Antes de comprar el árbol, resuelve dos preguntas: cuánto frío acumula tu invierno y si la variedad que te ofrecen es autofértil. De esas dos respuestas depende que dentro de cinco años tengas cerezas o solo un árbol bonito en flor. El resto —el hoyo, el riego, el tutor— importa, pero se corrige sobre la marcha; una variedad mal elegida, no.

Cerezo en plena floración

Qué cerezo estás plantando

Bajo el nombre común hay dos especies distintas. El cerezo dulce (Prunus avium) es el que da las cerezas de mesa: árbol grande, vigoroso, de porte erguido, que sobre patrón franco puede pasar de los 10 metros. El guindo (Prunus cerasus) es más pequeño, más rústico, de fruto ácido y sobre todo autofértil, lo que lo convierte en una opción muy sensata si solo tienes sitio para un árbol y no te importa destinar la cosecha a mermelada, licor o repostería.

La distinción práctica más importante no es la variedad, sin embargo, sino el patrón sobre el que va injertada:

Franco de Prunus avium: máximo vigor, árbol de 8 a 12 m, muy longevo, tarda 5-7 años en entrar en producción. Solo tiene sentido en fincas con espacio y en secano.

Santa Lucía (Prunus mahaleb, tipo SL 64): el patrón clásico del secano español. Tolera bien la caliza y la sequía, pero no aguanta el encharcamiento.

Gisela 5 y Gisela 6: enanizantes, reducen el árbol al 40-60 % del tamaño, adelantan la producción al tercer año y facilitan la recolección. A cambio exigen riego regular, suelo bueno y tutorado permanente, porque su sistema radicular no sujeta bien el árbol cargado.

Colt o MaxMa 14: vigor intermedio, mejor comportamiento en suelos algo más pesados. Un término medio razonable para jardín.

Para un jardín particular, un cerezo sobre patrón semienanizante suele ser mucho más satisfactorio que uno sobre franco: cosechas antes, podas desde el suelo y no acabas con un árbol de diez metros que da sombra a media parcela.

El asunto de la polinización

Buena parte de los cerezos dulces son autoincompatibles: su propio polen no fecunda sus flores, por un sistema genético de incompatibilidad gametofítica. Variedades tradicionales como 'Burlat', 'Van', 'Summit' o 'Napoleón' florecen espectacularmente y no cuajan nada si están solas. Es la causa número uno de decepción con un cerezo de jardín, muy por delante de las plagas.

Tienes dos salidas:

Elegir una variedad autofértil. 'Lapins', 'Sunburst', 'Sweetheart', 'Stella' y 'Skeena' cuajan con su propio polen. Un solo árbol basta. Es la opción lógica en un jardín pequeño.

Plantar dos árboles compatibles que coincidan en época de floración y a menos de 20-25 metros. Ojo: no vale cualquier pareja, porque dos variedades del mismo grupo de incompatibilidad tampoco se polinizan entre sí. En vivero especializado te indicarán el polinizador adecuado; también puede injertarse una rama polinizadora en el propio árbol, que es una solución elegante cuando el espacio no da para dos.

En todos los casos, la polinización la hacen las abejas, y la floración del cerezo cae a finales de marzo o principios de abril, cuando el tiempo suele ser inestable. Un jardín con romero, lavanda y flor temprana ayuda más de lo que parece.

Clima y ubicación

El cerezo necesita acumular horas de frío —horas por debajo de 7 °C durante el reposo invernal— para brotar y florecer con normalidad. Las variedades tradicionales piden entre 800 y 1.300 horas; las de bajo requerimiento bajan a 400-600. En la Península esto se traduce en algo bastante concreto: en el interior, en zonas de montaña media y en valles como el del Jerte o el Ebro va perfecto; en el litoral mediterráneo cálido y en el sur costero, un cerezo de variedad tradicional brota mal, florece de forma escalonada y produce poco. Ahí hay que ir a variedades de bajas necesidades de frío o, sencillamente, plantar otro frutal.

El otro riesgo es la helada tardía. Al florecer temprano, una helada de -2 °C en flor abierta arruina la cosecha entera. Evita las vaguadas y los fondos de valle, donde el aire frío se estanca; una ladera a media altura es mucho mejor sitio que el punto más bajo de la parcela.

Necesita sol directo, al menos seis horas diarias, y agradece cierto abrigo del viento dominante, sobre todo si va sobre patrón enanizante.

