Las cochinillas son, con diferencia, la plaga que más quebraderos de cabeza da en naranjos, limoneros y mandarinos, tanto en plantación comercial como en el limonero del patio. Y hay una razón por la que tanta gente pelea contra ellas año tras año sin ganar: se tratan mal y, sobre todo, se tratan tarde. Una cochinilla adulta está protegida por un escudo céreo o por una capa de algodón impermeable; cuando la ves bien formada sobre la rama, ya es casi invulnerable a cualquier cosa que le pulverices encima.

Combatir cochinillas consiste, básicamente, en dos cosas: identificar cuál tienes y actuar en la ventana concreta en que son vulnerables. Todo lo demás —el producto, la dosis, la marca— es secundario.

Qué son exactamente

Las cochinillas son insectos chupadores emparentados con pulgones y moscas blancas (orden Hemiptera, superfamilia Coccoidea). Clavan un estilete en el tejido de la planta y se alimentan de savia. La hembra adulta apenas se mueve —en muchas especies pierde patas y antenas y queda fijada de por vida en el mismo punto—, mientras que el macho es un insecto alado diminuto y efímero cuya única función es reproducirse.

Lo relevante para el control es su ciclo. Del huevo sale una ninfa móvil, llamada larva migrante o "caminante", que es un punto anaranjado o amarillento de menos de medio milímetro. Camina durante unas horas o unos días buscando dónde instalarse, y en esa fase está desnuda: no tiene escudo, no tiene cera, no tiene algodón. Ahí es cuando cualquier tratamiento funciona. En cuanto se fija y segrega su cubierta protectora, la eficacia de los tratamientos de contacto cae en picado.

De ese hecho se deriva el error más extendido: tratar en cuanto se ven bultos en las ramas, que es justo el peor momento posible.

Las cochinillas que verás en cítricos españoles

Se agrupan en tres familias con comportamientos distintos, y distinguirlas cambia la estrategia.

Cochinillas armadas o diaspídidos. Son las que forman un escudo duro y separable del cuerpo del insecto —si lo levantas con la uña, debajo queda el animalillo blando y el escudo sale entero—. No producen melaza. Las principales son el piojo rojo de California (Aonidiella aurantii), un disco rojizo circular de un par de milímetros que coloniza ramas, hojas y sobre todo el fruto, donde deja manchas que lo dejan invendible; el piojo gris (Parlatoria pergandii), más oscuro y aplanado, típico del interior sombrío del árbol; la serpeta gruesa (Lepidosaphes beckii), con forma alargada de coma o de mejillón; y el piojo blanco (Aspidiotus nerii), que también ataca a la adelfa.

Cochinillas blandas o cóccidos. El escudo forma parte del propio cuerpo y no se puede separar. Producen melaza en abundancia. La reina aquí es la caparreta negra (Saissetia oleae), un caparazón marrón oscuro y abombado de tres o cuatro milímetros con un relieve en forma de H sobre el dorso, muy fácil de reconocer una vez que la has visto una vez. Aparece también en olivo. Hay una caparreta blanca (Ceroplastes sinensis), cerosa y de aspecto de gota de esperma, menos frecuente.

Cochinillas algodonosas o pseudocóccidos. No tienen escudo: se cubren de una masa harinosa o algodonosa blanca y conservan la movilidad. El cotonet o melazo (Planococcus citri) es el clásico, y se esconde en el cáliz del fruto, en las axilas, bajo la corteza y en los frutos apiñados, lo que lo hace difícil de mojar. Desde hace unos años se ha extendido por el Levante el cotonet de Les Valls o cotonet de Sudáfrica (Delottococcus aberiae), que causa un daño particular: pica el fruto muy joven y provoca deformaciones y frutos pequeños con forma acampanada, un daño que se produce en primavera aunque no veas casi población.

Aparte queda la cochinilla acanalada (Icerya purchasi), inconfundible por su ovisaco blanco estriado y voluminoso pegado al abdomen. Merece capítulo propio, por lo que verás más abajo.

