Veinticinco centímetros de diámetro y dos kilos de peso: ese es el tamaño normal, no excepcional, del fruto del Citrus maxima. Es el cítrico más grande que existe y, aunque en España se ve poco en los jardines, tiene un papel que ningún otro puede reclamar: es una de las cuatro especies silvestres de las que descienden, por hibridación, la naranja, el limón, el pomelo y prácticamente todo lo que hay en la frutería.
Se le conoce como pomelo chino, pummelo, pampelmusa o zamboa, y su nomenclatura antigua, Citrus grandis, todavía aparece en muchos viveros. Conviene no confundirlo con el pomelo común (Citrus × paradisi), que es un descendiente suyo: el pomelo de supermercado nació en el Caribe en el siglo XVIII del cruce entre este Citrus maxima y el naranjo dulce.
Origen y descripción
Procede del sureste asiático: Malasia, Tailandia, Indonesia y el sur de China, donde se cultiva desde hace milenios y sigue teniendo un peso cultural notable, sobre todo en el Festival del Medio Otoño chino. Desde allí viajó al Caribe en el siglo XVII de la mano de navegantes ingleses y holandeses, y de ahí salió el pomelo moderno.
Es un árbol de 5 a 12 metros de altura en condiciones favorables, con copa redondeada y algo irregular, ramas jóvenes pubescentes y espinas cortas, más abundantes en ejemplares jóvenes o de semilla. En cultivo mediterráneo rara vez pasa de 4 o 5 metros.
La hoja es la mejor pista para identificarlo sin fruto: grande, de 10 a 20 cm, coriácea, verde oscuro y con un peciolo alado descomunal, tan ancho que casi parece una segunda hoja pegada a la principal. Ningún otro cítrico tiene esas alas tan desarrolladas. El envés suele ser algo velloso, otro rasgo poco habitual en el género.
Florece en primavera, entre abril y mayo en la Península, con flores blancas de hasta 4 o 5 cm, las mayores del género, muy perfumadas y agrupadas en pequeños racimos axilares. El aroma es cercano al azahar de naranjo pero más denso.
El fruto madura entre noviembre y febrero. Es un hesperidio globoso o piriforme, de 15 a 30 cm, con corteza gruesa y verde amarillenta incluso maduro, y un albedo blanco esponjoso de varios centímetros que puede suponer más de un tercio del volumen total. La pulpa va del amarillo pálido al rosa o rojo según el cultivar, con vesículas de zumo grandes y firmes que se separan casi en seco.
Esa textura marca la diferencia con el pomelo común: el pomelo chino no se exprime ni se corta por la mitad, se pela, se retiran las membranas de cada gajo y se come el interior en trozos. Es menos jugoso, notablemente menos amargo y más dulce que el pomelo, con un amargor de fondo suave y una acidez baja. En Tailandia se usa en ensaladas como el yam som-o, y su albedo grueso lo hace ideal para confitar.
Clima: la parte donde suele haber malentendidos
Circula la idea de que el Citrus maxima es un cítrico resistente al frío. No lo es, y conviene dejarlo claro antes de plantar uno en un sitio equivocado. Está en la mitad tierna de la escala: aguanta menos que un naranjo o un mandarino y algo más o parecido que un limonero.
Un ejemplar adulto y bien asentado tolera heladas puntuales y breves de -2 a -4 ºC sin daño estructural, pero los brotes tiernos se queman antes y los frutos, que además están en el árbol justo en pleno invierno, se estropean con una sola noche a -2 ºC. Un plantón joven puede sufrir ya con heladas cortas de 0 ºC. Nada de esto lo convierte en un frutal de meseta.
Su zona natural en España es el litoral mediterráneo cálido y el suroeste: Málaga, Almería, Murcia, Alicante, la costa de Valencia y Castellón, el valle bajo del Guadalquivir, más Canarias, donde va sobrado. En Madrid, Castilla, Aragón o el interior andaluz frío, solo en maceta con invernada protegida.
El otro requisito es el calor acumulado. Necesita veranos largos y cálidos para que el fruto pierda acidez y desarrolle azúcares; en zonas frescas o muy nubladas, aunque el árbol viva, la fruta sale insulsa o áspera. Sol directo todo el día, siempre. A media sombra florece poco y cuaja menos.
Suelo, riego y abonado
Quiere suelo profundo, suelto y de drenaje impecable, con pH entre 5,5 y 7. Como todos los cítricos, es muy sensible al encharcamiento: unas horas de agua parada sobre las raíces bastan para que aparezca Phytophthora y con ella la gomosis del cuello. Si tu terreno es arcilloso y compacto, plántalo sobre un caballón o un montículo elevado en lugar de dentro de un hoyo que hará de bañera.
En suelos calizos, que son mayoría en buena parte del país, dará clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes. Al ser hojas tan grandes, el síntoma se ve muy pronto. La solución práctica es un quelato de hierro EDDHA regado al pie a finales de invierno, no sulfato de hierro, que en presencia de caliza se bloquea en pocos días.
