En 1936, en la estación de investigación de Summerland, en la Columbia Británica canadiense, se seleccionó un plantón nacido de un hueso de la vieja variedad Empress Eugénie polinizada al azar. Se difundió en 1944 con el nombre de Van y en dos décadas se plantó en medio mundo. Ocho décadas después sigue en pie en las cerezeras del Jerte, del Bajo Aragón y del valle de Caderechas, no tanto por ser la mejor cereza del mercado como por dos virtudes que pocas variedades reúnen a la vez: produce muchísimo y poliniza al resto del huerto.

Su nombre botánico es Prunus avium 'Van', es decir, cerezo dulce, no guindo. Y su fama de productividad tiene truco, porque es precisamente el rasgo que hay que aprender a domar si se quiere sacar de ella cereza de calibre vendible.

Cerezas de la variedad Van maduras en el árbol

El árbol: vigoroso y de entrada rápida en producción

Van es un cerezo vigoroso, de porte erguido en los primeros años y que se va abriendo a medida que el peso de la cosecha vence las ramas. Sobre patrón franco o sobre Santa Lucía puede pasar de los 5 metros si se le deja, así que la formación temprana es determinante.

Es precoz en entrada en producción: da cosecha significativa al tercer o cuarto año desde la plantación, antes que variedades clásicas como Napoleón o Ambrunés. Fructifica sobre todo en ramilletes de mayo, esas ramillas cortas de yemas apretadas que viven varios años, y en menor medida en la base de los brotes del año anterior.

La floración es de media estación, unos días después de Burlat, y es abundantísima: cuaja con facilidad incluso en primaveras mediocres. Necesita frío invernal de verdad, del orden de 800 a 1.000 horas por debajo de 7 ºC, de manera que no tiene sentido plantarlo en litoral cálido ni en zonas de invierno suave: brotaría irregular y desnivelado. Su terreno es el interior, la media montaña y los valles frescos.

El fruto

La cereza Van es de color rojo oscuro a granate casi negro al madurar del todo, con jugo teñido, forma acorazonada algo achatada y calibre medio a grande, entre 8 y 10 gramos en un árbol bien manejado. La carne es muy firme y crujiente, no blanda, con un contenido en azúcares alto que en cosecha bien llevada supera los 16 ºBrix y con la acidez justa para que no resulte empalagosa.

Madura a media temporada, entre diez y catorce días después de Burlat. Traducido al calendario español, eso son los últimos días de mayo y la primera quincena de junio en las zonas más tempranas, y la segunda quincena de junio en el Valle del Jerte o en cotas altas de Aragón y Burgos.

Tiene un defecto morfológico conocido: el pedúnculo es corto y grueso, y con frecuencia se desprende con dificultad o arrastra parte de la piel al tirar. Eso ralentiza la recolección manual y penaliza la presentación en fresco, donde el rabo verde y bien insertado vale dinero. No es un problema en industria ni en autoconsumo, pero explica por qué en plantación comercial nueva se prefieren otras variedades.

Polinización: no se apaña sola

Van es autoincompatible. Su genotipo de incompatibilidad es S1S3, lo que significa que su propio polen no fecunda sus flores y que tampoco sirve el de ninguna variedad que comparta esos dos alelos. Un Van plantado en solitario florece de forma espectacular y da cuatro cerezas.

Para asegurar cosecha hay que acompañarlo con al menos un polinizador de floración coincidente, plantado a menos de 20-25 metros. Las opciones seguras son:

  • Variedades autofértiles, que valen como donantes universales de polen: Lapins, Sunburst, Stella o Sweetheart. Son la solución más sencilla para un huerto familiar.
  • Burlat, que florece justo antes y solapa lo suficiente, y además escalona la recolección.
  • Summit o Sam, compatibles y de floración media.

Al revés funciona igual de bien: Van es un excelente donante de polen y se ha usado durante décadas como polinizador de Bing, Napoleón o Lambert, que pertenecen a otro grupo de incompatibilidad. En un huerto pequeño, un Van bien colocado resuelve la polinización de varios árboles a la vez.

Y un detalle que se olvida: sin abejas no hay cereza. La floración del cerezo es corta, de una semana o poco más, y cae en un momento del año en que un temporal frío puede dejar a los polinizadores sin salir. Tener una colmena cerca o, al menos, cubierta vegetal florida en el ruedo del árbol, cambia mucho el cuajado.

Suelo, patrón y riego

El cerezo, y Van no es excepción, exige suelo profundo, aireado y bien drenado. Es de los frutales que peor toleran la asfixia radicular: unas horas de agua parada bastan para abrir la puerta a Phytophthora. En terreno pesado o de fondo de vaguada hay que plantar en caballón, sin discusión.

La elección de patrón condiciona el resultado tanto como la variedad:

  • Santa Lucía 64 (Prunus mahaleb): el clásico en secano y en suelos calizos y pedregosos del interior peninsular. Vigoroso, rústico, muy tolerante a la caliza activa; da árboles grandes y de entrada en producción algo más lenta.
  • MaxMa 14: vigor intermedio, buena tolerancia a la caliza y buena afinidad; una opción equilibrada para plantaciones modernas de regadío.
  • Gisela 5 y 6: enanizantes, pensados para alta densidad y recolección desde el suelo. Con Van hay que ser prudente, porque suman su propio efecto de sobrecarga al de una variedad ya de por sí superproductiva, y el resultado puede ser mucha cereza pequeña. Solo con riego, buen suelo y aclareo o poda de renovación seria.
  • Colt: vigoroso, pero mal adaptado a la caliza y al secano; en buena parte del interior español no encaja.

