Para partir la cáscara de una nuez de macadamia hacen falta del orden de 2.000 newton, unos 200 kilos de fuerza. Ese dato explica bastante bien al árbol entero: es un frutal lento, tozudo y muy exigente en unas pocas cosas concretas, que a cambio produce durante décadas. Quien lo planta esperando resultados en tres años se equivoca de cultivo; quien le da el suelo y el clima adecuados tiene un árbol de sombra perenne que además da cosecha.

Botánicamente hablamos de dos especies del género Macadamia, familia Proteaceae: Macadamia integrifolia, la de cáscara lisa y hoja sin espinas, y Macadamia tetraphylla, de hoja dentada y espinosa y cáscara algo rugosa. El material comercial procede sobre todo de la primera y de híbridos entre ambas. Su origen está en las selvas subtropicales del este de Australia, entre el sur de Queensland y el norte de Nueva Gales del Sur, y ese origen condiciona todo lo que viene después.

Ejemplar adulto de Macadamia integrifolia

Es una proteácea, no un frutal cualquiera

Conviene empezar por aquí porque de este detalle se deriva buena parte de los fracasos. La macadamia pertenece a la misma familia que las Protea, las Banksia o los Grevillea, plantas adaptadas a suelos antiguos, ácidos y pobrísimos en fósforo. Para arreglárselas, desarrollan raíces proteoides: densos manojos de raicillas que segregan ácidos orgánicos y extraen fósforo del suelo con una eficacia enorme.

La consecuencia práctica es que el árbol no sabe dejar de absorber fósforo cuando ya tiene suficiente. Un abonado con un fertilizante rico en fósforo, del tipo 15-15-15 o los llamados "abonos de floración", puede provocarle una intoxicación: las hojas más viejas se manchan de necrosis marrones en los bordes, amarillean y caen, y el árbol se para. No es falta de riego ni un hongo, aunque lo parezca. Es exceso de fósforo, y no tiene remedio rápido.

La segunda consecuencia es que esas raíces son superficiales y frágiles. Nada de cavar alrededor del tronco: se acolcha y se deja en paz.

Características del árbol

Es un árbol perennifolio que en cultivo se queda en 8 a 12 metros, aunque en su hábitat original puede pasar de 15. La copa es densa, redondeada y bastante ancha, así que hay que contar con al menos 7 u 8 metros de diámetro libre. El tronco es corto y suele ramificar bajo.

Las hojas son coriáceas, de un verde oscuro brillante, de 10 a 30 cm, y se disponen en verticilos: de tres en tres en M. integrifolia y de cuatro en cuatro en M. tetraphylla. Los brotes nuevos salen con tonos bronceados o rojizos, especialmente llamativos en tetraphylla, que además tiene el margen foliar armado de dientes punzantes.

Hojas coriáceas y brillantes del árbol de macadamia

La floración es espectacular y pasa desapercibida a la vez: racimos colgantes de 15 a 30 cm con cientos de florecillas diminutas, blanquecinas o cremosas en integrifolia y rosadas en tetraphylla. De todas esas flores cuajan muy pocas, del orden del 0,3 % al 1 %, y eso es normal. Un racimo que acaba con seis o diez nueces ha cumplido.

El fruto es un folículo: una cubierta verde y coriácea, el pericarpo, que se abre por una línea de sutura cuando la nuez está madura, y dentro la cáscara leñosa y durísima que protege la semilla comestible. Desde la flor hasta la nuez madura pasan entre 6 y 8 meses. En España, con floración entre finales de invierno y primavera, la caída se concentra desde finales de verano hasta bien entrado el otoño, y no ocurre de golpe: el árbol va soltando nueces durante semanas.

Dónde se puede cultivar en España

Es un cultivo subtropical, no tropical, lo que amplía algo el mapa pero no tanto como suele venderse. Un árbol adulto y bien establecido aguanta heladas cortas de -2 o -3 °C con daños en hojas y brotes tiernos; uno joven sufre ya en torno a 0 °C y puede perderse. El óptimo de crecimiento está entre 20 y 25 °C, y por encima de 32-35 °C con aire seco el árbol cierra estomas, aborta flores y deja de engordar fruto.

