Empecemos deshaciendo el malentendido que arrastra su nombre: el almendro tropical no tiene ningún parentesco con el almendro de toda la vida. El almendro que florece en febrero en Mallorca o en el Valle del Jerte es Prunus dulcis, una rosácea emparentada con el melocotonero. El almendro tropical es Terminalia catappa, de la familia de las combretáceas, un árbol que ni siquiera pertenece al mismo orden botánico. Lo que comparten es una casualidad: dentro del fruto hay una semilla que sabe parecido a una almendra. De ahí el nombre, y de ahí también la decepción de quien lo planta esperando una cosecha comparable.

Dicho esto, es un árbol magnífico por otras razones. Su arquitectura en pisos, sus hojas enormes que se ponen rojas antes de caer y la sombra densa que proyecta lo han convertido en un clásico de paseos marítimos tropicales de medio mundo. Y en España tiene sitio, aunque un sitio más pequeño del que mucha gente supone.

Ejemplar adulto de Terminalia catappa con su copa en pisos horizontales

Qué es exactamente la Terminalia catappa

Es un árbol originario del sudeste asiático, Nueva Guinea y el norte de Australia, extendido después por todas las costas tropicales del planeta gracias a un truco de dispersión muy eficaz: su fruto flota. La capa fibrosa que rodea la semilla funciona como un flotador y aguanta semanas en agua salada, así que las corrientes lo han ido plantando en playas del Caribe, África occidental y el Pacífico. Recibe nombres muy distintos según el país: almendro de la India, almendro malabar, almendrón, almendro de playa, badamier.

Alcanza entre 15 y 25 metros en su ambiente natural, con un tronco recto y a menudo con contrafuertes en la base cuando envejece. Lo que más llama la atención es su ramificación: las ramas salen del tronco en verticilos casi horizontales, separados por tramos limpios, de modo que la copa se organiza en pisos superpuestos. Esa silueta de pagoda es tan característica que permite identificarlo a distancia, y es la razón de que se plante en avenidas: da una sombra amplia y baja.

Las hojas son grandes, obovadas, de 15 a 30 cm, coriáceas y agrupadas en el extremo de las ramas. Antes de caer viran a rojo, cobre y granate, un espectáculo poco habitual en un árbol tropical. En climas con estación seca marcada se defolia por completo durante unas semanas; en climas más húmedos o en cultivo con riego constante se comporta como semicaducifolio y renueva la hoja por tandas, casi sin quedarse desnudo.

La floración pasa desapercibida: espigas de flores pequeñas, blanquecinas o verdosas, sin pétalos vistosos. El fruto sí se nota. Es una drupa ovalada y ligeramente aplanada, con dos quillas laterales, de 4 a 7 cm, que pasa de verde a amarillo y a rojizo al madurar. Dentro de esa carcasa fibrosa hay un hueso leñoso y, dentro del hueso, la semilla comestible: alargada, de un par de centímetros, con un sabor que recuerda a la almendra y a la avellana. Rica en aceite, sí, pero también minúscula en relación al tamaño del fruto, y muy trabajosa de extraer.

Dónde se puede cultivar en España

Aquí está el filtro que decide todo lo demás. La Terminalia catappa es una especie estrictamente tropical y subtropical. Los ejemplares jóvenes se resienten ya por debajo de 10 °C, con detención del crecimiento y hojas que amarillean; hacia los 4-5 °C sufre quemaduras foliares y defoliación; una helada real, aunque sea corta, mata las partes aéreas y a menudo el árbol entero. Los ejemplares adultos y bien establecidos aguantan algo más que los jóvenes, pero no lo suficiente como para fiarse.

Traducido al mapa:

Canarias. Es su sitio. En las zonas costeras de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote o Fuerteventura vive al aire libre sin problema y se planta habitualmente en paseos y jardines. Aguanta el viento cargado de sal y los suelos arenosos mejor que casi cualquier otro árbol de sombra.

