El naranjo chino, más conocido internacionalmente como kumquat, es probablemente el mejor cítrico que existe para cultivar en maceta. Es compacto, no supera los 2 o 3 metros, tiene follaje perenne y brillante, florece con un aroma intenso a finales de verano y llena la planta de frutos naranjas del tamaño de una aceituna grande que aguantan meses en el árbol.
Y tiene además una peculiaridad que lo distingue de cualquier otro cítrico: se come entero, con piel y todo. De hecho, hay que comerlo así.
Qué planta es exactamente
Durante décadas se clasificó en su propio género, Fortunella, nombrado en honor al botánico escocés Robert Fortune, que lo introdujo en Europa a mediados del siglo XIX. Hoy la taxonomía más aceptada lo incluye dentro del género Citrus, de modo que se le denomina Citrus japonica, aunque el nombre Fortunella sigue apareciendo en muchos viveros y etiquetas.
Es originario del sur de China, donde se cultiva desde hace más de un milenio. Las variedades más habituales en jardinería son:
Nagami (Citrus japonica 'Nagami'), de fruto ovalado y alargado. Es la más extendida en España y la de sabor más equilibrado.
Marumi, de fruto redondo y algo más dulce.
Meiwa, de fruto redondeado y grande, con la pulpa menos ácida; se considera la mejor para comer en fresco.
Se comercializa también el calamondín (× Citrofortunella microcarpa), un híbrido entre kumquat y mandarina que se parece mucho y se vende en las mismas macetas decorativas. Su fruto es redondo, muy ácido y esencialmente ornamental o para mermelada. Se cultiva igual, pero conviene saber cuál has comprado antes de darle un mordisco.
Por qué es el cítrico ideal para maceta
Hay tres razones concretas.
Porte reducido. Sin necesidad de patrón enanizante, se queda en 2-3 metros en suelo y en 1-1,5 metros en recipiente. Un naranjo o un limonero en maceta siempre están algo forzados; el kumquat no.
Es el cítrico más resistente al frío. Tolera hasta -8 o -10 °C en ejemplares adultos y bien asentados, bastante más que un limonero, que sufre ya con -2 °C. El motivo es que entra en un reposo invernal más profundo que el resto de cítricos: detiene el crecimiento cuando la temperatura baja, en lugar de intentar seguir vegetando. Esto permite tenerlo al aire libre en buena parte de la Península.
Fructifica joven y de forma abundante. Un ejemplar injertado da fruto a los dos o tres años, y los frutos permanecen decorativos en la planta desde noviembre hasta marzo.
Ubicación y luz
Necesita sol directo, y cuanto más mejor: mínimo seis horas. Es el error más habitual con esta planta, porque al venderse como planta ornamental de interior mucha gente la coloca en el salón. Un kumquat de interior sobrevive un tiempo, va perdiendo hojas, no florece y acaba muriendo.
Su sitio es el exterior: terraza, balcón, patio o jardín. Si no tienes más remedio que tenerlo dentro, que sea junto a una ventana muy luminosa, orientada al sur, y sácalo fuera en cuanto llegue la primavera.
Protégelo del viento fuerte y seco, que deshidrata las hojas y tira las flores.
Sustrato y maceta
El sustrato es la decisión más importante del cultivo en maceta. Los cítricos tienen raíces que necesitan oxígeno y mueren por asfixia con una facilidad notable. Un sustrato universal barato, que se compacta y retiene agua, es la principal causa de kumquats muertos.
Usa un sustrato específico para cítricos o prepara una mezcla: dos partes de sustrato de calidad, una parte de fibra de coco y una parte de perlita o arena gruesa lavada. El objetivo es un medio que drene rápido y no se apelmace. pH ligeramente ácido, entre 6 y 6,5.
Maceta. De barro mejor que de plástico, porque transpira y evita el sobrecalentamiento del cepellón. Con agujeros de drenaje amplios y abundantes. Para un ejemplar joven, 20-30 litros; para uno adulto, 40-50 litros. No pongas una capa de grava en el fondo: contra lo que suele decirse, no mejora el drenaje, sino que eleva la zona saturada de agua. Lo que sirve es un buen sustrato y agujeros suficientes.
Y nunca dejes el plato con agua. Si usas plato, vacíalo media hora después de regar. El agua estancada en la base pudre las raíces silenciosamente.
Trasplante. Cada dos o tres años, en primavera, subiendo un par de tamaños de maceta. En los años intermedios, renueva los 5 cm superiores de sustrato. No trasplantes con la planta en flor o con fruto cuajado.
Riego
El equilibrio es fino: el kumquat no tolera ni la sequía prolongada ni el encharcamiento.
La regla práctica es comprobar el sustrato con el dedo a 3-4 cm de profundidad y regar cuando esté seco a ese nivel. Cuando riegues, hazlo abundantemente hasta que salga agua por los agujeros, y no vuelvas a regar hasta que vuelva a secarse la capa superficial. Los riegos escasos y frecuentes son peores que los abundantes y espaciados.
Orientativamente, en verano puede ser cada uno o dos días; en invierno, cada siete o diez.
Calidad del agua. Los cítricos son sensibles a la cal. Si tu agua es dura, como ocurre en gran parte de España, el pH del sustrato irá subiendo y aparecerá clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios marcados en verde. Soluciones: usar agua de lluvia, dejar reposar el agua del grifo 24 horas, o acidificarla ligeramente añadiendo unas gotas de zumo de limón o vinagre por litro cada cierto tiempo. Y corregir con quelato de hierro cuando la clorosis ya esté instalada.
