Un granado que se raja en septiembre rara vez tiene una plaga: tiene un problema de riego. Esa es la avería más repetida de este frutal y también la más fácil de evitar, porque no depende de comprar nada, sino de entender cómo funciona la planta. El granado (Punica granatum) aguanta la sequía mejor que casi cualquier frutal que se cultive en España, pero el fruto engorda con un ritmo de agua constante y castiga cualquier vaivén.
Es, por lo demás, un árbol agradecido: vive con suelos malos, tolera la sal, resiste el calor extremo del verano peninsular, se multiplica con una facilidad casi ridícula y produce desde muy joven. Esta guía repasa todo lo que necesitas para plantarlo y sacarle cosecha.
Qué es el granado
Punica granatum es un arbusto o arbolito caducifolio de la familia de las litráceas (durante mucho tiempo se le dio familia propia, Punicaceae; la clasificación actual lo incluye en Lythraceae, junto al Lagerstroemia). Procede de la zona que va desde Irán hasta el norte de la India y lleva milenios cultivado en el Mediterráneo; en la Península llegó de la mano de los árabes y en el sureste sigue siendo un cultivo de peso.
Alcanza entre 3 y 6 metros según cómo se conduzca. Tiende de forma natural a formar mata con varios troncos, con ramas finas y flexibles que a menudo acaban en espina. Las hojas son opuestas, brillantes, estrechas y de un bronce rojizo cuando brotan; en otoño amarillean con un tono limpio que tiene su valor ornamental.
La flor, entre mayo y julio, es lo más llamativo: roja anaranjada, coriácea, con el cáliz duro que después se convierte en la coronita del fruto. Y aquí hay un detalle que explica muchas decepciones.
Dos tipos de flor, y solo una da fruto
El granado produce dos clases de flor sobre el mismo árbol. Las acampanadas, con la base estrecha y en forma de campana, son funcionalmente masculinas: dan polen y se caen. Las urceoladas o de jarrón, con la base ensanchada, son hermafroditas y son las únicas que cuajan granada.
Cuando alguien dice que su granado «tira todas las flores», lo que suele estar viendo es la caída normal de las flores masculinas, que pueden ser más de la mitad del total. No es una enfermedad ni una carencia. La proporción entre unas y otras depende de la variedad, la edad del árbol y, sobre todo, del vigor: un granado empachado de nitrógeno produce muchas más flores masculinas y menos fruto.
La especie es autofértil, así que un solo ejemplar da cosecha, pero la polinización cruzada con otro granado y la presencia de abejas mejoran claramente el cuajado.
Variedades para plantar en España
Mollar de Elche. La variedad española por excelencia, amparada por una Denominación de Origen Protegida. Fruto grande, piel rojiza sobre fondo crema, grano dulce, poco ácido y con la semilla interior blanda, que es lo que la hace tan cómoda de comer. Recolección tardía, de finales de septiembre a noviembre. Tiene un punto débil: la piel fina se marca y se agrieta con facilidad.
Valenciana. Temprana, se recoge desde finales de agosto y en septiembre. Piel roja intensa, sabor equilibrado y semilla más dura que la Mollar. Interesante para escalonar la cosecha.
Wonderful. De origen californiano, muy extendida en plantaciones comerciales. Grano rojo oscuro, sabor más ácido y mayor contenido en antocianos y taninos, lo que la hace la preferida para zumo. Semilla dura. Aguanta mejor el transporte y la conservación.
Piñón Tierno y Mollar de Játiva son otras selecciones tradicionales de grano blando, menos comerciales pero apreciadas en huerto familiar.
Punica granatum var. nana, el granado enano. No pasa de 1 a 1,5 metros, florece prácticamente todo el verano y va perfecto en maceta o en un jardín pequeño. Sus granadas son diminutas y muy ácidas: es una planta ornamental, no un frutal, y conviene saberlo antes de comprarla esperando cosecha.
Las variedades de flor doble (‘Plena’, ‘Legrellei’), con flores dobles rojas o jaspeadas de blanco y salmón, son espectaculares en floración y prácticamente estériles. Se plantan por la flor.
Ubicación y suelo
Sol pleno y calor. El granado necesita verano para madurar la fruta. En sombra parcial vegeta, florece poco y las granadas se quedan sosas y sin color. En la mitad norte y en la cornisa cantábrica se cultiva, pero el fruto rara vez alcanza la calidad que da en Levante o en el valle del Guadalquivir.