Litoral sur peninsular. En enclaves muy concretos y muy abrigados de Málaga, Almería o el Campo de Gibraltar, con el mar cerca y sin heladas, algunos ejemplares se sostienen. No es un cultivo cómodo: crece más despacio, se defolia con cada ola de frío y una invernada mala se lo lleva por delante. Quien lo intente debe asumir el riesgo.

Resto de la Península y Baleares. Solo en maceta, con invernada bajo cubierta a más de 12-15 °C y mucha luz, o directamente en invernadero templado. Y con una advertencia: sus hojas son enormes y su porte quiere espacio, así que como planta de interior se queda incómodo enseguida. Existe una alternativa mucho más agradecida en maceta, Terminalia mantaly, el almendro de Madagascar, de hoja pequeña y porte más compacto, que además es la especie que muchas veces se vende confundida con esta.

Suelo, riego y abonado

En cuanto a suelo es de una tolerancia notable. Prefiere sustratos arenosos y muy drenados, del tipo playa, y no le molesta un pH básico ni una fertilidad baja. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado: en suelos pesados y compactados aparecen podredumbres radiculares por Phytophthora y el árbol se va en un par de temporadas. Si el terreno es arcilloso, hay que plantar en caballón o corregir el drenaje antes, no después.

El riego se administra en dos regímenes distintos. Durante los dos o tres primeros años conviene mantener el cepellón fresco, con riegos regulares y abundantes en la época cálida, porque es cuando construye el sistema radicular y cuando más rápido crece: no es raro que gane un metro por temporada. A partir de ahí, con la raíz asentada, se vuelve bastante resistente a la sequía y en Canarias muchos ejemplares viven sin riego alguno. En maceta la regla cambia: regar cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos y vaciar siempre el plato, porque en invierno, con poca luz y temperaturas bajas, el exceso de agua es la causa habitual de muerte.

El abonado no tiene misterio. De marzo a septiembre, un abono equilibrado de liberación lenta al inicio de la primavera y, si se busca crecimiento rápido, un complemento líquido cada tres o cuatro semanas durante el verano. En suelos calizos canarios puede mostrar clorosis férrica en las hojas nuevas, con el limbo amarillo y los nervios verdes; se corrige con quelato de hierro. En invierno, abonado cero: la planta está parada o casi, y el fertilizante que no consume se queda salinizando el sustrato.

Plantación, trasplante y poda

La plantación en suelo se hace a comienzos de la estación cálida, cuando la temperatura nocturna ya se mantiene por encima de 15 °C: en Canarias, de abril a junio. Antes de cavar el hoyo hay que pensar en el tamaño final, porque es un árbol que pide sitio de verdad. Sus raíces superficiales levantan aceras y bordillos, la copa se extiende varios metros y las hojas, grandes y coriáceas, tardan en descomponerse y ensucian bastante. Cerca de una piscina es una mala idea. Como árbol de sombra en un jardín amplio o en un paseo, es excelente.

El trasplante de maceta se hace cada dos o tres años mientras es joven, subiendo un par de tallas de contenedor y siempre al empezar la primavera. Usa un sustrato con buena estructura: mezcla de turba o fibra de coco con perlita y arena gruesa, en torno a un tercio de material drenante.

La poda debe ser mínima. La belleza del árbol está precisamente en esa ramificación en pisos que se forma sola, y una poda mal entendida la destruye para siempre: si se cortan los verticilos, rebrota de forma desordenada y ya no recupera la silueta. Limítate a retirar ramas secas, rotas o mal orientadas, y hazlo al final del invierno. En maceta sí cabe despuntar la guía para contener la altura, asumiendo que el porte resultante será más arbustivo.

