La parte que nos comemos del cajuil no crece dentro del fruto: cuelga por fuera, en el extremo de una especie de pera carnosa de color rojo o amarillo. Esa nuez ganchuda que vemos colgando es el fruto verdadero, y lo que parece la fruta es un pedúnculo engordado. Entender esa inversión anatómica explica casi todo lo demás sobre este árbol: por qué su nuez se vende siempre pelada, por qué cuesta tanto procesarla y por qué el cajuil se cultiva en los trópicos y no en un patio de Valladolid.
Qué es exactamente el cajuil
El cajuil es Anacardium occidentale, un árbol de la familia de las anacardiáceas originario del nordeste de Brasil, de la zona de caatinga y de las dunas costeras entre Ceará y Río Grande del Norte. Los portugueses lo llevaron a la India y al este de África en el siglo XVI, y hoy la India, Vietnam, Costa de Marfil y Brasil concentran la producción mundial.
El lío de nombres viene de ahí. Cajuil es el nombre dominicano; en Venezuela y Colombia se dice merey o marañón; en Centroamérica, marañón; en España, sencillamente anacardo, y en inglés cashew, deformación del tupí acajú. Todos designan la misma especie.
Sus parientes cercanos dicen mucho de él: el mango, el pistacho, el zumaque y también la hiedra venenosa americana (Toxicodendron). Toda la familia comparte la costumbre de fabricar resinas fenólicas irritantes, y el anacardo no es una excepción.
El árbol y su fruto doble
Es un árbol perennifolio de porte bajo y muy abierto: entre 6 y 12 metros de altura, pero con una copa que puede superar los 15 metros de diámetro, a menudo con ramas que casi tocan el suelo. Existen selecciones enanas de 4 a 6 metros, más rentables porque se cosechan sin escalera. Las hojas son coriáceas, ovaladas, de 10 a 20 cm, con nervadura muy marcada, y el sistema radicular combina una raíz pivotante profunda con una red superficial amplia: por eso aguanta sequías largas en suelos arenosos donde poco más prospera.
Florece en panículas terminales con flores pequeñas, rosadas o rojizas y muy perfumadas. El árbol es polígamo-monoico: en la misma panícula hay flores masculinas y flores hermafroditas, y solo estas últimas cuajan. La proporción de hermafroditas suele ser baja, en torno al 10 %, y de ahí que un árbol cargado de flor acabe dando muchos menos frutos de los que uno esperaría al verlo florecido.
Tras la polinización —hecha sobre todo por abejas y otros insectos— crece primero la nuez, y solo cuando esta ha terminado de formarse se hincha el pedúnculo hasta convertirse en el pseudofruto o hipocarpo, que llaman "manzana de cajú". Mide entre 5 y 10 cm, pesa hasta diez veces más que la nuez y es jugosísimo, muy rico en vitamina C y bastante astringente por su contenido en taninos.
La nuez, el fruto botánico, es una drupa reniforme de cáscara doble. Entre las dos capas de esa cáscara hay un tejido esponjoso empapado en líquido de la cáscara del anacardo (CNSL), una mezcla de ácido anacárdico y cardol que provoca quemaduras y dermatitis de contacto graves. Esto no es una curiosidad menor: es la razón de que el anacardo sea uno de los frutos secos más caros del mercado, porque su extracción exige tostado o vapor y un descascarado que durante décadas se ha hecho a mano.
Dos creencias que conviene desmontar
La primera: los anacardos "crudos" del supermercado no son crudos. Todos han pasado por vapor a presión o por un baño de aceite caliente para neutralizar el CNSL antes de partir la cáscara. Un anacardo realmente crudo y con cáscara no se vende al público porque manipularlo sin protección quema la piel. Lo que se etiqueta como crudo significa, en la práctica, "sin tostar después del pelado".
La segunda se deduce de la primera: sembrar un anacardo comprado en la tienda no sirve de nada. El tratamiento térmico mata el embrión. Para propagarlo hacen falta nueces frescas recién extraídas del árbol, y aun así la semilla es recalcitrante, es decir, pierde poder germinativo en pocas semanas si se seca o se refrigera. Quien lo intente con un paquete de frutos secos va a esperar en vano.
Clima: dónde puede vivir de verdad
El cajuil es estrictamente tropical y subtropical. Su rango cómodo va de 24 a 33 °C, tolera picos de más de 40 °C sin inmutarse y se detiene por debajo de 10 °C. Una helada, por breve que sea, lo mata o le quema toda la parte aérea. Ni siquiera necesita un invierno frío para florecer: lo que dispara su floración es una estación seca marcada tras las lluvias.
Traducido al mapa español, esto deja un panorama muy estrecho:
Canarias es el único territorio donde puede plantarse en el suelo con expectativas razonables, y aun así en las medianías bajas y costas del sur, abrigadas, con suelo arenoso y sin viento salino directo.
Costa de Málaga, Granada y Almería, en los mismos enclaves donde prosperan el mango y el aguacate, admiten el intento a título experimental. Sobrevivirá algunos inviernos suaves, pero una ola de frío como las que entran cada década lo elimina. La producción, si llega, será testimonial.
El resto de la península, en maceta y bajo invernadero cálido o galería muy luminosa, con temperaturas de invierno que no bajen de 13-15 °C. Es factible mantenerlo vivo como planta de colección; no lo es esperar cosecha, porque en interior rara vez recibe la luz y la amplitud de raíz que necesita para florecer.