Cochinilla sobre rama de cítrico

Cómo saber que las tienes

Los síntomas se descubren casi siempre por orden inverso: primero se ve la consecuencia y luego el causante.

Melaza pegajosa sobre hojas, frutos y sobre lo que haya bajo el árbol —el suelo, una mesa, el coche—. Es el excremento azucarado de las especies blandas y algodonosas. Las armadas no la producen, así que si el árbol brilla pegajoso, descarta piojo rojo y busca caparreta o cotonet.

Negrilla o fumagina: una costra negra aterciopelada que se instala sobre la melaza. La forman hongos saprófitos (Capnodium y afines) que no parasitan al árbol, solo se alimentan del azúcar. Aun así hacen daño: tapan la hoja, reducen la fotosíntesis y deprecian el fruto. La negrilla no se combate con fungicida. Se combate eliminando la cochinilla que produce la melaza; luego se lava con agua a presión o con jabón potásico y se va desprendiendo sola.

Un reguero de hormigas subiendo y bajando por el tronco. Es la pista más fiable de todas y sobre ella volveremos, porque no son espectadoras.

Amarilleo, hojas pequeñas, ramas que se secan de la punta hacia dentro y caída prematura de fruto en ataques fuertes.

Manchas o puntos en la piel del fruto, con un halo verde alrededor si es piojo rojo: son las escamas fijadas sobre la corteza. Aunque el fruto por dentro esté perfecto, comercialmente está perdido.

Para pasar del síntoma al diagnóstico, revisa con lupa la cara inferior de las hojas, las axilas de las ramas, la madera de dos o tres años y el interior de la copa, que es donde más cómodas están. Y mira dentro del cáliz de los frutos, porque el cotonet vive ahí.

Empieza por las hormigas

Esta es la parte que casi todo el mundo se salta y la que más determina el resultado. Las hormigas —en el Levante y el sur, sobre todo la hormiga argentina, Linepithema humile— recolectan la melaza que producen las cochinillas y, a cambio, las defienden activamente de sus enemigos naturales. Ahuyentan y matan a las larvas de mariquita y a las avispillas parasitoides, e incluso transportan cochinillas de una rama a otra o de un árbol a otro.

Mientras el tronco sea una autopista de hormigas, el control biológico no funciona y las poblaciones rebrotan por mucho que trates. La solución es mecánica y barata: una banda de material pegajoso alrededor del tronco, colocada sobre una tira de plástico o de fieltro para no dañar la corteza, revisada cada pocas semanas porque se satura de polvo y de insectos. Y, condición imprescindible, despejar todos los puentes: ramas bajas que tocan el suelo, hierbas altas apoyadas en la copa, tutores, tubos de riego y ramas que se cruzan con el árbol vecino. Una sola rama que roza la tierra invalida la banda entera.

Cultivo: quitarle a la plaga las condiciones que le gustan

Las cochinillas prosperan en copas cerradas, húmedas y sombrías, con brotación tierna abundante. Se puede jugar en contra:

Poda de aclareo. Abrir el interior del árbol para que entren luz y aire reduce mucho a la caparreta negra y al piojo gris, que son especialmente de sombra. Además mejora la penetración de cualquier tratamiento posterior, que es media batalla: un caldo que no llega al interior de la copa no sirve de nada. En cítricos, la poda se hace normalmente después de la recolección y antes de la floración, entre finales de invierno y comienzos de primavera, evitando las heladas.

Menos nitrógeno. El abonado nitrogenado excesivo produce brotes tiernos, jugosos y continuos, que es justo el sustrato ideal para cochinillas y pulgones. Un cítrico sobrealimentado tiene más plaga, sin excepción.

Retira lo muy infestado. Cortar y sacar del jardín las ramas cubiertas de escamas o de algodón elimina de golpe una parte de la población, sobre todo en árboles pequeños o de patio.

