Cuidado con el nitrógeno. Es el elemento que antes se nota en un cerezo —brotes largos, hoja grande, verde intenso— y también el que con más facilidad arruina una cosecha: fruta blanda, mal color, más rajado y una puerta abierta al chancro bacteriano. Con el cerezo (Prunus avium) el abonado no consiste en dar mucho, sino en dar lo justo en el momento adecuado, y ese momento casi nunca es el que se espera.

Porque la particularidad del cerezo es que se recolecta muy pronto. Según la variedad y la altitud, entre mediados de mayo y primeros de julio en la mayor parte de la península. Cuando llega el cesto de cerezas a la cocina, al árbol le quedan todavía tres o cuatro meses de hoja activa por delante, y es en ese periodo —no en primavera— cuando fabrica las reservas y diferencia las yemas de flor de la campaña siguiente. Un cerezo se abona, en buena medida, después de haberlo cosechado.

Cerezo cargado de fruta madura

Cuánto necesita realmente un cerezo

El cerezo es, dentro de los frutales de hueso, de los menos exigentes. Cada 1.000 kg de cereza recolectada se llevan del orden de 2-3 kg de nitrógeno, 0,5-0,8 kg de fósforo (P2O5) y 3-4 kg de potasio (K2O). A eso hay que sumar lo que se inmoviliza en madera nueva, hoja y raíz, y lo que se pierde con la poda que se retira.

Traducido a plantación, los programas habituales se mueven entre 60 y 100 kg de N/ha, 30-50 de P2O5 y 80-130 de K2O, siempre en función de la carga real. Para un cerezo aislado y adulto de jardín o de huerto familiar, con una copa de cinco o seis metros, hablamos de algo tan modesto como 200-400 g de nitrógeno al año. Ese es el orden de magnitud que conviene tener en la cabeza antes de vaciarle medio saco de complejo al pie.

Y hay un factor que cambia por completo las cuentas: el patrón. Un cerezo sobre Santa Lucía (Prunus mahaleb), vigoroso y con raíz profunda, explora mucho suelo y se alimenta casi solo en terrenos calizos y secos. Uno injertado sobre patrones enanizantes tipo Gisela tiene un sistema radicular pequeño y superficial, tiende a sobrecargarse de fruta y depende por completo de que le llegue agua y abono de forma regular: sin fertirrigación y sin aclareo, da mucha cereza y toda pequeña.

El abono orgánico, la base del programa

La materia orgánica es el aporte más agradecido en cerezo, y no tanto por los nutrientes que lleva como por lo que hace con el suelo: mejora la estructura, aumenta la retención de agua y estabiliza la humedad. Eso último importa mucho, porque los bandazos de humedad en el suelo durante la maduración son una de las causas del rajado del fruto.

Conviene saber qué se está comprando, porque bajo la etiqueta de «abono orgánico» se venden productos muy distintos:

  • Compost maduro. En torno al 1-2 % de nitrógeno, liberación lenta, sin riesgo de quemar. Es el aporte de fondo por excelencia: 3-5 litros por metro cuadrado bajo la proyección de la copa, en otoño o final de invierno.
  • Estiércol de vacuno u ovino compostado. Similar en concepto, algo más rico en potasio. Solo compostado: en fresco quema raíces, aporta sales y puede favorecer asfixia radicular, a la que el cerezo es especialmente sensible.
  • Humus de lombriz. Excelente como enmienda biológica y como arranque en plantones, pero pobre como fertilizante: con un 1-1,5 % de nitrógeno haría falta una cantidad enorme para cubrir las necesidades de un árbol adulto. Úsalo por lo que aporta al suelo, no esperes que sustituya al abonado.
  • Gallinaza. Muy concentrada, con un 3-4 % de nitrógeno y mucho fósforo. Solo compostada y en dosis pequeñas, del orden de 0,5 kg/m2. En dosis altas y repetidas satura el suelo de fósforo y sube la salinidad.
  • Guano. El más rápido y concentrado de todos, con porcentajes de nitrógeno y fósforo de dos cifras. Funciona como un abono mineral de acción rápida: dosis muy pequeñas, bien repartidas y regadas después.
Humus de lombriz listo para aplicar al pie del árbol

En todos los casos, la forma de aplicarlo pesa tanto como el producto: se extiende en corona, desde medio metro del tronco hasta el borde exterior de la copa, que es donde están las raíces absorbentes. Amontonado contra el tronco solo consigues mantener humedad sobre el cuello y favorecer podredumbres.

El calendario, estación por estación

Final de invierno y brotación

La floración del cerezo, en marzo, funciona con reservas: el abono que eches en flor no cambia el cuajado de ese año. Lo que sí tiene sentido es que haya nitrógeno disponible cuando la hoja empieza a trabajar, poco después. Un aporte moderado en la brotación, del orden del 40-50 % del nitrógeno anual, cubre el crecimiento del brote y el desarrollo del fruto.

Aquí es donde más se falla por exceso. Si el árbol viene haciendo brotes de más de 60-70 cm, sobra nitrógeno: recorta la dosis en lugar de mantenerla por costumbre.

Del cuajado a la recolección

En estas pocas semanas el fruto se llena a toda velocidad y lo que demanda sobre todo es potasio, que es el elemento ligado al calibre, al color y a los grados Brix. En riego localizado se aporta en fertirrigación; en secano o en riego a manta, un abono rico en potasio —sulfato potásico si hay riesgo de salinidad— aplicado tras el cuajado.