Hay un matiz que se pasa por alto con frecuencia: la macadamia necesita frío moderado para florear bien. Un período invernal con noches entre 12 y 18 °C induce la floración. En zonas cálidas de verdad, sin ese descenso, el árbol crece estupendamente y florece poco. Es una de las razones por las que a veces se ve un ejemplar grande, sano y sin una sola nuez.

Con esas dos condiciones, las zonas realmente aptas en España son la costa tropical de Granada y la Axarquía malagueña, donde ya hay plantaciones comerciales, el litoral de Cádiz y Huelva en enclaves resguardados, puntos abrigados del sur de Alicante y Murcia, y Canarias en medianías del norte y zonas costeras sin heladas. En el interior peninsular, en el valle del Ebro o en la meseta, no es un cultivo viable al aire libre por mucho que se proteja los primeros años.

Añade otro factor de sitio: el viento. La madera es quebradiza, el enraizamiento superficial y la copa muy pesada. Un ejemplar adulto en un sitio expuesto acaba desgajado o volcado. Si el terreno es ventoso, hay que plantar un seto cortavientos antes que el frutal.

El suelo: aquí se decide casi todo

La macadamia quiere suelo profundo, suelto y ácido o ligeramente ácido, con un pH entre 5 y 6,5. El problema es evidente para quien cultive en la mitad sur y el este peninsular: buena parte de nuestros suelos son calizos, con pH de 7,8 a 8,3 y caliza activa. En esas condiciones el árbol no puede absorber hierro ni manganeso y aparece la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes, brotación cada vez más corta y un declive lento que ningún quelato termina de resolver.

Antes de comprar nada, conviene hacer un análisis de suelo. Si el pH pasa de 7,5 o hay caliza activa apreciable, lo sensato es plantar en caballón con sustrato acidificado y turba, o directamente en contenedor grande, y asumir aportes regulares de quelato de hierro EDDHA y azufre elemental. En suelo pesado y encharcadizo, sencillamente no lo plantes: Phytophthora cinnamomi hace el resto.

Al agua de riego se le pide lo mismo que al suelo. La macadamia es sensible a la salinidad y muy sensible al cloruro y al sodio. Con conductividades por encima de 1,5 dS/m aparecen quemaduras en el ápice y el borde de la hoja. Agua de pozo salobre, la que abunda en el litoral mediterráneo, es un motivo suficiente para descartar el cultivo.

Riego y acolchado

Viene de un clima con lluvias abundantes y repartidas, y no es un frutal de secano. Necesita humedad constante sin llegar al encharcamiento. Los momentos críticos son la floración y el llenado de la nuez: un estrés hídrico en primavera y verano se traduce directamente en caída de frutos y en almendras arrugadas o vanas.

En condiciones mediterráneas, un árbol adulto necesita del orden de 4.000 a 8.000 litros al año repartidos según demanda, con riego por goteo de varios emisores por árbol para mojar una superficie amplia y no un punto. Lo más rentable, sin embargo, es el acolchado: una capa de 10 a 15 cm de restos de poda triturados, corteza de pino o paja bajo toda la copa, sin tocar el cuello. Reduce la evaporación, mantiene fresco el suelo superficial donde vive el sistema radicular y favorece las raíces proteoides. La corteza de pino tiene además la ventaja de acidificar ligeramente.

Abonado sin arruinar el árbol

Regla primera: fósforo, el mínimo imprescindible. Nada de superfosfatos, de guano ni de abonos "de floración y fructificación". Si el análisis de suelo muestra fósforo normal, no se aporta.

El resto es sencillo. Nitrógeno moderado y repartido, desde el final del invierno hasta el final del verano, en cuatro o cinco aplicaciones pequeñas; el exceso da mucha hoja y poca nuez. Potasio en la fase de llenado del fruto, que es cuando el árbol lo demanda. Magnesio, porque en suelos arenosos y ácidos falta con frecuencia y provoca amarilleo entre los nervios de las hojas viejas. Y zinc, la carencia más típica de este cultivo, que se manifiesta con hojas pequeñas apiñadas en la punta de las ramas; se corrige con aplicaciones foliares de quelato de zinc en primavera.

