De la pepita de un limón sale un limonero. Lo que no sale es ese limón. Conviene tenerlo claro desde el principio, porque buena parte de lo que se hace mal al germinar cítricos viene de esperar de la semilla algo que la semilla no puede dar. Dicho eso, germinarlas es de las cosas más agradecidas que se pueden hacer en una bandeja de semillero: las pepitas de limón nacen rápido, nacen muchas y no piden ningún tratamiento raro, siempre que se respeten dos condiciones que se suelen pasar por alto.

Qué esperar de una semilla de limón

Un limonero comercial es un injerto: una variedad seleccionada (Verna, Fino o Mesero, Eureka, Lisboa) soldada sobre un patrón elegido por su resistencia a la caliza, a los nematodos y al virus de la tristeza. Cuando se siembra una pepita no se obtiene ese conjunto, sino una planta de pie franco, sin patrón, con las virtudes y los defectos que le toquen.

Ahora bien, los cítricos tienen una rareza biológica que juega a favor: la poliembrionía nucelar. Además del embrión sexual, muchas semillas de cítrico desarrollan embriones adicionales a partir de tejido materno, genéticamente idénticos a la madre. Por eso es normal que de una sola pepita salgan dos o tres plántulas juntas, y por eso las plantas obtenidas de semilla en cítricos se parecen a la madre bastante más de lo que cabría esperar en, digamos, un manzano. El limón es moderadamente poliembriónico; el naranjo amargo y el pomelo lo son mucho más.

Lo que sí cambia de manera radical es el tiempo. Una planta de semilla pasa por una fase juvenil larga: crecimiento erecto, entrenudos largos, espinas grandes en el tronco y las ramas jóvenes, y ninguna flor. Un limonero de pepita puede tardar entre 5 y 15 años en florecer, frente a los dos o tres de un injerto de vivero. Si el objetivo es recoger limones el año que viene, esto no es el camino; si es tener un árbol propio, un patrón sobre el que injertar después, o simplemente una planta bonita y aromática en maceta, es un método excelente.

Limones maduros de los que extraer las semillas

Las dos condiciones que deciden el resultado

Primera: la semilla no se puede secar. Las pepitas de cítrico son recalcitrantes, es decir, no soportan la desecación. Si se dejan sobre un plato "para que se sequen" —como se hace con las de calabaza o tomate—, pierden viabilidad en cuestión de días y a las dos semanas ya no nace prácticamente ninguna. Este es, con diferencia, el motivo número uno de fracaso. La semilla se saca del limón y se siembra el mismo día, o como mucho se guarda unos días en la nevera dentro de una bolsa con papel húmedo.

Segunda: necesitan calor. El óptimo de germinación está entre 25 y 30 ºC de temperatura del sustrato. Por debajo de 20 ºC la germinación se vuelve lenta y errática, y por debajo de 13-15 ºC simplemente no arranca y la semilla acaba pudriéndose. Sembrar cítricos en un alféizar frío en noviembre no funciona, por mucho que se riegue bien.

De qué limón sacar las pepitas

De uno maduro, de piel firme, no arrugado y a ser posible de proximidad o de un árbol conocido. Los limones de importación llevan a menudo meses de cámara frigorífica y tratamientos poscosecha; los tratamientos se aplican a la piel y no matan al embrión, pero la larga conservación sí reduce la viabilidad de las semillas.

Otra advertencia: hay variedades cultivadas con muy pocas pepitas o directamente partenocárpicas. Si al abrir el limón aparecen semillas planas, blanquecinas y vacías, no hay nada que hacer con ellas. Se buscan las gordas, llenas, de color crema y turgentes. Se descartan las que floten en agua, aunque la prueba del flotador en cítricos no es infalible: descarta bien lo hueco, pero no garantiza lo demás.

Conviene sembrar bastantes más de las que se quieren: entre 10 y 15 pepitas para acabar con tres o cuatro plantas decentes es una proporción realista.

Qué hace falta

Poca cosa, y todo se tiene en casa: un limón maduro, un colador, una bandeja de semillero o macetas pequeñas con agujeros de drenaje, sustrato de semillero (turba rubia o fibra de coco mezclada a partes iguales con perlita o vermiculita), un pulverizador de agua, y algo con que tapar —una bolsa transparente, una campana de plástico o la tapa del propagador—. Si se dispone de un cable o manta calefactora de semillero, mejor todavía: es lo que separa germinar en diez días de germinar en cinco semanas.

Lo que no hace falta es hormona de enraizamiento, fungicida ni abono. Nada de eso interviene en la germinación y el abono, de hecho, estorba.

Paso a paso

1. Extraer y lavar. Se abre el limón por la mitad transversal —cortando a lo largo se parten pepitas— y se sacan las semillas con la punta de un cuchillo. Se lavan bajo el grifo frotándolas suavemente con los dedos hasta que no resbalen: ese mucílago azucarado que las recubre es alimento para hongos y es lo que provoca que la pepita se enmohezca antes de nacer.

