Un almendro plantado en un suelo que encharca dura tres o cuatro años. El mismo almendro, en una ladera pedregosa de secano donde el agua se va sola, pasa de los cincuenta produciendo. Esa diferencia no la corrige ningún abono ni ningún riego posterior: se decide el día de la plantación, y de ahí que valga la pena dedicarle una tarde de reflexión antes de coger el pico.
El almendro (Prunus dulcis, antes Prunus amygdalus) es el frutal que mejor tolera la sequía y la caliza de nuestros suelos, y el que peor lleva tener los pies mojados. Todo lo que sigue gira alrededor de esas dos ideas.
La época: antes de que despierte
El almendro es el primer frutal en florecer del año. En Andalucía y en el litoral mediterráneo puede estar abierto a finales de enero, y en zonas de interior en febrero o principios de marzo. Necesita muy pocas horas de frío invernal para romper el reposo, y eso condiciona el calendario de plantación: hay que meterlo en tierra con el árbol dormido y con margen suficiente para que enraíce antes de brotar.
La ventana buena va de noviembre a mediados de febrero, con dos matices según la zona. En clima suave, sin heladas fuertes, plantar en noviembre o diciembre es lo ideal: el suelo conserva calor, la raíz emite cabellera durante todo el invierno y en primavera el árbol arranca con ventaja. En zonas de interior con inviernos duros, mejor esperar a finales de enero o febrero, porque un plantón recién puesto y con la tierra helada no cicatriza las heridas de raíz y se pierde.
Si el árbol viene a raíz desnuda, esta ventana no es negociable: fuera de ella, no se planta. Si viene en contenedor, hay algo más de margen, pero plantar en mayo o junio significa condenarlo a pasar su primer verano sin sistema radicular explorado, dependiendo por completo de que no te falte un riego. Otoño, siempre que se pueda.
El suelo: manda el drenaje, no la textura
Se lee a menudo que el almendro quiere terreno arcilloso. Es justo al revés. La arcilla pesada es el peor suelo posible para un almendro, porque retiene agua, se compacta y provoca asfixia radicular; sobre esa asfixia entran hongos de suelo del género Phytophthora y el árbol se seca en verano por exceso de agua, no por falta. Los almendros que mejor se ven en España están en suelos francos, franco-arenosos y pedregosos, muchas veces esqueléticos, con pH entre 7 y 8,5 y contenido alto en caliza, que el almendro tolera sin despeinarse.
Antes de decidir, haz la prueba del hoyo: excava unos 50-60 cm, llénalo de agua y deja que se vacíe; vuelve a llenarlo y mide. Si el segundo llenado tarda más de un día en drenar, ese sitio no vale para almendro tal como está. En parcela agrícola la solución es un subsolado cruzado previo, a 60-80 cm, que rompa la suela de labor. En un jardín, la solución realista es plantar sobre un caballón o un montículo de 30-40 cm de altura, para que el cuello quede por encima de la zona que se satura.
Lo que no funciona es la receta de cavar un hoyo enorme en terreno arcilloso y rellenarlo de tierra buena. Se convierte en un cubo sin desagüe: el agua entra desde el terreno circundante, se queda dentro y ahoga las raíces. La profundidad del suelo también importa; el almendro es un árbol de raíz profunda y en suelos de menos de 60-70 cm sobre roca compacta sufre en secano.
Elegir bien el pie o patrón
Comprar un almendro es, sobre todo, comprar un patrón. Es la pieza que decide vigor, tolerancia a la caliza, resistencia a nematodos y aguante frente a la asfixia. Los que encontrarás en vivero:
Franco de almendro (procedente de semilla). El clásico del secano español. Muy rústico, raíz profunda, excelente tolerancia a la sequía y a la caliza, muy sensible al encharcamiento. Si vas a plantar sin riego y en suelo pobre, es una opción difícil de mejorar. Su inconveniente es la heterogeneidad, al venir de semilla.