El estiércol muy hecho y el compost, en cantidades modestas y siempre en superficie, funcionan bien porque liberan lento. Los estiércoles de gallina, muy ricos en fósforo, no.

Variedades, injerto y polinización

Una macadamia de semilla tarda entre 8 y 12 años en dar la primera cosecha, y como la especie es muy heterocigota, la nuez resultante puede tener la cáscara demasiado gruesa, el rendimiento en almendra bajo o el sabor mediocre. Sirve como portainjertos y como árbol ornamental; como productor es una lotería.

Lo que se planta es material injertado, normalmente de púa lateral o inglés sobre patrón de semilla de dos años, con la particularidad de que la macadamia se injerta sobre madera previamente anillada en el árbol madre unas semanas antes, para acumular reservas en la púa. Un injertado empieza a producir a los 4 o 5 años, entra en producción seria hacia el octavo y alcanza el máximo entre los 12 y los 15, con rendimientos de 20 a 50 kg de nuez con cáscara por árbol adulto en buenas condiciones.

Entre los cultivares que se manejan en el ámbito mediterráneo destacan 'Beaumont', un híbrido de flor rosada, precoz, productivo y algo más tolerante al frío, que tiene el inconveniente de que el pericarpo no se abre solo y hay que recolectar del árbol; 'A4' y 'A16', de origen australiano, de buen rendimiento en almendra; y las series hawaianas '344 Kau' y '246 Keauhou'.

La macadamia es autofértil en teoría, pero el cuajado mejora mucho con polinización cruzada. Plantar dos cultivares distintos con floraciones solapadas puede doblar la cosecha. Y aunque el viento algo hace, quien poliniza de verdad es la abeja: una colmena cerca durante la floración es la inversión más barata que se puede hacer en este cultivo.

Poda

Se poda poco y con criterio. En los tres o cuatro primeros años se forma a eje central, dejando un guía dominante y ramas laterales bien repartidas en espiral, con ángulos de inserción abiertos, y se eliminan las horquillas competidoras que luego se desgajan con el peso. Se suprimen las ramas bajas hasta dejar el tronco limpio a 60-80 cm para poder trabajar debajo y recoger.

En el árbol adulto basta con quitar madera seca, ramas cruzadas y chupones, y aclarar el interior si la copa se cierra demasiado. Las podas severas son contraproducentes: la macadamia responde con brotes vigorosos y vegetativos, retrasa la producción un par de años y expone la corteza al sol, que la quema con facilidad. La época adecuada es justo después de la cosecha y antes de la brotación de primavera.

De la caída a la despensa

Aquí se pierde más cosecha que por cualquier plaga, por desconocimiento del proceso.

La nuez madura cuando cae sola. No se recolecta verde del árbol, salvo en cultivares como 'Beaumont', y no se apalea. Se recogen del suelo cada una o dos semanas durante toda la caída, porque una nuez que pasa semanas sobre suelo húmedo se enmohece o desarrolla rancidez.

Después vienen tres pasos que no admiten atajos:

Descascarado del pericarpo en menos de 24 horas. Esa cubierta verde retiene humedad y calor, y con ella puesta la almendra se degrada rápido. Se separa a mano o a golpe suave; en cultivares que no abren, ayuda dejarlas un par de días en montón a la sombra.

Secado lento. Se extienden las nueces con cáscara en capa fina, en un sitio ventilado y a la sombra, durante dos o tres semanas. Van pasando de un 20-25 % de humedad a un 8-10 % aproximadamente. Se nota porque la almendra suena suelta al agitar la nuez.

Secado final en caliente. Para que la almendra quede crujiente y no correosa hay que bajar la humedad hasta cerca del 1,5 %, y eso pide calor suave y progresivo: 38-40 °C durante uno o dos días en un deshidratador o en un horno a mínima potencia con la puerta entreabierta. Un golpe brusco de temperatura alta arruina el sabor.