2. Retirar la cubierta (opcional pero muy recomendable). Cada pepita tiene una testa exterior coriácea y de color crema, y debajo una fina membrana marrón. Si se pela con cuidado la testa —con la uña, empezando por el extremo ancho— la germinación se adelanta varios días y sube el porcentaje de nacencia. Hay que ir despacio: el embrión está justo debajo y se daña con facilidad. Si se prefiere no arriesgar, basta con dejar las pepitas en agua templada durante 8-12 horas, que ablanda la cubierta y produce un efecto parecido, menor pero real.

3. Sembrar. Sustrato humedecido previamente y bien escurrido, nunca embarrado. Una pepita por alvéolo, tumbada u orientada con la punta hacia abajo, y enterrada 1 a 1,5 cm. Es un error frecuente enterrarlas más: a 4 o 5 cm de profundidad, la plántula agota reservas antes de llegar a la superficie.

4. Tapar y calentar. Se cubre con plástico transparente o tapa de propagador para mantener la humedad ambiental alta, y se coloca en el sitio más cálido y luminoso disponible, sin sol directo abrasador a través del plástico —dentro de una campana cerrada al sol de mediodía se alcanzan temperaturas letales—. Se ventila unos minutos al día para que no se condense en exceso.

5. Mantener húmedo, no mojado. Pulverizador, no regadera. El sustrato debe estar como una esponja escurrida. El encharcamiento provoca damping-off, la caída de plántulas causada por hongos como Pythium y Rhizoctonia: la plantita aparece tronchada por la base de la noche a la mañana y no hay marcha atrás.

6. Esperar. Con 25-28 ºC constantes, las primeras salen a los 8-14 días y el grueso entre la segunda y la cuarta semana. A temperatura ambiente de primavera en el interior de casa, calcula de tres a seis semanas. No se tira la bandeja antes de los dos meses: siempre hay rezagadas.

Bandeja de semillero preparada para sembrar

Cuándo hacerlo en España

La ventana natural va de abril a septiembre, cuando las temperaturas acompañan sin necesidad de calefacción. En el levante y el sur, mayo y junio son ideales; en la meseta y el norte conviene esperar a que las noches se estabilicen por encima de los 15 ºC, lo que en muchos sitios no ocurre hasta bien entrado mayo.

Con un semillero calefactado o un radiador cerca, se puede sembrar en cualquier momento del año, con una salvedad: una plántula nacida en noviembre pasará su primer invierno con poca luz y crecerá enclenque. Es preferible germinar en primavera y dar a la planta toda la temporada de crecimiento por delante.

Qué hacer con las plántulas

Al germinar aparecen a menudo dos o tres brotes por semilla, consecuencia de la poliembrionía. Se dejan crecer hasta que tengan cuatro hojas verdaderas y entonces se separan con cuidado, cada una a su maceta, o se deja la más vigorosa y se cortan las demás a ras (no se arrancan, para no destrozar raíces).

En cuanto asome el primer par de hojas hay que retirar progresivamente la tapa durante unos días. Dejarla puesta genera plantas ahiladas y blandas. Después, mucha luz: los cítricos jóvenes quieren claridad abundante, pero el sol directo del mediodía en julio quema las hojas tiernas, así que la aclimatación al exterior se hace gradual y empezando por sombra luminosa.

El primer trasplante se hace a maceta de 10-12 cm cuando la plántula tenga unos 10 cm de altura y raíces asomando por el drenaje. Se pasa a sustrato con drenaje real —mezcla universal con un 30 % de perlita o arena gruesa— porque los cítricos son sensibles a la asfixia radicular. El abonado no empieza hasta seis u ocho semanas después del trasplante, y entonces con un fertilizante específico de cítricos, a media dosis y solo en época de crecimiento.

El riego, de aquí en adelante, por inmersión o abundante hasta que drene, dejando secar el par de centímetros superficiales entre riegos. Y ojo con el agua muy caliza en tierras del centro y el este: los cítricos son de los primeros en manifestar clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Si el agua del grifo es dura, alternar con agua de lluvia o corregir con quelato de hierro ahorra disgustos.

Si lo que quieres es fruta

La vía razonable es usar tu plántula como patrón. Cuando el tallo alcance el grosor de un lápiz —normalmente al segundo o tercer año— se le puede injertar de escudete una yema de un limonero productivo, en primavera o a finales de verano, que es cuando la corteza se despega bien. Así se conservan las ventajas del árbol nacido en casa y se salta la década de espera. Es, además, la única forma de saber de antemano qué limón vas a comer.

En resumen

Las pepitas de limón germinan con facilidad si se siembran recién sacadas del fruto, sin dejar que se sequen, limpias de pulpa, enterradas apenas un centímetro y con el sustrato entre 25 y 30 ºC. En esas condiciones nacen en dos o tres semanas, y no es raro que salgan varias plantas de una misma semilla. La época buena en España va de abril a septiembre. El árbol resultante crecerá con espinas y tardará muchos años en dar flor, así que la siembra tiene sentido como planta ornamental, como afición o como patrón para injertar más adelante; para tener limones pronto, un injerto de vivero sigue siendo la opción sensata.


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