No es una ciruela. La llamada ciruela roja, Spondias purpurea, no tiene el menor parentesco con las ciruelas de nuestros huertos: no es un Prunus, no pertenece a las rosáceas y no se comporta como un frutal de hueso europeo. Es una anacardiácea tropical, prima del mango y del anacardo, y todo lo que sabes sobre podar y regar un ciruelo hay que dejarlo en la puerta antes de cultivarla.
Qué árbol es y de dónde viene
Spondias purpurea es originaria de la vertiente seca de Mesoamérica, desde el sur de México hasta Costa Rica, donde se cultiva desde época prehispánica. Recibe una lista larga de nombres según el país: jocote en El Salvador, Honduras y Nicaragua, ciruela mexicana o ciruela de hueso en México, jobito, cocota o ciruela campechana en otras zonas, y ciruela roja a secas en buena parte del ámbito hispano.
La familia importa. Las anacardiáceas incluyen al mango, al pistacho, al anacardo y también al zumaque venenoso; en varias de ellas la savia contiene compuestos fenólicos que provocan dermatitis en personas sensibles. Spondias purpurea es de las benignas y su fruto se consume sin problema, pero si al podar te salpica el látex y tienes antecedentes de reacción con la piel del mango, lávate y usa guantes.
Conviene no confundirla tampoco con sus parientes: Spondias mombin es el jobo, de fruto amarillo y árbol mucho mayor, y Spondias dulcis es la ambarella o manzana de oro, de fruto verde y hueso muy fibroso.
Características
Es un árbol pequeño, de 3 a 8 metros, con tronco grueso, corteza gris rugosa y ramas quebradizas que se parten con el viento o bajo el peso de una cosecha grande. La madera es blanda y esponjosa: acumula agua, y esa es la clave de su resistencia a la sequía.
Las hojas son compuestas imparipinnadas, con 5 a 25 foliolos pequeños, y aquí viene su rasgo más desconcertante para quien la ve por primera vez: es caducifolia de estación seca, no de invierno frío. En su clima de origen tira la hoja cuando dejan de llegar las lluvias, pasa varios meses completamente desnuda y florece sobre la rama pelada, antes de rebrotar. Las flores son diminutas, rojizas o rosadas, agrupadas en racimos cortos sobre la madera vieja.
El fruto es una drupa ovoide de 2,5 a 5 cm, que pasa de verde a rojo intenso, morado o amarillo según el cultivar. La piel es fina y algo cerosa; la pulpa, amarilla, jugosa, entre dulce y agriada, con un punto resinoso característico. Dentro hay un hueso único muy grande y fibroso que ocupa casi la mitad del volumen: la parte comestible real es menos de la que sugiere el tamaño. Del interior de ese hueso salen a menudo varios embriones, y por eso a veces germinan dos plántulas del mismo carozo.
Propiedades y usos del fruto
Es una fruta de aporte calórico moderado, con buen contenido en vitamina C y en carotenoides (precursores de vitamina A), responsables del color anaranjado de la pulpa. Aporta también pectina y fibra, lo que explica que cuaje bien en mermeladas sin necesidad de añadir gelificante.
Se consume de dos maneras distintas y ambas son tradicionales. Verde, todavía duro y ácido, cortado y aliñado con sal, limón y chile, que es como se vende en los mercados centroamericanos. Y maduro, blando y dulce, fresco o transformado en almíbar, mermelada, atole o bebidas fermentadas. En Centroamérica se cuecen enteros con panela para hacer jocotes en miel.
Un detalle práctico: madura muy rápido una vez recolectado y se estropea en pocos días a temperatura ambiente. No es fruta de exportación en fresco por esa razón, y por eso resulta difícil comprarla aquí.
Clima: dónde se puede cultivar en España
Este es el filtro que decide todo lo demás. Spondias purpurea es un árbol tropical y subtropical seco, de zonas donde la temperatura rara vez baja de 15 °C. Empieza a sufrir por debajo de 5 °C, con 0 °C pierde ramas y una helada de −2 °C mantenida lo mata. No hay técnica de cultivo que compense eso.
En la práctica, en España solo tiene sentido plantarla en el suelo en Canarias —donde se cultiva sin problema en las medianías bajas y la costa— y, con suerte y mucho abrigo, en enclaves muy concretos de la costa tropical de Granada y Málaga, la misma franja donde prosperan el mango y la chirimoya. En el resto del litoral mediterráneo es una apuesta arriesgada; en el interior peninsular, imposible al aire libre.
Fuera de esas zonas, la opción realista es la maceta grande con invernada bajo cubierto, en invernadero templado o galería muy luminosa por encima de 12 °C. Aprovecha aquí su caducifolia: si la dejas secar y perder la hoja durante el periodo frío, pasa el invierno mucho mejor que forzándola a mantenerse verde.
Luz, suelo y riego
Quiere sol pleno, sin matices. A media sombra crece larguirucha y no cuaja fruto.
