Un limonero injertado empieza a dar fruta a los dos o tres años de plantarlo. Uno nacido de una pepita puede tardar ocho, salir lleno de espinas y dar limones que no se parecen en nada al que te comiste. Esa diferencia, y no el riego ni el abono, es la primera decisión que hay que tomar.
El limonero (Citrus limon) es, junto con la lima, el cítrico más sensible al frío y el más agradecido cuando encuentra su sitio. Florece varias veces al año y suele tener flores, fruta cuajada y limones maduros a la vez, algo que ningún frutal de hueso hace. A cambio no perdona dos cosas: el encharcamiento y las heladas fuertes.
Antes de comprar: variedad y, sobre todo, patrón
En España las variedades de referencia son dos. Fino (también llamado Blanco o Mesero) da la cosecha de otoño-invierno, a partir de octubre, con fruta de piel fina y muy zumosa; el árbol es vigoroso y bastante espinoso. Verna madura de febrero a junio y permite además la cosecha de verano, los llamados verdelli, con fruta de piel más gruesa y cuello marcado. Plantando uno de cada se tiene limón prácticamente todo el año. Para maceta y para zonas frías, el limonero Meyer (Citrus × meyeri) es otra cosa: híbrido de limonero con naranjo, porte compacto, casi sin espinas, fruta más dulce y redonda, y varios grados más de resistencia al frío. No sirve para hacer limonada de sabor clásico, pero aguanta donde el Fino no.
Lo que rara vez se mira en el vivero es el patrón, y en España determina si el árbol vivirá sano o pasará la vida amarillo. En suelos calizos —el interior peninsular, buena parte de Andalucía y del valle del Ebro— el citrange Carrizo entra en clorosis férrica con facilidad: hojas amarillas con los nervios verdes, año tras año. Para esos suelos, y para aguas algo salinas, el patrón habitual del limonero es Citrus macrophylla, muy vigoroso, de entrada rápida en producción y bastante tolerante a la caliza. El naranjo amargo, que fue el patrón tradicional, está descartado por su sensibilidad al virus de la tristeza. Pregunta el patrón y, si nadie sabe decírtelo, cambia de vivero.
Compra planta con pasaporte fitosanitario y de vivero autorizado. Los cítricos arrastran problemas de cuarentena y una planta de origen dudoso puede meter en el jardín algo que luego no se quita.
Dónde plantarlo
Sol directo, cuanto más mejor, y protección del viento frío. El limonero se daña en hoja hacia los -2 o -3 °C y la fruta se hiela antes, en torno a -1 °C. En el litoral mediterráneo, el Levante, Andalucía occidental y buena parte de Canarias vive al aire libre sin problemas. En Madrid, Castilla, Aragón o el norte de la Meseta, plantarlo en el suelo a campo abierto es condenarlo: ahí va en maceta grande que entre a un porche o invernadero frío en invierno, o arrimado a un muro orientado al sur, que devuelve calor por la noche y sube dos o tres grados el microclima.
Deja 4 o 5 m a otros árboles y unos 3 m a paredes y vallas. El limonero tiene raíces superficiales y poco agresivas, pero necesita luz por todos los lados para no vaciarse por dentro.
El suelo ideal es franco o franco-arenoso, profundo y suelto, con pH entre 6 y 7,5. Lo que de verdad importa es el drenaje: el asfixia radicular y la gomosis por Phytophthora matan más limoneros en jardines particulares que todas las plagas juntas. Comprueba el terreno llenando de agua un hoyo de un palmo; si tarda horas en filtrar, planta sobre un caballón elevado de 30-40 cm en lugar de en el hoyo.
La época correcta
Los cítricos no se plantan en invierno. Al ser de hoja perenne y no entrar en verdadera parada, un limonero plantado en diciembre se queda con la raíz fría y quieta, sin capacidad de reponer el agua que la hoja sigue perdiendo. La ventana buena es la primavera, de marzo a mayo, en cuanto haya pasado el riesgo de heladas y el suelo se haya templado. En la costa mediterránea y el sur también funciona una plantación de septiembre-octubre, que aprovecha el otoño suave para enraizar. En julio y agosto puede hacerse si se planta en maceta y se riega con constancia, pero no es lo cómodo.
Cómo se planta, paso a paso
Abre un hoyo de unos 60 × 60 × 60 cm, mayor si el suelo es compacto, y desmenuza bien las paredes para que la raíz no encuentre una pared bruñida. Mezcla la tierra extraída con un tercio de compost o estiércol bien fermentado; el estiércol fresco quema la raíz y es un error frecuente en la plantación de frutales.
Saca el árbol del contenedor y revisa el cepellón. Si las raíces han dado vueltas alrededor —muy habitual en planta que lleva tiempo en el vivero—, desenrédalas o haz tres o cuatro cortes verticales superficiales con un cuchillo. Una raíz espiralizada sigue espiralizando toda su vida y acaba estrangulando al árbol a los diez años.