Cómo multiplicarlo

Por semilla es lo habitual y lo más fácil. Se recogen frutos maduros, ya rojizos, caídos del árbol. Se retira la capa fibrosa externa —basta con dejarlos a remojo un par de días y frotarlos— y se siembra el hueso entero en un semillero con sustrato arenoso, enterrado a un par de centímetros, a 25-30 °C y con humedad constante. La germinación es lenta e irregular: de tres semanas a dos o tres meses, y no nacen todas. Con paciencia sale adelante, y la plántula crece rápido en cuanto arranca.

También funcionan los esquejes semileñosos en verano con calor de fondo y hormona de enraizamiento, y el acodo aéreo sobre ramas de dos o tres años, que es la vía más segura si se quiere reproducir un ejemplar concreto. Ninguna de las dos es tan cómoda como la semilla.

Para qué sirve, más allá de la sombra

La semilla se come cruda o ligeramente tostada en el sudeste asiático, África occidental y buena parte del Caribe, donde los niños las abren a pedradas en la playa. Es aceitosa y sabrosa, aunque el rendimiento comestible por fruto es tan bajo que nunca ha llegado a ser un cultivo comercial serio. De ella se extrae un aceite de uso local.

Frutos maduros del almendro tropical, de los que se extrae la semilla comestible

Las hojas secas tienen un mercado propio y curioso: se venden como «hojas de catappa» o «hojas de almendro indio» para acuarios de agua blanda. Al descomponerse liberan taninos y ácidos húmicos que acidifican ligeramente el agua, la tiñen de ámbar y reproducen las condiciones de un río de aguas negras. Los criadores de bettas y de peces amazónicos las usan de forma rutinaria. Esas mismas hojas, junto con la corteza, se han empleado desde antiguo para curtir pieles y para teñir de negro y marrón.

La madera es rojiza, moderadamente dura y resistente al agua, y se ha usado tradicionalmente para embarcaciones, muebles y carpintería local, aunque no es una madera de primera categoría en el mercado internacional.

En medicina tradicional se le atribuyen numerosos usos —hojas y corteza en preparaciones de uso interno y externo— y hay estudios en curso sobre algunos de sus compuestos. Conviene tomarlo por lo que es: uso etnobotánico documentado, no una recomendación terapéutica.

Problemas frecuentes

Hojas amarillas que caen en otoño-invierno. Si es un ejemplar sano y el ciclo se acompaña de tonos rojizos, es su comportamiento normal: está entrando en reposo. No se corrige regando más ni abonando; al contrario, eso empeora las cosas.

Puntas y bordes quemados. Golpe de frío, viento seco o exceso de sales en el sustrato. En maceta, lava el cepellón con un riego abundante que drene por completo y revisa las temperaturas mínimas del sitio.

Crecimiento parado y hoja pequeña en maceta. Casi siempre falta de luz. Necesita sol directo, y un interior corriente no se lo da. Sacarlo fuera de mayo a octubre, aclimatándolo poco a poco para evitar quemaduras, cambia la planta por completo.

Plagas. Al aire libre es un árbol robusto, poco atacado. En cultivo protegido sí aparecen cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y araña roja cuando el aire está seco y caliente; se tratan con jabón potásico o aceite de neem y, sobre todo, subiendo la humedad ambiental.

En resumen

El almendro tropical es un árbol de sombra de primer orden, no un frutal productivo: su semilla comestible es un extra simpático, no un motivo para plantarlo. Su gran limitación es el frío, y eso reduce el cultivo al aire libre en España prácticamente a Canarias y a algunos rincones muy abrigados del litoral sur; en el resto, maceta y refugio invernal por encima de 12-15 °C. Pide sol pleno, suelo drenado, riego generoso los primeros años y sequía tolerable después, abonado de primavera a verano y una poda casi inexistente, porque su ramificación en pisos se forma sola y no se recupera si se estropea. Plántalo con espacio, lejos de aceras y piscinas, y sabiendo que tirará una alfombra de hojas grandes cada temporada. A cambio, en pocos años tendrás una copa que da sombra de verdad.


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