El suelo: lo que de verdad mata cerezos

Si hay que resumir en una frase: el cerezo no tolera el encharcamiento. Es extremadamente sensible a la asfixia radicular y a los hongos de suelo del género Phytophthora. Un suelo arcilloso que se queda con charcos dos días después de una lluvia fuerte es un mal sitio, y no hay enmienda que lo arregle del todo.

Quiere suelo profundo, suelto, bien drenado, franco o franco-arenoso, con pH entre 6 y 7,5. En suelos calizos con pH alto aparece clorosis férrica (hojas amarillas con nervios verdes) si el patrón no es tolerante; ahí el Santa Lucía se comporta bastante mejor que el Colt.

Una comprobación que cuesta media hora y evita disgustos: cava un hoyo de 60 cm, llénalo de agua y déjalo drenar; vuélvelo a llenar y mide. Si tarda más de 12-24 horas en vaciarse la segunda vez, el drenaje es insuficiente. La solución realista en ese caso es plantar en caballón, sobre un montículo de 40-50 cm de altura y un par de metros de diámetro, no cavar un hoyo más grande.

Cuándo plantar

Si el árbol viene a raíz desnuda, que es como se vende en vivero de frutales y como sale más barato y mejor enraizado, la plantación va de noviembre a febrero, con el árbol en reposo y siempre que el suelo no esté helado ni empapado. En zonas de invierno suave, cuanto antes mejor: plantando en noviembre o diciembre el árbol emite raíz nueva antes de brotar y llega a la primavera asentado.

Si viene en contenedor, puedes plantar casi todo el año excepto en pleno verano y en heladas fuertes, aunque el otoño sigue siendo la mejor época.

Antes de plantar a raíz desnuda, mantén las raíces siempre húmedas y tapadas; media hora al sol y al viento en un día seco basta para dañarlas. Si no puedes plantar el mismo día, entierra las raíces en arena o tierra húmeda (atalajado) hasta que puedas.

La plantación paso a paso

1. El hoyo. Entre 60x60x60 cm y 80x80x80 cm. Lo más importante no es el tamaño sino picar las paredes y el fondo con la azada o el pico: en suelos arcillosos, la pala deja las paredes bruñidas y forma una capa impermeable que convierte el hoyo en una maceta enterrada donde el agua se acumula y las raíces giran sin salir.

2. El fondo. Separa la tierra de la capa superficial de la del fondo y vuelve a colocarlas en el mismo orden. Puedes mezclar la tierra de relleno con compost bien hecho, no más de un 20-25 % del volumen. Lo que no debes hacer es echar estiércol fresco al fondo del hoyo ni abono mineral en contacto con las raíces: quema las raicillas y, además, un hoyo demasiado rico desincentiva que el árbol explore el suelo circundante.

Compost maduro para enmendar la tierra de plantación

3. Repaso de raíces. Corta con tijera limpia las raíces rotas o machacadas y refresca las puntas. Si viene en contenedor y las raíces giran en espiral en el fondo del cepellón, desenróllalas o córtalas: si las dejas así, seguirán girando y acabarán estrangulando al árbol años después.

4. La profundidad. Aquí es donde se cometen la mayoría de los errores. El árbol se planta exactamente a la misma profundidad a la que estaba en el vivero —se aprecia por el cambio de color en la base del tronco— y el punto de injerto debe quedar de 10 a 15 cm por encima del nivel final del suelo. Si entierras el injerto, la variedad emite raíces propias, anula el efecto del patrón y pierdes el control del vigor, además de exponer el cuello a podredumbres. Ten en cuenta que la tierra se asienta: deja el árbol un par de centímetros más alto de lo que crees necesario.

5. Relleno. Ve echando tierra fina en tandas, moviendo suavemente el árbol para que se cuele entre las raíces, y compacta con el pie sin ensañarte. No dejes bolsas de aire.

6. Tutor. Clávalo antes de rellenar, en el lado del viento dominante y a 10-15 cm del tronco, para no atravesar raíces. Ata con cinta ancha y flexible en forma de ocho, nunca con alambre ni cuerda fina. En patrones enanizantes el tutor —o mejor, un poste con alambres— es permanente; en franco se retira a los dos o tres años, cuando el árbol ya se sujeta solo.