De suelo es poco exigente: sirven los arcillosos, los francos, los muy calizos y los pedregosos, con pH de 5,5 a 8. Tolera además salinidad a niveles que arruinarían a un cítrico o a un frutal de hueso, razón por la que se ha mantenido en zonas del sureste con aguas malas. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado: en suelo compacto que retiene agua, la asfixia radicular y las podredumbres de cuello acaban con él. En terrenos así, plántalo sobre caballón.
Es un frutal de bajas necesidades de frío, en torno a 100-200 horas por debajo de 7 ºC, así que florece bien incluso en inviernos suaves del litoral. Al mismo tiempo aguanta el calor seco de julio sin inmutarse.
Rusticidad y heladas
Un granado adulto y bien asentado soporta sin daño hasta unos −10 o −12 ºC. Por debajo empieza a perder ramillas y, en episodios severos, puede quedar cortado a nivel de suelo; como rebrota de raíz con facilidad, muchas veces se recupera desde abajo aunque se pierdan varios años de estructura.
Los ejemplares jóvenes, de uno o dos años, son bastante más sensibles: en zonas de interior con heladas fuertes conviene acolchar la base con paja o corteza los primeros inviernos y proteger el tronco.
El riesgo real en España no suele ser el frío invernal, sino la helada tardía de abril que sorprende al árbol brotando y se lleva la floración. Es un argumento a favor de plantarlo resguardado de los vientos fríos, por ejemplo junto a un muro orientado al sur, que además le aporta calor acumulado.
Plantación
La ventana buena va del otoño al final del invierno. Los granados a raíz desnuda se plantan de diciembre a febrero, con la planta parada. Los que vienen en contenedor admiten plantación desde octubre hasta marzo; en el sur, el otoño es preferible, y en zonas frías es más seguro esperar a que pase el riesgo de heladas fuertes, hacia febrero-marzo.
Marco de plantación: de 4 a 5 metros entre árboles en huerto familiar. Las plantaciones intensivas se van a 4 × 2 metros o menos, con formación en seto.
El hoyo, de unos 50 × 50 centímetros, con la tierra extraída mezclada con compost bien hecho o estiércol maduro —nunca fresco, que quema la raíz—. Deja el cuello a ras de suelo, forma un alcorque y riega con abundancia para asentar la tierra. Después del trasplante, un despunte de las ramas ayuda a equilibrar la parte aérea con la raíz que ha perdido.
Riego: el punto crítico
Aquí está la creencia que más cosechas estropea: que el granado, por rústico, no hace falta regarlo. Sobrevive sin riego, cierto, pero eso es supervivencia, no producción.
Lo que ocurre es lo siguiente. Si el árbol pasa sed en agosto, la piel del fruto deja de crecer y se endurece. Cuando llega el riego generoso o la primera tormenta de septiembre, el grano se hincha de golpe, la piel ya no acompaña y la granada se agrieta. Una vez abierta se pudre o la coloniza la mosca. Ese es el mecanismo del rajado, y es un problema de irregularidad, no de cantidad total de agua.
En la práctica:
De brotación a cuajado (marzo a junio), riegos moderados. De cuajado a maduración (julio a septiembre), que es cuando el fruto engorda, riegos regulares y sin altibajos. Con goteo, aportes frecuentes y medidos; a manta, cada 10-15 días según suelo y calor. En otoño, tras la recolección, se van reduciendo, y en invierno el árbol no necesita riego.
Un acolchado de paja, restos de poda triturados o corteza bajo la copa amortigua las oscilaciones de humedad del suelo y es una de las medidas más eficaces contra el rajado.
En maceta la lógica cambia: el sustrato se seca en un día de julio, así que hay que regar a diario en verano, con maceta de al menos 40-50 litros y buen drenaje.
Abonado
Un aporte anual de materia orgánica en otoño o final de invierno —3 o 4 kilos de compost o estiércol maduro por árbol adulto, extendidos bajo la copa— cubre buena parte de las necesidades de un granado de huerto.
Si además usas fertilizante mineral, el reparto sensato es nitrógeno en primavera, cuando brota, y potasio durante el engorde del fruto, en verano, que es el elemento que más influye en el tamaño, el color y el dulzor.
Cuidado con el nitrógeno: pasarse produce brotes largos, muchos chupones, más flores masculinas y menos granadas. Un granado que crece mucho y no cuaja casi siempre está sobrealimentado, no desnutrido.
La clorosis férrica —hojas amarillas con los nervios verdes— aparece en suelos muy calizos y con exceso de riego. Se corrige con quelato de hierro de tipo EDDHA, aplicado en el riego a la salida del invierno, y mejorando el drenaje.
