El cabrahigo no da higos que se puedan comer, y ese es precisamente su cometido. Su fruto es hueco, seco, arenoso y suele estar habitado por insectos: nadie lo planta para la despensa. Se planta —o se conserva cuando aparece solo en un ribazo— porque dentro de esos higos incomibles vive el único insecto capaz de polinizar ciertas variedades de higuera, y sin él esas variedades no producen absolutamente nada.
Alrededor de este árbol se ha construido una de las prácticas agrícolas más antiguas y peor entendidas del Mediterráneo: la caprificación. Conviene aclararla, porque cada temporada hay quien cuelga cabrahigos en higueras que no los necesitan y quien, al revés, culpa a la sequía de una caída de fruto que en realidad es un problema de polinización.
Qué es exactamente un cabrahigo
El cabrahigo es la higuera silvestre, Ficus carica var. caprificus, también llamada higuera macho, cabrahiguera o higuera borde. Botánicamente pertenece a la misma especie que la higuera de huerta; lo que cambia es su función sexual.
Lo que llamamos higo no es un fruto en sentido estricto, sino un sicono: un receptáculo carnoso hueco, cerrado salvo por un poro diminuto en el extremo —el ostiolo—, con centenares de flores minúsculas tapizando su interior. En un higo comestible todas esas flores son femeninas de estilo largo. En un cabrahigo hay dos tipos: flores masculinas que producen polen, agrupadas junto al ostiolo, y flores femeninas de estilo corto, llamadas flores agalla, que no dan semilla sino que sirven de cuna a un insecto.
Ese insecto es Blastophaga psenes, una avispilla de apenas dos milímetros de la familia Agaonidae. Su ciclo entero transcurre dentro de siconos de Ficus carica: no puede vivir en ningún otro sitio, y el cabrahigo no puede reproducirse sexualmente sin ella. Es un caso de mutualismo obligado de manual, con unos ochenta millones de años de rodaje en el género Ficus.
La diferencia de longitud del estilo lo explica casi todo. En la flor de estilo corto del cabrahigo, la avispa alcanza el ovario con su ovipositor y deposita un huevo; ahí se desarrolla la larva. En la flor de estilo largo del higo cultivado no llega, deja el polen que trae adherido y muere dentro sin descendencia. Por eso el cabrahigo sostiene la población de avispas y la higuera de fruto se limita a recibir polen.
Las tres cosechas: mamas, prohigos y mamonas
El cabrahigo produce tres generaciones de siconos al año, cada una con un papel distinto en el relevo de la avispa. Los nombres varían mucho de una comarca a otra —también se oyen las formas italianas mamme, profichi y mammoni—, pero la secuencia es siempre la misma.
Mamas
Son los siconos de invernada. Cuajan a finales de verano o en otoño y pasan el invierno en el árbol con las larvas dentro, protegidas del frío por el receptáculo. Maduran hacia abril o mayo, según la zona. De ellos salen las avispas que colonizarán la siguiente generación. Si un temporal o una helada fuerte tira las mamas, la población de avispas de esa finca desaparece hasta que vuelva a llegar de fuera: es el eslabón más frágil del ciclo y la razón por la que los cabrahigos productivos se sitúan en umbrías abrigadas y no en el sitio más expuesto de la parcela.
Prohigos
Es la cosecha de primavera, la que de verdad importa al agricultor. Los prohigos cuajan a partir de las avispas salidas de las mamas y maduran en junio, más o menos coincidiendo con la floración interna de las higueras de higo. Como son la generación en la que las flores masculinas están funcionales, las hembras que emergen salen cargadas de polen. Estos son los siconos que se cortan y se cuelgan en las higueras a polinizar. Un prohigo que ya ha soltado sus avispas no sirve: llegó tarde.
Mamonas
La generación de verano-otoño, que madura entre agosto y septiembre. No tiene interés agrícola directo, pero sin ella el ciclo se rompe: las avispas de las mamonas son las que penetran en las mamas y garantizan la invernada. Quien mantiene cabrahigos por su función debe respetarlos completos, sin podas de verano severas que eliminen esta cosecha.
Qué higueras necesitan caprificación y cuáles no
Aquí está el malentendido más extendido. Colgar cabrahigos no mejora la cosecha de cualquier higuera; en la mayoría de las plantadas en España no cambia nada. Todo depende del tipo al que pertenezca la variedad.
Tipo común o persistente. Cuaja sus higos por partenocarpia, sin polen y sin semilla viable. Es el grupo al que pertenecen las variedades más difundidas en la Península —'Cuello Dama', 'Colar', 'Napolitana', 'Brown Turkey' y compañía—. No necesitan cabrahigo para nada. Si a una higuera común se le caen los higos, la causa hay que buscarla en el riego irregular, en un exceso de nitrógeno, en la sombra o en el frío tardío, no en la polinización.
Tipo esmirna. Sus flores no cuajan sin polinización: los higos amarillean y caen del tamaño de una aceituna. Necesitan caprificación obligatoria. Es el tipo de la 'Lob Injir' turca y de su descendiente californiana 'Calimyrna', y de algunas variedades tradicionales de secano en comarcas donde el cabrahigo siempre ha formado parte del paisaje. Sus higos secos llevan semilla verdadera y crujen al morderlos; ese crujido es la señal inequívoca de que hubo polinización.
Tipo San Pedro. El caso que más confunde. La cosecha de brevas, formada sobre madera del año anterior, sale sin polinizar y llega a buen término. La segunda cosecha, la de higos de la madera nueva, sí exige polen. El resultado es una higuera que da brevas puntualmente cada junio y luego pierde el cien por cien de los higos de agosto, año tras año. Antes de darla por enferma o arrancarla, merece la pena comprobar a qué tipo pertenece.