Agradece también la humedad ambiental. En verano seco y en interiores con calefacción, pulverizar las hojas con agua sin cal ayuda y además disuade a la araña roja.
Abonado
Un cítrico en maceta agota el sustrato rápidamente y es muy demandante. Abona con un fertilizante específico para cítricos, que aporta la relación adecuada de macronutrientes y, sobre todo, micronutrientes —hierro, manganeso, zinc, magnesio—, que es donde fallan los abonos genéricos.
Frecuencia: cada 15 días desde marzo hasta septiembre, con abono líquido a la dosis indicada. En otoño e invierno, suspende o espacia mucho, porque la planta está en reposo y el abono no aprovechado acidifica y saliniza el sustrato.
Si las hojas viejas amarillean de forma generalizada, suele ser nitrógeno. Si son las nuevas las que amarillean manteniendo los nervios verdes, es hierro.
Floración y fruto
El kumquat tiene un calendario distinto al del resto de cítricos. Mientras un naranjo florece en primavera, el kumquat florece a finales de primavera y sobre todo en verano, de junio a agosto, con flores blancas pequeñas y muy perfumadas que aparecen solas o en pequeños grupos en las axilas de las hojas. Puede dar dos o tres oleadas de floración.
Es autofértil: no necesita otro ejemplar para producir.
Los frutos maduran de noviembre a marzo y aguantan largo tiempo en el árbol sin estropearse, lo que explica su valor ornamental. Recoge con tijera, dejando un trocito de pedúnculo.
Lo llamativo del fruto es que tiene la relación de sabores invertida respecto a cualquier otro cítrico: la piel es dulce y aromática, y la pulpa es ácida. Por eso se come entero, sin pelar: al morderlo, el dulzor de la corteza compensa la acidez del interior. Pelarlo, que es el impulso natural de cualquiera que lo prueba por primera vez, arruina la experiencia. Se usa también en mermeladas, confitado, en licor y como acompañamiento de carnes.
Poda
Es poco exigente. Después de la recolección, a finales de invierno o comienzos de primavera, retira:
Ramas secas, dañadas o cruzadas hacia el interior de la copa; los chupones que salen del portainjerto, por debajo del punto de injerto, que son fácilmente reconocibles porque tienen hojas distintas y espinas más largas y roban vigor a la planta; y las ramas que desequilibren la forma.
Un despunte ligero de los brotes densifica la copa y da un aspecto más compacto. No podes fuerte: reducirás la cosecha y el kumquat no lo necesita.
Invernada
Aunque sea el cítrico más rústico, en maceta las raíces están mucho más expuestas al frío que en suelo. En zonas con heladas por debajo de -5 °C:
Arrima la maceta a una pared orientada al sur, que acumula calor. Envuelve el recipiente con plástico de burbujas o arpillera para aislar el cepellón, no la planta. Acolcha la superficie del sustrato. Y si las heladas son intensas y prolongadas, entra la planta a un porche o galería fresca y luminosa, a 5-12 °C, reduciendo mucho el riego durante ese periodo.
Lo que no debes hacer es meterlo en una habitación con calefacción a 22 °C: la planta intenta vegetar sin luz suficiente, se debilita y se llena de cochinilla y araña roja.
Plagas y problemas
Cochinilla algodonosa y cochinilla parda. La plaga número uno de los cítricos en maceta. Bultitos marrones o masas algodonosas blancas en el envés de las hojas y en las axilas, con melaza pegajosa y negrilla asociada. Elimina manualmente con un algodón mojado en alcohol si son pocas; aceite de parafina o jabón potásico si están extendidas.
Araña roja. Punteado amarillento y telillas finas, típica de ambiente seco y caluroso. Aumentar la humedad la frena.
Pulgón. En brotes tiernos de primavera, que deforma y enrolla. Jabón potásico. Controla las hormigas, que lo protegen.
Minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella). Galerías plateadas y serpenteantes en las hojas nuevas. Es muy aparatoso pero raramente grave en un ejemplar adulto; afecta sobre todo a plantas jóvenes.
Negrilla. Ese hollín negro sobre las hojas no es un parásito de la planta: es un hongo que vive de la melaza que segregan pulgones y cochinillas. Elimina la plaga y la negrilla desaparece; limpia las hojas con agua jabonosa.
Caída de hojas. Casi siempre exceso de riego, sustrato compactado o falta de luz. Revisa el drenaje antes que ninguna otra cosa.
Multiplicación
La semilla germina bien, pero el árbol resultante tarda muchos años en fructificar y no reproduce fielmente las características de la variedad. Comercialmente se multiplica por injerto, habitualmente sobre patrones como Poncirus trifoliata o citrange, que aportan resistencia al frío y controlan el vigor.
Por esquejes semileñosos también es posible en verano, con hormonas de enraizamiento y calor de fondo, aunque el porcentaje de éxito es modesto.
En resumen
El naranjo chino o kumquat (Citrus japonica, antes Fortunella) es el cítrico más agradecido para maceta: pequeño, autofértil, decorativo todo el invierno y el más tolerante al frío de su género, hasta -8 o -10 °C.
Sus cuatro exigencias son claras: sol directo en el exterior —no es una planta de interior—, sustrato muy drenante específico para cítricos, riego abundante pero espaciado con agua baja en cal, y abonado quincenal de marzo a septiembre con un fertilizante que incluya micronutrientes.
Florece en verano, madura de noviembre a marzo y se come entero, con piel, porque en él la corteza es la parte dulce. Si las hojas nuevas te amarillean con los nervios verdes, no es falta de riego: es clorosis férrica por agua calcárea, y se corrige con quelato de hierro y agua de lluvia.