre la base en noviembre marca la diferencia entre perderla y verla rebrotar. En clima suave se comporta como perenne y conserva hoja todo el invierno.

Plagas y enfermedades. Muy pocas. Su follaje aromático la protege de la mayoría de insectos. Puede aparecer pulgón en primavera en brotes tiernos, controlable con jabón potásico, y oídio en otoños húmedos con poca ventilación, que se corrige aclarando la mata. Los caracoles atacan los rebrotes tras la poda.

El problema serio, otra vez, es la pudrición del cuello por exceso de humedad. Si la planta se marchita de golpe estando el suelo húmedo, ese es el diagnóstico y no tiene arreglo.

Multiplicación

Es de las plantas más fáciles de esquejar que existen, hasta el punto de que no tiene sentido comprar más de un ejemplar de cada variedad. En primavera o a finales de verano, corta puntas de tallo semileñoso de 8 a 10 cm, retira las hojas de la mitad inferior y planta en una mezcla de turba y perlita o directamente en arena húmeda. Con hormonas enraíza mejor, pero sin ellas también funciona: el porcentaje de éxito supera con holgura la mitad.

En tres o cuatro semanas tienes raíces. Con esquejes de primavera, la planta florece ese mismo verano.

También se puede dividir la mata en primavera o acodar ramas bajas cubriéndolas de tierra, que enraízan solas. La semilla germina bien pero los cultivares no salen fieles.

En resumen

Salvia microphylla es un subarbusto mexicano de flor casi continua de primavera a otoño, con follaje aromático a grosella negra, que pide pleno sol, suelo drenante —le da igual que sea calizo o pobre— y riego escaso. Aguanta hasta unos -10 °C rebrotando de cepa. Su cuidado decisivo es la poda de rebaje a un tercio a finales de invierno, siempre sobre yemas visibles y nunca en otoño; sin ella se desmadeja en pocos años. Multiplícala por esqueje, que enraíza casi solo, y evita el encharcamiento invernal, que es lo único que la mata de verdad.


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