GF-677 (híbrido almendro x melocotonero). El más plantado hoy. Vigoroso, tolera muy bien la caliza y el suelo pobre, se adapta a secano y regadío. Es sensible a la asfixia y a los nematodos, así que no lo pongas en suelo pesado.
Garnem y Cadaman. Híbridos también vigorosos, con la ventaja de la resistencia a nematodos agalladores, muy relevante si replantas donde hubo melocotoneros o almendros antes.
Serie Rootpac. Patrones desarrollados en España que permiten graduar el vigor. Rootpac-R aguanta mejor la replantación y los suelos difíciles; los de vigor reducido, como Rootpac-20, son la base de las plantaciones superintensivas.
Regla general: a mejor suelo y más agua, menos vigor necesita el patrón. Poner un GF-677 en un suelo profundo y regado da un árbol enorme que tarda en producir y es incómodo de manejar.
La variedad y el problema de la polinización
Este es el error que arruina más plantaciones de aficionado. Las variedades tradicionales españolas —Marcona, Desmayo Largueta— son autoincompatibles: su propio polen no fecunda sus flores. Si plantas un solo árbol de Marcona, florecerá espectacularmente cada febrero y no te dará una almendra. Necesita otra variedad compatible cerca, floreciendo a la vez, y abejas trabajando en pleno invierno, algo que con 8 ºC y lluvia no siempre ocurre.
Además, esas variedades tradicionales florecen muy pronto, y una helada de marzo se lleva la cosecha entera. La mejora genética española ha resuelto ambos problemas a la vez con variedades autofértiles y de floración tardía o extra-tardía: Guara, Lauranne, Soleta, Belona, Vairo, Marinada, Penta o Tardona, entre otras. Florecen semanas más tarde, escapan a buena parte de las heladas y no necesitan polinizador.
Para un jardín particular o una parcela pequeña, elegir una variedad autofértil de floración tardía no es una preferencia, es lo sensato. Y si te empeñas en Marcona por la calidad de su fruto, planta al menos dos variedades compatibles entre sí y asume que en años de primavera adelantada te quedarás sin cosecha.
El marco de plantación: tres metros son pocos
Circula la cifra de tres metros entre árboles, y para un almendro convencional es sencillamente insuficiente. Un almendro adulto sobre patrón vigoroso alcanza 5 o 6 metros de copa: a tres metros los árboles se cierran entre sí a los siete u ocho años, la luz no entra, la fructificación se va a las puntas y la parte baja se seca.
Las referencias útiles son estas. En secano tradicional, marcos de 7x7 o de 6x6 metros, que dan del orden de 200 a 280 árboles por hectárea; la limitación no es la luz sino el agua disponible por árbol. En regadío intensivo, marcos de 6x4 o 5x5, entre 400 y 500 árboles por hectárea, que es lo habitual hoy en plantación comercial. Y el superintensivo, en seto, con marcos de unos 3,5x1,25 metros y más de mil árboles por hectárea, que solo funciona con patrones de bajo vigor, variedades adaptadas, riego, poda mecánica y cosechadora cabalgante; no es un modelo trasladable a un huerto familiar.
En jardín, además, cuenta la distancia a lo que ya existe: deja al menos 5 metros a una fachada, un muro o una linde, y no lo plantes sobre una zona de césped con riego diario, porque el riego del césped es exactamente lo que no le conviene.
Cómo hacer el hoyo y colocar el árbol
El objetivo del hoyo no es albergar la raíz, que ocupa poco, sino ofrecerle tierra mullida para expandirse. Con 50x50x50 cm sobra en un suelo suelto. En suelo compacto lo que hay que hacer es ampliar el hoyo a lo ancho y, sobre todo, picar y desmenuzar las paredes: si las excavas con azada y quedan lisas y bruñidas, actúan como una maceta de barro y la raíz gira dentro en lugar de salir.
