Bajo el nombre de caimito se venden en España dos árboles distintos, de dos géneros distintos, y quien compra uno pensando en el otro tarda tres o cuatro años en enterarse. El malentendido no es raro ni menor: cambian el tamaño del árbol, el color y la forma del fruto, la manera de comerlo y hasta la paciencia que hay que echarle hasta la primera cosecha. Conviene empezar por ahí antes de hablar de riegos y de abonos.

Dos caimitos, no uno

Ambos pertenecen a la familia Sapotaceae, la de los zapotes, el mamey y la sapodilla, y ambos comparten el rasgo más característico del grupo: látex blanco y pegajoso en todos sus tejidos, fruto incluido.

Pouteria caimito es el caimito amarillo o abiú, originario de la Amazonía occidental. Es el árbol de las fotos de esta página. Da un fruto ovoide, de punta corta, con la piel amarilla lisa y una pulpa blanca traslúcida, gelatinosa, muy dulce y prácticamente sin acidez. Se come con cuchara.

Chrysophyllum cainito es el caimito morado o estrella (star apple en inglés), procedente de las Antillas y Centroamérica. Es un árbol mayor, con hojas cuyo envés está cubierto de pelos dorados y brillantes —el detalle que lo identifica de un vistazo, incluso sin fruto— y con un fruto redondo, morado o verde según la variedad, que al cortarlo por la mitad muestra un dibujo estrellado formado por los lóculos de las semillas.

El resto del artículo vale para los dos, con las diferencias señaladas cuando las hay.

Frutos amarillos de caimito, Pouteria caimito

Cómo es el árbol

El caimito amarillo forma un árbol perennifolio de porte piramidal, de 5 a 10 m en cultivo y hasta 15 o 20 m en su selva de origen. Hojas alternas, oblongas, coriáceas, de 10 a 20 cm, de un verde oscuro y brillante. Las flores son diminutas, blanquecinas o verdosas, agrupadas en las axilas de las hojas; pasan desapercibidas por completo. El fruto mide entre 4 y 10 cm y contiene de una a cuatro semillas alargadas, envueltas en la pulpa.

El caimito morado es más vigoroso: 15 a 25 m en condiciones tropicales, copa densa y ese envés foliar ferruginoso que le da nombre al género (Chrysophyllum, «hoja de oro»). Su fruto, de 5 a 10 cm, tiene una piel gruesa y correosa y una capa interna cargada de látex que hay que evitar al comerlo.

Ninguno de los dos pierde la hoja, y ese es uno de sus atractivos como árbol de jardín: dan sombra densa todo el año y son razonablemente ordenados, sin ramas quebradizas ni raíces superficiales agresivas.

Hojas perennes y brillantes del caimito

Dónde se puede cultivar en España

Esta es la pregunta que hay que resolver antes de comprar nada, y la respuesta es restrictiva. El caimito es un frutal estrictamente tropical. Un ejemplar joven se daña por debajo de unos 4 o 5 °C y muere con la primera helada, aunque sea de un par de horas. Un árbol adulto y bien instalado aguanta algo más, pero una helada de -1 °C le defolia y le quema las ramas terminales.

En la práctica esto significa:

Canarias. Es el único territorio español donde se puede plantar en el suelo del jardín con garantías, siempre en cotas bajas, litorales y libres de heladas. Ahí fructifica sin problemas.

Costa mediterránea cálida. En enclaves muy abrigados de Málaga, Granada, Almería o el litoral alicantino puede sobrevivir como planta de colección, pegado a una pared orientada al sur y con protección invernal. Sobrevivir no es lo mismo que producir: la falta de calor acumulado en verano y las noches frescas retrasan y merman la fructificación. Quien lo intente debe asumir que es un experimento.

Resto de la península y Baleares. Solo en maceta grande, con invernadero cálido o interior muy luminoso en invierno, y un mínimo nocturno de 12 a 15 °C. En estas condiciones se comporta como una planta ornamental de hoja bonita; que llegue a dar fruto es excepcional.

Merece la pena decirlo claro porque circula la idea de que cualquier frutal exótico «se adapta si se le acostumbra poco a poco». Con la resistencia al frío no funciona así: el umbral de daño celular de una especie tropical no se educa.

Cuidados

Luz. Pleno sol en cuanto pasa de los dos años. De pequeño, en cambio, agradece media sombra: en su hábitat germina bajo el dosel y el sol directo de un julio español le quema las hojas nuevas. El paso a pleno sol conviene hacerlo de forma gradual.

Suelo. Profundo, suelto y sobre todo bien drenado. Prefiere pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. El caimito morado tolera algo mejor los suelos calizos; el amarillo es más exigente. En sustrato para maceta, una mezcla de turba o fibra de coco con perlita y mantillo, en partes similares, funciona bien.

Riego. Frecuente y regular, sin dejar que el cepellón se seque del todo, pero sin encharcamiento: la asfixia radicular mata más caimitos que el frío en manos de aficionados. En verano, en maceta y al aire libre, puede necesitar riego diario. En invierno, con temperaturas bajas, hay que espaciarlo mucho; el agua abundante con el sustrato frío es la combinación que pudre el cuello.