Limpieza manual en árboles pequeños. En un limonero de terraza, pasar un cepillo blando o un algodón mojado en agua con jabón por las ramas afectadas es perfectamente viable y muy eficaz. Lo que no vale es hacerlo con alcohol puro sobre corteza joven ni frotar hasta descortezar.

Control biológico: el que más rinde a largo plazo

Los cítricos españoles son, probablemente, el cultivo donde mejor documentado está el control biológico de cochinillas, y no es una moda ecologista: es lo que sostiene el equilibrio en la mayoría de las parcelas bien llevadas.

El caso emblemático es el de la cochinilla acanalada (Icerya purchasi). A finales del siglo XIX arrasaba los cítricos de California hasta que se introdujo desde Australia la mariquita Rodolia cardinalis, que la controló en apenas dos años. Ese mismo enemigo está hoy establecido en España, y por eso Icerya rara vez pasa de ser una anécdota, salvo cuando alguien la desequilibra con insecticidas de amplio espectro. Si ves ovisacos blancos acanalados en tu limonero, lo más inteligente que puedes hacer suele ser no tratar y esperar: la mariquita, con su larva gris y anaranjada, aparece sola y limpia el árbol. Un tratamiento químico en ese momento mata al depredador y prolonga la plaga meses.

Icerya purchasi, la cochinilla acanalada, sobre un cítrico

Para el resto de especies existen auxiliares equivalentes, muchos ya presentes de forma natural en los cítricos peninsulares y otros disponibles comercialmente para suelta:

Contra el piojo rojo de California, las avispillas parasitoides del género Aphytis —sobre todo Aphytis melinus— y Comperiella bifasciata. Contra el cotonet, la mariquita Cryptolaemus montrouzieri, cuya larva parece a su vez una cochinilla algodonosa gigante (no la confundas y la mates), junto a los parasitoides Anagyrus y Leptomastix dactylopii. Contra la caparreta negra, parasitoides del género Metaphycus. A ellos se suman crisopas, algunos ácaros y hongos entomopatógenos que actúan en periodos húmedos.

Lo importante no es tanto comprar auxiliares como no destruir los que ya tienes. Los insecticidas de amplio espectro son especialmente contraproducentes con las cochinillas: matan bien a los enemigos naturales, que son insectos desnudos y activos, y mal a las cochinillas adultas, que están protegidas bajo su escudo. El resultado típico es una explosión de plaga peor que la de partida tres o cuatro semanas después. Mantener cubierta vegetal o flora auxiliar en los ruedos, y evitar los tratamientos innecesarios en primavera, hace más por el control que cualquier producto.

Tratamientos: qué usar y, sobre todo, cuándo

El momento. Repítelo hasta que sea automático: se trata contra larvas móviles. Para saber cuándo salen hay dos formas prácticas. En parcelas comerciales se usan trampas de feromona para capturar los machos de piojo rojo; unas semanas después del pico de vuelo llega el máximo de larvas migrantes, y ahí se sitúa el tratamiento. En un jardín particular basta un método casero: rodea una rama afectada con una cinta adhesiva de doble cara con el pegamento hacia fuera y revísala con lupa cada pocos días. Cuando empieces a ver puntitos anaranjados pegados, las larvas están caminando y es tu ventana. Otra opción es levantar escudos con una aguja: si encuentras huevos o larvas bajo la hembra, la salida es inminente.

En el Levante, con las especies principales, esa ventana suele darse entre finales de la primavera y el verano, con dos o tres generaciones escalonadas. No hay una fecha fija de calendario: depende de la especie, de la zona y de la temperatura de ese año. Tratar "porque toca en mayo" es tirar el producto.

Aceite de parafina. Es el tratamiento de referencia y el más razonable para un jardín. Actúa por asfixia física, cubriendo con una película el escudo y los orificios respiratorios, así que no genera resistencias y respeta bastante a la fauna auxiliar comparado con un insecticida convencional. Se aplica normalmente al 1-1,5 % —siempre según lo que indique la etiqueta del producto concreto— y su eficacia depende por completo de mojar de verdad: hay que empapar hasta el goteo, por dentro de la copa, por el envés de las hojas y por la madera, no dar una pasada por fuera.