El riego debe ser frecuente y sin excesos por aporte. Su superficie foliar es enorme y transpira mucho, así que en verano un ejemplar adulto en litoral necesita agua cada uno o dos días por goteo. Los momentos críticos son la floración y el cuajado (abril-junio) y la fase de engorde del fruto (julio-septiembre): un estrés hídrico en esa segunda etapa produce frutos pequeños, con la corteza y el albedo desproporcionadamente gruesos y poca pulpa. Y una sequía seguida de un riego abundante puede rajar el fruto.
Abonado repartido: una aportación a finales de febrero antes de la brotación, otra tras el cuajado en mayo o junio y una tercera en julio o agosto, con abono específico para cítricos o estiércol bien fermentado en superficie durante el invierno. A partir de septiembre, nada de nitrógeno: una brotación tardía llega tierna al primer frío y es lo primero que se hiela.
Plantación, poda y maceta
Se planta en primavera, de marzo a mayo, pasado el riesgo de heladas, para que tenga toda la temporada por delante. Hoyo amplio, fondo descompactado y, sobre todo, el punto de injerto claramente por encima del nivel del suelo: enterrarlo es la vía más rápida a la gomosis. Deja 6 metros libres respecto a otros árboles, muros o vallas; su copa se ensancha más de lo que parece.
La poda es mínima. Basta con retirar madera seca, aclarar el interior lo justo para que entre luz y aire, levantar las ramas bajas que rozan el suelo y eliminar sin falta los chupones que salgan por debajo del injerto, que pertenecen al patrón y acaban comiéndose el árbol. Época: de finales de febrero a abril, pasado el frío y después de recoger la fruta. Si al podar quedan ramas gruesas expuestas, píntalas con caolín o lechada de cal: la corteza descubierta se quema al sol de agosto.
En maceta es viable como planta ornamental, pero con expectativas ajustadas. Necesita contenedor de 60 litros o más, sustrato drenante con un tercio de perlita o arena gruesa lavada, y plato vacío siempre. Producirá frutos, aunque de calibre menor. La invernada debe hacerse en un lugar fresco y muy luminoso, entre 5 y 12 ºC: un porche acristalado o una galería, nunca un salón con calefacción, donde la combinación de aire seco y poca luz provoca defoliación y araña roja.
Multiplicación
Aquí hay una particularidad que lo separa de los cítricos habituales. Naranjos y mandarinos son poliembriónicos y sus semillas suelen dar clones de la madre, pero el Citrus maxima es monoembriónico: cada semilla produce un único embrión de origen sexual. Traducido: si siembras las pepitas de un pomelo chino que te gustó, el resultado será un híbrido imprevisible que no reproducirá esa fruta.
Germinan bien, eso sí, en dos o tres semanas con sustrato húmedo y 25 ºC, y son plantas de follaje espectacular. Pero un ejemplar de semilla arrastra una fase juvenil larga, de ocho a quince años, con espinas y sin flor. Para tener fruto conocido y en plazo razonable hay que comprar planta injertada, o injertar de escudete en primavera sobre un patrón adecuado a tu suelo.
Plagas, problemas y una advertencia de salud
Comparte enemigos con el resto del género: pulgones en la brotación de primavera, cochinillas y cotonets, mosca blanca, araña roja en veranos secos y polvorientos, minador de los cítricos en los brotes de verano y mosca de la fruta cuando el fruto empieza a colorear. Controlar las hormigas con una banda pegajosa en el tronco reduce mucho la presión de pulgones y cochinillas, porque son ellas las que los protegen de sus depredadores.
Un problema propio de esta especie es el peso del fruto. Dos kilos colgando del extremo de una rama joven la desgarran o la doblan de forma permanente. Si un árbol pequeño ha cuajado mucho, aclara frutos en verano dejando solo los que estén sobre madera firme y bien situados; ganarás calibre y evitarás roturas.
Por último, algo que hay que decir: al igual que el pomelo, el Citrus maxima contiene furanocumarinas que interfieren con el metabolismo hepático de bastantes medicamentos, entre ellos estatinas, algunos antihipertensivos e inmunosupresores. Si tomas medicación crónica, consúltalo con tu médico antes de incorporarlo a la dieta habitual. No es un problema con naranjas ni mandarinas, pero con este sí.
En resumen
El Citrus maxima es una de las especies fundadoras del género y da el fruto más grande de todos ellos: un hesperidio de uno o dos kilos, de corteza gruesa, albedo esponjoso y pulpa dulce que se come en gajos pelados, no exprimida.
No es un cítrico rústico frente al frío. Necesita clima suave de litoral, sol pleno, veranos cálidos que le den el calor acumulado que la fruta exige, drenaje perfecto y riego frecuente sin encharcar. En suelo calizo hay que contar con la clorosis férrica y resolverla con quelato EDDHA.
Compra planta injertada: sus semillas son monoembriónicas y no reproducen la variedad, además de tardar más de una década en florecer. Poda poco y en primavera, planta con el injerto fuera de la tierra y aclara la carga si el árbol es joven, porque el peso de esos frutos rompe ramas. A cambio tendrás un árbol de hoja enorme, flor blanca muy aromática y una fruta que no se encuentra fácilmente en el mercado.