Pasos, en orden:
Separa la tierra de los primeros 20 cm, que es la buena, de la del fondo, y devuélvelas invertidas al rellenar. No pongas estiércol fresco ni fertilizante en contacto con las raíces: quema la raíz nueva y es la causa habitual de que un plantón no arranque. Si quieres aportar materia orgánica, que sea compost muy hecho mezclado con la tierra de relleno, o mejor extendido en superficie después.
Si es a raíz desnuda, repasa las raíces con tijera refrescando los cortes rotos, retira las machacadas y no dejes que la raíz se seque al aire ni cinco minutos: tenla en un cubo con agua o con barro mientras trabajas. El pralinaje —sumergirla en una papilla de barro y agua— es un gesto viejo que sigue funcionando.
Coloca el árbol de modo que el cuello quede a ras de suelo o un par de dedos por encima, contando con que la tierra se asentará. El punto de injerto tiene que quedar visible y bien despejado, unos 10-15 cm por encima del nivel final. Enterrarlo permite que la variedad emita raíces propias y anula el patrón, además de abrir la puerta a podredumbres del cuello.
Rellena en tandas, sacudiendo suavemente el árbol para que la tierra se cuele entre las raíces, y comprime con el pie sin machacar. Forma un alcorque y da un riego de asiento generoso, de 30 a 50 litros, aunque llueva. Ese riego no es para regar: es para que la tierra se pegue a la raíz y desaparezcan las bolsas de aire. Es el paso que más se omite y el que más plantones mata.
Después de plantar: tutor, protector y poda de formación
Coloca un tutor clavado antes de meter el árbol, no después, y ata con material ancho y flexible en forma de ocho, dejando holgura. Un almendro joven en zona ventosa que se balancea rompe las raicillas nuevas continuamente y no arranca.
Pon un protector de tronco. Conejos y liebres roen la corteza de un plantón en una sola noche y lo anillan; en secano es la primera causa de bajas del año uno. Un tubo protector o una malla resuelve el problema por un euro.
Y despunta el plantón a 60-80 cm de altura para formarlo en vaso, que es la formación tradicional del almendro. De los brotes que salgan bajo el corte elegirás tres, bien repartidos alrededor y separados en altura, que serán las ramas principales. Si dejas el árbol sin despuntar, se irá en una sola vara alta y luego tendrás que hacer cortes grandes en madera vieja.
Los primeros años
Aunque la plantación sea de secano, los dos primeros veranos hay que dar riegos de apoyo: un buen riego cada dos o tres semanas de junio a septiembre marca la diferencia entre un árbol que se instala y uno que sobrevive raquítico. A partir del tercer año puede empezar a valerse solo, según el suelo y la pluviometría.
Mantén un metro de ruedo limpio alrededor del tronco. La hierba compite por el agua con mucha más eficacia que la que se le supone, y en secano esa competencia se nota directamente en el crecimiento. Un acolchado de paja o de restos de poda hace el trabajo sin necesidad de azada.
El primer año, no abones con nitrógeno hasta que el árbol haya brotado y se vea que ha prendido; antes de eso no tiene raíz para absorberlo y solo salinizas el entorno. Con la plantación bien hecha, un almendro empieza a dar sus primeras almendras hacia el tercer o cuarto año y entra en plena producción alrededor del séptimo.
En resumen
Planta el almendro en reposo, entre noviembre y febrero, y en suelo suelto, pedregoso y que drene rápido: la arcilla pesada y el riego frecuente son sus dos enemigos reales, no la sequía ni la cal. Comprueba el drenaje con la prueba del hoyo antes de decidir el sitio y, si el terreno retiene, planta sobre caballón en lugar de excavar un hoyo grande que actuará como cubeta.
Elige el patrón por el suelo que tienes y la variedad por la polinización: en parcela pequeña, autofértil y de floración tardía, salvo que puedas plantar varias variedades compatibles. Dale espacio de verdad, entre 6 y 7 metros en secano tradicional, porque tres metros condenan la plantación a cerrarse. Y al colocarlo, cuida los detalles que deciden el arranque: injerto bien por encima del suelo, nada de abono fresco tocando las raíces, riego de asiento abundante, tutor y protector contra conejos.