Solo entonces se casca. Los cascanueces domésticos convencionales no pueden con ella; hacen falta cascadores específicos de macadamia, de tornillo o de palanca. Una vez pelada, la almendra se enrancia deprisa por su alto contenido graso: en tarro hermético y en frío, o al congelador.

Problemas más habituales

La macadamia sufre pocas plagas en España, y las que la afectan son casi siempre consecuencia de un error de manejo.

Pudrición de raíz por Phytophthora. El asesino número uno. Aparece con suelo pesado, riego excesivo o plantación en hoyo profundo que hace de cubo. Se manifiesta como decaimiento general, hojas mates y muerte descendente de ramas. Se previene plantando en caballón y regando por necesidad; una vez instalada, rara vez se salva el árbol.

Antracnosis (Colletotrichum), con manchas oscuras en el pericarpo en primaveras muy húmedas. Recoger y eliminar los frutos afectados suele bastar.

Quemaduras de sol en tronco y ramas tras una poda fuerte o en árboles jóvenes. Se pinta el tronco con lechada de cal o se protege con malla.

Roedores y córvidos. Ratas, lirones y urracas localizan las nueces con precisión. La recogida frecuente del suelo es la mejor defensa.

Y las carencias ya citadas: hierro en suelo calizo, zinc en cualquier situación, magnesio en suelos ligeros.

Usos

Como ornamental es un árbol muy resolutivo en jardines de clima suave: perenne, de follaje brillante y denso, sombra fresca todo el año, floración colgante llamativa y crecimiento moderado. Funciona bien como ejemplar aislado en césped, como pantalla en alineación separada seis o siete metros o como árbol de sombra junto a una zona de estar, siempre que se acepte que en otoño va a soltar nueces sobre el suelo. No es árbol de acera ni de alcorque pequeño: sistema radicular superficial y madera frágil no combinan con el viario.

En cocina, la almendra tiene alrededor de un 75 % de grasa, la proporción más alta de todos los frutos secos, mayoritariamente monoinsaturada y con un contenido inusual de ácido palmitoleico. De ahí su textura mantecosa y su sabor dulce y lácteo. Se consume cruda, tostada suavemente a 120-130 °C o salada; entra bien en repostería, en galletas, en helados y con chocolate; y se usa para elaborar aceite de macadamia, estable y de sabor neutro, apto para saltear y para cosmética.

Un aviso que corresponde dar: la macadamia es tóxica para los perros. Dosis pequeñas provocan debilidad de tren posterior, temblores, vómitos e hipertermia. Si hay perro en la finca y el árbol suelta nueces al suelo, hay que recogerlas con diligencia.

La madera, dura y densa, se aprovecha en tornería, y la cáscara triturada se emplea como acolchado, como abrasivo y como combustible de biomasa en las zonas productoras.

En resumen

La macadamia es un frutal subtropical de la familia de las proteáceas, perennifolio, de 8 a 12 metros, que en España solo prospera al aire libre en el litoral cálido del sur, en enclaves resguardados del Levante y en Canarias. Quiere suelo profundo, suelto y ácido, agua sin sal, humedad constante y protección frente al viento; el suelo calizo y el agua salobre son las dos causas más frecuentes de fracaso.

Del abonado hay que recordar una cosa por encima de todas: nada de fósforo, porque sus raíces proteoides lo absorben hasta intoxicarse. Se planta material injertado, no de semilla, y conviene poner dos cultivares para que se polinicen entre sí. La primera cosecha llega hacia el cuarto o quinto año y la plena producción pasados los doce.

Y la cosecha no termina en el suelo: hay que descascarar el pericarpo en 24 horas, secar lentamente durante semanas y rematar con calor suave antes de cascar. Ese proceso es lo que separa una nuez crujiente de una almendra correosa. Paciencia por delante, pero un árbol bien plantado produce durante cuarenta o cincuenta años.


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