En cuanto al suelo, es una de sus grandes virtudes: se conforma con terrenos pobres, pedregosos, arenosos e incluso calizos, y tolera pH de 5,5 a 8. Lo único que no perdona es el encharcamiento. En suelo arcilloso y compacto la raíz se pudre en una temporada. Si tu terreno es pesado, planta en caballón o en un montículo elevado y mejora el drenaje con arena gruesa y grava.
El riego debe seguir su ritmo natural: regarla igual durante todo el año se lleva por delante la floración de la temporada siguiente. En la fase de crecimiento y fructificación —primavera y verano en nuestro hemisferio— agradece riegos regulares, sin llegar a saturar. Cuando pierde la hoja, el riego se reduce casi a cero durante varias semanas o meses. Un árbol desnudo, sin hojas que transpiren, con el sustrato húmedo y temperaturas bajas es una raíz podrida a plazo fijo. Esa sequía estacional no es un descuido: es el estímulo que dispara la floración posterior.
Multiplicación: la estaca gruesa
Aquí Spondias purpurea tiene una facilidad casi insólita. Se propaga por estacas de gran calibre: ramas de 1 a 2 metros de largo y 4 a 8 cm de grosor, cortadas de árbol adulto en la época seca, cuando está sin hoja. Se dejan orear a la sombra unos días para que cicatrice el corte, se clavan directamente en el suelo unos 30-40 cm y enraízan. En Centroamérica se plantan así, en línea, para formar cercas vivas que a los pocos años dan fruto y sirven de linde.
Una estaca así empieza a producir en dos o tres años y mantiene exactamente las características del árbol madre. Es el método a elegir siempre que puedas conseguir material.
La semilla es el camino lento y decepcionante: germina de forma irregular, tarda semanas o meses, la descendencia sale variable y el árbol puede tardar cinco años o más en fructificar. Si solo dispones de huesos, siembra varios, en sustrato muy drenante y a 25-30 °C, y asume que estás haciendo un experimento, no plantando una variedad.
Poda y abonado
Se poda cuando está sin hoja, al final del periodo de reposo y antes de que asomen las flores. Como florece sobre ramillas cortas de la madera vieja, una poda agresiva de las ramas gruesas elimina la cosecha del año siguiente. Lo sensato es formar el árbol bajo, con tres o cuatro ramas principales a poca altura, para poder recolectar sin escalera y para reducir el riesgo de rotura por viento, que con esa madera quebradiza es real.
Se retiran ramas secas, mal orientadas o que se crucen, y se aclara el centro para que entre luz. En maceta, además, se acorta la brotación del año para mantener el porte contenido.
El abonado es modesto: es un árbol acostumbrado a suelos pobres y un exceso de nitrógeno lo pone frondoso y estéril. Basta con materia orgánica bien compostada al inicio de la brotación y, si acaso, un abono equilibrado con algo más de potasio durante el cuajado. En maceta, líquido cada tres semanas solo en la fase de crecimiento activo, y nada mientras esté sin hoja.
Problemas frecuentes
El primero, y con diferencia, es el frío, ya comentado. El segundo, la asfixia radicular por exceso de riego o mal drenaje, que se manifiesta como amarilleo general y caída de hoja fuera de estación.
De plagas, en zonas subtropicales le afectan las moscas de la fruta (Ceratitis capitata en nuestro caso), que pican el fruto en maduración; el trampeo con mosqueros cebados y la recogida diaria de la fruta caída son la defensa básica. También se ven cochinillas y pulgones en los brotes tiernos, tratables con jabón potásico, y en ambiente seco de invernadero, araña roja.
Un problema menos evidente es la falta de floración en ejemplares por lo demás sanos. Casi siempre se debe a que el árbol no ha pasado por un periodo seco marcado, a exceso de nitrógeno o a falta de horas de sol directo. Antes de buscar remedios exóticos, revisa esos tres puntos.
Recolección
Del cuaje a la madurez pasan aproximadamente tres meses. El fruto se recoge cuando ha tomado color pleno y cede un poco a la presión; si se busca el consumo en verde, se corta bastante antes, todavía duro. Madura de forma escalonada, así que se pasa varias veces por el árbol.
Una vez maduro, dura poco: tres o cuatro días a temperatura ambiente y alrededor de una semana en refrigeración, aunque el frío por debajo de 8 °C le provoca daño y le quita sabor. Lo razonable es consumir lo que se pueda en fresco y transformar el resto en mermelada o almíbar en los días siguientes a la cosecha.
En resumen
Spondias purpurea es un frutal tropical de la familia del mango, no un ciruelo, y esa diferencia manda sobre todos sus cuidados. Necesita calor constante y muere con la helada, de modo que en España se cultiva en suelo prácticamente solo en Canarias y en la costa subtropical de Granada y Málaga; en el resto, en maceta con invernada templada. Pide sol pleno, tolera suelos pobres y calizos, no soporta el encharcamiento y necesita un periodo seco sin hoja que dispare la floración. Se multiplica con enorme facilidad por estacas gruesas, que fructifican en dos o tres años, mientras que la semilla es lenta y variable. Se poda poco y en reposo, se abona con moderación, y su fruto —de hueso grande y vida corta— se aprovecha verde con sal o maduro en fresco y en conserva.