Precauciones con el aceite, que son serias:

No lo apliques con calor fuerte —por encima de unos 30 ºC— ni en las horas centrales del día, ni con el árbol en estrés hídrico: riega bien uno o dos días antes. Es fitotóxico en esas condiciones y puede provocar caída de hoja y de fruto. No lo mezcles con azufre ni lo apliques en las semanas próximas a un tratamiento con azufre, porque la combinación quema. Evítalo en plena floración y cerca de la recolección, ya que puede retrasar el cambio de color y aumentar la sensibilidad de la piel del fruto. Y elige un día sin viento y sin lluvia previsible en las horas siguientes.

Jabón potásico. Útil sobre todo para cochinillas algodonosas, que no tienen escudo duro, y para lavar melaza y negrilla. Se aplica a última hora de la tarde y conviene enjuagar con agua al día siguiente en plantas sensibles. Combinado con aceite mejora la mojabilidad. No espere milagros contra diaspídidos adultos.

Insecticidas específicos. En cultivo profesional se emplean reguladores del crecimiento de insectos y productos sistémicos que actúan sobre los estados jóvenes, con eficacias altas si se posicionan bien en el ciclo. Aquí hay que ser claro y no darte nombres como si fueran una receta permanente: el registro de productos fitosanitarios cambia cada campaña, hay materias activas que se retiran, plazos de seguridad que se modifican y, muy importante, la mayoría de los productos profesionales no están autorizados para jardinería exterior doméstica. Antes de comprar nada, consulta el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio o pregunta en una cooperativa o ATRIA de tu zona, y comprueba que la etiqueta autorice expresamente el uso en cítricos y, si es tu caso, en jardinería doméstica. Respeta siempre el plazo de seguridad antes de recolectar.

Errores que arruinan el control

Tratar cuando ves las escamas grandes. Ya es tarde: esa generación está protegida. El tratamiento tiene que coincidir con la salida de larvas.

Mojar solo por fuera. Las cochinillas viven en el interior sombrío de la copa, en el envés y en el cáliz del fruto. Si no llega el caldo, no hay control.

Ignorar a las hormigas. Sin banda pegajosa, el árbol se recoloniza una y otra vez.

Repetir el mismo insecticida de amplio espectro cada vez que aparece un bicho. Eliminas a los auxiliares y provocas rebrotes más fuertes.

Tratar la negrilla con fungicida. No sirve. La negrilla es un síntoma; desaparece cuando desaparece la melaza.

Aplicar aceite en pleno agosto a mediodía. Quemarás hoja y fruto.

Esperar erradicación total. Con cochinillas el objetivo realista no es cero individuos, es mantener la población por debajo del nivel en que hace daño. Un árbol con unas pocas escamas y con mariquitas y parasitoides trabajando está más sano, a medio plazo, que uno esterilizado a base de tratamientos.

En resumen

Identifica primero qué cochinilla tienes: si hay melaza y negrilla es caparreta o algodonosa; si no la hay y ves discos duros sobre el fruto, es piojo rojo o serpeta. Corta el paso a las hormigas con una banda pegajosa en el tronco y elimina todos los puentes hacia la copa, porque mientras suban no habrá control biológico posible.

Abre el árbol con una poda de aclareo, modera el nitrógeno y retira a mano lo más infestado. Deja trabajar a los enemigos naturales —Rodolia cardinalis, Cryptolaemus, Aphytis, Metaphycus— y evita los insecticidas de amplio espectro, que hacen más mal que bien.

Y si hay que tratar, hazlo con aceite de parafina bien mojado, en el momento de las larvas móviles, con temperaturas suaves y el árbol bien regado, nunca junto al azufre. El momento importa más que el producto: ese es todo el secreto de combatir cochinillas en cítricos.


Contenidos relacionados