Poda
La poda se hace en reposo vegetativo, entre enero y febrero, cuando ha pasado el grueso del frío.
Formación. Hay dos escuelas. Conducirlo en vaso sobre tres o cuatro troncos es lo tradicional en el Mediterráneo: da un árbol más rústico y, si una rama se hiela o se rompe, la estructura resiste. Conducirlo a un solo tronco facilita la recolección y el paso de maquinaria, pero lo hace más vulnerable a taladros y heladas. En huerto familiar, tres troncos suele ser la mejor opción.
Fructificación. El granado da fruto en el extremo de los brotes del año anterior y en ramilletes cortos, tipo dardo, de madera de dos y tres años. La consecuencia práctica es doble: no hay que despuntar sistemáticamente todos los brotes del año pasado, porque ahí está la cosecha; y hay que renovar poco a poco la madera vieja para que aparezcan brotes nuevos. Poda de aclareo, abriendo el centro a la luz, mejor que poda de acortamiento.
Chupones. Es la tarea más constante. El granado emite rebrotes desde la base y desde la raíz con una insistencia notable. Hay que eliminarlos varias veces al año, arrancándolos de tirón cuando aún son tiernos —así se llevan la yema y tardan más en rebrotar— en vez de cortarlos con tijera.
Plagas
Pulgón (Aphis punicae, A. gossypii). Se instala en los brotes tiernos de primavera y los deforma. Jabón potásico si hace falta, respetando a mariquitas y sírfidos, que suelen resolverlo.
Barreneta o gusano de la granada (Ectomyelois ceratoniae). La plaga clave en España. La polilla pone en la corona del fruto y la larva entra hacia el interior; por fuera puede no verse nada hasta que se abre la granada y aparece podrida y con serrín. Se combate con confusión sexual y trampas de feromona en plantación, y en huerto pequeño retirando y destruyendo todos los frutos rajados, momificados o caídos, que son donde completa el ciclo. Dejar la fruta vieja colgando del árbol todo el invierno es garantizar la plaga del año siguiente.
Cotonet y cochinilla algodonosa (Planococcus citri y afines). Se refugian precisamente en la corona del fruto y bajo la piel del cáliz. Producen melaza y negrilla.
Mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata). Ataca sobre todo granadas ya agrietadas; el control del rajado es también control de la mosca.
Taladro (Zeuzera pyrina). Larvas que perforan galerías en ramas y tronco. Se detectan por el serrín en el orificio; se corta y quema la rama afectada.
Enfermedades
Podredumbre del corazón (Alternaria alternata). El fruto se ve perfecto por fuera y por dentro está oscuro y descompuesto. La infección ocurre en floración con lluvias, y no se detecta hasta cortarlo. Poca cosa se puede hacer más allá de airear la copa.
Podredumbre por Coniella granati (antes Pilidiella). Frutos con manchas pardas que momifican, chancros en ramas y secado de brotes. Ha ido a más en las plantaciones españolas. Higiene: retirar frutos momificados y madera enferma, y desinfectar la herramienta de poda.
Botritis (Botrytis cinerea) en primaveras húmedas, sobre flor y fruto recién cuajado.
Podredumbres de raíz y cuello por Phytophthora en suelos encharcados. Prevención por drenaje; no hay solución una vez avanzada.
Otros problemas frecuentes
Agrietado del fruto. Ya visto: riego irregular. También lo agrava un desequilibrio de calcio y potasio y las lluvias fuertes de septiembre sobre un árbol que venía seco.
Golpe de sol. Manchas pardas y hundidas en la cara sur de granadas muy expuestas tras una poda demasiado severa. Se evita dejando algo de follaje que dé sombra al fruto; en plantación se usan caolín o mallas.
Caída de fruto pequeño en junio. Es un aclareo natural que hace el árbol; solo preocupa si es masiva, y entonces suele deberse a sequía en cuajado o a exceso de nitrógeno.
No florece o no cuaja. Causas por orden de probabilidad: falta de sol, exceso de nitrógeno, poda que se llevó la madera fructífera, ejemplar demasiado joven (de semilla puede tardar 5-6 años; de estaquilla empieza a los 2-3) o helada tardía sobre la flor.
Recolección y conservación
Según variedad y zona, la recolección va de finales de agosto a noviembre. Y aquí conviene desmontar otra idea extendida: la granada es un fruto no climatérico. No madura después de cogida. Si la recoges verde, verde se queda: puede ablandarse o perder agua, pero no ganará azúcar ni color. Con la granada, la prisa se paga.