Cómo se hace la caprificación
La operación es sencilla y muy antigua. En junio se recogen prohigos maduros pero aún cerrados, es decir, con las avispas a punto de emerger y no ya emergidas. Se cuelgan en el interior de la copa de la higuera a polinizar, en redecillas, cestillos, ristras de esparto o simplemente ensartados en una ramita.
Tres reglas prácticas marcan la diferencia entre que funcione o no:
Momento. Debe coincidir con la receptividad de las flores de la higuera, una ventana de unos pocos días. Como no todos los higos del árbol están receptivos a la vez, lo habitual es repartir la operación en dos o tres tandas separadas cuatro o cinco días, en lugar de colgarlo todo el mismo día.
Cantidad. Con dos o tres prohigos por árbol adulto suele bastar. Pasarse no aumenta la cosecha y sí los problemas sanitarios.
Sanidad. Este es el punto que casi nunca se advierte. Las avispas transportan, además de polen, esporas de hongos. La endosepsis (Fusarium moniliforme) y el complejo de pudriciones y agriado del higo entran por el ostiolo con el insecto. Colgar cabrahigos de árboles enfermos, o colgar en exceso, es una vía directa de contagio. Los cabrahigos destinados a caprificar deben proceder de árboles sanos y, si se han almacenado, hacerlo poco tiempo y a la sombra.
Sobre la avispa que muere dentro del higo esmirna: no hay motivo de alarma. El insecto, de un par de milímetros, queda descompuesto por la ficina, la enzima proteolítica del propio higo, mucho antes de la maduración. Los granos crujientes de un higo seco son semillas, no insectos.
Cultivo del cabrahigo
Como planta, el cabrahigo es aún más rústico que la higuera de fruto, lo que ya es decir. Vegeta en ribazos, muros de piedra, taludes y grietas de roca, muchas veces sin que nadie lo haya plantado: las semillas viajan en los excrementos de mirlos y currucas.
Clima. Mediterráneo típico. Tolera veranos secos y calurosos sin riego y resiste en invierno hasta unos -10 a -12 °C en reposo, aunque el limitante real no es la madera sino las mamas, que sufren con heladas fuertes y persistentes. En la mitad norte húmeda y fría el árbol vive, pero el ciclo de la avispa se sostiene mal.
Suelo. Indiferente al pH, agradecido con la caliza, muy tolerante a suelos pedregosos, someros y pobres. Lo único que no perdona es el encharcamiento. En suelos fértiles y regados crece desmesuradamente y produce menos siconos por metro de rama.
Multiplicación. Por estaquilla leñosa, como cualquier higuera. Se toman en enero o febrero trozos de madera de un o dos años, de 25 a 30 cm y del grueso de un dedo, y se entierran dejando fuera una sola yema. Enraízan con facilidad, sin necesidad de hormonas, en un sustrato arenoso. También se pueden injertar ramas de cabrahigo sobre una higuera común, lo que permite disponer de prohigos en la propia finca sin dedicar un árbol entero.
Ubicación. Junto a un muro o en una umbría abrigada, protegido del viento frío, y separado de las paredes de la casa: el sistema radicular de Ficus carica es agresivo y busca las juntas y las tuberías. Basta con uno o dos ejemplares para abastecer a una plantación pequeña.
Poda. Mínima. Solo eliminar madera seca o ramas que estorben la recolección, y siempre en invierno. Cualquier poda entre junio y septiembre elimina mamonas y mamas, es decir, el relevo de la avispa.
Plagas, enfermedades y otros usos
Comparte los problemas de la higuera cultivada, aunque los acusa mucho menos. La cochinilla (Ceroplastes rusci) y el barrenillo de la higuera (Hypoborus ficus) aparecen sobre todo en árboles debilitados o mal drenados. La mosca negra del higo (Silba adipata) pica los siconos y provoca su caída. Y, ya se ha dicho, los propios siconos son reservorio de hongos de pudrición interna, por lo que dejar higos momificados en el árbol de un año para otro no es buena idea.
Fuera de su papel polinizador, el cabrahigo tiene otros dos oficios discretos. Es un buen portainjertos y una planta de setos y linderos que fija taludes con muy poca agua. Su látex, rico en ficina, se ha usado tradicionalmente para cuajar la leche en la elaboración de quesos artesanos, aprovechando su capacidad de coagular la caseína. Ese mismo látex es irritante para la piel y fotosensibilizante: manipular ramas en verano y luego exponerse al sol produce quemaduras y manchas persistentes, así que conviene trabajarlo con guantes y manga larga.
En resumen
El cabrahigo es la higuera macho, un árbol cuyos frutos no se comen porque su función es alojar a Blastophaga psenes, la avispa que poliniza las higueras. Produce tres cosechas encadenadas —mamas en invierno, prohigos en junio y mamonas al final del verano— y solo la segunda, la de los prohigos, se cuelga en los árboles a polinizar. Antes de recurrir a él conviene saber a qué tipo pertenece la higuera: las variedades comunes, que son la inmensa mayoría de las cultivadas en España, cuajan solas y no ganan nada con la caprificación; las de tipo esmirna no dan cosecha sin ella, y las de tipo San Pedro dan brevas pero pierden los higos de agosto. Si hay que caprificar, mejor pocos prohigos, en dos o tres tandas y procedentes de árboles sanos, porque con la avispa también viajan los hongos que agrian el higo.