7. Riego de plantación. Forma un alcorque y aplica 40-60 litros de agua de golpe. Este riego no es para «dar de beber»: sirve para asentar la tierra contra las raíces y eliminar huecos. Es imprescindible aunque plantes en un día de lluvia.

8. Acolchado. Extiende 7-10 cm de paja, corteza o restos de poda triturados sobre el alcorque, dejando 15 cm libres alrededor del tronco. Reduce la evaporación, modera la temperatura del suelo y evita la competencia de hierbas, que en los primeros dos años frena el crecimiento notablemente.

Marco de plantación

En jardín, calcula 6-7 metros entre cerezos sobre franco o Santa Lucía, 4-5 metros sobre Colt o MaxMa y 3-4 metros sobre Gisela 5. Respeta también la distancia a muros, vallas y arquetas: las raíces del cerezo son superficiales y extensivas. Y si la parcela linda con vecinos, conviene revisar la distancia mínima a linde que fija la normativa local o el Código Civil antes de clavar la pala.

La poda de plantación, y una advertencia importante

Un árbol de un año a raíz desnuda se despunta a la altura a la que quieras que forme la cruz: 60-80 cm si buscas un vaso accesible, o se deja el eje entero si vas a formarlo en eje central, que es lo habitual sobre patrones enanizantes. Elimina las ramas anticipadas que salgan por debajo de esa altura.

Ahora la advertencia, porque contradice lo que mucha gente da por hecho: el cerezo no se poda en invierno. Los Prunus cicatrizan mal las heridas en reposo y las podas invernales son la puerta de entrada de la gomosis y del chancro bacteriano (Pseudomonas syringae), que puede matar ramas enteras o el árbol joven. La poda de formación y mantenimiento del cerezo se hace en verano, justo después de la cosecha, entre junio y agosto, con tiempo seco y sin cortes de gran diámetro. La única excepción razonable es el despunte de plantación, que se hace sobre madera de un año, sin herida grande y con el árbol aún dormido.

Los primeros años

Riego. El primer verano es crítico: riegos abundantes y espaciados, mejor 40 litros cada 10-12 días que un poco cada día. El goteo, con dos o tres emisores por árbol, es lo más eficaz. A partir del tercer año, sobre patrón vigoroso y en zonas con lluvia suficiente, el árbol puede pasar sin riego, pero sobre Gisela hay que seguir regando siempre.

Cuando empiece a fructificar, atención a un detalle: el rajado del fruto. Las cerezas se abren cuando llega agua abundante —lluvia o riego fuerte— en las dos semanas previas a la maduración, tras un periodo seco. Mantener la humedad del suelo estable en mayo y junio reduce mucho el problema; los golpes de riego, lo agravan.

Abonado. Nada el primer año más allá del compost incorporado. Después, una aportación de compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno es suficiente. Evita el exceso de nitrógeno: da brotes largos, tiernos, sensibles al pulgón negro del cerezo (Myzus cerasi) y al chancro, y retrasa la entrada en producción.

Malas hierbas. Mantén limpio el alcorque, al menos un metro de radio, durante los tres primeros años. La competencia de las gramíneas por agua y nitrógeno en esa franja frena el crecimiento de un frutal joven más que casi cualquier otro factor.

Pájaros. Llegado el momento, serán tu principal competencia. En árboles de porte controlado la malla anti pájaros es la única medida que funciona de verdad; en un cerezo de diez metros, no hay solución práctica. Un argumento más a favor de los patrones enanizantes.

Cuándo esperar las primeras cerezas

Sobre Gisela 5, el tercer o cuarto año, con cosechas pequeñas al principio. Sobre Colt o MaxMa, el cuarto o quinto. Sobre franco o Santa Lucía, entre el quinto y el séptimo. Si el árbol florece pero no cuaja durante dos años seguidos, revisa por este orden: polinizador ausente, helada en floración, exceso de nitrógeno. Casi siempre es lo primero.

En resumen

Plantar un cerezo se decide antes de cavar: variedad autofértil o pareja compatible, patrón acorde al espacio y al riego de que dispones, y una ubicación con horas de frío suficientes, sol y drenaje real. La plantación en sí es de manual —hoyo con paredes picadas, injerto 10-15 cm por encima del suelo, tutor, riego de asentamiento y acolchado—, pero dos detalles marcan la diferencia a largo plazo: no enterrar nunca el punto de injerto y no coger las tijeras en invierno, porque este árbol se poda en verano, después de recoger la fruta.


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