En riego, la clave está en la última fase de engorde, las tres semanas previas a la recolección, cuando el fruto acumula la mayor parte de su peso. Un déficit ahí se paga directamente en calibre. Pero el exceso también se paga: un riego abundante justo antes de la maduración, o un aporte irregular tras días secos, dispara el agrietado.

El rajado, el mayor enemigo de Van

Van es sensible al agrietado o cracking. Una tormenta de junio con la cereza ya coloreada puede arruinar la cosecha en unas horas: el agua que queda sobre la piel se absorbe, la pulpa gana volumen y la epidermis se abre.

Lo que ayuda de verdad: mantener la humedad del suelo estable en las semanas finales, evitar el riego por aspersión sobre la copa en ese periodo, plantar en parcelas ventiladas donde la fruta se seque pronto y, en plantación seria, cubrir con malla o techo antilluvia. Las aplicaciones de calcio foliar tienen efecto, pero moderado, y no sustituyen a lo anterior. Sacudir suavemente las ramas o soplar el agua tras una tormenta es una medida casera que funciona más de lo que parece en árboles pequeños.

Plagas y enfermedades

La enfermedad que más daño hace en primaveras lluviosas es la monilia (Monilinia laxa y M. fructigena). Ataca primero las flores, que se secan y quedan pegadas a la ramilla, avanza hacia el brote y provoca chancros con goma; después pudre los frutos, que se momifican y quedan colgados todo el invierno.

Rama de cerezo afectada por monilia con flores y brotes secos

El control empieza por retirar y destruir las momias y la madera con chancro, que son el inóculo del año siguiente, y se completa con tratamientos preventivos en inicio de floración y plena floración cuando el pronóstico da lluvia y temperaturas suaves.

Otros problemas habituales:

  • Pulgón negro del cerezo (Myzus cerasi): riza los brotes tiernos en primavera. Tratamiento de invierno con aceite y vigilancia de las primeras colonias.
  • Mosca del cerezo (Rhagoletis cerasi) y Drosophila suzukii: esta última es hoy la amenaza principal en variedades de media y tardía maduración. Trampeo, recolección limpia sin dejar fruta pasada en el árbol y mallas de exclusión.
  • Chancro bacteriano (Pseudomonas syringae): entra por heridas de poda hechas en frío y humedad.
  • Pájaros: estorninos y mirlos pueden llevarse una cosecha entera de un huerto familiar en dos días. La malla es la única solución fiable.

Poda: cuándo y con qué criterio

Circula la idea de que el cerezo no se poda. Es falsa, y con Van lo es especialmente. Lo que sí es cierto es cuándo no se poda: en pleno invierno. El cerezo cicatriza mal en frío y responde con gomosis y con entrada de bacterias. La poda se hace en verde, inmediatamente después de la recolección, entre finales de junio y agosto, con tiempo seco.

El objetivo con esta variedad es doble. Primero, formar bien los primeros años: vaso abierto de tres o cuatro brazos, o eje central en plantación intensiva, evitando los ángulos de inserción cerrados que acaban desgajándose bajo el peso de la cosecha. Segundo, y más importante a partir del quinto o sexto año, renovar madera: eliminar cada verano una parte de las ramas viejas cargadas de ramilletes agotados para forzar brotación nueva.

Ese es el punto donde se echan a perder los Van mal llevados. Sin renovación, el árbol se llena de ramilletes viejos, carga una barbaridad de frutos pequeños, se agota, y a los pocos años alterna cosechas y da cereza que no llega a calibre comercial. Producir mucho no es lo mismo que producir bien, y aquí el podador es quien pone el límite.

Recolección y conservación

La cereza no madura después de cogida: hay que recolectarla en su punto. Van se recoge cuando ha virado a rojo oscuro intenso, en dos o tres pasadas, preferiblemente a primera hora de la mañana, con el fruto fresco. Cogida a mediodía con 30 ºC se marchita en horas.

Su firmeza le da buena aptitud para el transporte y para la conservación: en cámara a 0-1 ºC con humedad alta aguanta de dos a tres semanas, bastante más que las variedades tempranas de carne blanda. En casa, sin lavar y en la parte baja de la nevera, una semana larga.

¿Sigue mereciendo la pena plantar Van?

En plantación comercial nueva ha perdido terreno frente a variedades autofértiles y de calibre superior como Lapins, Sweetheart, Kordia o Regina, que no obligan a diseñar la parcela alrededor de la polinización y dan cereza más grande con menos manejo.

En huerto familiar y en plantaciones mixtas, en cambio, sigue teniendo argumentos sólidos: entra pronto en producción, es rústico, aguanta bien el frío invernal, da una cereza firme y sabrosa que se conserva, y hace de polinizador universal del resto de cerezos del huerto. Si se dispone de sitio para dos o tres árboles, uno de ellos puede ser perfectamente un Van.

En resumen

Van es un cerezo dulce de origen canadiense, vigoroso, de floración media, muy productivo y precoz, con fruto rojo oscuro, firme, dulce y de buena conservación, que madura entre finales de mayo y mediados de junio según la zona. Necesita frío invernal abundante, suelo profundo y bien drenado, y obligatoriamente un polinizador compatible, porque es autoincompatible.

Sus dos puntos débiles son el agrietado por lluvia cerca de la recolección y la tendencia a sobrecargarse, que sin poda de renovación anual acaba en fruta pequeña y en árboles agotados. Quien tenga presentes esas dos cosas, elija un patrón adaptado a su suelo y pode en verde después de la cosecha, tendrá un árbol fiable durante muchos años y, de propina, el mejor polinizador que puede haber en un huerto de cerezos.


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