Coloca el cepellón de modo que su superficie quede al mismo nivel del suelo o dos dedos por encima. Y el punto clave: el injerto tiene que quedar a 15-20 cm por encima de la tierra, bien visible, ese engrosamiento en la base del tronco. Si se entierra, la variedad emite raíces propias, se pierde el efecto del patrón y se abre la puerta a la gomosis. Enterrar el injerto es la razón de la mitad de los limoneros que languidecen sin que nadie sepa por qué.
Rellena por tandas, asentando la tierra con agua en lugar de a pisotones, y forma un alcorque amplio para el riego. Riega de inmediato con 30 o 40 litros, aunque haya llovido: ese primer riego sirve para eliminar bolsas de aire, no para hidratar. Acolcha con paja, corteza o restos de poda dejando 15 cm libres alrededor del tronco, nunca pegado.
Con la planta recién puesta, la poda debe ser mínima: quita solo ramas rotas o cruzadas. Los cítricos no necesitan poda de formación como un melocotonero; formar demasiado pronto retrasa la entrada en producción. Si el tronco queda expuesto al sol de mediodía, dale una mano de pintura blanca de árboles o encálalo: el limonero se quema la corteza con facilidad.
Riego y abonado del primer año
La creencia de que el limonero "necesita muchísima agua" tiene truco: necesita agua frecuente y en poca cantidad, no charcos. En riego por goteo, dos o tres emisores por árbol y riegos cortos y repetidos funcionan mejor que una inundación semanal. Para un árbol joven en verano peninsular, del orden de 20-40 litros por semana repartidos en dos o tres veces; el doble en un ejemplar ya formado y en zonas muy calurosas. En invierno, poco o nada si llueve. Evita mojar el tronco y el cuello: es por ahí por donde entra la gomosis.
El primer año no hace falta abonar si se puso compost en la plantación; a partir del segundo, el limonero es exigente en nitrógeno. Reparte la dosis en tres o cuatro aplicaciones entre marzo y agosto y corta el nitrógeno en otoño, porque los brotes tiernos tardíos son los primeros que se hielan. Un abono específico de cítricos, con magnesio y micronutrientes, cubre lo habitual.
Si aparecen hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes, es clorosis férrica, casi siempre por caliza o por exceso de agua. La solución es quelato de hierro EDDHA aplicado con el riego en primavera, no los clavos oxidados ni las limaduras enterradas al pie: ese hierro no está en forma asimilable y el árbol no lo ve.
Limonero en maceta
Es la única opción sensata en el interior frío, y funciona bien. Maceta de 50 litros como mínimo para un árbol adulto, con agujeros generosos y sin plato debajo —o vaciándolo siempre—. Sustrato muy drenante: mezcla de tierra vegetal, fibra de coco o turba y un 20-30 % de material grueso, tipo perlita o arena de río lavada. Riego cuando los primeros centímetros estén secos, y abonado líquido cada 15 días de marzo a septiembre, porque en maceta los nutrientes se lavan con cada riego. Trasplante cada dos o tres años, renovando raíces y sustrato. En invierno, a un sitio luminoso y fresco por encima de 5 °C: si se mete al salón junto a un radiador, suelta las hojas y aparece la cochinilla.
Los problemas que vas a ver
El minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella) dibuja galerías plateadas en las hojas nuevas de verano; feo pero soportable en árbol adulto, más serio en planta joven. Los pulgones deforman la brotación de primavera. El cotonet y otras cochinillas se instalan en axilas y frutos y traen negrilla: mejorar la ventilación con poda y evitar el exceso de nitrógeno hace más que cualquier tratamiento. La caída de flor masiva en primavera es normal: un limonero cuaja un porcentaje pequeño de las flores que abre, y no hay que interpretarlo como un fallo.
La gomosis se reconoce por exudados de resina ámbar en la base del tronco y corteza que se desprende. Casi siempre viene de un injerto enterrado, de riego contra el tronco o de acolchado pegado al cuello. Se corrige en la plantación, no después.
En resumen
Compra planta injertada y pregunta el patrón: Citrus macrophylla si el suelo es calizo. Elige Fino para cosecha de invierno, Verna para primavera y verano, Meyer si vas a maceta o hace frío. Planta en primavera, nunca en invierno, en pleno sol y con el drenaje resuelto —caballón elevado si el agua no filtra—. Hoyo amplio, estiércol solo si está hecho, cepellón a nivel y el injerto a un palmo largo por encima de la tierra. Riegos frecuentes y moderados sin mojar el cuello, nitrógeno repartido de marzo a agosto y cortado en otoño, y quelato EDDHA si amarillea. Con eso, el limonero es de los frutales que más devuelven por metro cuadrado y por hora de trabajo en un jardín español.