Lo verdaderamente decisivo en esta fase no es un abono, sino la regularidad del riego. Un suelo que se seca y se vuelve a empapar en plena maduración, o una tormenta sobre fruta madura, provocan rajado. Sobre esto conviene decir algo que no siempre gusta: las pulverizaciones de calcio contra el rajado se venden mucho y sus resultados son irregulares, porque el agua que hincha la cereza entra en buena parte a través de la piel del fruto y no depende del abonado. Ayudan como complemento en un suelo pobre en calcio; no sustituyen a un riego bien llevado ni a elegir variedades menos sensibles.

Posrecolección, la ventana que casi nadie aprovecha

Terminada la recolección, el árbol sigue con toda su hoja funcional y sin fruta que alimentar. Es el mejor momento del año para aportar nitrógeno: se traduce directamente en reservas de la madera y en la calidad de las yemas de flor que se están diferenciando para la primavera siguiente. Aporta el 30-40 % restante del nitrógeno anual en las tres o cuatro semanas siguientes a la recolección, con el suelo húmedo.

Con una condición estricta: terminar a finales de agosto o primeros de septiembre. Un aporte de nitrógeno más tardío retrasa el agostamiento de la madera, deja los brotes tiernos ante los primeros fríos y aumenta la susceptibilidad al chancro bacteriano (Pseudomonas syringae), que en cerezo se cuela precisamente por tejidos mal lignificados y heridas de otoño.

Otoño e invierno

Se repite mucho que en invierno también hay que abonar el cerezo, y conviene matizarlo. El árbol está en reposo y no absorbe prácticamente nada, así que el nitrógeno soluble aplicado en invierno se lava con las lluvias antes de que la raíz despierte. Lo que sí tiene todo el sentido en otoño-invierno es otra cosa: incorporar la materia orgánica, que necesita meses para mineralizarse, y corregir con tiempo los elementos de movimiento lento en el perfil, es decir el fósforo, el potasio, el magnesio o una enmienda caliza si el pH está por debajo de 5,5-6. Ese es el abonado de invierno útil.

Analiza antes de decidir

Un análisis de suelo antes de plantar y cada tres o cuatro años después evita la mayoría de los errores. Interesa el pH —el cerezo va bien entre 6 y 7,5—, la caliza activa, la materia orgánica, el potasio y magnesio asimilables y la salinidad. El cerezo es sensible a las sales y no tolera el encharcamiento; en suelo pesado, cualquier programa de abonado es secundario frente al drenaje.

El análisis foliar se hace en julio, después de la recolección, tomando hojas de la zona media de brotes del año. Como referencia orientativa se manejan valores de 2,0-2,6 % de nitrógeno, 0,15-0,30 % de fósforo, 1,5-2,5 % de potasio, 1,2-2,5 % de calcio y 0,25-0,60 % de magnesio. Si el nitrógeno foliar sale alto y la fruta fue blanda, tienes el diagnóstico hecho.

Dos carencias visibles y frecuentes en España: la clorosis férrica en suelos calizos —hojas jóvenes amarillas con nervios verdes—, que se corrige con quelato Fe-EDDHA al suelo en la brotación y no con sulfato de hierro, que se bloquea de inmediato; y la carencia de magnesio, con amarilleo entre nervios en las hojas viejas y defoliación temprana, habitual en suelos arenosos y en árboles abonados con mucho potasio.

Errores que se repiten

Abonar en flor esperando más cuajado. La flor se sostiene con reservas del año anterior. Si quieres influir en el cuajado de la próxima primavera, el trabajo se hace en julio.

Tratar el cerezo como un manzano o un melocotonero. Necesita bastante menos nitrógeno y agradece más el potasio. Copiar el programa de otro frutal es la vía rápida a un árbol grande y poco productivo.

Echar estiércol fresco al pie. Quema raíces superficiales, aporta sales y mantiene húmedo el cuello del árbol, que es justo donde no interesa.

Abonar el primer año tras la plantación. El plantón no tiene raíz suficiente para aprovecharlo y sí para sufrirlo. El primer año, agua y una buena enmienda orgánica en el fondo; el abono empieza en la segunda primavera, con dosis pequeñas.

Aplicar el abono sobre suelo seco. Sin agua no hay absorción, y en el caso de la urea, además, pérdidas importantes por volatilización en pocos días. Riega después de abonar, o abona antes de una lluvia prevista.

En resumen

El cerezo pide poco nitrógeno y bastante potasio, y su calendario está desplazado respecto al de otros frutales porque se recolecta muy pronto. Reparte el nitrógeno en dos tiempos —cerca de la mitad en la brotación y el resto justo después de recolectar, cerrando antes de septiembre—, concentra el potasio entre el cuajado y la maduración, y deja para el otoño-invierno la materia orgánica y las correcciones lentas de fósforo, potasio, magnesio o pH. Compost y estiércol compostado como base, gallinaza y guano solo en dosis pequeñas por su concentración, y humus de lombriz entendido como enmienda y no como fertilizante. Con un análisis de suelo cada pocos años, uno foliar en julio y un riego regular en maduración, tendrás resuelto el 90 % de lo que decide la cosecha.


Contenidos relacionados