El limonero es el cítrico que más se compra y también el que más consultas genera, casi siempre por el mismo motivo: se pone amarillo. Antes de tocar el abono conviene entender por qué ocurre, porque en la mayoría de los casos el problema no es que le falte alimento, sino que no puede absorber el que ya tiene.

Limonero cargado de frutos

Dónde ponerlo

Sol directo, cuanto más mejor: mínimo seis horas. A la sombra vegeta, se estira y no cuaja fruta. Es lo primero que hay que resolver, porque ningún cuidado posterior compensa la falta de luz.

Protegido del viento frío y, si puede ser, contra una pared orientada al sur, que le devuelve calor por la noche. El limonero es de los cítricos más sensibles al frío: por debajo de −3 o −4 grados sufre daños serios, y una helada fuerte le tira la hoja entera.

Si lo tienes en maceta, ten presente que el punto débil no es el árbol sino el tiesto: la raíz se hiela mucho antes en un contenedor que en el suelo. En zonas frías, envuelve la maceta con plástico de burbujas o arrímala a la fachada.

El riego

Quiere humedad regular sin encharcamiento. Los dos extremos producen el mismo síntoma —caída de flores y frutos pequeños—, así que conviene comprobar en lugar de seguir un calendario.

Mete el dedo tres o cuatro centímetros en el sustrato. Si está seco, riega hasta que salga agua por abajo. En verano y en maceta puede ser a diario; en tierra y en invierno, cada una o dos semanas.

Vacía siempre el platillo. El agua estancada es la causa más frecuente de muerte de un limonero en maceta, y el síntoma —hoja amarilla— se confunde con falta de abono, así que mucha gente responde abonando y acelera el final.

El agua importa: en zonas calizas conviene alternar con agua de lluvia, porque la cal va subiendo el pH del sustrato y ahí empiezan los problemas del apartado siguiente.

Por qué amarillea, que es la pregunta de verdad

El patrón del amarilleo dice qué le pasa, y cada caso pide una respuesta distinta:

Hojas nuevas amarillas con los nervios bien verdes, dibujando una red. Es clorosis férrica, y casi nunca significa que falte hierro en el suelo: significa que el pH es alto y el hierro está bloqueado. Añadir más abono no arregla nada. Lo que funciona es quelato de hierro EDDHA, que es el único tipo que aguanta en suelo calizo —el EDTA, más barato, se degrada por encima de pH 6,5 y en la mayor parte de España no sirve—.

Hojas viejas amarillas entre los nervios, con una uve verde en la base. Falta de magnesio. Se corrige con sulfato de magnesio en el riego.

Amarilleo general y uniforme, incluidos los nervios, empezando por las hojas de abajo. Falta de nitrógeno. Aquí sí toca abonar.

Amarilleo general con el sustrato permanentemente húmedo. No es carencia: es asfixia radicular. Deja secar y revisa el drenaje.

Un matiz que ahorra sustos: las hojas ya dañadas no vuelven a ponerse verdes. Lo que verás si aciertas es que la brotación nueva sale bien. Doblar la dosis no acelera nada.

Abonado

Es un árbol perenne que además fructifica, así que consume mucho y de forma continua. Necesita bastante nitrógeno, bastante potasio y poco fósforo.

En tierra, tres aplicaciones: final del invierno antes de brotar, después del cuajado en mayo o junio, y final del verano. Reparte el abono en la proyección de la copa —que es donde están las raíces que absorben, no junto al tronco— y riega después.

En maceta cambia: cada riego lava nutrientes por el fondo, así que lo razonable es abono líquido cada dos o tres semanas de marzo a septiembre, a dosis algo más diluida.

Busca uno específico para cítricos con micronutrientes quelatados. Y no abones en otoño avanzado ni en invierno: provocarías brotación tierna justo antes de las heladas.

Poda

Poca y a finales de invierno, cuando haya pasado el riesgo de heladas. Quita lo seco, lo cruzado y los chupones verticales, y aclara el interior para que entre luz y aire.

Corta siempre los brotes que salgan por debajo del injerto, esos que suelen tener espinas largas. Son del patrón, y si los dejas acaban comiéndose la variedad injertada.

No te pases: el limonero fructifica sobre madera del año anterior, así que una poda severa se traduce en una temporada sin limones.

Plagas habituales

Cochinilla, algodonosa o de escudo. Es la más frecuente. En poca cantidad, bastoncillo con alcohol de 70 grados; si está extendida, aceite de parafina, repitiendo a las dos semanas.

Minador de los cítricos, que deja galerías serpenteantes plateadas en las hojas nuevas. Es feo pero rara vez grave en un árbol adulto; en uno joven conviene tratar con aceite de neem.

Pulgón en la brotación de primavera. Jabón potásico, repetido a la semana.

Negrilla, ese polvo negro sobre las hojas. No ataca al árbol: crece sobre la melaza que sueltan cochinilla y pulgón. Si eliminas la plaga, desaparece sola.

Por qué no da fruta

Por este orden de probabilidad: poca luz, exceso de nitrógeno —mucha hoja y ninguna flor—, riego irregular con altibajos bruscos que hacen caer la flor, poda excesiva, o simplemente juventud, porque un limonero de semilla tarda de seis a diez años en producir y uno injertado dos o tres.

Y si tira los frutos cuando son del tamaño de un guisante, no te alarmes: es un aclareo natural. El árbol descarta lo que no puede alimentar.

En resumen

Sol directo abundante, riego regular comprobando el sustrato y sin platillo, abono específico con micronutrientes en tres pasadas de febrero a septiembre, poda ligera a final de invierno y vigilancia de la cochinilla. Y si amarillea con los nervios verdes, el problema es el pH: quelato de hierro EDDHA, no más abono.


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