Agua de riego. El problema silencioso en casi toda España. El agua de grifo, dura y alcalina, sube el pH del sustrato y bloquea el hierro y el manganeso. El resultado es una clorosis férrica clásica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes. Si es posible, agua de lluvia u osmotizada; si no, aplicar quelato de hierro EDDHA una o dos veces al año, en primavera y a finales de verano.

Humedad ambiental. Alta. Bajo cristal y en invierno, con la calefacción, los ácaros y la cochinilla aparecen precisamente cuando el aire se seca. Bandejas con grava húmeda o agrupar plantas ayuda más que pulverizar las hojas.

Abonado. De marzo a septiembre, con un abono equilibrado que incluya micronutrientes, cada quince días en maceta o repartido en tres o cuatro aportaciones en el suelo. En parada invernal, nada.

Poda. Muy poca: eliminar ramas secas, cruzadas o mal dirigidas, al final del invierno. Se puede despuntar el eje para contener la altura del caimito morado, que de otro modo se va arriba. Toda herida suelta látex abundante, así que conviene cortar en días secos y con la herramienta limpia.

Viento y sal. Poca tolerancia a los dos. El viento salino de primera línea de costa quema las hojas y el árbol nunca acaba de arrancar.

Multiplicación

Un detalle que arruina muchos intentos: la semilla de caimito es recalcitrante, es decir, no soporta la desecación ni el almacenamiento. Pierde viabilidad en cuestión de días o pocas semanas. Comprar semillas por internet, secas y viajadas, suele terminar en un semillero que no nace. Hay que sembrarlas recién extraídas del fruto, lavadas del resto de pulpa, en sustrato húmedo y cálido (25-30 °C). Germinan en dos o cuatro semanas.

El otro inconveniente del pie franco es el tiempo. El caimito amarillo es relativamente precoz y puede fructificar a los tres o cuatro años; el morado se toma entre cinco y diez, y además su descendencia no reproduce fielmente las cualidades del árbol madre. Por eso, cuando se busca fruta y no experimento, se recurre al injerto —de escudete o de púa lateral sobre patrón de la misma especie—, o al acodo aéreo, que también prende y acorta mucho la espera.

Plagas y problemas frecuentes

Las cochinillas algodonosas y las de escudo se instalan en el envés y en las axilas, y con ellas llega la negrilla. Los ácaros aparecen en ambiente seco y caluroso, típicamente en invernadero. Donde el caimito fructifica al aire libre, la mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) pica los frutos maduros: el mosquero con atrayente y el embolsado de los frutos son las soluciones prácticas a escala de jardín.

Más allá de las plagas, los tres errores que más se repiten son plantarlo en el suelo fuera de zona libre de heladas, regarlo con agua dura sin corregir el hierro y recolectar el fruto antes de tiempo.

Usos

En la cocina

El caimito se come, casi siempre, fresco y a cuchara. El punto de recolección es determinante: debe madurar en el árbol. Recogido verde no termina de madurar bien fuera, resulta astringente y suelta un látex que se pega a los labios de forma desagradable. El caimito amarillo está listo cuando la piel vira a amarillo intenso y cede levemente a la presión; el morado, cuando pierde el brillo, la piel se arruga ligeramente y el fruto cede en la mano.

Un truco doméstico útil: dejar reposar la fruta uno o dos días tras la recolección reduce notablemente el látex. Al abrirla, hay que separar bien la pulpa de la capa interna de la piel, que es donde se concentra ese látex astringente, y desechar las semillas.

Más allá del consumo en fresco, la pulpa va bien en batidos, helados y sorbetes. En el Caribe es clásico el llamado «matrimonio», que mezcla pulpa de caimito morado con zumo de naranja. No es una fruta para cocer: el calor le sienta mal y pierde su textura.

Medicinal y otros

La medicina tradicional de América Central y el Caribe ha usado infusiones de hoja y decocciones de corteza de Chrysophyllum cainito para la diabetes y para trastornos digestivos, y el látex como vermífugo. Existen estudios preliminares sobre el contenido en polifenoles y la actividad antioxidante de sus hojas, pero de ahí a una indicación terapéutica hay un salto que la evidencia disponible no permite dar. Como fruta, aporta fibra, algo de vitamina C y calcio, y poco más: no es un remedio y no debe sustituir a ningún tratamiento. El látex fresco, además, es irritante para las mucosas.

La madera del caimito morado, dura y de grano fino, se aprovecha localmente en construcción y carpintería, y el árbol se planta a menudo en avenidas y patios por su sombra densa y su follaje bicolor, que cambia de tono con el viento.

En resumen

Caimito designa dos frutales tropicales de la familia Sapotaceae: Pouteria caimito, de fruto amarillo y pulpa gelatinosa, y Chrysophyllum cainito, de fruto morado con dibujo de estrella y hojas doradas por el envés. Los dos son árboles perennes, de sombra densa, sin frío invernal en su calendario y sin tolerancia a las heladas: en España solo dan fruta con normalidad en las zonas litorales de Canarias, y en la Península se quedan en planta de invernadero o de colección muy abrigada. Piden suelo suelto y algo ácido, riego constante sin encharcar, corrección del hierro si el agua es dura y protección invernal por encima de los 12 °C. La semilla hay que sembrarla recién sacada del fruto porque pierde el poder germinativo en días, y el injerto o el acodo ahorran años de espera. Y la fruta se recoge madura del árbol, se deja reposar un día y se toma con cuchara evitando la capa interna de la piel, que es donde está el látex.


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