Conviene decirlo sin rodeos: en España peninsular el anacardo es una planta de curiosidad botánica, no un frutal de huerto.
Suelo, riego y abonado
Es una especie de suelos pobres y sueltos. Prefiere texturas arenosas o franco-arenosas, profundas, con pH entre 4,5 y 6,5, y detesta dos cosas por encima de todo: el encharcamiento y la caliza activa. En suelos pesados o con capa freática alta las raíces se asfixian y aparecen podredumbres. En suelos calizos desarrolla clorosis férrica crónica.
Si se cultiva en maceta, el sustrato debe drenar mucho: fibra de coco o turba con un tercio de perlita o arena gruesa de río, en un contenedor hondo —la raíz pivotante lo agradece— y con agujeros amplios. Nada de plato con agua debajo.
Riego moderado y espaciado. El árbol adulto resiste sequías de meses, y en cultivo comercial se aprovecha esa sequía para forzar la floración. En maceta, riego abundante cuando los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato estén secos, y espaciado en invierno hasta casi la mitad de frecuencia. Si el agua del grifo es dura, mejor agua de lluvia.
Para el abonado basta un fertilizante equilibrado con micronutrientes de primavera a final de verano. Responde bien al potasio en la fase de cuajado y agradece el aporte de zinc y boro, dos carencias frecuentes que se traducen en hojas pequeñas y en flores que no cuajan. Los ejemplares jóvenes agradecen algo más de nitrógeno; los adultos, menos, porque el exceso da mucha rama y poca panícula.
Plantación, poda y propagación
En zona apta se planta al comienzo de la estación cálida, dejando un marco generoso: de 8 a 10 metros entre árboles en las variedades normales, porque la copa se extiende mucho más de lo que se anticipa. Los primeros dos años necesita riego de apoyo y protección del viento.
La poda es ligera. Se forma un tronco limpio de un metro o metro y medio para poder trabajar debajo, se eliminan ramas cruzadas, secas o que rocen el suelo, y poco más. Recortar la copa a fondo cuesta cosecha, porque florece en madera del año en las puntas.
Se propaga por semilla fresca —sembrada de canto, con la parte cóncava hacia abajo, en apenas 2-3 cm de sustrato, germinando en dos o tres semanas— o, en cultivo serio, por injerto de púa terminal sobre patrón de semilla. La diferencia importa: un pie franco tarda de cinco a ocho años en producir y da frutos desiguales; un injertado entra en producción hacia el tercer año y reproduce la variedad. Un árbol adulto bien situado puede rendir entre 10 y 30 kg de nueces por temporada.
Plagas y problemas habituales
En sus zonas de cultivo lo castigan los trips y los chinches del género Helopeltis, que pican los brotes tiernos y las panículas y provocan necrosis y caída de flor, además de la antracnosis (Colletotrichum) y el oídio en las inflorescencias durante los periodos húmedos. En maceta, en cambio, los enemigos son otros: araña roja con el aire seco de la calefacción, cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y, sobre todo, la asfixia radicular por riego excesivo, que es lo que mata a más ejemplares en colecciones particulares.
Usos: la nuez, el pseudofruto y lo demás
El anacardo tostado se come tal cual, salado o especiado, y es la base de salsas indias como el korma, de currys tailandeses y, desde hace unos años, de bebidas vegetales, quesos veganos y cremas untables, porque su almidón y su grasa dan una textura muy cremosa al triturarlo remojado. Nutricionalmente destaca por su magnesio, su hierro y su alto contenido en ácido oleico. Hay que recordar que es un fruto seco alergénico con reactividad cruzada frecuente con el pistacho.
El pseudofruto es extremadamente perecedero —aguanta un día o dos tras la cosecha—, lo que explica que apenas viaje fuera de las zonas productoras. Allí se aprovecha entero: zumo de cajú, refrescos, mermeladas, dulces en almíbar, vinagre y aguardientes destilados, como el feni de Goa. La astringencia se corrige escaldando la pulpa o tratándola con gelatina antes de prensarla.
El CNSL, ese líquido cáustico de la cáscara, no se tira: es materia prima industrial para resinas fenólicas, barnices, aislantes y forros de freno. La madera, rojiza y resistente, se usa localmente para carpintería y carbón, y la corteza y las hojas tienen empleo tradicional en tintorería y en remedios populares.
En resumen
El cajuil o anacardo es un árbol tropical de Anacardium occidentale cuya nuez —el fruto real— cuelga por fuera de un pedúnculo carnoso comestible y muy perecedero. Necesita calor constante, suelo arenoso, ácido y bien drenado, y no soporta ni una helada, de modo que en España solo cabe plantarlo al aire libre en Canarias o en enclaves subtropicales muy abrigados del sur; en el resto, como planta de invernadero sin expectativa de cosecha. Su cáscara contiene un líquido cáustico que obliga a tostar o vaporizar las nueces antes de pelarlas, por lo que ningún anacardo del mercado sirve como semilla y ninguno es realmente crudo. Se propaga por semilla fresca o, mejor, injertado; se poda poco, se riega con contención y se abona con atención al zinc y al boro. Como frutal exige un clima que aquí casi no existe, pero como planta comprendida —fruto invertido incluido— es de las más interesantes que se pueden cultivar.