Señales de que está a punto: la piel pierde el brillo y toma un tono mate; el fruto pasa de redondo a ligeramente angular, porque los granos apretados marcan las facetas por dentro; al golpearla suena metálica, algo hueca; y el cáliz de la corona empieza a abrirse. Cuando aparecen las primeras granadas rajadas en el árbol, el resto suele estar en su punto.
Se corta con tijera dejando un trocito de pedúnculo, nunca de tirón, porque arrancarla desgarra la piel y abre la puerta a las podredumbres.
Conservación: entre 5 y 8 ºC y con humedad alta aguantan de uno a tres meses según variedad. Por debajo de 5 ºC sufren daños por frío (manchas pardas en la piel). A temperatura ambiente, en un sitio fresco y aireado, se mantienen varias semanas; la piel se deseca y arruga, pero el grano de dentro sigue perfectamente.
Multiplicación
La vía normal es la estaquilla leñosa, y funciona tan bien que apenas se recurre a otra cosa. En invierno, con la planta parada, se cortan trozos de rama de un año, de 25 a 30 centímetros y del grosor de un lápiz, con tres o cuatro yemas. Se entierran dos tercios en arena o en una mezcla ligera, en un sitio resguardado, y se mantienen apenas húmedos. Enraízan en primavera con porcentajes altos y sin necesidad de hormonas.
También sirven los chupones de raíz ya enraizados, que se separan en invierno, y el acodo.
La semilla germina con facilidad, pero no reproduce la variedad: los granos de una Mollar dan plantas de fruto imprevisible, casi siempre peor, y tardan años en producir. Es un experimento entretenido, no un método para tener buena fruta.
Usos
Ornamental
La floración roja de junio, el brote bronceado de primavera y el amarillo de otoño lo hacen atractivo tres estaciones. Sus ramas espinosas y su tolerancia al recorte lo convierten en un buen seto defensivo, y el granado enano funciona muy bien en maceta, en terrazas y en jardines pequeños.
Culinario
El grano se come tal cual, en ensaladas, con queso fresco o sobre carnes. El zumo, exprimido con las variedades más ácidas, es la base de la melaza de granada de la cocina de Oriente Medio, y también de la grenadina original. Para desgranarla sin teñir la cocina: se corta la corona, se marcan cortes siguiendo las paredes blancas, se abre en gajos y se golpea el dorso con una cuchara sobre un bol. El truco de sumergirla en agua funciona porque el grano se hunde y las membranas flotan.
Medicinales
El fruto es rico en polifenoles, sobre todo punicalaginas, y en antocianos. La corteza del fruto se ha usado tradicionalmente en infusión como astringente contra la diarrea, por su alto contenido en taninos.
Una advertencia que no siempre se hace: la corteza de la raíz y del tronco contiene alcaloides (peletierina y derivados) que fueron empleados como antiparasitarios y que son tóxicos en dosis mal medidas, con efectos sobre el sistema nervioso y la vista. No es un remedio casero. Y el zumo de granada, como el de pomelo, puede interferir con el metabolismo de algunos medicamentos; si tomas medicación crónica, conviene consultarlo.
Dónde comprar
Los viveros de la zona de Elche y del Bajo Segura son la referencia para variedades certificadas de Mollar. Al comprar, comprueba tres cosas: que la etiqueta indique la variedad concreta y no un genérico «granado», porque de ahí salen los ejemplares que dan fruta mediocre; que la planta tenga dos o tres años, con tronco firme y sin heridas; y, si es a raíz desnuda, que el sistema radicular esté abundante y no reseco.
Desconfía de la planta con fruto colgando en el punto de venta en pleno verano: suele estar forzada, y ese fruto se caerá al trasplantar. Y si lo que buscas es cosecha, asegúrate de que no te venden la variedad nana, que se ofrece a menudo simplemente como «granado».
En resumen
El granado pide sol, calor, un suelo que drene y poco más: acepta cal, sal y terreno pobre, resiste el frío hasta unos −10 ºC y empieza a producir a los dos o tres años de plantado si se propaga por estaquilla.
La cosecha se juega en dos decisiones. La primera es el riego: constante durante el engorde del fruto, de julio a septiembre, con acolchado, porque el rajado nace de la irregularidad y no de la falta de agua puntual. La segunda es la poda: de aclareo y en enero-febrero, respetando los brotes del año anterior donde está la fruta y quitando chupones sin descanso.
Añade higiene sanitaria —recoger y destruir toda granada rajada o momificada para cortar el ciclo de la barreneta— y recolecta sin adelantarte, porque una granada cogida verde no madurará jamás fuera del árbol.