Un limonero amarillo es probablemente la consulta más repetida en cualquier vivero, y casi siempre la respuesta es la misma: no es que le falte abono, es que no puede absorber el que ya tiene. Los cítricos son especialmente propensos a esto, y entenderlo ahorra tirar sacos de fertilizante a un problema que no es de nutrientes sino de suelo.

Naranjo con frutos maduros

Qué necesitan y en qué proporción

El cítrico es un árbol de hoja perenne que además fructifica: renueva follaje y alimenta fruta a la vez, así que consume mucho y de forma continua.

Es especialmente exigente en nitrógeno, bastante en potasio y poco en fósforo. Un abono específico para cítricos suele rondar el 12-4-16 o parecido, y esa proporción no es capricho: el nitrógeno mantiene el verde y el crecimiento, el potasio da calidad y tamaño a la fruta y resistencia al frío, y el fósforo hace falta en cantidades pequeñas.

Pero lo que realmente decide el aspecto de un cítrico son los micronutrientes, sobre todo hierro, magnesio, zinc y manganeso. Un abono para cítricos que no los lleve quelatados se queda corto en cuanto el suelo sea calizo, que en España es casi siempre.

La clorosis férrica, que es el problema real

Si las hojas nuevas están amarillas con los nervios bien verdes, dibujando una especie de red, eso es falta de hierro. Y casi nunca significa que no haya hierro en el suelo: significa que el pH es demasiado alto y el hierro está ahí pero bloqueado, en una forma que la raíz no puede tomar.

Añadir más abono normal no lo arregla. Lo que funciona es quelato de hierro, y concretamente el tipo EDDHA, que es el único que aguanta en suelos calizos —el EDTA, más barato, se degrada por encima de pH 6,5 y no sirve de nada en la mayor parte del país—. Se aplica en riego, a finales de invierno y de nuevo en verano si hace falta.

A largo plazo, ayuda acidificar: acolchado orgánico, riego con agua sin exceso de cal, y en maceta, sustrato específico para plantas acidófilas.

Un matiz útil para el diagnóstico: si el amarilleo entre nervios aparece en las hojas viejas y no en las nuevas, no es hierro, es magnesio, y se corrige con sulfato de magnesio.

El calendario

En tierra, tres momentos:

Final del invierno, febrero o marzo, antes de la brotación. Es el abonado principal, con el quelato de hierro si toca.

Después del cuajado, en mayo o junio, cuando el fruto ya está formado. Aquí sube el potasio.

Final del verano, agosto o principios de septiembre, para la maduración y para que el árbol entre fuerte en el invierno.

No abones en otoño avanzado ni en invierno. Provocarías brotación tierna justo antes de las heladas, y el cítrico es sensible al frío.

En maceta cambia: el riego lava los nutrientes constantemente, así que lo razonable es abono líquido cada dos o tres semanas de marzo a septiembre, a dosis más diluida.

Dónde ponerlo

Las raíces que absorben no están junto al tronco sino en la proyección de la copa, en el perímetro. Reparte el abono en esa corona, nunca amontonado en el pie, y riega bien después para que baje.

Cuidado con acumular abono contra el tronco: quema la corteza y favorece la gomosis.

Materia orgánica

Un buen aporte de estiércol maduro o compost cada otoño hace más por un cítrico a medio plazo que cualquier fertilizante. Mejora la estructura, retiene humedad, baja el pH poco a poco y libera micronutrientes de forma progresiva.

Que esté bien compostado. El estiércol fresco quema la raíz y trae semillas de mala hierba.

Cómo leer las hojas

Amarillo general, incluidos los nervios, empezando por las hojas viejas: falta nitrógeno.

Hojas nuevas amarillas con nervios verdes: hierro. Quelato EDDHA.

Hojas viejas amarillas entre nervios, con una uve verde en la base: magnesio.

Hojas pequeñas, arrosetadas, con moteado claro: zinc.

Puntas y bordes quemados: exceso de sales, por abonado alto o agua de mala calidad. Riega abundantemente para lavar y espacia los abonados.

Y un aviso: el amarilleo por exceso de riego se parece mucho al de falta de nitrógeno. Antes de abonar, comprueba que el suelo no está permanentemente encharcado, porque una raíz asfixiada tampoco absorbe nada.

En resumen

Abono específico rico en nitrógeno y potasio, repartido en tres aplicaciones entre febrero y septiembre, en la proyección de la copa y regando después. Si las hojas nuevas amarillean con los nervios verdes, el problema es el pH y se resuelve con quelato de hierro EDDHA, no con más abono.


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